viernes, 27 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE LA BASE CONTRASUBVERSIVO N° 28 DISTRITO DE HUIMBAYOC DEPARTAMENTO SAN MARTÍN 1994

Huimbayoc en los años noventa: Violencia, narcotráfico y abandono estatal. - Durante la década de 1990, el distrito de Huimbayoc —uno de los catorce distritos más empobrecidos de la provincia de San Martín— fue declarado por el Estado peruano como Zona de Emergencia. En aquellos años, la localidad se había transformado en una especie de Sodoma y Gomorra debido al auge de las economías ilegales: abundaban los narcotraficantes tanto colombianos como peruanos, proliferaba la prostitución de mujeres foráneas y locales, y había una marcada presencia de comunidades homosexuales que, según se identificaba en la época, provenían en su mayoría de Sullana, Chiclayo y Tabalosos. En un escenario donde el alcoholismo ganaba terreno, el distrito sobrevivía bajo un abandono absoluto, pues la presencia del Estado peruano era totalmente nula.

Esta situación era el resultado de una crisis que se había agudizado desde la década de 1980. Durante el primer gobierno del doctor Alan García Pérez (1985-1990) y los inicios del régimen del ingeniero Alberto Fujimori, Huimbayoc funcionó como una de las "Zonas Liberadas" bajo el control del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso. Sin embargo, el panorama cambió cuando el Estado comenzó a instalar bases militares en los distritos y provincias del departamento de San Martín. Ante la ofensiva, las fuerzas principales del Ejército Guerrillero Popular (EGP) se vieron obligadas a huir hacia las partes altas de la región, convirtiéndose en columnas errantes.

A pesar del repliegue militar de la subversión, sus cuadros políticos permanecieron escalonados. Las Bases de Apoyo, articuladas a través de los comités populares, continuaron operando de forma clandestina en los distritos y las zonas rurales de la sierra y la selva. En ese entorno de desconfianza generalizada, resulta imposible saber quién era quién. Identificar a los miembros remanentes requería de una enorme paciencia por parte de las fuerzas del orden o de la delación de "soplones" pagados a sueldo, en un territorio donde la clandestinidad se había mimetizado por completo con la vida cotidiana.

Testimonio de una Incorporación: Huimbayoc, 1994.- Tras finalizar mis servicios en la Base Contrasubversiva del distrito de Agua Blanca, en la provincia de El Dorado, San Martín, y en cumplimiento del rol de rotación de personal para oficiales, técnicos y suboficiales, arribé al distrito de Huimbayoc en la mañana del 5 de noviembre de 1994. Al llegar, me encontré con el panorama típico de un pueblo de la selva peruana de aquellos años: caminé por calles de tierra donde abundaban los perros vagos y observé una plaza de armas con el pasto crecido, invadida por manadas de cerdos de todos los tamaños. Las viviendas carecían de veredas y la pobreza era evidente a simple vista. Poco después, constataría las carencias estructurales del lugar: no había agua potable, ni desagüe, ni servicio de energía eléctrica, y mucho menos señales de televisión. La posta médica operaba bajo el mando de un solo enfermero y padecía de una severa escasez de medicamentos básicos; no contaban con médicos titulados ni con egresados que realizaran su Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (SERUMS), y el servicio telefónico era sumamente restringido. En este escenario, la población sobrevivía dedicada a la pequeña agricultura, tanto legal como ilegal, pues las partes altas albergaban extensas plantaciones de coca.

Al incorporarme a la Base Contrasubversiva de Huimbayoc, encontré como jefe de la instalación a un capitán de infantería conocido bajo el seudónimo de "Clover". Él tenía a su mando a cuarenta hombres de tropa del Servicio Militar Obligatorio y a un suboficial de inteligencia. Este último operaba de manera encubierta, fingiendo ser un vendedor ambulante de artículos de plástico como baldes, platos y bidones. Debido a sus rasgos nativos de la selva —característica que le permitía mimetizarse como un poblador más—, este suboficial alquilaba una habitación lejos del recinto militar y se desplazaba constantemente por la zona con el único objetivo de obtener información sobre los movimientos subversivos.

La tarde de aquel mismo día, el jefe de la base, en su condición de jefe político-militar, me encomendó presidir una asamblea general con las autoridades locales y la población. Asistí a la cita acompañado por el sargento segundo EP "Jaguar". En la agenda presentada por las autoridades locales, se contemplaban con urgencia solo tres problemas que exigían erradicación inmediata: la prostitución, la delincuencia y el alcoholismo. Significativamente, los líderes comunales no consideraron como un problema la presencia de los narcotraficantes ni las actividades del tráfico ilícito de drogas en ninguno de sus niveles. Al finalizar las coordinaciones, y ante la multitud congregada, utilicé un megáfono para dar a conocer las cinco medidas que aplicaríamos para erradicar los males del distrito. En ese momento, nadie reclamó ni protestó. En aquellos tiempos de excepción, la población acataba las disposiciones del personal del Ejército sin dudas ni murmuraciones, por lo que todos permanecieron en absoluto silencio. La reunión concluyó con la firma de un acta suscrita por el alcalde distrital, el gobernador, el presidente de las rondas campesinas y yo, en representación de la Base Militar. Los cinco puntos refrendados en el documento fueron:

  1. Prohibir la venta de todo tipo de bebidas alcohólicas en bares y cantinas (Ley seca).
  2. Limitar el funcionamiento de las discotecas hasta la medianoche, permitiendo únicamente un consumo moderado de alcohol.
  3. Erradicar el narcotráfico en la zona.
  4. Prevenir la delincuencia mediante patrullajes nocturnos a cargo de los ronderos, con el apoyo estratégico de las patrullas del Ejército.
  5. Implementar un empadronamiento obligatorio de las peluquerías locales, las cuales en su mayoría eran propiedad de ciudadanos homosexuales.

Métodos de Control Social en la Zona de Emergencia. - Después de la reunión de una hora y media con la población y las autoridades del distrito, retorné a la base militar. De inmediato, elevé un informe escrito, específico y detallado, al capitán del Ejército de seudónimo "Clover", en su condición de jefe político-militar del distrito, para darle cuenta de todos los asuntos tratados. Posteriormente, nos reunimos en la pequeña sala del Estado Mayor de la base para delinear las estrategias que aplicaríamos para erradicar los males especificados en el acta firmada. Coincidimos plenamente en que estos problemas no podían combatirse ni derrotarse mediante métodos convencionales; era necesario actuar de manera informal, es decir, al margen del ordenamiento legal existente. En la base militar contábamos con un calabozo subterráneo, profundo y húmedo, infestado de roedores, donde se recluía a los detenidos sin distinción: hombres, mujeres y homosexuales. Asimismo, cerca de uno de los torreones, se encontraba un árbol grueso sobre el cual el personal de tropa había construido una pequeña plataforma. Allí, completamente desnudos y expuestos a la intemperie del pleno sol, permanecían amarrados de manos hacia atrás a un poste algunos delincuentes de la zona. Durante el primer día se les privaba por completo de agua y alimento; al segundo y tercer día se les proporcionaba una ración mínima de comida y agua por una sola vez. En esa posición permanecían hasta que solicitaban perdón por las faltas cometidas.

En una oportunidad, fuimos alertados sobre una riña en una de las discotecas. Una patrulla salió de inmediato para intervenir el lugar, logrando la captura de 28 personas, entre hombres, mujeres y homosexuales, quienes fueron conducidos a las instalaciones militares. Pasamos la madrugada con este personal; desde la una hasta las seis de la mañana, les ordené ejecutar series de gimnasia básica sin armas de 100 repeticiones cada una, hasta alcanzar un total de 1,000 mil movimientos. Con el fin de motivarlos, les advertí: "Si completan las 1,000 repeticiones se retiran a sus domicilios; de lo contrario, ingresarán al calabozo por una semana". Ante la exigencia, los civiles intentaron cumplir la orden, pero ninguno logró llegar a la mitad debido al agotamiento físico. Al amanecer, extenuados por el esfuerzo, todos fueron ingresados al calabozo. Tras tres días de reclusión, comenzamos a liberar a las mujeres bajo el compromiso de honor firmado de evitar escándalos y peleas en espacios públicos. Por su parte, la mayoría de los varones presentaba secuelas del esfuerzo físico extremo tras cinco horas de ejercicios forzados: muchos tenían los brazos hinchados por las flexiones, sufrían de dolores intensos en la cintura a causa de las abdominales y se desplazaban con extrema dificultad debido a las ranas y saltos ejecutados. En aquellos tiempos de excepción, nadie reclamaba ni protestaba por estas detenciones; no se presentaban abogados ni representantes de organizaciones de derechos humanos. Al momento de la liberación, se obligaba a los detenidos a firmar un documento que avalaba que abandonaban la base militar sanos y en buen estado de salud. Con los homosexuales, el acta de compromiso de honor tenía un carácter especial: para salir del calabozo, debían comprometerse bajo juramento —con la Santa Biblia en la mano— a cambiar su opción sexual y definirse estrictamente como hombres o mujeres, bajo advertencia de severas represalias. De igual manera, los ciudadanos hallados en estado de ebriedad eran sometidos a series de ranas hasta quedar exhaustos antes de ser depositados en las celdas.

Durante mi permanencia en la base militar, el control disciplinario sobre la población civil se mantuvo bajo este régimen riguroso. En un lapso aproximado de dos semanas, los delincuentes foráneos, los alcohólicos, los homosexuales y las prostitutas, tanto locales como foráneas, desaparecieron por completo del distrito. Asimismo, las manadas de cerdos dejaron de circular por la plaza de armas, ya que muchos de estos animales terminaron en las pailas de la tropa del Servicio Militar Obligatorio (SMO). Los perros callejeros capturados eran sacrificados dentro de la base, donde el personal los utilizaba para realizar pruebas de valor: al animal crucificado se le extraía el corazón y las vísceras, y el personal se bañaba con la sangre. Posteriormente, con el cuerpo ensangrentado, la tropa salía a trotar por las calles del pueblo llevando las tripas colgadas al cuello a modo de collar y la cabeza del animal como trofeo.

Durante el día, patrullas combinadas de la tropa y ronderos se desplazaban por las calles cazando cerdos y perros vagos; cualquier animal sorprendido en la vía pública era conducido de inmediato a la base militar. Para nuestra administración, no fue difícil erradicar los problemas que afectaban al distrito de Huimbayoc. De un momento a otro, la localidad quedó sumida en un silencio total. Los principales afectados por estas medidas fueron los propietarios de restaurantes, discotecas y bares, quienes perdieron repentinamente a su clientela. Por un lado, un sector de la población se mostraba conforme con el orden y la tranquilidad recuperados; por el otro, los comerciantes manifestaban disconformidad debido al colapso de sus ingresos. No obstante, el objetivo institucional era erradicar los males del distrito, y se logró en un tiempo mínimo.

La Paradoja de la Bonanza Cocalera y los Pactos en la Selva. - Donde el narcotráfico se instala, abundan todos los males, pero también se genera una cadena de beneficios ilegales que dinamiza la economía local: hay empleo para los desocupados, los cocaleros ilegales perciben grandes ganancias, los comerciantes formales e informales prosperan, y los dueños de hostales y restaurantes ven sus negocios abarrotados de clientes. Las discotecas y bares llenan sus salones cada noche, las prostitutas encuentran una clientela masiva de todas las edades y proliferan los estilistas homosexuales. En suma, se genera una ilusión de bienestar donde todos ganan debido al constante flujo de dinero en efectivo y a la oferta laboral para el pueblo.

Durante las primeras semanas de noviembre, conocí en este distrito al narcotraficante colombiano apodado "Jimi", un joven de tez blanca y aspecto impecable que siempre se desplazaba custodiado por cuatro sicarios colombianos, hombres corpulentos y de gran estatura. También conocí a un importante acopiador peruano conocido con el seudónimo de "Cristal", cuyo nombre verdadero era Luis Pineda; a otro sujeto apodado "Trompa de Buque", llamado así por su fisionomía; así como a otros dos mandos colombianos conocidos como "Hermano" y "Pescado", este último un hombre de apariencia muy humilde, pero sumamente cumplidor y caballeroso en sus tratos. Llegué a conocer a estos narcotraficantes, tanto peruanos como colombianos, debido a que ellos abastecían mensualmente a la Base Contrasubversiva con provisiones y dinero en efectivo. Ni los oficiales y suboficiales que me precedieron en esta base, ni el capitán del Ejército de seudónimo "Clover" —quien comandaba la instalación durante mi permanencia—, intentaron capturar a estos capos. La consigna implícita era que "todo estaba arreglado con los de arriba" y que proceder con una captura resultaba sumamente peligroso. Por ello, la mayoría de los narcotraficantes colombianos y algunos peruanos transitaban con total normalidad tras el pago de sus respectivos cupos. Para ingresar al territorio, abonaban la suma de quinientos dólares americanos ($500.00) y para salir, dos mil dólares ($2,000.00); mediante este peaje ilegal, navegaban por el río Huallaga como "Pedro por su casa". Sin embargo, como nos habíamos comprometido formalmente con el pueblo y las autoridades de Huimbayoc a erradicar los males urbanos del distrito, el capitán "Clover" entabló un arreglo con los narcotraficantes para que se retiraran pacíficamente de la localidad. Los capos aceptaron y replegaron a todo su personal hacia las zonas altas de Chazuta, Juan Guerra y el sector de Chipuruna, conocido también como Navarro. Para operar y permanecer en aquellos nuevos refugios, los narcotraficantes pagaban a los jefes de las bases contrasubversivas correspondientes un cupo mensual estipulado en quince mil dólares americanos ($15,000.00).

Dinero Sucio, Paranoia y Relevo en Huimbayoc. - Durante la última semana de noviembre, en una noche cerrada y nublada, siendo las 21:00 horas, el capitán de infantería conocido como "Clover" salió hacia el centro del distrito para realizar una llamada telefónica. Ante su demora en retornar, me quedé temporalmente al mando de la base militar. Las instalaciones carecían de energía eléctrica, por lo que vivíamos sumidos en una total oscuridad. En esas circunstancias, y de manera sorpresiva, se presentaron en el recinto cinco individuos. En medio de la penumbra les solicité sus documentos de identidad, llevándome una gran sorpresa cuando se identificaron como ciudadanos colombianos pertenecientes a la firma del narcotraficante "Jimi", quien venía acompañado por sus cuatro corpulentos custodios.

Los colombianos portaban maletines y manifestaron su asombro al verme al mando. Al argumentar ellos que se habían apersonado por orden expresa del capitán, les interrogué directamente: "¿Cuánto van a dejar para la base militar?". En el acto, "Jimi" me respondió: "El acuerdo es por quince mil dólares ($15,000) mensuales". Ante esto, les ordené permanecer en las inmediaciones de la puerta principal hasta el regreso del jefe de base.

El capitán retornó recién a las 22:45 horas e ingresó de inmediato a su oficina con los narcotraficantes colombianos. Tan pronto como estos abandonaron la base, interpelé al oficial sobre la cantidad de dólares que habían dejado para el beneficio del personal militar; sin embargo, me evadió diciendo: "Nada que ver, recién se han comprometido a traerlo la otra semana". Como ya existían antecedentes de que este oficial me estaba "cerrando" —es decir, apropiándose ilegalmente de los cupos que pagaban puntualmente las distintas firmas peruanas y colombianas—, y sabiendo que, pese a los miles de dólares recibidos, el rancho para el personal de Tropa era sumamente pobre y jamás se organizaba un almuerzo de camaradería para la tropa, le reclamé con dureza en esa oportunidad e incluso lo amenacé con denunciarlo ante las instancias superiores.

Este oficial demostraba ser más astuto y calculador que otros que conocí en distintas bases militares donde presté servicios. Para no dejar rastro ni evidencias del cobro de cupos, cada vez que recibía esas ingentes sumas de dinero en efectivo, recurría a un hermano suyo que residía en el pueblo. Este familiar era el encargado de trasladar físicamente los miles de dólares hasta Cajamarca; el oficial jamás depositaba el dinero ilícito en las entidades bancarias de Yurimaguas ni de Tarapoto para evitar levantar sospechas. El hermano retornaba después de una semana y, para pasar completamente desapercibido entre la población, vivía cerca de la plaza de armas en un modesto cuarto alquilado, donde aguardaba los siguientes cobros de cupos que le proveía el capitán.

A partir de ese incidente, la relación de paz, concordia y entendimiento con el jefe de la base militar se quebrantó definitivamente. Si bien inicialmente habíamos coincidido en las estrategias de control social, disentimos por completo en la repartición del dinero mal habido. Con las divisas en su poder, el comportamiento del oficial se transformó por completo, mostrando una faceta miserable. Sostenía que ese dinero ilegal le pertenecía exclusivamente a él por su condición de jefe político-militar; sin embargo, cuando se programaban patrullajes operativos, él jamás salía de la base por un evidente temor al combate. "Diego, tú mismo eres —me decía con cobardía—. Diego, hay información de presencia subversiva por las alturas, tienes que salir al mando de veinte hombres". Debido a esas órdenes, pasé semanas recorriendo aquellas cumbres en misiones de simple presencia, soportando el hambre y durmiendo a la intemperie bajo intensas lluvias amazónicas.

En los últimos días del mes de noviembre, al borde de la rebelión y consciente de que para mí no se destinaba un solo dólar del narcotráfico, el capitán comenzó a tratarme con extrema desconfianza. Preso del miedo a que yo tomara represalias o cumpliera mis amenazas, el oficial dio cuenta de la situación al Comando del Batallón Contrasubversivo N° 28, con sede en Rioja, San Martín, solicitando mi relevo inmediato. Como consecuencia, fui destacado para asumir nuevas funciones como jefe de la Base Contrasubversiva del distrito de Pelejo.

La Falsa Captura del "Ministro" y el Penal de Yurimaguas.- En el año 1992, el distrito de Huimbayoc había sido el refugio del narcotraficante colombiano conocido bajo el seudónimo de "Ministro", quien llegó a levantar una residencia de lujo en la zona. Meses después de su establecimiento, una patrulla de la Policía Nacional del Perú (PNP), comandada por un coronel y veinticuatro subalternos, irrumpió en el lugar y logró su captura. Sin embargo, según la memoria de los pobladores locales, aquella vistosa operación no fue más que una farsa. Trascendió que, previo pago de un millonario soborno de quinientos mil dólares americanos ($500,000) en efectivo, el capo colombiano fue liberado en las inmediaciones del distrito de Pelejo. En horas de la madrugada, los efectivos policiales retornaron a Yurimaguas sin el detenido. Para justificar la ausencia, el jefe del operativo argumentó que, durante el trayecto río abajo por el caudaloso río Huallaga y aprovechando la densa oscuridad, una columna de sicarios fuertemente armados había emboscado la embarcación y rescatado al delincuente. Ante la gravedad de los hechos, toda la patrulla fue denunciada. Los implicados sostuvieron argumentos falsos durante el proceso, los cuales resultaron inverosímiles para la Fiscalía. Al concluir las investigaciones, los veinticinco efectivos policiales recibieron una severa sentencia de veinticinco años de prisión.

Años más tarde, durante mi permanencia en la Base Contrasubversiva N° 28 de Yurimaguas, tuve la oportunidad de constatar la veracidad de estos rumores. El 2 de mayo de 1995, acompañé al cabo EP del Servicio Militar Obligatorio, Josué Izuisa Chasnamonte, a visitar a su hermano, quien se encontraba recluido en el penal de dicho distrito. Aprovechando que el centro penitenciario se ubicaba a escasos trescientos metros de nuestra base militar, nos desplazamos a pie con el cabo para indagar sobre el caso. Al ingresar al penal, observé que la mayoría de los internos laboraba libremente en un amplio espacio dedicado a talleres de carpintería. Cuando el hermano del cabo se apersonó, entablé una conversación fluida con él. Coincidentemente, este interno realizaba sus labores diarias junto al grupo de los ex policías sentenciados por el caso del "Ministro".

A través de su intermediación, logré contactarme y dialogar con tres de los antiguos custodios para preguntarles directamente sobre los motivos de su encarcelamiento. Uno de ellos, señalando con el dedo índice derecho hacia el fondo del taller, me confesó con resignación: "Por culpa de ese viejo huevón que está sentado allá al fondo, nuestro coronel durante la captura del 'Ministro', yo recibí la suma de cuatro mil dólares americanos ($4,000). Por aceptar ese dinero, ahora estoy sentenciado a permanecer en este penal hasta el año 2017". Aquella revelación en el patio de la prisión cerraba el círculo de una historia de corrupción que había marcado al Bajo Huallaga tres años atrás.

miércoles, 25 de mayo de 2016

EQUIPO DE RADIO DE ALTA FRECUENCIA HF/BLU THOMSON TRC 372

El equipo de radio receptor transmisor Thomson TRC 372 se utilizó en el Ejército del Perú desde el año 1976 hasta el año 1996, este equipo HF/BU-AM (alta frecuencia, banda lateral única y amplitud modulada), muy resistente a los trabajos duros en campaña, fue el mejor en su género en aquellos años difíciles durante las luchas contrasubversivas en los andes y en la selva del Perú, donde la geografía y el clima son tan adversas para la propagación de las ondas de radio frecuencia que se desplazan a la velocidad de la luz rebotando en las capas de la ionosfera. Este equipo también se utilizó en todos los puestos de vigilancia, líneas de frontera (cinco frentes); por ende, el equipo de radio Thomson TRC 372 tiene un amplio historial que jamás será olvidado por el personal militar de comunicaciones. 

En aquellos tiempos contar con este equipo de radio era como tener un celular, un televisor con cable, un equipo de sonido etc. En los lugares remotos era el consuelo para muchos combatientes, pues en momentos tan difíciles de aislamiento el personal militar se comunicaba de radio a teléfono fijo mediante el phonepatch, en una oportunidad estando de patrulla en las alturas del distrito de Regis en Saposoa, departamento de San Martín, durante el alto hice una llamada a la ciudad de Lima en la frecuencia internacional de 7000 Kilohertz (Khz), me contacté con el operador de radio del Centro de Comunicaciones del Fuerte "Rafael Hoyos Rubio" Rímac en Lima y asunto arreglado, llegué a comunicarme con mis familiares de radio a teléfono fijo. La banda lateral única viene a ser el sistema SSB (BLU) que suprime una de las bandas laterales y la portadora y se transmite la banda lateral restante, ya sea esté en superior o inferior.

¿Que es la banda lateral única?.- Desde que aparecieron los equipos de radio de Alta Frecuencia se empezó hablar en el Ejército de la Banda Lateral Única cuyas siglas son BLU y en ingles SSB (Single Side Band) por ello haremos un breve explicación de lo que se entiende por BLU. El primer concepto es que BLU es una variación o modificación de la Amplitud Modulada. Cuando la señal de la portadora se mezcla con la señal de voz que normalmente varía de cero a 6 khz, se origina dos bandas laterales de 3 khz a cada lado, esto es como una carretera, la portadora viene a ser la parte central y las dos bandas laterales son dos canales de circulación uno en cada sentido. Toda transmisión tiene su ancho de banda, que también se llama Canales a cada canal de circulación se le denomina, Banda Lateral Superior o la del lado derecho y Banda Lateral Inferior a la del lado izquierdo. En el Ejército peruano hasta el año 1977 se desconocía el concepto de BLU y se trabajaba trasmitiendo en ambos canales de circulación, sin embargo los estudios de la electrónica y la adquisición del Equipo de Radio de Alta Frecuencia Thomson TRC 372 determinaron que las dos bandas llevaban la misma información y en cambio la potencia que producía el equipo tenía que repartirse entre la berma central y los dos canales de circulación, por ello se ideo trasmitir solamente un lado, Una Banda Lateral, y de ahí el nombre que se le ha dado a éste tipo de trasmisiones. Este sistema de transmisión tiene una serie de ventajas, veamos algunos de ellas: Se consigue mayor rendimiento con igual trabajo del equipo, cuando trabajamos en Amplitud Modulada por ejemplo si un equipo tenía 100 vatios de potencia, esta potencia se distribuía en la siguiente forma: 66 vatios en la portadora (berma central de la carretera) y 17 vatios en cada banda lateral, esto quiere decir que realmente la señal con inteligencia o sea la banda lateral solo lleva 17 vatios de 100 vatios que producía el equipo y si queríamos que el equipo trasmitiera realmente 100 vatios teníamos generar una potencia mayor en la portadora aproximadamente 500 vatios, esto exigía equipo más voluminosos y más costosos y mayor consumo de energía en la fuente de alimentación. En BLU transmitiendo solamente una banda lateral, se reúne en una sola la potencia de las dos, o sea que tenemos una banda lateral de 34 vatios para nuestro ejemplo, además en aquellos años se descubrió que también podía suprimirse casi por completo la potencia de la portadora y por ejemplo de 66 vatios la podemos reducir a un vatio, estos 65 vatios de economía lo sumamos también a la banda lateral y tenemos 99 vatios, luego podemos ver que de un equipo diseñado para producir 100 vatios estamos enviado señal con inteligencia de 99 vatios. En resumen con los equipos BLU se consigue mayor potencia con equipo menos voluminosos, componentes menos costosos y poca energía en cuanto a alimentación. A partir del año 1990 otra ventaja en los equipos de radio de Alta Frecuencia BLU es que se pueden acomodar mayor número de canales como está ocurriendo en los últimos tiempos con los equipos de radio digital de fabricación israelí equipos de radio PRC 2000 en gama de frecuencia de 1.5 a 29.9999 Mhz con 285,000 canales de radio frecuencia con separación de bandas de 100 khz; y equipos de radio PRC 6000 con gama de frecuencia de 1.5 a 29.9999 Mhz con 285,000 canales de radio frecuencia con separación de bandas de 100 khz.

EL equipo de radio de fabricación Francés Thomson TRC 372, es un receptor transmisor de HF/BLU-AM (alta frecuencia, banda lateral única y amplitud modulada), que trabaja en el rango de frecuencias de 2 a 11.999 MHz. Diseñado para ser empleado como estación portátil, vehicular y fija. Para su empleo en fonía o telegrafía la batería ALI 101 tiene una autonomía de 15 horas de trabajo, en el régimen de 9/1 recepción/transmisión. La batería ALI 101 proporciona 4 amperios de corriente durante la transmisión y una corriente débil de 200 miliamperios durante la recepción, es decir un promedio de consumo de 400 miliamperios de consumo permanente mientras el equipo esté encendido. Para compensar el desgaste de la carga de la batería ALI 101, se utiliza la alimentación auxiliar ALT 102 ó el generador manual ALG 101, cuya misión es restituir la corriente que la batería proporciona al transmisor/receptor, es muy importante señalar que para este montaje la batería debe estar completamente cargada, se debe tener en cuenta que en este “circuito tampón” la fuente auxiliar ALT 102 no se comporta como cargador y sólo restituye la corriente consumida por el transmisor/receptor Thomson TRC 372 si la batería está descargada entre 10 VDC  a menos de 10 VDC, no podrá suministrar la corriente al equipo transmisor/receptor  y en tal caso exige mayor corriente a la alimentación auxiliar, la ALT 102 tiene un límite de corriente de 1.2 amperios de restitución, cuando sobrepasa este valor se quema el fusible, si el fusible no es el apropiado, podrá suministrar más corriente, lo cual no podrá ser controlada, ocasionando el deterioro de la fuente ALT 102 que se recalienta originado la quema de diodos rectificadores, condensadores, transformador y todo el circuito interno.

Empleo de la fuente auxiliar ALT 102 o el generador manual ALG 101 como “ayuda” de la batería ALI 101.- La batería ALI 101 tiene un selector interno de dos posiciones. En la posición “A”, la batería alimenta íntegramente al transmisor/receptor (caso de estación portátil). En la posición “B” la batería alimenta al receptor y ½ transmisor, la otra mitad del transmisor es alimentado por la fuente auxiliar ALT 102 ó por el generador manual ALG 101 (usado en casos de estación vehicular o fija). Cuando está en la posición “B”, el operador debe tener presente que se debe encender la fuente ALT 102 o girar la manivela del generador manual ALG 101, para que el equipo pueda transmitir, la posición “B” ayuda a conservar la carga de la batería, además la fuente auxiliar ALT 102 o el generador manual ALG 10, simultáneamente restituyen el consumo de corriente del Thomson TRC 372. 
Comprobación del estado de carga de la batería ALI 101.- Para verificar el estado de carga de una batería, la mejor prueba es ensayar con el mismo equipo de radio Thomson TRC 372, se efectúa el montaje para usar como estación portátil realimentando a sintonía de antena para una frecuencia de 5 Mhz, ensaye transmitir en fonía por algunos momentos observando el instrumento medidor del transmisor si la aguja del medidor vibra lentamente alrededor de su posición, indica que la batería está buena y está completamente cargada. Si conforme se modula, la aguja del medidor comienza a descender lentamente hacia la izquierda, indica que la batería ALI 101 no tiene carga o está averiada alguna celda interna, si la aguja cae rápidamente hacía cero, le indica que la batería no está cargada o que ésta se encuentra cruzada o con las celdas abiertas.
Procedimiento para cargar una batería ALI 101.-  Para realizar el proceso de carga de una batería ALI 101 se puede utilizar la fuente de alimentación ALT 102, el generador ALG 101 ó el cargador de baterías ALT 103. Para realizar la carga es necesario retirar la batería de equipo de radio y efectuar el montaje directo del cargador (sea ALT 102, ALT 103 ó el generador manual ALG 101 a la batería). El proceso de carga de la batería ALI 101 con el cargador ALT 102, requiere de 20 horas para cargar completamente una batería descargada. Para verificar el proceso de carga de una batería que no se sabe si está descargada o tiene carga parcial proceda como sigue: Deje cargar la batería por un período de 4 horas, luego coja la batería en la mano y observe su grado de calentamiento, si observa que está fría déjela por espacio de 20 horas, si observa que está tibia le estará indicando que la batería tenía algo de carga y está completando su capacidad, déjela por periodo de 4 horas más y siga observando. Tener cuidado con las baterías antiguas o baterías cruzadas, si al efectuar el proceso de carga se nota un calentamiento rápido, es necesario comprobar como en el párrafo anterior.. Para usar el generador manual ALG 101 se debe girar las manivelas a un ritmo de 60 vueltas por minuto, una mayor velocidad no tiene efecto, la carga se realiza por periodos de 15 minutos con descanso de 5 minutos, una batería se carga en tiempo de 2 a 3 horas, la verificación del proceso de carga se realiza e la misma forma que lo señalado en los párrafos anteriores. 
Resumen:
a. Desmontar la batería ALI 101 de equipo.
b. Determinar la alimentación primaria (12/24 VDC ó 110/220 VAC).
c. Abriendo la tapa delantera fijar llas conexiones respectivas:
    - Puentear 8 y 9 (tornillos) si se emplea 12 VDC.
    - Puentear 9 y 10 (tornillos) si se emplea 24 VDC.
    - Terminal de T2 en el voltaje AC que e está utilizando (220 VAC).
d. Conectar el ALT 102 a la batería ALI 101.
e. Poner en marcha el ALT 102, una luz amarilla se enciende, indicando la carga de la batería.
f. Luego de 4 horas, observe si hay calentamiento de la batería, si comprueba calor (en la mano) es señal que la batería tiene suficiente con la recarga, si continúa fría, repita su observación cada 4 horas.
g. Un período de 20 a 24 horas es requerida para una buea carga.
h. Después de un período de carga deje refrigerar la batería por 2 horas. 
Procedimiento para usar la ALT 103 en carga de la batería ALI 101  
(1) Realice las conexiones respectivas.
(2) Cierre la tapa del ALT 103.
(3) Para cargar, desconecte la batería ALI 101 del equipo transmisor receptor TRC 372.

Recomendaciones importantes:
a. Nunca utilice una batería ALI 101 descargada para un montaje.
b. Si el equipo de radio ha estado almacenado o tiene duda del estado de la batería, efectúe la carga por separado antes de usar el conjunto.
c. Tenga cuidado de usar los fusibles inadecuados, en caso de duda llame al técnico especialista en mantenimiento.
d. No gire las manivelas a una revolución que no sea 60 vueltas por minuto.
e. Si nota que la alimentación auxiliar recalienta, verifique inmediatamente la batería en prueba.
f. No utilice otra fuente que no sea la batería AI 101 para usar el equipo de radio Thomson TRC 372.
g. Recuerde, una batería descargada o en malas condiciones va ha provocar fallas en el equipo, en la alimentación auxiliar ALT 102, en el generado manual ALG 101 ó en cargador ALT 103.
h. Use el ALG 101 solo en casos especiales, su empleo constante reduce la vida útil de la batería ALI 101.