viernes, 8 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN LAS ZONAS DE SANTIAGO DE CHUCO Y PROVIANCIA JOSÉ F, SÁNCHEZ CARRIÓN 1993

Muchas veces permanecí con la patrulla “Huascarán” conformado por 20 hombres de Tropa SMO entre las zonas de frío intenso de Quesquenda, Frailones y la Laguna El Toro sobre los 4000 metros de altura sobre nivel del mar, y uno de ellos fue en el mes de intensa lluvia del mes de noviembre de 1993. Entre los meses de setiembre hasta el mes de abril es el invierno serrano en los andes del Perú, en estas épocas en el ande liberteño el cerro Huaylillas y el cerro Cuyulga siempre permanecían cubierto de nevada y neblina. 

El 26 de noviembre de 1993 en la tarde recibí la orden para salir de patrulla en las primeras horas de la mañana del día 27 con destino a las zonas de Quesquenda, Frailones y el sector de la Laguna El Toro; por ende, siendo las 05:30 horas comencé a organizar la patrulla de 20 hombres con el personal de Tropa de la Companía "C". Recuerdo que un sargento 2do de apellido Mantilla por mala conducta “relajado" como castigo había sido destacado desde el Batallón de Servicios N° 32 del cuartel Ramón Zavala de Trujillo al Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco. Aquella mañana el patio de armas amaneció con abundante agua como consecuencia de la intensa lluvia de la madrugada y el cielo permanecía nublado con ligera llovizna, en esa circunstancia se me presenta el sargento Mantilla, quien muy entusiasta se ofreció integrar la patrulla, accedí a su petición. Formado el personal de la patrulla, cuando me dirigía a la oficina del mayor Manuel Dávila jefe de operaciones (S-3) para darle cuenta que ya estábamos listos para salir, el capitán jefe de línea para el desfile por el día de la infantería me comunica de la contra orden; ergo, se pospone mi salida hasta finalizado la ceremonia en la Plaza de Armas donde participé en el desfile como jefe de la primera sección.

El 27 de noviembre, es una fecha inolvidable para los hombres de la gloriosa infantería del Perú, esta fecha tan importante no podía pasar por alto; por ende, el comandante ordenó organizar una ceremonia en la plaza de armas. Finalizado el desfile en la plaza de armas del distrito de Huamachuco, una mañana casi nublado, siendo las 11:00 horas abandonamos el cuartel, nuestro destino fue la zona de Quesquenda, por las alturas de la laguna "El Toro". Saliendo del cuartel, como siempre recorrimos a pie por toda la avenida 10 de julio, en este recorrido inicial el sargento Mantilla iba sonriente y contando chistes, además le fastidiaba a sus promocionales de Huamachuco con palabras como: "serranos come mote, serranos come cancha, etc", luego pasamos por la plaza de armas, puerta de la discoteca Aruba y pasando el puente sobre el río Grande, el mencionado sargento costeño ya se iba apagando, el fusil FAL puesto con la cacerina abastecida, la fornitura, las cuatro cacerinas abastecidas en las cananas y sobre la espalda la mochila con los 200 cartuchos de reserva, el capotin y la frazada le había agotado por completo.

En aquellos tiempos de enfrentamientos contra las huestes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, el personal de Tropa estaba acostumbrado a las caminatas a largas distancias, soportaba los rigores de la vida extrema en los patrullajes en las altas punas; siempre nos desplazábamos a paso largo, en esas circunstancias cuando ya estábamos en el camino por las inmediaciones de la central eléctrica de Yamobamba, el sargento Mantilla se sentó y se ponía pálido, me decía: "mi suboficial me falta aire, mi suboficial me falta aire" y no se movía para nada, en ese momento entre mi dije ¿qué hago con este pobre huevon?, en el acto le quité el fusil, todas las cacerinas, las municiones y le ordené que se regrese al cuartel, no me interesó si se desertaba.

El Oficial de Inteligencia (S-2) del Batallón, diariamente reunía diversas informaciones de los transportistas de la ruta Trujillo, Huamachuco, Tayabamba y otros, sobre la presencia de grupos armados de combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso que permanecían ocultos en las partes altas del sector Quesquenda y Frailones. Según la información a partir de las 12 de la noche los subversivos bajaban a la carretera para pedir cupo a los camioneros y chóferes de buses interprovincial, nos decían que los "tucos" en su mayoría portaban fusiles AKM y para asustar a los transportistas y pasajeros tenían en la mano un cartucho de dinamita con su mecha lenta, si alguien se rehusaba a colaborar, colocaban el artefacto (cartucho de dinamita) debajo del vehículo con la intención de dinamitarlo.

Ante esta información la patrulla "Huascarán" conformado por 20 hombres de Tropa SMO bajo mi comando se desplazó a esta zona, siempre a pie para evitar las emboscadas. A paso largo pasamos por las zonas de Yamobamba y trepamos como si nada por el sector del caserío La Ramada, no había cansancio ni hambre en esta inhóspita puna.

Llegando a la zona de Frailones todo el recorrido es casi en terreno llano, salvo algunos cerros de mediana altura. En Quesquenda permanecíamos en las partes altas de los cerros, camuflados entre las piedras, los ichus y el pasto verde del ande; muchas veces bajo lluvia, sentados en puntos estratégicos, con nuestra presencia se garantizaba el libre tránsito de los vehículos que se desplazaban por la llanura y sinuosas curvas, mientras algunos soldados dormían para recuperar las horas de sueño perdido en el patrullaje nocturno. En horas de la tarde a partir del mediodía los camioneros procedentes de Huamachuco ya van subiendo con sus cargas de papa, a estos camioneros le paramos y le pedíamos colaboración, cada camionero nos regalaba un saco de papa, a veces reuníamos hasta cinco sacos de papa y oca; por ende, la papa y la oca era nuestro alimento de todos los días, estos productos la tropa lo trasladaba hasta la choza de los campesinos ganaderos, ahí lo sancochaban, papa con ají era nuestro desayuno, almuerzo y cena.

La patrulla "Huascarán" de 20 hombres bajo mi comando normalmente permanecía siete días, una semana completa en estas alturas, en estos inhóspitos lugares, siempre móvil, patrullando en la carretera día y noche desde la Mina Quiruvilca, Laguna El Toro, Quesquenda y Frailones, por estos patrullajes nunca recibimos viáticos ni raciones de campaña, no había bolsón de primeros auxilios. En las noches pernoctamos en las chozas de los campesinos ganaderos soportando un frió infernal, no era poca cosa, en estas situaciones de vida extrema, en algo cubría nuestro cuerpo el capotin de campaña y una frazada vieja.

Durante el repliegue siempre tienes que emplear el engaño, si el repliegue es de día tienes que utilizar otro camino, el enemigo no debe saber por dónde vas a regresar, si el repliegue es de noche analizando la situación utiliza la misma ruta, caso contrario corres el riesgo de ser emboscado. De los patrullajes que participé en aquellos tiempos en el sector de Huamachuco son testigos eternos el histórico cerro Huaylillas, el camino Inca la Escalerilla, cerro Cuyulga, el cerro Sazón, la llanura de Purrumpampa, caserío "El Pallar", el distrito de Chugay. Durante mi permanecía en el departamento de La Libertad participé en los patrullajes contrasubversivos en los sectores de responsabilidad de la provincia José Faustino Sánchez Carrión y en la provincia de Pataz.

En el año de 1993 para finalizar el último patrullaje de estas zonas, recuerdo que una noche entera bien oscura nos replegamos a pie desde las alturas de la laguna "El Toro" hasta el cuartel. Bajo el silencio de la noche, bajamos por el sector de Frailones, La Ramada, la Arenilla y luego proseguimos la marcha por la carretera en la llanura de Yamobamba. Siendo las 05:00 horas la patrulla "Huascarán" retornaba por el mismo itinerario de siempre, la plaza de armas y el inolvidable y larga avenida 10 de Julio. Nuestras botas estaban cubiertas de barro, la chompa verde tipo Jorge Chávez y el pasamontaña verde totalmente humedecidos. Durante los patrullajes en estas zonas nunca encontré terrucos ni delincuentes comunes, pues en aquellos tiempos sin mediar palabras le metíamos bala a todos los indeseables; ergo, ante la presencia de las patrullas del ejército todos se escondían.  

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