lunes, 25 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" HAMBRIENTOS COMIMOS CARNE CRUDA DE RES "LA PUERTA DEL MONTE" PATAZ 1993

Testimonio de la patrulla "Huascarán" — Puerta del Monte, Provincia de Pataz, julio de 1993

El sol de aquel viernes 16 de julio de 1993 no tenía piedad. Era un resplandor de fuego andino que caía a plomo sobre las espaldas de los veintiún hombres de la patrulla "Huascarán". Llevaban el mismo uniforme, las botas gastadas y el alma en un hilo, persiguiendo a pie, desde el caserío de Utcubamba a las huellas frescas de una columna del PCP Sendero Luminoso. No era un enemigo cualquiera: eran ciento veinte combatientes de la fuerza principal procedente de la provincia de Tocache, región San Martín; un ejército guerrillero bajo el mando del camarada "Gerardo" que avanzaba hacia la zona andina de la provincia de Pataz con consignas de apología, adoctrinamiento, propaganda y aniquilamiento de autoridades del estado.

La distancia en la guerra no se mide en kilómetros, sino en el hambre que se arrastra. La patrulla llevaba nueve días flotando en un limbo de privaciones, desde el jueves 8 de julio. Nueve días de marcha constante, durmiendo con el fusil al pecho y sobreviviendo a base de tragos de agua y plátanos verdes arrancados a la prisa de las chacras que bordeaban los caminos de Ongon.

A las trece y cuarenta y cinco horas, tras quince kilómetros de una marcha forzada que calaba hasta los huesos, el terreno cedió. Llegaron a la "Puerta del Monte", un paraje desolado suspendido a 3365 metros sobre el nivel del mar. Aquel lugar era una bisagra del mundo: hacia atrás quedaba la ceja de selva; hacia adelante, la helada puna.

Allí, donde el viento empezaba a cortar la piel, se levantaban dos chozas de paja. Eran el hogar de Juan Montes, un campesino ganadero de mirada esquiva y manos curtidas por el frío. Al romper la línea de la vivienda, el suboficial Miguel Pineda, jefe de la patrulla "Huascarán", contuvo el aliento: sobre el suelo de tierra descansaban dos piernas de toro, costillas y dos cabezas de ganado ovino que aún goteaban sangre fresca.

—Jefe —habló el campesino Juan Montes con voz trémula, adivinando la pregunta en los ojos del suboficial—. Ayer llegaron los "compañeros" antes del mediodía. La mayoría se atrincheró en las alturas de esos cerros, esperando emboscarlos a ustedes. Otros bajaron a la pampa, fusilaron a dos de mis toros bravos y comieron harta carne hasta saciarse. Pasaron la noche aquí, pero andaban asustados por el zumbido del helicóptero del Ejército. Hoy a las once de la mañana se quitaron con rumbo a Pachacrahuay. Recién acaban de doblar el cerro del frente. Son como más de cien hombres, jefe. Tienen leñadores y cargadores para sus medicinas.

El hombre hizo una pausa, queriendo dar un aliento de paz que en esa cordillera no existía.

—No se preocupe, le doy mi palabra de que ya están lejos. Eso sí, andan bien armados. Dicen que tienen treinta licenciados del Ejército y dos sargentos reenganchados entre sus filas, aunque andan con pocas municiones entre sus combatientes.

Pero en ese momento, a los hombres de la patrulla "Huascarán" no les importaban los fusiles enemigos. El hambre acumulada durante una semana era un monstruo más feroz que cualquier columna subversiva. Olvidando el protocolo y la prudencia, los soldados del Servicio Militar Obligatorio se abalanzaron sobre los restos de carne que los terroristas del PCP Sendero Luminoso habían dejado abandonados esa misma mañana.

En las inmediaciones de la choza del campesino se convirtió en un escenario de supervivencia pura. Algunos soldados improvisaron con las pequeñas ollas del campesino y con lo que tenían a la mano para preparar un caldo de res; otros, más desesperados, filetearon los trozos de res y los arrojaron directamente sobre las piedras calientes que el sol de mediodía había convertido en planchas de cocina.

No hubo banquetes solemnes, pero sí una comunión en la desgracia. Alrededor del fuego a medio encender, los veintiún soldados compartieron los trozos con los perros de la patrulla: «Cuto», «Cucurucha» y «Blanca», los tres animalitos que siempre nos acompañaban en esos ajetreos sin descanso. Con las costillas marcadas por la caminata, ellos también esperaban su ración. Comieron en silencio. Era un caldo de res casi crudo, hervido apenas con un puñado de sal, y un asado que todavía chorreaba sangre viva entre los dientes. A pesar de la crudeza del bocado, el estómago lleno trajo una bendición momentánea. Por fin, después de una semana de agonía, estaban satisfechos.

Sin embargo, la cordillera andina no perdona los regalos del enemigo.

Pocas horas después, la patrulla reinició la marcha. El terreno se encrespó, obligándolos a subir hacia la helada puna, un páramo implacable por encima de los 4000 metros de altitud, con rumbo al caserío de Huanapampa. Fue entonces cuando la carne cruda, cargada de grasa y excesivamente salada, comenzó a pasar factura. Las entrañas de los soldados se convirtieron en un desierto de fuego. Una sed insoportable, abrasadora y violenta, se apoderó de cada uno de ellos, transformando el ascenso a las alturas en un calvario donde cada paso costaba la vida y el agua se volvía el tesoro más lejano de la tierra.

LA PATRULLA "HUASCARÁN" HAMBRIENTOS COMIMOS CARNE DE CHANCHO AGUSANADO EN TAYABAMBA PATAZ 1993

Testimonio de la patrulla "Huascarán" — Tayabamba, Provincia de Pataz, el puchero de chancho serrano agusanado

El calendario marcaba el lunes 1 de noviembre de 1993 cuando la patrulla "Huascarán", al mando del suboficial EP Miguel Pineda, compuesta por veintiún hombres, emprendió el regreso a pie. Atrás quedaba el distrito de Urpay, donde habían custodiado el orden durante el referéndum constitucional convocado bajo el primer gobierno del ingeniero Alberto Fujimori Fujimori. Por delante se extendían treinta y cinco kilómetros de un terreno que no perdonaba: la geografía accidentada, caprichosa y hostil de la sierra de la provincia de Pataz, en la región La Libertad.

Los soldados muy experimentado en largas marchas en los andes, caminaban con el peso de setenta y dos horas de un hambre severa que les vaciaba las entrañas. Para colmo, la puna los recibió con una lluvia incesante que no dejó de castigarlos en todo el día, calando sus uniformes y enfriando el ánimo. Al alcanzar las altas cumbres que vigilan el distrito de Tayabamba y sus caseríos circunvecinos, el jefe de la patrulla ordenó un descanso de media hora. Era un respiro necesario antes de iniciar el descenso final por el único acceso posible: la ruta sinuosa que bajaba directo hacia el cementerio del distrito.

En el ande peruano, las tres de la tarde es una hora sagrada. Es el momento en que las campesinas de los caseríos colocan sus ollas para preparar la cena. A esa hora, como una señal inequívoca en el horizonte, el humo blanco comienza a brotar de los techos; un humo claro si se cocina con leña seca, o un manto blanco oscuro y semioscuro si la madera está húmeda. Son las costumbres del campesino de la sierra norte, muy similares en Áncash, Cajamarca y La Libertad, donde la dieta cambia según el capricho de las estaciones. En los meses de invierno, de febrero a mayo, se sobrevive con abundante papa blanca sancochada con ají molido y huacatay, sopa de papa e infusiones calientes de muña y huamanripa. En el verano serrano, la mesa se llena con sopa de trigo, mazamorra de calabaza, mote, oca sancochada, mazamorra de caya o de cebada y, en ocasiones especiales, el picante de cuy con papas, el caldo de gallina, el de cordero o el puchero con jamón serrano.

A las diecisiete horas, tras una hora de marcha cuesta abajo, la patrulla divisó un caserío de unas treinta casas. El hambre aguzaba el ingenio y los soldados comentaban en voz baja que a esa hora la cena ya debía estar lista. Consciente de la necesidad de sus hombres, pero firme en la disciplina, el jefe de patrulla ya había coordinado la estrategia de ingresar en parejas y antes de romper filas impartió la orden reglamentaria:

—Van a ingresar a las casas en parejas y van a pedir comida con mucho respeto, sin forzar a nadie.

Los soldados entraron a la carrera y por sorpresa en las viviendas, que por tradición de los pobladores del ande permanecen siempre sin puertas. Los humildes campesinos quedaron atónitos al ver aparecer en sus cocinas a los uniformados hambrientos solicitando alimento. El jefe de patrulla, por su parte, entró en una vivienda situada al borde del camino. Allí, una pobladora permanecía sentada frente a sus ollas de barro o allpa mancas, dando los últimos toques de sabor a la comida. El militar le pidió algo de alimento, pero la mujer, con voz firme, se negó:

—Soldado, no te puedo invitar la cena porque he cocinado para mis hijos, que esta noche llegarán desde la ciudad de Lima.

El instinto de supervivencia, sin embargo, nubló cualquier rastro de paciencia. Incapaz de contener la necesidad o de comprender los argumentos de la señora, el suboficial dio un salto y destapó las ollas una por una. En la olla de barro más grande hervía el famoso puchero serrano, preparado con coliflor y jamón de chancho seccionado las dos piernas. Ante la mirada atónita de la mujer, el hombre hundió las manos, extrajo dos pedazos de carne —uno grande y otro mediano— y procedió a engullir el primero para saciar la debilidad que lo hacía tambalear. Una vez atenuada la falta de fuerzas con el primer trozo, miró a la pobladora y sentenció:

—Muchas gracias, señora. Me retiro.

Salió y retomó el camino cuesta abajo hacia el distrito de Tayabamba, llevando en la mano izquierda el pedazo restante de jamón, que pesaba cerca de un kilo. Mientras caminaba, con la firme intención de saborearlo, comenzó a deshilachar la fibra de la carne con los dedos. Fue entonces cuando se dio con una gran sorpresa: la carne estaba plagada de una gran cantidad de gusanos entre el tejido.

A pocos metros, los soldados de la tropa lo observaban con envidia y exclamaron:

—Jefe de patrulla, ¿qué buen pedazo de jamón le ha tocado?

Sin mencionarles jamás el hallazgo, el jefe le regaló la carne a uno de los soldados. En un par de segundos, los elementos de la tropa SMO se repartieron los pedazos y devoraron la carne agusanada del chancho serrano con una voracidad salvaje. En diversas zonas de la sierra, los campesinos consumen habitualmente el jamón agusanado bajo la firme creencia de que el gusano es parte de la misma carne, no causa ningún daño y, por el contrario, le añade un mayor sabor. Para los hombres de la patrulla "Huascarán", aquella carne viva fue simplemente el combustible necesario para coronar la jornada.


viernes, 22 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" LOS CENTINELAS DE LA NIEBLA EN LOS ANDES DEL DEPARTEMNTO DE LA LIBERTAD

La patrulla “Huascarán” Los centinelas de la niebla en los andes del departamento de La Libertad

El valor no se mide en el estruendo de los fusiles, sino en el silencio con que se aguanta el frío cuando el cuerpo ya no puede más. Entre los años de 1992 y 1993, los veintiún hombres de la patrulla "Huascarán" al mando del suboficial EP igual Pineda aprendieron que el verdadero enemigo no siempre vestía trapos oscuros ni cargaba consignas de muerte. A veces, el adversario era la misma dureza de la naturaleza andina, el viento sopla con furia a más de 4200 metros sobre el nivel del mar, en los dominios del distrito de Quiruvilca. Allí arriba, donde el aire escasea y los cerros hablan, el soldado andaba harapiento bajo las nubes pesadas, arrastrando los pies, pero llevando en el pecho un orgullo limpio y una moral que no se doblegaba ante la puna de Santiago de Chuco y la provincia de Sánchez Carrión.

El hambre ya era un viejo conocido, como siempre el perro “cuto” caminaba al lado de la tropa. Mientras los hombres avanzaban entre los roquedales grises, esquivando las piedras filudas, el pensamiento volaba lejos, cruzando las cordilleras para buscar el recuerdo de la madre, de la esposa, de los hijos que se habían quedado allá abajo, muy lejos del alcance de los brazos. Al caer la tarde, cuando el sol se escondía con un brillo desolado, la madre naturaleza les extendía una mano de color verdusco en los campos de Quesquenda. Era una soledad inmensa la que acompañaba la carretera, donde solo el ichu se mecía con el viento, custodiando el camino que unía a Quiruvilca con Huamachuco, entre los parajes sagrados y temidos de la Laguna "El Toro", Quesquenda y los gigantes de piedra conocidos como los Frailones.

Del miércoles 8 al domingo 12 de septiembre de 1993, la patrulla pareció volverse parte de la misma niebla. Durante cinco días eternos permanecieron en las alturas, siempre en movimiento, como almas en pena que no debían detenerse. Su misión era sagrada para los pueblos: patrullar de día y de noche para que los buses de pasajeros, los camiones cargados de papa y todo viajero de la carretera pudieran cruzar en paz, libres del fantasma del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, que acechaba el ande liberteño con la sombra del terror. Por esos días, el cielo se cerró con rabia y la lluvia se desató con una fuerza salvaje. La nevada y la neblina espesa envolvieron las cumbres, tragándose por completo la silueta del imponente cerro Huaylillas y las laderas del cerro Cuyulga, dejando a los hombres a merced de la penumbra.

A las veinte horas del domingo 12 de septiembre, con la noche encima y el frío congelando la sangre, se dio la orden de iniciar el repliegue a pie desde las alturas de la Laguna "El Toro". El destino era el distrito de Huamachuco, donde aguardaba el Batallón Contrasubversivo N° 323 en el sector La Cuchilla. Sabían que les tocaba marchar la distancia de 38 kilómetros (treinta y ocho kilómetros) de distancia de subidas y bajadas.

En el mundo de arriba, la oscuridad de la noche es como una manta pesada que te teje el cerro alrededor; te oculta de los ojos del enemigo, sí, pero jamás te salva de sus balas si te descubren. Caminar en esa negrura era andar a ciegas por senderos sinuosos que entraban y salían como serpientes entre los roquedales antiguos. En medio de ese silencio sepulcral, con los oídos atentos al menor crujido de la paja y el corazón latiendo con fuerza en la garganta, cada soldado avanzaba con el dedo pegado al guardamonte del fusil FAL. Sabían muy bien que, en esas soledades, ante un encuentro inopinado o una emboscada nacida de la nada, no habría tiempo para palabras: solo el trueno del acero decidiría quién de los veintiuno volvería a ver el sol del amanecer.

domingo, 17 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN EL DISTRITO DE HUAYLILLAS PROVINCIA DE PATAZ LA LIBERTAD 1993

El 22 de julio del año 1993, la Patrulla “Huascarán” conformado por 21 hombres se replegó a pie desde las altura del caserío de Arcaypata con destino al  distrito de Huaylillas en la Provincia de Pataz, eran pues las épocas de luchas contrasubversivas en los andes del departamento de La Libertad. 

Finalizado la incursión en los caseríos de Arcaypata, Llampao y Pincharacra que pertenece al distrito de Buldibuyo, provincia de Pataz, la patrulla "Huascarán" en el acto se replegó a pie con destino al distrito de Huaylillas, aquel día muy caluroso descendimos hasta el puente bambas y procedimos a descansar por lapso de 15 minutos, luego nos desplazamos bajo fuerte radiación solar por un estrecho carrozable y siendo las 17:45 horas llegamos al distrito de Huaylillas; en aquellos tiempos, en el mes de julio, diferentes patrullas perseguimos a pie a las huestes subversivas de 120 hombres del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso al mando del camarada "Gerardo" que se desplazaban de un lado a otro realizando adoctrinamiento y propaganda política, el personal subversivo cuando las circunstancia le es desfavorable corre en los cerros demostrando tener buena resistencia física. Según la declaración testimonial de los desertores del PCP Sendero Luminoso, el camarada Pither y el camarada Martín, quienes se presentaron al cuartel y en sus declaraciones dijeron lo siguiente: " la columna del camarada Gerardo como prioridad tenía la misión de adoctrinamiento y propaganda política y como medio alterno adoptaron un posible enfrentamiento con las fuerzas del orden", también quedó demostrado que en muchos distritos y caseríos en las zonas de la provincia de Pataz el grupo subversivo tenía muchos simpatizantes y colaboradores, cuando las patrullas del ejército llegaba a un lugar los civiles entre ellos también las autoridades políticas nos mandaban al desvió con falsas informaciones. 

En este distrito en la noche de aquel día murmuré en el silencio ante la total indiferencia de las autoridades políticas y el pueblo en general, las instituciones del Estado nos cerraron sus puertas, con su actitud el pueblo me demostraba que en este distrito habían ganado muchos simpatizantes las huestes del camarada "Gerardo" del Partido Comunista del Perú que en el mes de julio de aquel año estaban recorriendo en los andes patacinas, entonces comprendí que el sol de la ansiada libertad en algunos lugares se estaba rompiendo en la oscuridad.

El alcalde del distrito de Huaylillas se negó a brindar apoyo en cuanto a alimentación y alojamiento para el personal de las patrullas, textualmente dijo lo siguiente: "yo no recibo partida del Estado para apoyar con alimentos para el personal de patrullas del Ejército" lo más sorprendente y que nos causó gran amargura fue cuando toda la población nos cerraban sus puertas y nos negaban hasta un vaso con agua, a pesar de la indiferencia del pueblo, esa noche pernoctamos ahí. Para pasar la noche la patrulla del burro Rentería se ubicó en la puerta de la iglesia, mientras la patrulla "Huascarán" ocupó la avenida principal, el personal amaneció sentado en la vereda de las casas de tapial. La marcha de retorno con destino al distrito de Tayabamba fue lento porque el personal se encontraba de hambre por mas de 48 horas, nos separaba un recorrido en subida con una distancia de 15 kilómetros, siendo la 13:00 horas retornamos a la Base Militar. 

Estas en mis recuerdos distrito de Huaylillas que cuando los soldados pusieron sus pies en tus desoladas calles no me diste tu sombra cuando el sol me quemaba, en las noches ni abrigos para pasar la helada madrugada, y mucho menos un pan partido para saciar el hambre de los soldados de la patria que en su totalidad eran hombres del pueblo de los sectores mas pobres de las barriadas de la Costa y de la Sierra. Entre los meses de marzo al mes de agosto de 1993, cuatro veces pernocté en la angosta y silenciosa calle de este distrito, en las noches no faltó el grito de los soldados que decía: ¡ para Perú la gloría para los terrucos la muerte, que viva el Perú carajo!. 


viernes, 8 de mayo de 2026

LA PATRULLA “HUASCARÁN” EN EL CASERIÓ DE CONVENTO DISTRITO DE HUAMACHUCO 25 DE DICIEMBRE 1992

El 17 de diciembre de 1992, durante el primer gobierno del ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori, una columna subversiva de la fuerza principal integrado por treinta (30) combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, en su mayoría conformado por jóvenes y algunos adolescentes comandados por dos personas mayor de 30 años (mando militar y mando político) incursionan con mucho éxito en el caserío El Convento y atacaron mediante armas de fuego y dinamitas el pequeño campamento militar de construcción de carretera custodiado solamente por cinco hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio que pertenecía a la Compañía “A” Ingeniería N° 112 acantonado en el caserío de El Pallar, el personal de tropa no contaba con armas, este personal había quedado como custodio de las maquinarias y cuadras del personal. No hubo resistencia ni oposición del personal de Tropa, los subversivos ingresaron e incendiaron las cuadras del personal de Tropa y dinamitaron a las maquinarias pesada, volquetes, compresoras de aire y otros; gracias a Dios el personal de Tropa aprovechando la oscuridad habían logrado escapar por los acantilados hacia el monte y otros hacía el río. En las últimas semanas del mes de diciembre, circulaban rumores de una incursión de una columna subversiva para ejecutar ataque violento al mismo campamento militar de El Pallar; por ende, con urgencia solicitaron apoyo de una patrulla de combate al Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco, a lo que acudí como apoyo con mi patrulla Huascarán de 20 hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio.

En el distrito de Huamachuco en la tarde nublado del 24 de diciembre de 1992, salí al pueblo para comer un rico ceviche de trucha en el restaurante “Sabor Serrano” de la señora Marisol Rojas, que se encontraba ubicado en las inmediaciones de la plaza de armas del distrito. Cuando me encontraba en lo más agradable del almuerzo se me presentó el soldado SMO Ambrosio Ocas Raico, perteneciente a la Companía Comando y Servicios, quién me dijo lo siguiente: "Mi suboficial el Comandante le espera urgente para que salga de patrulla"; por ende, en el acto retorné al cuartel, a paso largo me desplacé por la avenida 10 de julio, al ingresar al cuartel desde el sector de la guardia de prevención miré al señor comandante reunido con un grupo de oficiales y personal de tropa en el medio del patio de armas del batallón, me habían esperado para equipar a una patrulla de combate de 20 hombres para desplazarme en un vehículo Unimog con destino al caserío de El Pallar. Recibido la orden, inmediatamente organicé a la patrulla “Huascarán”, y siendo las 13:30 horas inicié el desplazamiento. El recorrido de 35 kilómetros en una carretera de alto riesgo a marcha lento lo hicimos en 3 horas. Pasamos por la laguna Sausacocha al Éste de la ciudad, los caseríos Yanac y Olichoco donde el vehículo se malogró, en este lugar permanecimos una hora y media reparando el viejo Unimog, luego se nos presentó el siempre temido bajada de Potrerillo en el sector del caserío de Anamuelle, zona muy peligrosa sobre todo en las épocas de lluvia, pues en las curvas cerradas constantemente había desprendimiento de piedras y tierra. En la época de invierno desde las partes altas se aprecia un bello paisaje de manto verde en los valles del caserío de Yanasara y El Pallar y es de inolvidable significado para quienes hemos transitado por estos hermosos lugares. Unir la capital de la provincia de Sánchez Carrión con el caserío de El Pallar y Yanasara, significa descender desde los 3200 m.s.n.m en que se ubica Huamachuco a los 2200 m.s.n.m en que se encuentran los caseríos de Yanasara, El Pallar y Cochabamba.

En los meses del año de 1992, con mucho peligro los combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, extendió su accionar armado, político y de propaganda, en la jurisdicción de la provincia de José Faustino Sánchez Carrión, La Libertad, sobre todo comenzó aplicar asesinatos selectivos contra los alcaldes, gobernadores, policías y profesores. Por este motivo, después de 12 años al mando de una patrulla contrasubversivo “Huascarán” retorné al Campamento Militar de la Companía "A" Ingeniería N° 112 acantonado en el hermoso caserío de El Pallar. Retorné al mando de una patrulla de combate de 20 hombres, como apoyo. Llegando a la guardia el conductor estacionó el viejo vehículo Unimog que trasladó a la patrulla "Huascarán" conformado en su totalidad por personal de Tropa SMO, armados con los fusiles FAL, granadas de fusil y granadas de mano tipo piña, como es normal el oficial de guardia registró la hora de nuestra llegada, el motivo, y otros detalles; mientras duraba los protocolos para ingresar, recordando los años de 1978 aproveché para mirar todo el sector de la guardia, es ahí que desde la cabina del vehículo reconocí al señor Alejandro Salas conocido por todos como el viejo “chapato”, eterno almacenero de herramientas del Ministerio de Trasportes y Comunicaciones, quien se encontraba en las inmediaciones del sector donde se encontraba el grupo electrógeno, en ese momento viendo al mencionado empleado civil me sentí muy feliz y comencé a recordar mis vivencias en este campamento cuando permanecí como Tropa SMO en el año 1978. Traspasando la tranquera, inmediatamente bajé del vehículo y me acerqué donde el señor Salas y le di la mano, a quien le dije: Maestro Salas que gusto verlo, luego nos abrazamos afectuosamente, mientras el personal de mi patrulla pasó hacia el patio de armas del campamento militar, el viejo "chapato" casi no se acordaba de mí, pero cuando le hice recordar del comando del año 1978 del mayor de Ingeniería don Walter Machiavelo Corcuera, capitán Flores Saucedo, Subteniente Gustavo Espinoza, en instantes los ojos oscuros del viejo comenzaron a brillar como si estaría viendo el pasado en las películas del recuerdo, como es normal este reencuentro origina una amena conversación por lapso de algunos minutos. En esas circunstancias también, caminado lentamente llegó a la guardia de prevención un niño de tez trigueño con una gorrita en la cabeza, de cuatro años y medio de edad aproximadamente, quien se paró delante de los soldados de la guardia e hinchó su pequeño pecho, dio un grito fuerte que decía ¡papa, dice mi mamá que vengas a almorzar!, el aviso era para el teniente Tamayo que también se encontraba cerca de la guardia, el niño era hijastro del  oficial, en ese momento el viejo "chapato" en voz alta, dijo: Teniente Tamayo "padre no es el que engendra, sino el que cría". Este niño era hijo de un policía coimero que había muerto en el distrito de Huacrachuco, asesinado por los combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso (PCP-SL), quien dejó una viuda de solo 20 años, una linda chola huamachuquina, en aquellos tiempos a esta viuda muchos Oficiales, Técnicos y Suboficiales trataban de enamorarla, pero un día misteriosamente ella se desapareció del mundo nocturno de distrito de Huamachuco, pues el teniente Tamayo se lo había llevado al caserío de El Pallar y la tenía como su conviviente.

La noche del 24 de diciembre de 1992, fue una noche inolvidable para el personal de la patrulla "Huascarán" destacado al caserío El Pallar. En el mundo civil y cristiano en esta noche por tradición y costumbre muchas familias se reúnen, muchos brindaban con sus familiares, muchos se abrazaban con sus amistades, mientras el personal de la patrulla "Huascarán" bajo mi comando permaneció en alerta constante dentro de las instalaciones del campamento militar en en caserío de El Pallar. Siendo las 12 de la noche, en una mesa muy austero hubo una pequeña cena navideña, nos reunimos con el teniente José Tamayo, su conviviente y el personal de Tropa, la reunión fue muy breve, luego todo el personal de la patrulla se retiró a las cuadras, donde permanecieron en espera de órdenes.

El 25 de diciembre, siendo las 03:00 horas, la patrulla "Huascarán" bajo mi comando se encontraba formado en el medio del patio de armas del campamento militar, en esos momentos la oscuridad era total, a esas horas también como de costumbre los gallos sacuden sus alas y dan sus primeros cantos; así, cubierto por la oscuridad, silenciosamente salimos del campamento e iniciamos el desplazamiento con destino al caserío de El Convento. A paso de camino nos desplazamos lentamente tomando todas las medidas de seguridad del caso, pasando por el lugar donde había muerto el cabo EP SMO Ernesto Cabrera en el año 1978, me acorde de él y me persigné dando señales de cruz, se continuo con la marcha con la Tropa encolumnado y casi al amanecer llegamos al caserío de Convento, en terreno casi llano nos desplazamos a pie una distancia aproximado de 18 kilómetros. Este caserío está ubicado en un lugar muy encajonado, ambos cerros están solamente a trescientos metros de distancia; por ende, con mucha cautela hicimos las pesquisas del caso, todo era un silencio, los campesinos habían escapado a las partes altas, no hubo capturas. En este caserío permanecimos durante tres días levantando un inventario de algunos materiales existentes, pero todo era inservible, no hubo ataque, no hubo hostigamiento sin embargo permanecimos en alerta constante día y noche, teniendo en cuenta que por la parte alta el suboficial Cusma Gálvez había incursionado al mando de una patrulla también procedente del Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco.

El día 28 en la madrugada, siendo las 03:00 horas iniciamos el repliegue a pie con destino al caserío de El Pallar, a donde llegamos siendo las 06:00 horas, todos sin novedad. El mismo día siendo las 13:00 horas, la patrulla a mi mando retornó al distrito de Huamachuco, así finalizó mi patrullaje en las zonas del caserío de El Pallar y caserío de Convento, lugares que a la fecha le guardo un especial cariño en un rincón de mi corazón.

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN EL CASERÍO DE "EL PALLAR" HUAMACHUCO 11 DE ABRIL DE 1993

El 11 de abril de 1993, siendo las 18:00 horas, la patrulla "Huascarán" conformado por 20 hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio llegó a pie al caserío de El Pallar procedente del Batallón Contrasubversivo N° 323 con sede en el distrito de Huamachuco, el personal de la patrulla se encontraba de paso con destino al distrito de Tayabamba, provincia de Pataz, nos separaba una distancia de 270 kilómetros de recorrido en los andes del departamento de La Libertad. 

Después de la emboscada en Frailones, Huamachuco que fue el cuatro de abril de aquel violento año donde perdieron la vida 18 efectivos de la Policía Nacional, tres sargentos del Ejército y un civil (chofer del camión), en total 22 personas. El peligro y miedo de los transportistas era evidente, era muy peligroso el desplazamiento de las patrullas sobre los vehículos pues los combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso incrementaron su accionar armado en los andes del departamento de La Libertad, en esas circunstancias difíciles la patrulla inició el desplazamiento a pie por las rutas de la laguna Sausacocha, la temida ruta de El Potrerillo, caserío de Yanasara y siendo las 18:00 horas llegamos al caserío de El Pallar que pertenece al distrito de Huamachuco, provincia José Faustino Sánchez Carrión, región La Libertad.

Aquel día del 11 de abril en el patio de armas del batallón, una mañana nublado, el teniente César Cáceres (Oficial de Intendencia), me entregó provisiones para el personal de Tropa SMO destacado en la Base Contrasubversivo del distrito de Tayabamba, provincia de Pataz. Recibí lo siguiente: tres sacos de arroz, tres sacos de azúcar, tres sacos de harina, tres sacos de trigo, dos sacos de fréjol, tres sacos de avena, cinco cajas de leche, dos cajas de manteca, fideos, atún, tres cajas de manteca blanco, etc. Para el transporte de la carga no recibí ni un céntimo de parte del comandante del batallón, cuando lo solicité, el comandante me dijo las siguientes frases: "Ya tu veras como lo trasladas, dinero no hay", en esas circunstancias ante la indiferencia del comando de este batallón, mandé sacar todas las provisiones al frente de la guardia de prevención, ahí esperé a los camiones que venían de la ciudad de Trujillo y desde la ciudad de Lima que tenían como destino el distrito de Tayabamba y las zonas de Huacrachuco. Los camioneros siempre colaboraban con las patrullas del Ejército; por ende, por la sensibilidad que ellos me habían mostrado en las rutas por donde transitaban, lo esperé con paciencia; cuando aparecieron les solicité para que me apoyen con el transporte de mis provisiones, el primer camión llevó los sacos de arroz y los sacos de azúcar, así pidiendo favores a los camioneros pude enviar todos los artículos de clase 1 para rancho del personal de la Base Militar.

A los chóferes les indiqué para que la carga sea entregada en la Base de Tayabamba, en este caso yo solamente anoté en mi libreta de apuntes el nombre de chófer y el numero de la placa del vehículo. Finalizado todo el envió de las cargas, pasado el mediodía con todo el personal de la patrulla bajo mi comando, inicié el desplazamiento a pie con destino a la ciudad de Tayabamba, provincia de Pataz. Aquella tarde nos desplazamos a pie hasta el caserío de "El Pallar", a donde llegamos siendo las 18:00 horas, en este caserío amanecimos sentados en la vereda de la casa de la familia Gaytán, quien nos prestó pellejos de carnero y frazadas para pasar la noche.

El 12 de abril, siendo las 06:45 horas, una mañana nublado en  el caserío de El Pallar tomamos desayuno, el suculento caldo de cabeza de carnero acompañado con el rico papa huayro sancochado y su respectivo ají con huacatay, preparado por la señora Juana, esposa del licenciado del Ejército peruano de seudónimo "tacora". Después de este reconfortante desayuno, siendo las 08:00 horas iniciamos el desplazamiento a pie a través de un cerro empinado, utilizamos los antiguos caminos intermedios de ascenso con destino al distrito de Chugay y luego para proseguir la marcha con destino al Centro Poblado Mayor de Molino Viejo ubicado en la jurisdicción del distrito Cochorco. Aquel día la marcha forzada fue penoso, en 15 horas de desplazamiento a pie en plena puna desde el caserío de El Pallar hasta el Centro Poblado Mayor de Molino Viejo, recorrimos una distancia aproximado de 34 kilómetros.


  

LA PATRULLA "HUASCARÁN": LA ODISEA DE LOS CENTINELAS DEL ANDE EN LA REGIÓN LA LIBERTAD (1992 - 1993)

Crónica de la Patrulla "Huascarán": Rigor y Sacrificio en las Punas de Región La Libertad (1992 -1993)

Permanecí muchas veces al mando de la patrulla “Huascarán”, conformada por veinte hombres de Tropa del Servicio Militar Obligatorio (SMO) patrullando en las zonas de frío extremo de Quesquenda, Frailones y la Laguna El Toro, a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar. Uno de aquellos duros episodios ocurrió durante el mes de intensas lluvias de noviembre de 1993. En el ande liberteño, el invierno serrano se extiende desde septiembre hasta abril; en esa época, los cerros Huaylillas y Cuyulga permanecían perennemente cubiertos por la nevada y la neblina.

La tarde del 26 de noviembre de 1993 recibí la orden de salir de patrulla la madrugada siguiente hacia Quesquenda, Frailones y el sector de la Laguna El Toro, territorios compartidos por las provincias de Santiago de Chuco y Sánchez Carrión. A las 05:00 horas del 27 de noviembre, comencé a organizar al contingente con el personal de Tropa de la Compañía "C". Recuerdo que un sargento segundo de apellido Mantilla, catalogado como "relajado" por su mala conducta, había sido destacado como castigo desde el Batallón de Servicios N° 32 del Cuartel Ramón Zavala, en Trujillo, hacia nuestro Batallón Contrasubversivo "Coronel Oscar de la Barrera" N° 323 acantonado en el sector la Cuchilla en el distrito de Huamachuco. Aquella mañana, el patio de armas amaneció inundado por la intensa tormenta de la madrugada y el cielo se mantenía con nubosidad baja con una ligera llovizna. En esas circunstancias se me presentó el sargento Mantilla, quien muy entusiasta se ofreció a integrar la patrulla, petición a la que accedí. Una vez formado el personal, me dirigí a la oficina del mayor Manuel Dávila, jefe de operaciones (S-3), para reportar que estábamos listos. Sin embargo, el capitán jefe de línea para el desfile del Día de la Infantería me comunicó una contraorden: la salida se posponía hasta finalizar la ceremonia en la Plaza de Armas, donde finalmente participé desfilando como jefe de la primera sección.

El 27 de noviembre es una fecha inolvidable para los hombres de la gloriosa infantería del Perú y esta efeméride no podía pasar por alto, por lo que el comandante ordenó la ceremonia pública. Al término del desfile en la Plaza de Armas de Huamachuco, bajo una mañana nublada y siendo las 11:00 horas, abandonamos el cuartel a pie con destino a las alturas de Quesquenda, Frailones y la Laguna El Toro. Al inicio del recorrido por la avenida 10 de Julio, el sargento Mantilla iba sonriente y contando chistes; incluso hostigaba a sus compañeros nativos de Huamachuco llamándolos despectivamente "serranos come mote" o "come cancha". Sin embargo, tras pasar la Plaza de Armas, la puerta de la discoteca Aruba y cruzar el puente sobre el río Grande, el sargento costeño comenzó a apagarse. El peso del fusil FAL con su cacerina abastecida, la fornitura, los cuatro cargadores en las cananas y la mochila a la espalda con los dos cientos cartuchos de reserva, el capotin y la frazada lo habían agotado por completo.

En aquellos tiempos de lucha contrasubversiva frente a las huestes de Sendero Luminoso, el personal de Tropa estaba habituado a marchas de largas distancias y a soportar el rigor extremo de las altas punas. Avanzábamos siempre a paso largo. Al llegar a las inmediaciones de la central eléctrica de Yamobamba, el sargento Mantilla se sentó en el suelo, completamente pálido. "Mi suboficial, me falta el aire; mi suboficial, me falta el aire", repetía sin poder moverse. Ante aquella situación, pensando en qué hacer con él, decidí despojarlo de inmediato de su fusil, las cacerinas y las municiones, y le ordené que regresara solo al cuartel, sin importarme en ese momento si decidía desertar.

El Oficial de Inteligencia (S-2) del Batallón recopilaba diariamente información clave de los transportistas que cubrían las rutas de Trujillo, Huamachuco y Tayabamba. Ellos reportaban la presencia de columnas armadas de Sendero Luminoso ocultas en las zonas altas de Quesquenda y Frailones. Según los informes, a partir de la medianoche los subversivos descendían a la carretera para exigir cupos a los camioneros y choferes de buses interprovinciales. Los "tucos" portaban mayoritariamente fusiles AKM y, para amedrentar a pasajeros y conductores, mostraban cartuchos de dinamita con mecha lenta encendida; si alguien se rehusaba a colaborar, colocaban el explosivo debajo del vehículo.

Para contrarrestar esta amenaza, la patrulla "Huascarán" se desplazaba siempre a pie por la ruta principal, evitando así las emboscadas vehiculares. Saliendo del cuartel ubicado en el sector La Cuchilla a paso aceleramos loa pasos por la avenida 10 de Julio, cruzábamos el puente sobre el río Grande, pasábamos Yamobamba y ascendíamos con facilidad por los caseríos de La Ramada y Arenillas. En aquella inhóspita puna no había lugar para el cansancio ni el hambre.

Al adentrarse en Frailones, el terreno se volvía sumamente montañoso, caracterizado por roquedales, extensos campos de ichu, parajes desolados, vientos rústicos y un frío constante. En Quesquenda, el personal permanecía camuflado en las partes altas de los cerros, mimetizado entre las rocas y el pastizal andino, muchas veces bajo tormentas de lluvia o nieve. Apostados estratégicamente, garantizábamos el libre tránsito de los vehículos que viajaban desde Trujillo hacia Huamachuco y Pataz. Durante el día, los soldados se turnaban para dormir y recuperar el sueño perdido durante los patrullajes nocturnos. A partir del mediodía, los camiones procedentes de Huamachuco subían cargados de mercancía. Solíamos detenerlos para solicitar su apoyo; los conductores, de buena voluntad, nos regalaban sacos de papa y oca, llegando a reunir hasta cinco costales. Estos productos se convirtieron en nuestro único sustento diario. La tropa trasladaba los sacos hasta las chozas de los pastores de la zona, quienes nos ayudaban a sancocharlos. Así, la papa con ají fue nuestro desayuno, almuerzo y cena.

Nuestras misiones al mando de la patrulla "Huascarán" duraban normalmente siete días. Permanecíamos una semana completa movilizándonos día y noche en la carretera que conectaba la Mina Quiruvilca, la Laguna El Toro, Quesquenda y Frailones. Durante estos patrullajes jamás recibimos viáticos, raciones de campaña ni botiquines de primeros auxilios. Por las noches pernoctábamos en las precarias chozas de los campesinos, soportando un frío infernal que apenas lográbamos mitigar con el capotín de campaña y una frazada vieja.

Para el repliegue táctico era indispensable emplear el engaño. Si nos replegábamos de día, utilizábamos rutas alternas para evitar que el enemigo detectara nuestro retorno; si lo hacíamos de noche, evaluábamos la situación y regresábamos por el mismo camino para no exponernos a una emboscada en terreno desconocido. De aquellos sacrificados patrullajes en el sector de Huamachuco son testigos eternos el histórico cerro Huaylillas, el camino inca de La Escalerilla, el cerro Cuyulga, el cerro Sazón, la llanura de Purrumpampa, el caserío El Pallar y el distrito de Chugay. Durante mi servicio en el departamento de La Libertad, operé en las áreas de responsabilidad de las provincias de Sánchez Carrión, Pataz y las zonas colindantes de Santiago de Chuco.

Para culminar la última misión de aquel año 1993, nos replegamos a pie durante una noche completamente cerrada y oscura desde las alturas de la Laguna El Toro hacia la base. Amparados por el silencio nocturno, descendimos por los sectores de Frailones, La Ramada y Arenillas, prosiguiendo la marcha por la carretera en la llanura de Yamobamba. A las 05:00 horas, la patrulla "Huascarán" retornaba por su itinerario habitual, cruzando la Plaza de Armas y el inolvidable y larga avenida 10 de Julio. Nuestras botas estaban cubiertas de barro, la chompa verde tipo Jorge Chávez y el pasamontaña verde totalmente humedecidos. Durante los patrullajes en estas zonas nunca encontré terrucos ni delincuentes comunes, pues en aquellos tiempos sin mediar palabras le metíamos bala a todos los indeseables; ergo, ante la presencia de las patrullas del ejército todos se escondían.  

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN EL CENTRO POBLADO MAYOR DEL MOLINO VIEJO DISTRITO COCHORCO ABRIL 1993

El día lunes 12 de abril de 1993 siendo las 22:30 horas la patrulla “Huascarán” conformado por 20 hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio, con personal casi harapiento, después de una penosa marcha de 35 kilómetros en 15 horas y a pie desde el Caserío de el El Pallar y habiendo recorrido en las altas punas sobre los 4300 m.s.n.m; en una noche muy oscura, llegamos al Centro Poblado Mayor del Molino Viejo que pertenece al distrito de Cochorco, provincia de Sánchez Carrión, en la región La Libertad, Perú. 

Este Centro Poblado Mayor en los años de la proliferación de las huestes subversivas del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso tenía malos antecedentes por los constantes asaltos a los transportistas y la abundancia de narcotraficantes, y está ubicado al pie de un inmenso cerro, con casas con paredes de tapial y techo de teja, está sobre 2707 metros de altitud s.n.m. 

El personal de la patrulla se encontraba exhausta, el hambre y la larga marcha nos afectó mucho, cuando pusimos nuestros pies en este Centro Poblado reinaba la oscuridad y el silencio era total. En esas circunstancias procedimos a tocar algunas puertas para pedir apoyo de comida y de pellejos de carneros y frazadas para pasar la noche, pero nadie abrió sus puertas; por ende, amanecimos sentados en la vereda soportando el intenso frío del ande liberteño, en este tipo de situaciones de alto riesgo no todos descansamos, la patrulla se divide en tres grupos para el servicio de seguridad para contrarrestar todo tipo de amenaza empleando las armas en el acto.

Este Centro Poblado cuenta con su propia municipalidad de centro poblado, adecuada mediante ordenanzas de la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión, Huamachuco, en la actualidad es una zona activa con gestión de proyectos de inversión y actividades de salud. La patrulla "Huascarán" llegó a este Centro Poblador Mayor en tres oportunidades y en diferentes circunstancias, algunas veces nos recibieron bien y nos atendieron como debe ser sobre todo en las épocas de elecciones presidenciales y municipales, fue durante el primer gobierno del ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori entre los años de 1992 y 1993.

El día martes 13 de abril, siendo las 06:00 horas, una mañana nublado y de frio intenso, el personal se encontraba de hambre y así abandonamos el centro poblado mayor El Molino Viejo, nuestro destino es la localidad de Chagual a orillas del caudaloso río Marañón, siempre a pie bajamos a través de la carretera sinuoso ante impresionante y hermoso paisaje andino, todo el recorrido es en bajada. 

En las zonas del distrito de Cochorco en los meses de marzo, abril y mayo, hay abundante cosecha de papas y choclos de buena calidad, así que llegamos a una chacra donde un grupo de campesinos estaban iniciando la cosecha de papa blanca, nos apersonamos donde ellos y pedimos apoyo para que nos regalen medio saco de papa, gracias a Dios inmediatamente accedieron y nos apoyaron con todo, nos proporcionaron abundante leña, ollas, ají molido con su respectivo huacatay, la tropa comenzó a sancochar el tubérculo en una paila grande, esa mañana el desayuno fue el riquísimo papa blanca sancochado. Finalizado el desayuno, todo el personal de la patrulla con el estómago lleno le brindamos todo tipo de agradecimiento al dueño de la chacra y reiniciamos la marcha, todo el recorrido es en bajada hasta el puente metálico que cruza el caudaloso río Marañón; siendo las 13:00 horas llegamos al caluroso distrito de Chagual, lugar de escasa población, donde descansamos 30 minutos, en este lugar no conseguimos apoyo de la población para rancho del personal de la patrulla, todos permanecimos de hambre.

Cuando el personal de la patrulla reiniciaba la marcha a pie desde la Localidad de Chagual con destino a la Base Contrasubversiva de la Mina Retamas que pertenece al distrito de Parcoy, provincia de Pataz, nos alcanzó un camión de carga y a este vehículo subimos, luego llegamos a una zona muy peligrosa, la vía en este sector se nos presentó peligroso por deslizamiento de tierra y piedras desde las partes altas, parte de la carretera estaba tapado, al pie del inmenso cerro el camión se desplazaba tambaleado y totalmente inclinado hacía el inmenso río Marañón, en ese momento todos permanecimos asustados, en total silencio e implorando a Dios, sentados sobre las cargas vimos de cerca la muerte con nuestros fusiles en la mano, porque por una mala maniobra del chófer o por una falla mecánica todos hubiéramos terminado tragados por este río que es uno de los más grandes del Perú que por estas zonas pasa amenazante y muy turbulento sobre todo en las épocas de lluvia; que valentía del chófer, fue admirable su osadía para pasar casi trescientos metros de carretera muy peligroso. Después pasar este peligroso tramo superado el gran susto, el sargento 2do EP Puntillo Conco, demostrando iniciativa ordenó dar tres vivas para el chófer, a lo que todos contestamos a una sola voz. Este camionero valiente nos trasladó gratis hasta el cruce de la carretera hacía el distrito de Chilia. Desde este cruce la patrulla se desplazó a pie a marcha forzada obligado por el hambre que nos acosaba, cuando el hambre ataca a un ser humano o cualquier animal se puede hacer cualquier cosa, el hambre no perdona, alargamos los pasos pensando llegar a la mina Retamas antes de las 12 de la noche para encontrar algo de comida, pero todo el esfuerzo no dio resultados, la distancia que nos separa era interminable, recién arribamos a la mencionada mina de Oro siendo las 04:00 horas, cuatro de la mañana del día 14 de abril.

La Base Militar se encontraba en este estrecho lugar conocido como Retamas, distrito de Parcoy y tenía todas las comodidades del caso, todo proporcionado por la mina, en este centro minero descansamos un día completo donde el jefe de la Base Militar nos brindó alojamiento y comida en abundancia.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN LA LOCALIDAD DE RETAMAS DISTRITO DE PARCOY PATAZ ABRIL DE 1993

El 14 de abril de 1993, siendo las 04:00 horas, de casualidad la patrulla "Huascarán" llegó a la Base Contrasubversiva ubicado en la localidad de Retamas que pertenece al distrito de Parcoy, situado en la provincia de Pataz, dentro del departamento de La Libertad. En aquella oportunidad el personal de la patrulla se desplazó a pie una distancia 25 kilómetros desde las alturas de la Laguna Pias con destino a la localidad de Retamas. 

En aquellos tiempos el personal de la Base del Ejército y personal de la Policía Nacional controlaban en la boca mina de este centro minero de oro el ingreso y salida de los trabajadores, desde las 18:00 horas hasta las 06:00 horas. En todas las boca minas que había en la falda del cerro la seguridad era constante las 24 horas, divididos en dos turnos, siempre había un efectivo del Ejercito, un efectivo de la Policía Nacional y un efectivo de seguridad privada, en total tres elementos durante 12 horas. 

En las noches el personal militar, policial y el elemento de seguridad privada, permitían el ingreso clandestino de civiles conocidos como los "parqueros" y robaban minerales en bruto en costales, en horas de la madrugada lo trasladaban a la Base Militar y también al puesto policial. A simple vista este mineral parecía insignificante (parecían piedras de color plomo) y los escondían en un almacén, los mismos que durante el día lo molían de manera artesanal, en ocasiones si había suerte sacaban 3 a 4 gramos de oro por costal, la mitad era la ganancia del jefe de la Base Militar y Policial y la otra quedaba para el soldado del servicio saliente y para el vigilante particular. 


Los civiles roba minerales conocidos como los "parqueros" vivían en el distrito de Parcoy y también en la localidad de Retamas, este personal en las noches para ingresar a los túneles o boca minas pagaban un cupo de un gramo de oro al Jefe de la Base Militar así también pagaba un gramo de oro al al Jefe de la Policía Nacional, de esta manera continuaba el robo del mineral en bruto de la empresa minera; de esta manera el jefe de la Base Militar y Policial por día recibía aproximadamente sus 60 gramos de oro, a veces hasta más. 

En aquellos tiempos existía compradores de oro, el gramo de oro en Retamas costaba S/. 25.00 soles. Permanecer en esta Base Militar y Policial era muy rentable, además todo el personal tenía todas las comodidades del caso, la mina de oro les proporcionaba rancho (comida) de calidad para todos, buen alojamiento y otros beneficios como un pago mensual por el convenio minero que en aquellos tiempos se pagaba al Oficial la suma de S/ 70, 00 soles, Suboficial la suma de S/50.00 soles y para el personal de Tropa Servicio Militar Obligatorio la suma de S/25.00, pero ese dinero no se pagaba directamente a los efectivos destacados sino a los de altas  jerarquías en la Comandancia General de la 32a Brigada de Infantería de Trujillo y de los mandos del cuartel de Huamachuco. 

En aquellos tiempos la mina de Oro de la localidad de Retamas estaba amenazado por las huestes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, por ese motivo se instaló una Base Militar con 60 hombres de Tropa SMO al mando de un Oficial y un Suboficial, por otro lado también se encontraba acantonado un puesto policial con el efectivo de 40 hombres al mando de un capitán de la Policía Nacional, eran épocas de mucho peligro para las empresas mineras. Escribo lo que constaté con mis propios ojos, pues en esta Base Militar permanecí como alojado con mi personal por lapso de 30 horas, luego la patrulla "Huascarán" prosiguió su marcha siempre a pie con destino a la Base Militar del distrito de Tayabamba, Pataz, el 15 de abril de 1993, siendo las 08:00 horas.