viernes, 28 de agosto de 2015

CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995 VICTORIA MILITAR DEL PERÚ Y LAS TRES PUÑALADAS DE A. FUJIMORI

Memorias del Cenepa: El Verdadero Valor en las Trincheras. -El 22 de febrero de 2020 se cumplieron veinticinco años de la Campaña Militar del Alto Cenepa de 1995, un escenario donde estuve presente como combatiente del Perú. Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, no se han borrado de mi mente las imágenes y emociones que experimenté durante aquellos días de combate. Sigo recordando lo frondoso de la vegetación, la densa neblina que oscurecía y entristecía el cielo, y el sobrecogedor olor a muerte en las trochas. Aún siento la humedad, el caminar sobre el fango pantanoso, el ataque silencioso de la «manta blanca» y el bombardeo incesante de la artillería ecuatoriana que, durante el día y gran parte de la noche, resonaba como un desesperado manotazo de ahogado. También permanece el miedo latente a las minas sembradas a discreción por el enemigo en cada sendero, así como el recuerdo de los errores que cometimos por exceso de confianza y la valiente reacción de nuestro personal ante las emboscadas. Todo lo que pasé me hace volver a vivir aquellos momentos como si estuviera allí nuevamente; me hace recordar y sentirme profundamente orgulloso de ser un soldado patriota que contribuyó con su propia sangre para alcanzar la ansiada paz esperada por siglos.

Es imposible olvidar la muerte del sargento segundo EP Inocente Nicolás Vásquez Gonzales, conocido como «Lechuza», ocurrida en la cota 1232 aquel 13 de febrero. Cayó en medio de la densa vegetación durante un duro combate contra el personal de la Brigada de Fuerzas Especiales N° 9 «Patria» de Ecuador. Tampoco puedo olvidar a nuestros prisioneros ni a los más de treinta y cinco heridos del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, San Martín.

Desde la fecha en que regresé de las operaciones militares, he escuchado innumerables comentarios sobre lo sucedido en el valle del Cenepa. Por un lado, los ecuatorianos se consideran vencedores; por el otro, los peruanos celebramos el triunfo cada 22 de febrero. Más adelante, el 26 de octubre de 1998, se suscribió el tratado de Itamaraty bajo el mandato de Alberto Fujimori, a quien considero un traidor por habernos dejado tres puñaladas en el corazón de nuestra Amazonía: dos en Loreto (Pijuayal y Saramiriza) y una en el departamento de Amazonas (Tiwinza). Los dimes y diretes de los combatientes, altos mandos y gobernantes de Ecuador solo han servido para engañar a sus connacionales con una falsa victoria que ellos también celebran. Incluso en nuestro país, algunos periodistas cuestionan el triunfo de las fuerzas peruanas o afirman que solamente empatamos. Sin embargo, en la campaña de 1995, los ecuatorianos fueron derrotados tanto militar y politicamente; como dice el refrán: «Fueron por lana y volvieron trasquilados».

Cuando los recuerdos te calan el alma es porque por tus venas corre la sangre del soldado que un día se encomendó a Dios y marchó a la frontera con la blanquirroja en el pecho. Por ello, desde 1995 me prometí no leer ni un solo libro más de las «memorias» peruanas o ecuatorianas. Asumí que fueron escritos por oficiales y periodistas que estuvieron muy lejos de las trincheras, basándose únicamente en reportes de terceros y en comentarios populares que bien podrían ser falsos o ciertos. Es obvio que, tras un conflicto, las partes involucradas orientan sus esfuerzos a maquillar sus errores y justificar sus acciones con resultados a conveniencia. Tanto el Perú como Ecuador aplicaron esta tradicional forma de evaluar una guerra, lo que ha llevado a que, por desconocimiento de muchos y el silencio de otros, no se diga la verdad hasta el día de hoy.

En mi condición de veterano de esta campaña militar, reafirmo que el Perú derrotó a Ecuador en el campo de batalla. Es cierto que nos derribaron nueve aeronaves entre aviones y helicópteros: un bombardero Canberra, dos cazabombarderos Sukhoi Su-22, un avión subsónico A-37, un helicóptero Mi-25, tres helicópteros Mi-8 y un helicóptero Twin Bell. Asimismo, perdimos la vida de valiosos oficiales, técnicos, suboficiales y personal de tropa, sumando ochenta y tres efectivos del Ejército y siete de la Fuerza Aérea del Perú; en total, sufrimos noventa muertos y ochocientos treinta y seis heridos, de los cuales sesenta y seis quedaron con invalidez permanente.

Las acciones en el Alto Cenepa siempre fueron sumamente sacrificadas para las tropas peruanas debido a lo agreste del terreno, la falta de suministros esenciales como rancho, agua, medicinas y uniformes, y la carencia de un poder de fuego de infantería acorde con la doctrina, lo que hacía imposible batir frontalmente las posiciones de la artillería enemiga ubicadas en las partes altas de puestos como Coangos, Cóndor Mirador y Banderas. Sin embargo, ante todo tipo de carencias, lo que más nos sobró fue valor y moral para vencer. Y vencimos, respetando la decisión del gobierno de turno de no avanzar más allá de las líneas de nuestra frontera.

Para las Operaciones Militares del Alto Cenepa en 1995, las Fuerzas Armadas de Ecuador se habían preparado minuciosamente durante catorce años. Mediante la adquisición de armamento con tecnología de última generación, equiparon óptimamente a sus tropas para luego infiltrarse en territorio peruano. Una vez allí, adoptaron una sólida posición defensiva y recurrieron a la estrategia de la doble toponimia para confundir tanto a sus propios ciudadanos como a la opinión pública internacional. Un claro ejemplo de esto fue la existencia de dos bases llamadas Cueva de los Tayos: la original, ubicada en el lado ecuatoriano, y una falsa, instalada de forma clandestina en suelo peruano.

En el teatro de operaciones, las tropas del norte aguardaban sistemáticamente en sus trincheras, minaron las trochas y posicionaron a sus observadores avanzados (OA) en las copas de los árboles para reglar el fuego de artillería. A pesar de estas ventajas tangibles, ante la arremetida de la gloriosa infantería peruana, el enemigo se vio obligado a retroceder de forma constante, abandonando sus posiciones día tras día. De este modo, las fuerzas peruanas recuperaron sectores clave como la "Y", Cueva de los Tayos, Base Sur, Base Norte y el Helipuerto Tormenta. Aunque el adversario pretenda negar su repliegue frente al avance terrestre del Perú, la realidad militar demuestra que las batallas se deciden y consolidan en tierra firme, donde las tropas invasoras terminaron huyendo. Ciertamente combatieron, pero lo hicieron en constante retirada, a pesar de haber causado un daño material y humano innegable que el Perú no oculta: el derribo de nueve aeronaves —entre aviones y helicópteros—, así como un saldo de 90 caídos y 836 heridos.

Esta infiltración generalizada tuvo un antecedente crítico en 1991, cuando Ecuador instaló el puesto de vigilancia teniente Hugo Ortiz frente al puesto peruano Pachacútec, desplazándose nueve kilómetros hacia el interior de nuestra frontera original. Toda esta maniobra se ejecutó ante la mirada pasiva del personal militar acantonado en el Puesto de Vigilancia N° 1 y contó con el consentimiento temporal de los altos mandos y del gobierno de turno, quienes optaron por dilatar el tiempo debido a las carencias operativas de las Fuerzas Armadas peruanas. En aquella oportunidad, el presidente Alberto Fujimori intentó buscar una salida distinta a la de sus antecesores y nombró al canciller Carlos Torres y Torres Lara para entablar una negociación pacífica. Esto derivó en el célebre "Pacto de Caballeros" con el ministro ecuatoriano Diego Cordobés, acuerdo mediante el cual el Perú aceptó provisionalmente la permanencia del puesto Teniente Hugo Ortiz dentro de su territorio, así como la estancia de las tropas norteñas en la zona de la falsa Tiwinza (Cota 1061). Debido a esta extrema cercanía, los soldados de ambas naciones convivieron casi de forma hermanada: jugaban partidos de fulbito, intercambiaban provisiones y compartían la presencia de mujeres que ejercían la prostitución y rotaban constantemente entre las bases.

La falsa Tiwinza (Cota 1061) se convirtió en el último bastión de la resistencia ecuatoriana. Allí se libraron los combates más sangrientos de la campaña, pues los peruanos tenían la misión inquebrantable de recuperar el sector, mientras que los ecuatorianos cargaban con la obligación de retenerlo. Engañados por sus gobernantes y mandos militares, los combatientes del norte creían legítimamente que defendían su propio suelo, por lo que resistieron hasta la llegada de la Misión de Observadores Militares de los Países Garantes (MOMEP). Finalmente, en estricto cumplimiento del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, los invasores se vieron obligados a desocupar el territorio, quedando dicho sector bajo la soberanía definitiva del Perú. Aunque en el relato ecuatoriano se afirme que jamás abandonaron Tiwinza, la historia registra que el miércoles 22 de febrero de 1995 las fuerzas peruanas lanzaron una ofensiva masiva por diversos flancos sobre la Cota 1061. Como consecuencia de este feroz asalto, el enemigo sufrió un colapso total con numerosas bajas, un episodio que el propio gobierno de Ecuador reconoció trágicamente como el "Miércoles Negro" y donde sus muertos quedaron sepultados para siempre.

Esta crisis final estuvo directamente ligada a las decisiones estratégicas de los gobiernos peruanos previos. Durante su segundo mandato (1980-1985), el arquitecto Fernando Belaúnde Terry enfrentó en los primeros meses de 1981 el conflicto del "Falso Paquisha" en la Cordillera del Cóndor, departamento de Amazonas, donde las tropas ecuatorianas ya habían intentado invadir el territorio nacional antes de ser desalojadas por el Ejército y la Fuerza Aérea del Perú. Posteriormente, en el primer semestre de 1982, la FAP participó en apoyo a la República Argentina durante la Guerra de las Malvinas, enviando aviones Mirage M-5, lo que disminuyó temporalmente la capacidad operativa y disuasiva del país. Previendo que las invasiones ecuatorianas podrían repetirse a mayor escala en la frontera nororiental —como en efecto ocurrió en las cabeceras del río Cenepa—, Belaúnde tomó la decisión de adquirir en Francia una flota de 26 cazas Mirage 2000 a las empresas Aviones Marcel Dassault, Thomson-CSF y Snecma por un valor de 650 millones de dólares. Para el mandatario, esta compra no fue un gasto inútil ni demagógico, sino una medida de previsión geopolítica crucial.

Sin embargo, al asumir la presidencia el 28 de julio de 1985, Alan García Pérez se presentó ante la comunidad internacional como un promotor del desarme regional. Con gran solemnidad y ante la presencia de mandatarios extranjeros en el Congreso de la República, anunció la reducción drástica de las compras de material bélico, recortando la adquisición de los Mirage 2000 de 26 a solo 12 unidades, modificando los contratos Júpiter I y Júpiter II. Aunque este discurso compasivo hacia las necesidades del pueblo fue aplaudido unánimemente, entre los invitados en el hemiciclo se encontraba un amigo cercano del presidente, el ciudadano libanés Abdul Rahman El Assir, conocido traficante de armas. Detrás de aquella supuesta búsqueda de la paz se escondía uno de los escándalos de corrupción y negociación ilícita más graves de la historia republicana. Durante su gestión, el gobierno aprista redujo los presupuestos de Defensa a su mínima expresión, provocando que el material bélico del Perú quedara obsoleto y desatendido por falta de mantenimiento, una debilidad estructural que las fuerzas nacionales tuvieron que suplir con puro heroísmo una década después en el Valle del Cenepa.

El 28 de julio de 1990, el ingeniero Alberto Fujimori Fujimori asumió la presidencia del Perú y fue inmediatamente informado sobre la gravedad de la situación fronteriza. Sin embargo, las Fuerzas Armadas no estaban en condiciones de afrontar una guerra con el vecino país del norte. La Fuerza Aérea del Perú (FAP) contaba con una flota mayoritariamente obsoleta e inoperativa, mientras que el Ejército y la Marina de Guerra carecían de los recursos necesarios para encarar con éxito un conflicto total en múltiples frentes. Ante este escenario, el mandatario recorrió los principales cuarteles del país y constató personalmente una triste realidad: el parque automotor y de blindados sufría una alarmante inoperatividad, afectando especialmente a los tanques T-55 de origen soviético. Del mismo modo, el material de comunicaciones —que incluía radios de alta frecuencia (HF) y muy alta frecuencia (VHF), centrales telefónicas y teléfonos de campaña— se encontraba en un estado crítico de obsolescencia.

Dado que la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas no garantizaba una victoria militar, el presidente Fujimori tomó el control directo de la política exterior y viajó en varias ocasiones a Ecuador con el propósito de alcanzar un arreglo pacífico. Sin embargo, estas gestiones diplomáticas ante su homólogo ecuatoriano no dieron los frutos esperados, dejando las armas como la única vía para desalojar al invasor del territorio nacional.

Una vez más, la guerra sorprendió al Perú en una situación de total desprevención. Los cazas Mirage 2000, considerados en el papel como las mejores aeronaves de combate de Sudamérica, eran prácticamente un cascarón vacío: carecían de sensores avanzados, radares modernos y sistemas misilísticos de mediano o largo alcance. En el ámbito marítimo, el histórico crucero BAP Almirante Grau padecía una obsolescencia similar; aun así, fue desplegado estratégicamente en la zona de El Salto, en Tumbes. Con el tiempo, marinos de aquella época que participaron en la movilización revelarían en conversaciones que ninguno de los cañones del buque insignia estaba operativo, evidenciando que su traslado se realizó únicamente con fines de disuasión y engaño psicológico frente al enemigo.

En el frente terrestre, la situación de la tropa reflejaba el mismo abandono presupuestario. Los batallones contrasubversivos desplegados desde el Frente Huallaga, en los departamentos de San Martín y Huánuco, marcharon hacia la zona de combate pésimamente uniformados y en condiciones casi harapientas. El armamento individual consistía en viejos fusiles FAL de los modelos 1958 y 1969 repotenciados, ametralladoras MAG y lanzacohetes RPG-7V, material que había sido adquirido en la década de 1970 durante el régimen del general Juan Velasco Alvarado.

 La escasez del material bélico era generalizada: no se disponía de morteros de 81 ni de 120 milímetros, y los oficiales de dicha especialidad se encontraban desactualizados. Asimismo, los batallones combaten carecían de herramientas básicas de navegación como brújulas o dispositivos GPS. Mientras que unidades de élite como el Batallón de Comandos "Comandante Espinar" N° 19 y el Batallón de Paracaidistas N° 61 de la Primera Brigada de Fuerzas Especiales combatieron utilizando fusiles Galil de calibre 5.56 mm, la gran mayoría de los contingentes —incluyendo a la Compañía Especial N° 115 de Tarapoto, el Batallón de Infantería Motorizado "Iquique" N° 31 de Cañete, así como diversos batallones provenientes de Huancayo y de la 5ª División de Infantería de Selva— tuvieron que enfrentar al enemigo equipados únicamente con los repotenciados fusiles FAL de calibre 7.62 mm.



miércoles, 26 de agosto de 2015

NARCOTRAFICANTES PATRIOTAS COLABORARON CON LAS FFAA Y PNP PARA LA PACIFICACIÓN (1980 - 2000) PERÚ

El costo de la indiferencia: El abandono del soldado peruano (1980-2000).- Durante los cinco años del segundo gobierno del arquitecto Fernando Belaunde Terry (1980-1985), la ineficacia de las autoridades políticas permitió que las acciones del PCP Sendero Luminoso se incrementaran de forma alarmante, concentrándose principalmente en los departamentos de Ayacucho y Huancavelica.

Posteriormente, durante el primer gobierno del doctor Alan García Pérez (1985-1990), la organización subversiva expandió sus acciones armadas y abrió peligrosamente nuevos frentes a nivel nacional. En este periodo no solo apareció el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, sino que el narcotráfico incrementó notablemente su producción en los departamentos de San Martín y Huánuco. Este auge delictivo se logró mediante la complicidad de ciertas autoridades gubernamentales y, en varios casos, bajo la protección de los propios grupos subversivos.

Con la llegada del primer gobierno del ingeniero Alberto kenya Fujimori (1990-1995), la captura del cabecilla del PCP Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, logró frenar el accionar terrorista en algunos frentes. Sin embargo, el narcotráfico continuó sus operaciones con total normalidad, especialmente en el frente del Huallaga, así como ha quedado demostrado el mismo gobierno ve vio involucrado con el narcotráfico, por citar el caso Vaticano. Fue recién durante su segundo mandato cuando se consiguió derrotar por completo al Movimiento Revolucionario Tupac Amaru.

Entre 1980 y el año 2000, la clase política peruana —conformada en su mayoría por sectores pudientes— vivió de espaldas a la paupérrima realidad del soldado del Servicio Militar Obligatorio. Estos combatientes, provenientes de los estratos sociales más pobres, subsistieron en las Zonas de Emergencia bajo condiciones extremadamente duras. Los políticos, caracterizados en su mayoría por una postura anti militar, mostraban indiferencia debido a que no eran sus hijos quienes perdían la vida en defensa de la patria. Ningún representante del Estado se preocupaba por saber si el soldado tenía provisiones para su rancho, buenos uniformes o armamento óptimo. Por el contrario, solían presentarse en los canales de televisión para objetar cualquier pedido de mejora para las Fuerzas Armadas, recurriendo al eterno argumento de la falta de presupuesto.

A esta indolencia se sumó la corrupción en el Servicio de Intendencia, perpetrada en complicidad con algunos generales del Ejército. Durante la lucha contrasubversiva, la constante carencia de víveres para el rancho de la tropa obligó al personal destacado en las bases a cometer robos en las chacras y punas de los humildes campesinos andinos para poder sobrevivir. Se enviaban patrullas a las zonas altas con el fin de fusilar ganado bovino y abastecerse de carne, o se incursionaba en las chozas para sustraer ovejas, cabras y, cerdos.

En aquellos tiempos, los malos elementos —sobre todo oficiales de origen costeño ajenos a la realidad local— se convirtieron en una pesadilla y una carga constante para los campesinos. Mientras los oficiales, técnicos y suboficiales permanecían en la zona de combate percibiendo sueldos miserables, el personal de tropa recibía una propina humillante.

Hoy en día, la clase política y los civiles difícilmente pueden imaginar cómo sobrevivimos patrullando y combatiendo en la sierra y la selva para defender la democracia y el Estado de derecho. Ocupamos bases contrasubversivas improvisadas donde escaseaban los víveres, los uniformes, las ollas, las frazadas, los colchones y hasta la leña. Un ejemplo claro de esta realidad fue la Base Contrasubversiva "Rayo", ubicada en el distrito de La Unión (provincia de Dos de Mayo, Huánuco). Entre 1980 y el año 2000, esta instalación mantenía de forma permanente más de 70 cabezas de ganado ovino para la alimentación de su personal, animales que las patrullas del Ejército arrebataban a la fuerza de las manadas de los pastores locales.

En conclusión, la supervivencia en el frente de batalla tuvo dos caras: en la sierra se recurría al despojo para no morir de hambre, y en la selva se convivía directamente con los narcotraficantes. Hasta el año 2003, el Estado peruano, a través del Servicio de Intendencia del Ejército, asignaba la insignificante suma de dos soles con ochenta céntimos (S/. 2.80) diarios para el desayuno, almuerzo y cena de cada soldado. De ese monto, la Intendencia destinaba dos soles con cincuenta céntimos para la compra de víveres secos que se distribuían trimestralmente a los batallones y bases, mientras que los treinta céntimos restantes (S/. 0.30), asignados para productos frescos como verduras, tubérculos y carne, se entregaban en efectivo a los comandantes de unidad y jefes de base.

Base Contrasubversiva de Tayabamba Pataz «Gorgojos y Falsa Lealtad: Memorias del Hambre (1993)».- En 1993, durante mi permanencia en la Base Contrasubversiva del distrito de Tayabamba, en la provincia de Pataz, fui testigo de las profundas precariedades y la corrupción que azotaban al Ejército. El capitán de la base, conocido bajo el seudónimo de «Águila», recibía una asignación diaria de apenas dieciocho soles para cubrir los víveres frescos de sesenta hombres de la Tropa del Servicio Militar Obligatorio. Este dinero debía destinarse a la compra de verduras, tubérculos y carne; sin embargo, los comandantes de unidad y los jefes de base lo administraban de forma nefasta, desviándolo para sus gastos personales. Como consecuencia de este desfalco, el personal de tropa pasaba hambre.

Mi rechazo a estos abusos y engaños me acarreó serios problemas con los comandantes de batallón y los jefes de las bases contrasubversivas. Muchos oficiales corruptos actuaban como cómplices de los generales del Ejército —delincuentes en su gran mayoría— y de la clase política de la época que ignora el sufrimiento del pesonal de Tropa. Por su parte, los oficiales subalternos, con grados de subteniente, teniente y capitán, guardaban una falsa lealtad hacia sus superiores; de este modo cuidaban sus galones, aseguraban sus ascensos y hacían carrera, traicionando por completo a la tropa a su mando.

El desabastecimiento era crónico. A través del servicio de Intendencia, el Ejército nos enviaba provisiones para tres meses con el gramaje exacto, pero los sacos de arroz llegaban llenos de gorgojos, acompañados de azúcar, fréjol, avena, harina, manteca, sal, trigo, leche, fideos sémola y atún. Todo lo que recibíamos servía únicamente para saldar las deudas que previamente habíamos contraído con las pequeñas tiendas cercanas a la base, por lo que de inmediato nos quedábamos sin víveres otra vez. Ante tanta necesidad, tuvimos que recurrir al Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (PRONAA), donde nos entregaron treinta sacos de trigo y diez de avena, ambos en estado de pudrición. Tuvimos que vaciar los productos al suelo, esparcirlos y seleccionar minuciosamente la parte rescatable. Logramos recuperar dieciocho sacos de trigo y siete de avena aptos para el consumo humano, insumos con los que la tropa logró alimentarse durante seis meses. En otras ocasiones, también nos vimos obligados a solicitar apoyo y provisiones a la Compañía Minera Aurífera Retamas S.A. (Marsa).

En aquellos tiempos difíciles para la patria, mi sueldo de suboficial de 2da mensual era de 280 soles y el personal de Tropa recibía la propina mensual de ocho soles. De ese monto, gastaba 140 soles en una pensión cercana al mercado de Tayabamba, por lo que el salario solo me alcanzaba para comer y cubrir algunos gastos imprevistos. En esas condiciones resultaba imposible ahorrar, pues el país apenas intentaba salir de la devastadora crisis económica que había dejado el corrupto gobierno aprista de Alan García Pérez.


En Tayabamba «Con las Manos en la Masa: El Falso Juramento del Capitán "Águila"».- El 18 de agosto de 1993, a las 08:00 horas, durante la Lista de Diana que reunía a todo el personal en el patio de armas, estuvimos a punto de presenciar un motín en la Base Contrasubversiva del distrito de Tayabamba. El suboficial Rentería, apodado «Burro», junto con toda la tropa de la base, se abalanzó enfurecido contra el capitán de seudónimo «Águila». El oficial había perdido por completo el principio de autoridad. Frente a un personal enardecido, negaba a gritos las acusaciones que lo vinculaban al cobro de cupos a las mafias de la droga.

—¡Capitán «Águila»! —le increpó la tropa en medio del tumulto—. Todos sabemos que usted está coludido con los narcotraficantes del distrito de Urpay. Hemos hablado con los civiles conocidos como «Zorro» y «Gringo», y ellos mismos nos han confirmado que usted recibe mensualmente cinco mil dólares americanos, Dos mil es para usted, mil para cada suboficial y mil para el rancho de tropa, todo suma cinco mil dólares. Ese dinero ingresa a través de la Policía Nacional y usted, a pesar de recibir semejante fortuna, nos mantiene pasando hambre, todo sabemos señor capitán.

Ante la contundencia del reclamo, el capitán reaccionó a la defensiva:

—Yo jamás en mi vida me he metido en cochinadas. Si tanto me acusan, ¿dónde está ese «Zorro»? ¿Dónde está el «Gringo»? Tráiganlos para meterles bala por hablar estupideces.

Acto seguido, el oficial miró al cielo y juró ante Dios que jamás había tocado dinero del narcotráfico. Su juramento solo avivó las llamas. El suboficial Rentería intervino con mayor agresividad, amenazando con ganarle la iniciativa a balazos junto al sargento apodado «Rata». Fueron minutos de una tensión asfixiante; la base estuvo a punto de convertirse en el escenario de una balacera interna, pues todos los efectivos nos encontrábamos completamente armados y equipados para la jornada. Al final, los ánimos se calmaron. Yo preferí mantener la distancia y no intervenir; presentía que ese sucio negocio ya estaba arreglado y respaldado por los niveles superiores del Comando de Huamachuco.

Cuando las aguas volvieron a su cauce, el capitán se dirigió a mí:

—Suboficial Pineda, saque inmediatamente al patio de armas todos los artículos de Intendencia, Comunicaciones, Sanidad y Material de Guerra. Verifique los cargos y relévese con el suboficial Rentería. Usted será el primero en marcharse al Puesto de Comando de Huamachuco.

Al día siguiente, el 19 de agosto a las 10:00 horas, ingresé de imprevisto al alojamiento del capitán «Águila». Lo encontré sentado en su escritorio, contando fajos de billetes verdes amontonados sobre el mueble; lo afirmo con la mano en el pecho ante Dios Todopoderoso: lo sorprendí con las manos en la masa. Como entré sin tocar la puerta, el oficial se puso sumamente nervioso y perdió el control de sus movimientos. Intentaba entablar conversación conmigo mientras, con manos temblorosas, abría lentamente el cajón del escritorio para ocultar los paquetes de cien dólares. Calculo que en ese montón de dinero había más de noventa mil dólares americanos.

Mirándolo fijamente, le dije:

—Capitán «Águila», tranquilícese. Yo no soy tan cobarde ni tan miserable como usted. Si yo fuera un ambicioso, en este mismo instante lo fusilaría aquí mismo, porque frente a mí tengo la evidencia y la prueba del delito. Usted, como jefe de base, junto con los policías y las autoridades locales, reciben cinco mil dólares mensuales de los narcotraficantes. No lo voy a delatar porque no es mi estilo, y porque no entré aquí para espiar su miseria, esa misma que ayer negó ante la tropa jurando en nombre de Dios. He ingresado para verificar el material de Comunicaciones que usted ordenó traer a su habitación para coordinar secretamente con las mafias.

Aquel oficial, reducido por la culpa, solo atinó a responder:

—Está bien, suboficial Pineda. Saque los equipos de radio HF/BLU Thomson TRC-372, las antenas, las baterías y los demás accesorios. Verifique todo el material para proceder con el relevo.

Una vez fiscalizados los cargos, presenté el Estado de Relevo y el suboficial Rentería Huiman se hizo cargo de todo el almacén. El 31 de agosto de 1993, regresé por mis propios medios al Puesto de Comando del Batallón de Infantería Motorizado N° 323, acantonado en el distrito de Huamachuco, en la provincia de Sánchez Carrión. Semanas más tarde, toda la tropa fue relevada y retornó también a Huamachuco. Finalmente, el 15 de febrero de 1994, dejé la guarnición de Huamachuco tras ser cambiado de colocación con destino al Batallón Contrasubversivo N° 28 en el distrito de Rioja, departamento de San Martín.

El capitán alias “Águila” y el suboficial Rentería alias “Burro” continuaron destacados en la Base de Tayabamba. Es evidente que el dinero del narcotráfico escalaba hasta los altos mandos; de lo contrario, no se explicaría la enorme preferencia por mantener a ese oficial en el mismo puesto por más de un año. Al fin y al cabo, son historias de impunidad que el país arrastra desde hace décadas, donde las economías ilegales logran corromper a policías, autoridades políticas y efectivos del Ejército, tal como lo viví en carne propia en Tayabamba en aquel año de 1993.

Base Contrasubversivo de Agua Blanca San Martín «La Base de los Rostros Falsos: Identidades Ocultas en el Frente Huallaga».- En 1994, el distrito de Agua Blanca, ubicado en la provincia de El Dorado, departamento de San Martín, estaba sumido en una pobreza extrema. La gran mayoría de sus pobladores eran pequeños agricultores que vivían en un abandono total: no había agua potable, desagüe, energía eléctrica ni señales de televisión. Incluso la posta médica carecía por completo de un médico que atendiera a la población.

Durante el gobierno de Alberto Fujimori, el Perú se había transformado prácticamente en un narcoestado. Debido a que la Policía Nacional del Perú había sido superada por los combatientes del PCP Sendero Luminoso, el Ejército asumió el control total de la lucha contrasubversiva y, con ello, de las zonas de producción de droga, principalmente en el Frente Huallaga. En esta guerra interna, las Fuerzas Armadas combatían con fuerza a la subversión, pero convivieron con el narcotráfico. Las bases militares padecían una precariedad tan severa que todo el personal dormía directamente en el suelo, sin colchones ni frazadas, faltaban ollas y las provisiones escaseaban de forma crónica. Ante este desamparo, muchos jefes de las bases contrasubversivas optaron por convivir y pactar con los narcotraficantes, quienes los apoyaban con dinero y víveres para garantizar la subsistencia de las bases militares.

En aquellos tiempos, la clandestinidad y el anonimato eran la norma. Todos los oficiales, técnicos y suboficiales portábamos libretas electorales falsas —el equivalente al DNI actual— para identificarnos ante la población civil. Usábamos el cabello largo y barba, y nadie llevaba galones ni distintivos de grado sobre el hombro o en la gorra; nadie sabía a ciencia cierta quién era quién. Tanto los mandos como el personal de tropa nos identificábamos exclusivamente mediante chapas o seudónimos, y cualquier documento oficial de la base se firmaba con nombres y rúbricas ficticias.

Bajo este sistema, el personal de cuadros rotaba de base en base cada tres meses. En esas circunstancias, el 6 de junio de 1994, llegué como destacado a la Base Contrasubversiva N° 28 del distrito de Agua Blanca, donde laboré durante cinco meses consecutivos, hasta el 30 de octubre de ese mismo año. Al incorporarme, encontré una guarnición comandada por un capitán jefe de base de seudónimo «Manuel», un alférez apodado «Zeus», el técnico «Lester», un suboficial de inteligencia conocido como «Carlos» y sesenta hombres de tropa del Servicio Militar Obligatorio. El noventa y nueve por ciento de estos soldados eran de origen selvático, jóvenes de condición muy humilde que procedían de los distintos caseríos y distritos de San Martín.

La base se había instalado a raíz de un violento antecedente ocurrido en octubre de 1993, cuando una columna subversiva de ciento veinte combatientes de Sendero Luminoso incursionó en el distrito. La agrupación maoísta estaba comandada por un médico traumatólogo, quien se identificó abiertamente como profesional de la salud antes de saquear la posta médica y llevarse todos los medicamentos. Tras el atraco, la columna abandonó el pueblo con dirección a las minas de sal. Sin embargo, en la parte baja de la ruta, los subversivos se detuvieron a sacrificar un cerdo para preparar comida y descansar plácidamente. En esas circunstancias, fueron sorprendidos por patrullas del Ejército. Tras un breve pero intenso enfrentamiento, el mando traumatólogo y tres combatientes cayeron abatidos, mientras que el resto escapó hacia el monte. Como respuesta inmediata a esta incursión, el Comando del Ejército del Destacamento Leoncio Prado, con sede en Tarapoto, ordenó la instalación permanente de la Base Contrasubversiva N° 28 en el distrito.

Durante mi permanencia en esta Base Contrasubversiva, en horas de la tarde el personal de Oficiales, Técnicos, Suboficiales y Tropa SMO jugaba fútbol contra los equipos (civiles) del distrito, en esas circunstancias en mi condición de futbolista de la base militar hice amistad con algunos deportistas de la localidad y uno de ellos fue un individuo conocido por todos como "Vily" una persona de contextura gruesa, tez blanca, quien vivía cerca a la base, resulta que este individuo había sido el coordinador y hombre enlace con los narcotraficantes colombianos y peruanos, un día finalizado el partido de fútbol me dijo "jefe habrás venido con un par de costales, porque de aquí vas a salir lleno de dólares", palabras que desde ese momento despertó mucha curiosidad en mi persona.

El 10 de junio en horas de la tarde, el capitán Manuel ordena reunión en su alojamiento, donde participó el Alférez Zeus, el Técnico Lester, Suboficial Carlos y el suscrito, el capitán nos hablaba del miserable sueldo que nos pagaba el Estado; por ende, teníamos que recursearnos como sea para solventar los gastos del hogar y de los hijos, entre palabreos nos decía que una firma colombiana había solicitado la carretera que está cerca al distrito de Santa Rosa para sacar un vuelo de droga, que el Técnico Lester y 20 hombres de Tropa saldrían para dar seguridad, por este trabajo los narcotraficantes pagaron la suma de TREINTA MIL ($ 30,000) DOLARES AMERICANOS, la repartición se hizo de la siguiente manera: El capitán dijo, "si pasa algo yo seré el responsable de todo esto, a mí me enviaran a la cárcel, por ende me quedaré con QUINCE MIL ($ 15,000) DÓLARES", para el alférez destinó CINCO MIL ($ 5,000) DÓLARES, para el Técnico destinó la suma de CINCO MIL ($ 5,000) DÓLARES AMERICANOS, para el Suboficial Carlos la suma de MIL ($ 1,000) DÓLARES, para el suscrito la suma de  MIL ($ 1,000) DÓLARES y para mejoramiento de rancho del personal de Tropa se destinó la suma de TRES MIL ($ 3,000) DÓLARES. Cuando finalizó la conversación sobre la repartición, yo, pedí la palabra, le dije al capitán lo siguiente: "Mi capitán. yo no estoy de acuerdo y me niego a ser partícipe de este acto delictivo, todo el ofrecimiento que usted hace mancha mi honor y mi moral de soldado", por ende, me negué a recibir el sobre conteniendo los Mil Dólares, y en el acto me retiré a la parte externa de la base. En la noche después de la lista de retreta llegué a mi alojamiento, que normalmente permanecía con la puerta sin candado, alojamiento alquilado de la señora Elvira Pérez, por el costo de S/ 10.00 soles mensuales, al lado de la iglesia del pueblo, casi junto a un torreón, ingresado prendí una pequeña velita para iluminar el pequeño cuarto, después de dejar mi fusil y todo mi equipaje al pie del catre, levanté mi almohada y bajo la sabana hallé el mismo sobre con los MIL ($ 1,000) DÓLARES AMERICANOS, bueno, dije ¿qué hago con este dinero? al respecto a nadie le pregunté, hasta el día de hoy no sé quién habría dejado el sobre bajo mi sabana, me quedé con todo el dinero.

Después de la primera repartición de miles de dólares, ellos me consideraban como una persona indeseable, me miraban con mucho recelo y total desconfianza, ya no estaba en la lista de ellos para estos negocios oscuros, por ende no sabían cómo sacarme de la Base Contrasubversivo, en esos días desde el Puesto de Comando del distrito de Rioja enviaron un radiograma, dando orden para que el Técnico Lester salga de bienestar por lapso de 15 días, quien tenía que viajar a la ciudad de Lima; pero no, en la Base Militar hicieron una contra orden y a mí me obligaron para salir de bienestar, desde el 15 hasta el 29 de junio; por ende, desde la ciudad de Tarapoto viajé vía aérea hasta la ciudad de Trujillo y desde esta ciudad vía terrestre hasta la ciudad de Huaraz. Finalizado mi bienestar retorné a la Base Contrasubversivo, a mi llegada inmediatamente el civil "Vily" me informó que en los días de mi ausencia habían sacado dos vuelos de gran tonelaje, en total habían cobrado la suma de Sesenta Mil ($ 60,000.00) dólares americanos, específicamente me dijo: "Jefe, hemos sacado dos vuelos, provecho para ti también seguramente han guardado lo que te corresponde", concluyó. En la Base Contrasubversivo los días pasaban con total tranquilidad, pero nadie me hablaba de los vuelos de las semanas pasadas, no indagué y no reclamé a nadie, en esos días constaté que el Técnico Lester, experimentado en este tipo de negocios oscuros con los narcotraficantes se había arriesgado alquilando una "casa fachada" al frente de la Base, quien había puesto un aviso que decía "se compra algodón" en si era una casa que acopiaba droga de los pequeños "traqueteros" que siempre abundaban por estos lugares. El 30 de junio una firma colombiana llegó a la Base con un equipo de fulbito, se jugó partido de fulbito con el personal de la Base y en la noche organizaron una fiesta en companía de mujeres de la localidad, donde abundó licores de todo tipo, yo no participé en el partido de fulbito, ni en la fiesta.

El 02 de julio, en horas de la tarde, se malogró el receptor transmisor HF/BLU Thomson TRC 340, por ende, el capitán Manuel con carácter de urgencia me ordenó viajar a la ciudad de Tarapoto, llevando consigo el mencionado equipo de radio para ser reparado en el taller de mantenimiento del cuartel "Mariscal Cáceres", orden que en mi condición de especialista (mecánico de comunicaciones y electrónica) lo acaté sin dudas ni murmuraciones. Para cumplir con esta comisión de servicio, en horas de la tarde me embarqué en una camioneta que cubría la ruta Agua Blanca y San José de Sisa, llegando a este último lugar siendo las 18:30 horas, caminé hasta el paradero de camionetas para la ciudad de Tarapoto, donde me informaron que ya no había vehículos hasta el día siguiente, por ende decidí caminar por las calles preguntado si había un taller de reparación de radios y televisores, por ahí me indicaron que había uno cerca a la plaza de armas, cargando a la espada el mencionado aparato de comunicaciones llegué a un taller de reparación de radios y televisores, donde le supliqué al dueño para que me preste sus herramientas e instrumentos de medición (multimetro), gracias a Dios el técnico civil me brindó todo tipo de apoyo, inicié mis labores verificando la batería ALI 116, este artículo menor se encontraba en buen estado, luego abro las tapas del artículo principal verificando los fusible, los integrados y todo estaba en buen estado, para finalizar verifiqué los cables internos del combinado microtelefónico COT 101, constatando que dos cables internos debajo del PRESTOTALK adrede habían sido cortados, este desperfecto inmediatamente lo reparé, reparado el aparato de comunicaciones, siendo las 23:00 horas retorné al distrito de Agua Blanca, llegando a la Base siendo las 01:15 horas, a mi llegada el personal de Tropa me informa que el capitán Manuel y el Técnico Lester habían capturado a dos narcotraficantes peruanos con doscientos (200 kilos de cocaína refinada) y $20,000 dolares americanos en efectivo y una camioneta de lunas polarizadas casi nuevo y que los detenidos se encontraban en el calabozo bajo tierra. La camioneta blanca permanecía estacionada en el costado de la iglesia. En la parte posterior de la Base Contrasubversivo, teníamos un calabozo rustico bajo tierra, era un hueco de tres (3) metros de profundidad ( 4 metros de largo y 3 metros de ancho), cubierto con palos gruesos y sobre estos se colocó gruesas capas de tierra y pasto natural para mantenerlo bien camuflado. Para el ingreso del personal detenido había una pequeña puerta, puerta hecho con palos amarrados, construido por el personal de Tropa y una escalera que servía para el ingreso y salida del personal detenido, cuando bajaban los detenidos cerraban la puerta, sobre la puerta día y noche dos soldados bien armados permanecían sentados. Aquella noche uno de los soldados que permanecía de servicio en la "trinchera" al costado de la iglesia me llevó hacía el calabozo a donde llegué con una linterna de mano, cuando levantaron la pequeña puerta iluminé hacia el fondo constatando que habían dos personas (civiles) sentados sobre unos troncos en un rincón, ellos inmediatamente levantaron la mirada, suplicándome para darles libertad de manera inmediata, me decían: "Jefe quédate con los $ 20,000 dólares, entréganos la merca (la droga) y la camioneta, asunto arreglado", al respecto yo no les contesté ni una palabra, a los centinelas les ordené para que tapen la puerta, en seguida me retiré.

El 3 de junio, en las primeras horas, me apersoné a la estación de radio para la instalación del Receptor Transmisor HF/BLU Thomson TRC 340, para iniciar el reporte respectivo con el Puesto de Comando ubicado en el distrito de Rioja, en esas circunstancias el capitán Manuel al verme no pudo disimular su amargura pues su plan de despistarme había fallado, se sentía muy incómodo y me dijo. ¿y la radio?, en el acto le contesté, manifestando que todo estaba operativo. Siendo las 08:00 horas el Suboficial de Inteligencia de seudónimo "Carlos" se presentó con el informe de detención y la declaración testimonial de los detenidos, ambos detenidos bajo juramento dijeron en sus respectivas declaraciones que les habían incautado 200 kilos de droga refinada, una camioneta de lunas polarizadas y la cantidad de $ 20,000 dólares americanos en efectivo, como es normal la documentación que presentó el mencionado suboficial no le gustó al capitán, quienes bajo el techo de la pequeña oficina del estado mayor, casi se agarran a golpes. El capitán mandó salir a los detenidos y con la pistola en mano les amenazó, diciendo: "carajo, yo en ningún momento he incautado dinero en efectivo, solamente se incautó 20 kilos de droga, si continúan jodiendo les vuelo la cabeza y punto", en ese momento los dos narcotraficantes declinaron su versión cambiando su declaración testimonial que solo había sido incautado los 20 kilos de droga y la camioneta, firmaron todo el documento así. Siendo las 10:00 horas en la misma camioneta se lo llevaron a los dos detenidos con destino a la ciudad de Tarapoto, dijeron que iban a ser entregados a la Fiscalía y todo fue una finta nada más. Antes de viajar habían hecho la repartición del dinero, en mi caso como en la primera vez en horas de la noche cuando llegué a mi alojamiento debajo de mi almohada encontré la suma de Mil Doscientos ($1200.00) dólares americanos, hasta la fecha no se quien habría colocado dicho dinero, todo el dinero lo gasté en la segunda bajada de bienestar, pues yo era el hombre indicado para salir de bienestar, los otros simplemente no querían salir por estar atentos a estos negocios sucios. El capitán Manuel, el Alférez Zeus y el Técnico Lester ya había depositado en dos oportunidades miles de dólares en el Banco de Crédito del Perú con sede en la ciudad de Tarapoto, depósitos a nombre de sus familiares. A mediados del mes de setiembre, compraron dos chanchos de gran tamaño y mandaron preparar carne ahumado y dijeron que era para el General del COPERE, en inmensas cajas se embaló la carne y estaba listo para ser transportado a la ciudad de Lima, pues en esos días iba a viajar a Lima el mismo Técnico Leste, llevando consigo todo tipo de regalos para el General de tan alto cargo en el manejo del personal a nivel Ejército, pero antes deciden viajar a la ciudad de Tarapoto para hacer el tercer depósito de miles de dólares, en esta oportunidad la rutina les traicionó, pues los elementos de inteligencia les habían seguido de cerca y para coronar la mala suerte los tres habían viajado como si fuera un paseo con sus respectivas amantes de companía, mujeres jóvenes del distrito, llegando a Tarapoto se habían alojado en el Hostal Edison, uno de los hostales de lujo que se encontraba en las inmediaciones de la plaza de armas, que la noche les cobraban $100.00 dólares americanos, en el hostal se quedaron las mujeres y ellos se habían dirigido al Banco de Crédito, donde cada uno de ellos se habían apoderado de la ventanilla por ende los cajeros se demoraron por más de 20 minutos contando miles de billetes americanos, en esos momentos los "mafiosos" de la Inspectoría del Destacamento Leoncio Prado de Tarapoto y la fiscalía, intervinieron a los tres, inmediatamente fueron conducidos a la Inspectoría del Cuartel, mientras ellos eran detenidos otro grupo de elementos de la Inspectoría habían intervenido el hostal, donde ingresaron y verificaron todo, las mujeres asustadas no sabían lo que ocurría, se lo llevaron todo tipo de evidencias. En horas de la noche la amante del Técnico ester retornó al distrito de Agua Blanca y ella me informó todo lo relacionado a la detención de mis colegas, mientras las amantes del capitán Manuel y del alférez Zeus aún permanecían en el hostal, en Tarapoto. En aquellos días yo quedé al mando de la Base Contrasubversivo, teniendo como mi adjunto al suboficial de inteligencia de seudónimo "Carlos".

La sorpresiva llegada del coronel del Ejército peruano Luis Sablich Garaicoa, seudónimo (Garoso)
.- Al día siguiente de la detención del capitán Manuel, Alférez Zeus y el Técnico Lester en la ciudad de Tarapoto, en mi condición de más antiguo en grado, pasé lista de Diana y realicé el reporte respectivo con el Puesto de Comando ubicado en el distrito de Rioja. Finalizado la lista, siendo las 09:00 horas me dirigí a mi alojamiento, me senté en mi rustica silla y procedí a verificar mi pantorrilla derecha que se encontraba muy hinchado por los golpes que recibí en los partido de fútbol con el personal civil de la localidad, me saqué los borceguíes y cuando procedía a frotar la parte afectada de mi pierna que se encontraba con moretones, dos hombres con vestimenta civil armados con ametralladoras "HK" se ubicaron en la puerta de mi pequeño alojamiento, me sorprendieron, cuando quise reaccionar me dijeron que eran de la Inspectoría de la ciudad de Tarapoto, en voz alta uno de ellos me dijo: "suboficial no te muevas, a partir de este momento quedas detenido, tu jefe ya está detenido en la ciudad de Tarapoto", en ese momento yo pensaba en mil cosas, si estos eran subversivos del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso o Narcotraficantes, desde la puerta también el otro integrante de la inspectoría gritó preguntando que si ya habían detenido al suboficial de Inteligencia Carlos, al Presidente del Comité de Autodefensa y al civil de seudónimo "Vily", ahí recién me convencí que eran de la Inspeccionaría del Ejército de la ciudad de Tarapoto. En ese momento dos elementos de inteligencia ingresaron a mi alojamiento y verificaron todo detalladamente, de rincón a rincón, desarmaron mi fusil FAL, vaciaron los cartuchos de mis cacerinas, voltearon el colchón, verificaron mis libros hoja por hoja, mis libretas de apuntes, mi maletín, el morral de campaña, etc. Yo había cobrado dos sueldos completos a mi retorno de mi segundo bienestar, en aquellos tiempos percibía como sueldo la suma de Setecientos Cincuenta (S/750.00) soles, en total en mi billetera encontraron la suma de Mil Ochocientos (S/1800.00) nuevos soles, inmediatamente como justificación les mostré mis boleta de pago, pero no cuadraba la cantidad, pero yo también me "recurseaba" tomando fotografía a los civiles y al personal de Tropa, como medio probatorio ahí estaban los paquetes conteniendo las fotografías de tamaño jumbo para entregar y las boletas del revelado, uno de los oficiales que se encontraba en la puerta de mi alojamiento 
mostrado total acto delicuencial, durante las pesquisas ya se lo había metido a su bolsillo mi billetera con todo el dinero, ni siquiera levantaron el acta de decomiso del dinero, mientras el otro me tomaba manifestación relacionado al narcotrafico. En aquellos tiempos yo tenía un diario, un cuaderno donde anotaba todo lo que acontecía en los patrullajes y en la Base Contrasubversivo, lo leyeron detenidamente y se quedaron sorprendidos, este cuaderno se lo llevaron a la Inspectoría del Destacamento Leoncio Prado acantonado en la ciudad de Tarapoto, este cuaderno para ellos significó como si fuera un trofeo de guerra, pues en ella encontraron toda la información que requerían. En el interrogatorio me dijeron: " Usted ya sabe que tu jefe está capturado, él ya declaró todo, nos ha dicho que usted también ha recibido dinero del narcotrafico", pregunta: ¿Diga si has recibido dinero del narcotráfico durante tu permanencia en la Base Contrasubversivo de Agua Blanca?, mi respuesta fue, todos los detalles del caso está en mi diario, en dos oportunidades encontré dinero debajo mi almohada, en  la primera noche encontré mil dólares, en la segunda oportunidad 1200 dólares, yo no sé quién habría dejado el dinero, los mismos que sumaban Dos Mil Doscientos ($ 2200.00) dólares y que me lo he gastado durante mis viajes de bienestar en las ciudades de Trujillo y Huaraz". Además les dije: "señores oficiales de la Inspectoría, desde mi llegada a esta base en la primera semana del mes de junio, yo he sido el hombre indicado para salir de bienestar, yo he salido de bienestar por todos, como es normal esas "bajadas" irrogan mucho gasto, desde Rioja ordenaron para que salga el Técnico Lester y a mi me obligaron para viajar, así por todos sin excepción yo he salido. Dentro de mi inocencia nada pude negar, hablé toda la verdad; siempre he sido uno de los grandes cojudos que he visto pasar de todo por delante de mis ojos y nunca reclamé ni los pedí; a pesar de todo en los patrullajes siempre fui el "caballito" de batalla, mientras otros sentaditos se llenaban de dólares en contubernio con los narcotraficantes. Si hubiera sido recontra astuto y sinvergüenza como el doctor Alan García Pérez, mejor hubiera negado todo, todos sabemos que los políticos peruanos se enriquecen con las coimas y otros negocios oscuros, como dice el viejo Alberto Quimper siempre son aceitados, pero lo niegan todo, pero yo no los negué. Me hicieron otra pregunta y fue lo siguiente: ¿Por qué no has denunciado al Jefe de la Base y compañeros de labores sabiendo que estaban involucrados con el narcotráfico?, mi respuesta fue, según Ley y nuestros reglamentos no puedo denunciar a un superior.

Luego apareció en la puerta de mi alojamiento el coronel de caballería del Ejército peruano Luis Sablich Garaicoa, popularmente conocido con el seudónimo (Garoso), uno de los temidos Inspectores del Destacamento Leoncio Prado, acantonado en la ciudad de Tarapoto, a el le reclamé para que me devolvieran mi billetera con el dinero completo quien luego hacer las coordinaciones con su personal, ordenó la devolución del dinero incautado. Este coronel fue un tipo muy vozarrón y de trato intimidarme mediante la voz alta, quien me gritaba de todo, pero yo en todo momento mostré total tranquilidad y le escuché callado todas sus preguntas con amenazas de todo tipo. Este coronel al final me dijo lo siguiente: "El suboficial Carlos también está detenido, será conducido a la ciudad de Tarapoto, así mismo los tres detenidos en la Inspectoría ya no regresaran a esta base; por ende, usted queda al mando hasta nueva orden". En mi condición de Jefe de la Base Contrasubversivo (interino), esa misma tarde me reuní con todo el personal de Tropa SMO, a quienes les informé de los hechos ocurridos, también a esa hora mandé sacar todas las pertenencias de los detenidos, los calzoncillos, las medias, polos, borceguíes y uniformes, todo lo repartí entre el personal de Tropa, además mandé abrir los cajones que contenían los ahumados de carne de chancho, aquella tarde comimos harta carne de calidad y nos duró por lapso de ocho días. El coronel de caballería Luis Sablich Garaicoa, en su condición de Inspector solamente asustaba a todos los detenidos, nos gritaba, nos amenazaba con enviarnos a Lurigancho, cuando él mismo también se recurseaba con el dinero de los narcos, su único objetivo fue sacar todo el dinero del personal de Oficiales, Técnicos y Suboficiales involucrados con el narcotráfico, todo se arreglaba en la Inspectoría. Los altos mandos del destacamento Leoncio Prado de Tarapoto, la Inspectoría y la fiscalía, quitaban todo el dinero a los detenidos y luego les perdonaban la vida a todos, sino pues toda la Corporación de Oficiales Técnicos y Suboficiales hubieran sido dados de baja y encarcelados, pero nada de eso ocurrió. El personal del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja en un 95% se encontraban denunciados en la Inspectoría por estar involucrados con el narcotráfico colombianos y peruanos, sin embargo una vez finalizado sus labores en estas Zonas de Emergencia continuaron haciendo su carrera con total normalidad, en nada les afectó en los ascensos al grado inmediato superior, para el año 2020 los subtenientes de esa época ya ostentan grados de Coronel, los capitanes con quienes laboré hoy ostentan el grado de Generales de División, sin embargo a mí me sancionaron con una papeleta de arresto de rigor, motivo por el cual fue causal para no ascender al grado inmediato superior.

Base Contrasubversivo N° 28 del distrito de Huimbayoc, departamento de San Martín 1994.- En los años de 1990 el distrito de Huimbayoc fue uno de los distritos empobrecidos de la provincia de San Martín, fue declarado por el Estado peruano como Zona de Emergencia, en aquellos años este distrito se había convertido en Sodoma y Gomorra, abundaban muchos narcotraficantes colombianos y peruanos; prostitutas foráneas y de la localidad, homosexuales según su identificación en su mayoría de Sullana, Chiclayo y Tabalosos; abundaban delincuentes comunes y alcohólicos, era un distrito donde la presencia del Estado peruano era totalmente nulo.

En los años de 1980, durante el primer gobierno del doctor Alan García Pérez (1985 - 1990) y parte del gobierno del ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el distrito de Huimbayoc había sido una de las Zonas Liberadas por el Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. Cuando el Estado peruano comenzó a instalar Bases Militares en todos los distritos y provincias del departamento de San Martín, las fuerzas principales del ejército guerrillero popular (EGP) huyen a las partes altas, convirtiéndose en grupos errantes. Como en todo grupo subversivo sus cuadros son escalonados por ende sus Base de Apoyo a través de sus comités populares continuaron en los distritos y zonas rurales del ande y de la selva, no se sabía quién es quién, para identificarlos se requería de mucha paciencia o colaboración de informantes “soplones” locales a sueldo.

En el año de 1992 en el distrito de Huimbayoc, San Martín, el narcotraficante colombiano de seudónimo "ministro" había armado su residencia de lujo, meses después en este mismo lugar fue capturado por una patrulla de la policía Nacional del Perú, comandado por un coronel y 24 subalternos, según la narración de los pobladores de esta zona, esta captura efectuado por los efectivos de la policía solo había sido una finta, pues este delincuente previo pago de un rescate de Quinientos Mil ($500,000) mil dólares americanos había sido liberado en las inmediaciones del distrito de Pelejo. En las horas de la madrugada, todos los efectivos de la Policía Nacional retornaron a Yurimaguas sin el detenido, el jefe de la operación argumento que durante el trayecto río abajo en el caudaloso río Huallaga por la oscuridad reinante en el lugar el detenido había sido rescatado por los sicarios bien armados, por este delito, todos los efectivos de la patrulla fueron denunciados quienes para su defensa presentaron argumentos falsos; por ende, no creíble para la fiscalía, finalizado la investigación los 25 efectivos recibieron sentencia para permanecer en la cárcel  por lapso de 25 años. Durante mi permanencia en la Base Contrasubversivo N° 28 de Yurimaguas, el 02 de mayo de 1995 acompañé al cabo EP Servicio Militar Obligatorio Josué Izuisa Chasnamonte para visitar a su hermano que se encontraba detenido en la cárcel del mencionado distrito, circunstancias que aproveché para indagar la verdad sobre este caso, con el mencionado clase nos desplazamos a pie, dicho penal se encontraba solo a trescientos metros de la Base Militar. Ingresado a dicho penal constaté que todos los detenidos se dedicaban en su mayoría a trabajos de carpintería, todos trabajan libremente en un espacio grande, cuando se apersonó el detenido, hermano del cabo, entablé una conversación fluida con él, justamente este individuo estaba realizando trabajos con el grupo de ex policías detenidos, así por medio de él me contacté con otros tres ex policías con quienes también conversé y les pregunté el motivo de su encarcelamiento, uno de ellos me dijo, " indicando con el dedo índice derecho, dijo, obligado por el viejo huevon que está sentado al fondo, coronel durante la captura del narcotraficante "ministro", recibí la suma de cuatro ($4,000.00) mil dólares americanos, por lo que estoy sentenciado para permanecer en este penal hasta el año 2017".

En la mañana del 5 de noviembre del año 1994, llegué al distrito de Huimbayoc, San Martín, típico distrito de la selva del Perú, caminé por sus calles de tierra donde los perros vagos abundaban, en la plaza de armas con pasto crecido había manada de chanchos de todos los tamaños; observé muchas casas sin veredas, a simple vista se notaba que había mucha pobreza, luego constaté que no había agua potable, no había desagüe, no había servicio de energía eléctrica, no había canales de televisión, la posta médica se encontraba al mando de un solo enfermero, donde los medicamentos básicos eran escasos, no había médicos ni de los que hacen sus prácticas (SERUM), el servicio telefónico era muy restringido. La población en su totalidad se dedicaba a la pequeña agricultura legal e ilegal (había muchas chacras de coca en las partes altas).

Finalizando mis servicios en la Base Contrasubversiva del distrito de Agua Blanca, provincia de "El Dorado", departamento de San Martín, cumpliendo con el rol de rotación de personal de Oficiales, Técnicos y Suboficiales, con fecha 5 de noviembre de 1994 me incorporé a la Base Contrasubversivo N° 28 del distrito de Huimbayoc, donde encontré como jefe al capitán de infantería de seudónimo "Clover" al mando de 40 hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio y un suboficial de inteligencia que fungía de vendedor ambulante de artículos plásticos como baldes, platos, bidones, etc, el informante con rasgos selváticos "charapa" vivía en un cuarto alquilado lejos de la Base Militar, este suboficial con rasgos autóctonos de pobladores de la selva permanecía como uno más de la población, este individuo se desplazaba por diferentes lugares encubierto como vendedor ambulante, la misión que tenía era la obtención de información de los subversivos. En horas de la tarde del mismo día de mi incorporación, el jefe de la Base Contrasubversivo en su condición de jefe político militar me nombró para presidir una reunión con toda la población y las autoridades, a esta reunión asistí acompañado por el sargento 2do EP "jaguar", en la agenda que presentaron las autoridades contemplaba solamente tres problemas que con urgencia solicitaban su erradicación, la prostitución, la delincuencia y el alcoholismo, ellos no consideraron como problema la presencia de los narcotraficantes ni del narcotráfico en todos sus niveles, finalizado los ajetreos de la reunión con las autoridades en presencia de la población, mediante un megáfono hice conocer los cinco puntos que teníamos que aplicar para erradicar los males que reinaban en el distrito, en esos momentos nadie reclamó, nadie protestó, en aquellos tiempos ante las decisiones del personal del Ejército la población obedecía las ordenes sin dudas ni murmuraciones, todos permanecieron en completo silencio, finalizado la reunión se firmó un acta, firmado por el alcalde del distrito, el gobernador, el presidente de la ronda y el representante de la Base Militar, los cinco puntos contemplados en el acta fueron:

1. Prohibir la venta de todo tipo de licor en los bares y cantinas (Ley seca).
2. Funcionamiento de las discotecas hasta las 12 de la noche con venta de licor moderado.
3. Erradicar el narcotráfico.
4. Prevenir la delincuencia mediante la ronda nocturna de los ronderos apoyados por las patrullas del Ejército.
5. Empadronamiento de las peluquerías que en su mayoría eran de propiedad de homosexuales.

Después de la reunión por lapso de una hora y media con la población y las autoridades del distrito, retorné de inmediato a la Base Militar Contrasubversivo, informando por escrito al capitán del Ejército de seudónimo "Clover" jefe político militar del distrito, de todo lo relacionado a los asuntos tratados de manera específica y detallada. En la pequeña sala del Estado Mayor de la Base Militar me senté con el mencionado oficial donde pusimos sobre la mesa que estrategias aplicar para erradicar todos los males especificados en el acta firmado, es ahí que coincidimos en todo, pues estos males no se podía combatir ni derrotar por los medios convencionales, se tenía que actuar de manera informal, es decir al margen de todas las leyes del Estado existentes. En esta Base Militar había un calabozo profundo bajo tierra, a todos los detenidos sea hombres, mujeres y homosexuales se depositaba en este recinto húmedo y con muchos roedores (ratas), así mismo cerca a uno de los torreones había un árbol grueso donde el personal de Tropa construyó una pequeña plataforma, sobre este plataforma en la parte alta del árbol, totalmente desnudos permanecieron amarrados algunos delincuentes durante el día en pleno sol, de hambre y sed, ellos permanecieron parados con las manos amarrados hacia atrás a un poste, el primer día permanecían de hambre, al segundo día se le brindaba un poco de comida y agua por una sola vez, al tercer día también se le proporcionaba un poco de comida y agua, así permanecieron hasta pedir perdón por los delitos que habían cometido. En una oportunidad en una de las discotecas intervinimos a 28 personas entre hombres, mujeres y homosexuales, todos fueron conducidos a la Base, con este personal nos amanecimos a un lado de la Base, desde las 01:00 horas hasta las 06:00 horas, les ordené para que hagan gimnasia básica sin armas de 100 repeticiones cada una, en total sumaban 1000 mil repeticiones, para levantarles la moral les decía: Si ejecutan las 1000 repeticiones se retiran a sus domicilios, caso contrario ingresaran al calabozo por lapso de una semana, ante mis requerimientos los civiles trataron de cumplir la orden pero nadie llegó ni a la mitad, al amanecer todos estaban totalmente agotados y así ingresaron al calabozo, después de tres días comenzamos a darles libertad a las mujeres bajo compromiso de honor firmado para que eviten de hacer escándalos y peleas en lugares públicos, en su mayoría los varones por las planchas que habían hecho por lapso de cinco (5) horas a muchos se les hinchó los brazos, por la cantidad de abdominales que habían ejecutado con mucho dolor movían la cintura y por la cantidad de flexiones y ranas que habían ejecutado con mucha dificultad movían sus piernas, en aquellos tiempos por estas detenciones nadie reclamaba, nadie protestaba, no se presentaba ningún abogado, ni los representantes de los derechos humamos, cuando se liberaba a los detenidos se le hacía firmar un documento que avalaba que estaban abandonado la Base sanos y en buen estado de salud; con los homosexuales fue un trato especial en el compromiso de honor, este personal para abandonar el calabozo se comprometía bajo juramento a cambiar su opción sexual, es decir bien se convertían en mujer u hombre, no había otra opción, para tal fin se les hacia la advertencia con la Santa Biblia en la mano; y muchos borrachos también después de ranear hasta quedar exhausto terminaron en el calabozo. Durante mi permanencia en esta Base Militar el control disciplinario de la población fue así, en lapso de tres semanas aproximadamente los delincuentes foráneos desaparecieron por completo, los homosexuales también desparecieron, desaparecieron los alcohólicos, desaparecieron las prostitutas, las mandas de chanchos desaparecieron de la plaza de armas, muchos de estos animales terminaron en la pailas del personal de Tropa, los perros capturados terminaron sacrificados en la Base, con estos animales el personal hacia la práctica de prueba de valor, al perro crucificado se le sacaba el corazón y las tripas, con la sangre se bañaba el personal, luego con el cuerpo ensangrentado el personal de Tropa salía a correr por las calles llevando colgado en el cuello como collar las tripas de los perros y como trofeo la cabeza. Durante el día había personal de Tropa y ronderos cazadores de chachos y perros vago, animal que era sorprendido circulando por las calles terminaba en la Base Militar. Para nosotros no fue difícil erradicar todos los males que había en el distrito de Huimbayoc, de un momento a otro todo se convirtió en un silencio total, los grandes perjudicados fueron los restaurantes, las discotecas y los bares porque ya no tenía clientela, por ende, por un lado, algunos estaban feliz con el logro obtenido de la tranquilidad y orden, mientras los comerciantes de alguna manera se encontraban disconformes, pero el objetivo fue erradicar los males se logró rápidamente.

Donde está el narcotráfico abundan todos los males, pero también muchos se benefician de manera ilegal, hay trabajo para los desocupados, los cocaleros ilegales ganan, los comerciantes formales e informales  ganan, los dueños de hostales ganan, los dueños de los restaurantes tienen muchos comensales, las discotecas y bares llenan sus salones en las noches, las prostitutas tienen muchos  clientes de todas las edades, los homosexuales peinadores abundan; es decir todos ganan, hay movimiento de dinero y hay trabajo para el pueblo. En las primeras semanas del mes de noviembre en este distrito conocí al narcotraficante colombiano "Jimi" un joven de tez blanca bien presentable que siempre se desplazaba con cuatro sicarios (hombres de seguridad) colombianos bien corpulentos de buena estatura, también conocí al narcotraficante con seudónimo Cristal cuyo nombre verdadero fue Luis Pineda, llegué a conocer al narcotraficante con seudónimo Trompa de Buque, le decían así por su aspecto feo, otro narcotraficante que conocí fue el narcotraficante colombiano de seudónimo "hermano", el otro narcotraficante colombiano fue uno que tenía seudónimo "Pescado" un hombre de apariencia muy humilde pero cumplidor y muy caballero, conocí a estos narcotraficantes colombianos y peruanos porque ellos apoyaron a las Bases Contrasubersivos mensualmente con provisiones y dinero. Los oficiales y suboficiales del Ejército que pasaron por esta Base Contrasubversivo, ni el capitán del Ejército de seudónimo "Clover" que comandó a la Base durante mi permanencia, no pudo capturar a estos narcotraficantes, "decían que todo estaba arreglado con los de arriba, capturarlos era muy peligroso", por ende en su mayoría los narcotraficantes colombianos y algunos peruanos, pagando sus respectivos cupos transitaban con total normalidad, para entrar pagaban la suma de Quinientos ($ 500.00) dólares americanos y para salir la suma de Dos mil ($ 2000) dólares; pagando las sumas en mención, ellos circulaban en el río  Huallaga como "Pedro por su casa". Como nos habíamos comprometido con el pueblo y autoridades del distrito de Huimbayoc para erradicar todos los males, ergo el capitán "Clover" entró en arreglo con los narcotraficantes para que se retiren pacíficamente del distrito, y estos se retiraron con todo su personal a las zonas altas de Chasuta, Juan Guerra, Chipuruna, conocido también como Navarro, para permanecer en estos lugares los narcotraficantes mensualmente pagaban sus cupos a los jefes de las Bases Contrasubversivas, el cupo mensual fue de Quince Mil ($15,000) dólares americanos.

En la última semana del mes de noviembre, una noche nublado, siendo las 21:00 horas, el capitán de infantería de seudónimo "Clover" salió al centro del distrito para llamar por teléfono y se demoró en retornar, mientras yo me quedé al mando de la Base Militar, en esas circunstancias llegaron de sorpresa a la instalación militar cinco (05) individuos, cuando les solicité sus documentos, ellos se identificaron como ciudadanos de la nacionalidad colombiana y eran de la firma de narcotraficantes "Jimi" con sus cuatro (04) elementos de seguridad, ellos llegaron con sus maletines y se sorprendieron al verme, como me dijeron que se habían apersonado por orden del capitán, les ordené para que permanezcan en las inmediaciones de la puerta principal, el capitán retorno siendo las 22:30 horas y pasó a su oficina con los narcotraficantes, cuando los narcos se retiraron de la Base, inmediatamente le pregunté al mencionado oficial de la cantidad de dólares americanos que habían dejado para el personal militar, pero este oficial trató de engañarme, quien textualmente me dijo: "Los narcos solamente han venido para coordinar, no me han dejado nada, me han dicho que recién se van a matricular la otra semana", como ya había antecedentes que este oficial me estaba "cerrando" con los cupos que pagaban puntualmente las diferentes firmas de narcotraficantes colombianos y peruanos, pese al pago de cupos, el rancho para el personal era muy pobre, nunca hubo almuerzo de camaradería para el personal de Tropa en el tiempo que permanecí en esta Base, por ende, en esta oportunidad le reclamé con fuerza y hasta le amenacé con denunciarlo. Este oficial era más vivo que otros oficiales que conocí en diferentes Bases Militares donde laboré como especialista en la operación y mantenimiento del material de comunicaciones que siempre lo alterné con las funciones de jefe de patrulla, para no dejar evidencias del cobro de cupos, cada vez que se recibía el cupo, un hermano suyo era el encargado de trasladar los dólares hasta Cajamarca, este oficial nunca deposito dinero en los Bancos de Yurimaguas ni Tarapoto, después de una semana retornaba su hermano quien para pasar como desapercibido en el pueblo vivía cerca a la plaza de armas en un "cuartucho" alquilado, donde pacientemente esperaba otros cobros de cupos que hacia el oficial. La relación de paz, concordia y entendimiento con el mencionado oficial se había acabado, habíamos coincidido en todo, pero con el dinero en la mano su comportamiento cambió totalmente, por ende, como es normal el oficial comenzó a tratarme con mucha desconfianza y por ende habría dado cuenta al Comando del Batallón Contrasubversivo N° 28 con sede en Rioja San Martín y obtiene autorización, ergo me destaca para ser Jefe de la Base Contrasubversivo del distrito de Pelejo.

Base Contrasubversivo N° 28 distrito de Pelejo, provincia de San Martín 1994.- El distrito de El Porvenir Pelejo, es uno de los 14 distritos de la provincia de San Martín, se encuentra en la margen derecha del río Huallaga, entrando desde Yurimaguas, en deslizador o “peque peque” se llega a seis horas río arriba. En este distrito permanecí como jefe de la Base Contrasubversivo desde el 5 de diciembre de 1994 hasta el 29 de enero de 1995. En el año 1994, vivíamos la violencia política por la guerra contrasubversiva. En este distrito de escasa población, había mucha pobreza, sus habitantes en su totalidad era gente muy humilde, para subsistir se dedicaban a la pequeña agricultura, ganadería y pesca. No contaban con servicio de energía eléctrica, no había red de agua, no tenía desagüe, no había canales de televisión, en la pequeña posta médica no había medicamentos ni médicos, pero si tenía un aeropuerto para las avionetas de los narcotraficantes a una hora de camino a pie. En las zonas de la selva, las principales autoridades políticas son cómplices de los narcotraficantes, ellos por su silencio son recompensados y los pobladores trabajaban para las firmas, ellos limpiaban la pista, otros cumplen la función de informante, otros trabajan como cargadores, en las noches para aterrizaje de las avionetas colocaban mecheros en la pista. En aquellos tiempos una de las misiones que teníamos era cuidar el aeropuerto para evitar el transporte de droga de las firmas peruanas y colombianas. Hasta antes de mi llegada, el empobrecido distrito de Pelejo, había sido un centro de descanso temporal de algunas firmas de narcotraficantes colombianos y peruanos, principalmente durante la entrada de sus embarcaciones procedente de la ciudad de Yurimaguas. En aquellos tiempos en las inmediaciones del pequeño puerto había algunos restaurantes, hostales y casas de hospedajes, donde los narcotraficantes almorzaban plácidamente y pasaban algunas horas de siesta en companía de hermosas féminas, pero cuando puse mis pies en la polvorientas calles de este distrito, casi olvidado por el Estado peruano, de un momento a otro todo se convirtió en total silenció, habían desaparecido todas las lacras, por ende los restaurantes y las tiendas comerciales se quedaron sin clientela, los dueños de los negocios de comida y otros me miraban con mucho odio, por ahí mis informantes me decían que por culpa mía los negocios habían fracasado.

En la Base Militar, una maña del mes de diciembre, antes de la navidad del año 1994, en horas de la mañana llegó a la Base Contrasubversiva el narcotraficante colombiano de seudónimo "pescado", a quien lo recibí en la pequeña sala de visitas de la Base, casi junto a mi modesto dormitorio, en el momento del encuentro el colocho sin perder tiempo me dijo lo siguiente:  Dijo: "Jefe, nosotros sabemos de los problemas de provisiones y grandes necesidades que tiene ustedes; por ende, he venido a entregarle mi colaboración para que pasen una buena navidad, aquí te entrego una boleta de pago para que recojan sus provisiones en la tienda del señor Fasabi, y un sobre conteniendo Mil ($ 1000.00) dólares americanos", mientras sucedía todo esto la Tropa de servicio se encontraba atento durante este suceso, en esas circunstancias en el acto mandé llamar al sargento de seudónimo "chancho" el más antiguo entre el personal de Tropa a quien le hice participe de todo lo que recibí; en ese momento me sentí muy feliz por el apoyo recibido y el colombiano un hombre de apariencia humilde de baja estatura me decía "jefe, no se preocupe, mi apoyo es incondicional"; ergo, no me solicitó ningún tipo de favores; a continuación, pensando que ya había cumplido su misión, el "colocho" se levantó de la pequeña banca, me dio la mano y se retiró con destino al distrito de Papa Playa. En ese momento cuando el colombiano cruzaba el puente, en el acto reuní a todo el personal de Tropa, ordené  a diez hombres para que se apersonen con la boleta en la mano para el recojo de provisiones en la pequeña tienda comercial del señor Fasabi, este personal retornó cargando todo el pedido, el narcotraficante colombiano abasteció a la Base mejor de lo que me abastecía el Comando del Ejército a través de su Servicio de Intendencia, recibí tres sacos de azúcar, tres sacos de arroz, cinco cajas de leche, diez paquetes de fideos, dos sacos de harina, cuatro bolsas de avena cada uno de 15 kilos, cajas de condimentos, dos cajas de aceite, cinco cajas de atún, etc. A partir del 18 de diciembre de 1994 todo mi personal comenzó a pasar racho tipo A1, el desayuno, almuerzo y cena, todo era de primera calidad, con el dinero recibido todos los días se compraba gallinas, pescado, carne de sajino, carne de chancho, verduras, plátanos verdes para sancochar y otros, recién nos sentimos como soldados al servicio de la patria, bajo mi comando el personal de Tropa Servicio Militar Obligatorio se sentían muy feliz de la vida, cuando llegaban de transito algunos soldados de otras bases militares, cuando les invité el rancho que comía mi personal se sintieron muy asombrados, al respecto uno de ellos me dijo: "Mi suboficial en esta base me gustaría servir, aquí si el personal de Tropa come bien y en cantidad, mientras allá en mi base el capitán nos mata de hambre". En la base militar de Pelejo todo había cambiado de manera radical, se fomentó la disciplina, respeto a los civiles; con el dinero recibido me apersoné donde un carpintero y le pedí en el acto para que me entregue en lapso de 15 días 20 catres de madera ishpingo, además mande comprar 20 colchones, ollas, pailas y baldes y otros enseres para la cocina. En aquel año en esta base militar pasé una linda navidad junto con todo mi personal, compramos pavos, panetones, es decir hubo una buena cena. Así mismo este dinero se empleaba cuando el personal de Tropa salía de permiso a lugares lejanos; por ende, se le entregaba la suma de S/100.00 soles para que cubran sus pasajes y alimentación. En esta Base Contrasubversiva todos mis antecesores habían trabajado cómodamente con todos los narcotraficantes colombianos y peruanos, sacaron varios vuelos desde el aeropuerto que se encontraba a una hora a pie, pero en este negocio no solo se beneficiaba el jefe de la Base Militar, este era un trabajo conjunto, para permitir el ingreso de las aeronaves también entraba al negocio el alcalde, el teniente gobernador, el presidente de comité de autodefensa (jefe de ronderos), es decir todas las autoridades participaban. Para comprar el silencio de los pobladores del distrito abandonados por el mismo Estado peruano, los narcotraficantes compraron un grupo electrógeno, motor generador de luz de corriente alterna y una antena parabólica. Cuando llegué al mencionado distrito, hallé el motor frente de la Base dentro de un pequeño inmueble, justamente el personal de Tropa se encargaba de encenderlo y apagarlo en horas de la noche (19:00 horas - 22:00 horas), además encontré 20 cilindros de petróleo comprado por los narcotraficantes. Me decían en aquellos tiempos cada vuelo costaba la suma de treinta ($ 30,000.00) mil dólares americanos, también me dijeron que en algunas oportunidades habían sacado hasta tres vuelos, información vertida por la familia Ríos Orbe que en aquellos tiempos tenía sus chacras en las inmediaciones del rustico aeropuerto. También comentan que la misma DEA se encontraba involucrado con el tráfico de droga, pues según la versión de algunos intermediarios (hombres de contacto de los narcos), en horas establecidas se apagaban todos los radares, lapso de tiempo en que las aeronaves ingresaban y salían con destino a Colombia. No lo niego, en los lugares donde laboré recibí la propina de los narcotraficantes peruanos y colombianos, dinero que lo empleé en rancho y bienestar de mi personal.

Base Contrasubversiva del distrito de San Martín de Alao 1994.-  En el mes de julio, durante 15 días trabajé como destacado en la Base Contrasubversivo del distrito de San Martín de Alao, provincia de El Dorado, departamento de San Martín. En aquellos tiempos el distrito  tenía una pista grande especialmente como para aterrizaje de avionetas de los narcotraficantes que siempre transitan por estos lugares buscando como sacar sus mercaderías con destino a Colombia. En el lapso de tiempo que permanecí como destacado intentaron sorprenderme, enviaron a sus emisarios, quienes una tarde calurosa me visitaron, uno de ellos me ofreció la suma de $ 60,000.00 dólares americanos por dos vuelos en la noche, no lo acepté y se retiraron. Como jefe de base militar, en estas situaciones no los puedes capturar porque ellos dicen que todo esto está arreglado con los de arriba, entonces es mejor hacerse el "cojudo", si le das vuelta ellos como sea te buscan con sus sicarios, es mejor no aceptar sus tentaciones y uno queda tranquilo. 

En las bases militares de la Sierra y Selva, los narcotraficantes patriotas colaboraron con el personal del Ejército, esta realidad es innegable, sin el apoyo oportuno de ellos no hubiéramos subsistido, la mayoría de los Oficiales, Técnicos y Suboficiales en sus boletas de pago se encontraban con deuda, es decir a fin de mes no cobraban ni un céntimo, en estas situaciones difíciles los narcos siempre se presentaban con provisiones de todo tipo y como no recordar que gracias a ellos también hubo una buena cena en las fiestas de navidad y un buen año nuevo para el personal de todos los grados. Estos hechos, aunque lo consideren increíble ha sido de lo más normal entre los años de 1980 hasta el año 2000, donde el personal a sueldo de todas las jerarquías aprovecharon bien la presencia de los narcotraficantes como: Cachique Rivera, Trompa de Buque, Luis Pineda "Cristal", Jimi, Lucho Culon, Pescado, el Vaticano, Waldo Arias Vargas "Ministro", etc, en el Frente Huallaga el personal militar que trabajó de la mano con las firmas de narcotraficantes colombianos y peruanos levantando vuelos, brindando seguridad y otros, encontraron el "premio de la lotería", por ende aseguraron el futuro de sus hijos, pero también hubo personal militar "pesetero" que no arriesgó, es decir no abarcó más allá de los límites, por ende se conformaron con las propinas y colaboraciones voluntarias, caso contrario los familiares de muchos no hubieran sobrevivido, porque en las boletas de pago de sus esposos salía cero soles; por todo lo mencionado, en aquellos tiempos, en el Huallaga todos hemos mamado de las ubres del narcotráfico, ahí están incluidos, los alcaldes, los presidentes del Comité de Autodefensa, los gobernadores, La Policía Nacional del Perú, hasta algunos presidentes de la república.