jueves, 7 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN LA LOCALIDAD DE RETAMAS DISTRITO DE PARCOY PATAZ ABRIL DE 1993

La patrulla «Huascarán»: Memorias de Retamas (1993). - El 14 de abril de 1993, a las 04:00 horas, la patrulla «Huascarán», integrada por 20 hombres de tropa SMO, llegó a la Base Contrasubversiva de la localidad de Retamas, perteneciente al distrito de Parcoy,  provincia de Pataz, departamento de La Libertad. En aquella oportunidad, el personal completó un extenuante desplazamiento nocturno a pie de 28 kilómetros desde las alturas de la laguna Pías.

En aquellos tiempos de intensa actividad minera, la presencia de los terroristas del PCP-Sendero Luminoso en los Andes de Pataz constituía una amenaza constante para la estabilidad de la empresa. Por esta razón, el personal de la base del Ejército y los efectivos de la Policía Nacional del Perú ejercían un control estricto sobre el ingreso y la salida de los trabajadores del centro minero, restringiendo el acceso desde las 18:00 hasta las 06:00 horas. En todas las bocaminas la vigilancia era permanente las 24 horas del día, dividida en dos turnos de 12 horas. Cada puesto de control en los accesos estaba conformado por tres elementos: un efectivo del Ejército, un policía y un vigilante de seguridad privada contratado por la compañía.

Sin embargo, al amparo de las sombras, la realidad operativa tomaba un rumbo muy distinto. Durante las noches, el personal militar, policial y los vigilantes particulares permitían el ingreso clandestino de civiles conocidos en la zona como los «parqueros». Estos sujetos extraían ilegalmente mineral en bruto y lo cargaban en costales para trasladarlo, de madrugada, hacia sus respectivos caseríos y localidades cercanas a Parcoy. A simple vista, el material extraído parecía insignificante —apenas unas rocas de un opaco color plomo— que ocultaban discretamente en sus almacenes para luego procesarlo de día en molinos de piedra artesanales.

Si había suerte, lograban extraer de tres a cuatro gramos de oro por costal. El botín de esta actividad ilícita se distribuía bajo una regla implícita y corrupta: la mitad de la ganancia neta correspondía al «parquero», mientras que la otra mitad se repartía de forma proporcional entre los jefes de la base militar, el personal policial y el vigilante particular de turno, dejando apenas un remanente menor para el soldado del servicio militar saliente que había facilitado el acceso.

Los civiles que se dedicaban al robo de mineral, conocidos como los «parqueros», residían en los caseríos, en el distrito de Parcoy y en la localidad de Retamas. Para ingresar a los túneles o bocaminas al amparo de la noche, estos sujetos pagaban un cupo fijo de un gramo de oro al jefe de la base militar y otro gramo al jefe del puesto policial. Mediante este engranaje de corrupción, el saqueo del mineral en bruto a la empresa minera era constante; gracias a ello, tanto el jefe militar como el policial recibían, de manera individual, un promedio aproximado de sesenta gramos de oro diarios, cifra que a veces era incluso mayor.

En aquella época, el gramo de oro se cotizaba en Retamas a veinticinco nuevos soles por parte de los compradores locales. Permanecer destacado en esta base militar resultaba un negocio sumamente rentable. Además de las ganancias ilícitas, todo el personal disfrutaba de grandes comodidades: la propia empresa minera les proporcionaba alimentación de excelente calidad, buen alojamiento y otros beneficios estipulados en un convenio minero. Bajo este acuerdo, se asignaba un pago mensual de setenta soles para los oficiales, cincuenta soles para los suboficiales y veinticinco soles para el personal de tropa del Servicio Militar Obligatorio (SMO). Sin embargo, este dinero jamás llegaba a las manos de los efectivos destacados; era retenido y cobrado directamente por las altas jerarquías en la Comandancia General de la 32.ª Brigada de Infantería en Trujillo y por los mandos del cuartel de Huamachuco.

La justificación para este despliegue era la seguridad estratégica. Al estar la mina de oro de Retamas bajo la amenaza constante de las huestes del PCP Sendero Luminoso, el Estado había instalado una base militar compuesta por sesenta hombres de tropa SMO, bajo el mando de un oficial y un suboficial. En paralelo, se encontraba acantonado un puesto policial con un contingente de cuarenta efectivos dirigidos por un capitán de la Policía Nacional. Eran tiempos de extremo peligro para la actividad empresarial en la región.

Escribo estos hechos basándome estrictamente en lo que constataron mis propios ojos. En aquella base militar permanecí alojado junto a mi personal por un lapso de treinta horas. Tras ese breve descanso, a las 08:00 horas del 15 de abril de 1993, la patrulla «Huascarán» reinició su marcha, siempre a pie, con destino a la Base Militar del distrito de Tayabamba, en la provincia de Pataz.

 


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