viernes, 31 de mayo de 2019
BANDERA PERUANA QUE SE UTILIZÓ EN LA BATALLA DE HUAMACHUCO EL 10 DE JULIO DE 1883
jueves, 30 de mayo de 2019
CAMPAÑA DE LA BREÑA: LLEGADA DEL EJÉRCITO CHILENO AL DISTRITO DE CHAVÍN DE HUÁNTAR 17 JUNIO DE 1883
En la ciudad de Tarma, Junín, dando inicio a las operaciones, el 25 de mayo de 1883 se unen las fuerzas chilenas del coronel Juan León García y la del coronel Estanislao Del Canto Arteaga, ambas fuerzas juntaron el efectivo de 3200 hombres, aquí por antigüedad tomó el mando el coronel Del Canto y comenzaron a perseguir a las empobrecidas tropas peruanas al mando del General Cáceres, persecución que culminó en el distrito de Aguamiro, que ahora se conoce como el distrito de La Unión, provincia Dos de Mayo, Huánuco, desde este distrito Cáceres se les escabulló hacía Chavín de Huántar. Es necesario precisar que en esta etapa de la guerra los invasores también recibieron el apoyo directo de muchos traidores peruanos, creando el ejército que denominaron "Ejército Pacificador del Perú". En esta difícil etapa las fuerzas patriotas se desplazaron hacía el Norte (Cajamarca) para la captura del traidor General Miguel Iglesias Pino, quién después del Grito de "Montán" el 31 de agosto de 1882; se había autoproclamó como Presidente "Regenerador" del Perú, disolviendo a todo el Ejército del Norte bajo su comando, ordenó enterrar los fusiles y las municiones en las iglesias de Chota y Cajamarca y comenzó a negociar la paz con los chilenos con sesión territorial de Tarapacá, Tacna y Arica. Para cristalizar sus propósitos el traidor recibió el apoyo de los 7 departamentos del Norte y la protección de las fuerzas chilenas al mando del coronel Gorostiaga acantonados en la ciudad de Huamachuco. En el siglo XIX la Región Norte del Perú lo conformaban los departamentos de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Cajamarca y Amazonas.
El día miércoles 13 de junio en el distrito de Aguamiro, que hoy se conoce como el distrito de La Unión, capital de la provincia de Dos de Mayo, Huánuco; de sorpresa fue relevado del mando el coronel Estanislao Del Canto Arteaga. En la primera hora del mencionado día, lo relevó el coronel Marco Aurelio Arriagada Palacios, quién había llegado procedente de la ciudad de Lima y fue reconocido como nuevo jefe del ejército expedicionario, y pasó revista a las tropas en la plaza de armas del mencionado distrito, en ese momento todos permanecieron sorprendidos de ver el repentino cambio de comando. Hubo cierto descontento en todo el personal, pues Arriagada tenía la fama de ser táctico mediocre, como es normal decayó la moral del personal de tropa, según relato de uno de los soldados del batallón Miraflores, quien dijo lo siguiente: "Nos causó mucha sorpresa la inesperada presencia del coronel Arriagada, pues todo el mundo estaba contento con el coronel Del Canto". Las fuerzas chilenas sumaban entonces 3200 combatientes de las tres armas, armados con fusiles de última tecnología, según la información carecían de vestuarios de repuesto, asimismo pudo advertirse la falta de elementos de transporte, pues algunos caballos y mulas habían quedado en Huánuco, para acarreo de los abastecimientos que aún reunían, y otros debieron servir para conducir a los enfermos de regreso hacía Chicla. En vista de ello, el coronel Arriagada envió comisionados a la ciudad de Lima solicitando a Patricio Lynch el envío urgente de refuerzos. Como si hubieran premeditado un acuerdo, los ejércitos en pugna estuvieron estacionados del 12 al 14, el peruano en Chavín de Huántar y el chileno en Aguamiro, Huánuco. Al parecer, el enemigo prefirió mantener la distancia, a efectos de efectivizar el cerco y atacar por tres frentes en el Callejón de Huaylas, dentro del territorio ancashino.
El día miércoles 13 de junio en Aguamiro, Huánuco, el coronel chileno Marco Aurelio Arriagada recibió la información precisa de sus colabores peruanos que las fuerzas del General Cáceres se encontraban descansando en el distrito de Chavín de Huántar. En aquellos días el General Cáceres desconocía por completo la ubicación y las rutas de desplazamiento de las fuerzas chilenas. El mando chileno no decide seguir a las fuerzas peruanas por el mismo camino, es decir por las rutas de Tambillos, Taparaco, Andachupa, Ichic Colla y Jatun Colla y Huayrongha, etc; optando el desplazamiento por la ruta hacía el distrito de Huallanca.
Versión oral del señor Martín Flores García (profesor jubilado, natural de Chavín de Huántar). Cuando llegaron los chilenos, las familias se retiraron a las alturas. Un familiar ya fallecido me comentaba que los chilenos llegaron y cometieron muchos abusos. Entonces, los pobladores secretamente se reunieron de noche y planearon atacar a los invasores en las afueras de la ciudad. Así fue que el día 17 de junio un alto jefe y dos soldados fueron emboscados y para no despertar sospechas varios de ellos tocaban sus cornetas y demás instrumentos para distraer la atención de los demás chilenos en esta ciudad. Claro, este ataque y otros que se sucedieron trajeron como consecuencia actos de venganza. También comentaban mis antepasados que muchos soldados chilenos habían muerto comiendo comida envenenada y tomando chicha de jora envenenada.
¿Sobre la presencia del General Cáceres, ¿Qué nos podría relatar?. Sé que por aquí pasó el ejército peruano, venía maltrecho luego de recorrer la ruta montañosa desde el distrito de Agua Miro que hoy se conoce distrito de La Unión capital de la provincia de Dos de Mayo, Huánuco, se desplazaron por el paraje de Taparaco, Andachupa, Ichic Kolla, Jatun Kolla, paraje de Huayrongha, caserío de Cahallhuayaco y el caserió de Chullus. El 12 de junio de 1883, antes del medio día llegaron a este distrito, desfilaron aquí, el pueblo los recibió con flores.
¿Algo más señor Martín?. Sí, que tengo en mi poder uniformes y un revolver, que han pertenecido a algún oficial chileno de caballería, y que se lo facilito para los fines necesarios.
miércoles, 29 de mayo de 2019
CAMPAÑA DE LA BREÑA: LLEGADA DEL EJÉRCITO PATRIOTA A CHAVÍN DE HUÁNTAR HUARI ANCASH 12 JUNIO 1,883
La gran marcha de las fuerza
peruanas desde Tarma hacia el norte. - La tercera etapa de la Campaña
de la Breña, comprendida entre el 6 de mayo y el 2 de agosto de 1883, estuvo
marcada por un esfuerzo logístico sobrehumano. El 21 de mayo de ese año,
cumpliendo con lo resuelto por la Junta de Tarma, el Ejército del Centro —compuesto
por 2260 hombres bajo el mando del general Andrés Avelino Cáceres— abandonó la
ciudad de Tarma, en Junín. Con ello iniciaron un largo y penoso desplazamiento
a pie hacia el norte del Perú. La misión era perentoria: capturar al general
Miguel Iglesias Pino, quien, tras disolver el Ejército del Norte que comandaba,
había entablado negociaciones de paz con los jefes de ocupación chilenos,
aceptando la entrega territorial de Tarapacá, Tacna y Arica.
Tras cruzar las difíciles
geografías de Cerro de Pasco y Huánuco, las fuerzas peruanas arribaron la noche
del jueves 7 de junio al distrito de Aguamiro —conocido en la actualidad como
La Unión, capital de la provincia huanuqueña de Dos de Mayo—. El domingo 10 de
junio, a las 07:00 horas, el contingente reanudó su marcha con destino al
milenario distrito de Chavín de Huántar, en la provincia de Huari. Una hora
después, una vez que el último soldado hubo iniciado el despliegue, partió el
general Cáceres acompañado de sus ayudantes, secretarios y escolta personal.
Desde el primer momento, el
trayecto se tornó sumamente difícil debido a un terreno pedregoso y plagado de
atolladeros. Sin embargo, en ciertos tramos, el antiguo camino de los Incas (el
Qhapaq Ñan) les ofreció un trazo admirable, llano y espacioso que
despertó el asombro de los combatientes breñeros. Al respecto, el combatiente
De los Heros anotó en sus crónicas: «Parece una calle ancha, horizontal y bien
alineada, y en ella se notan claramente los vestigios de esa gran obra de la
civilización imperial, tanto más asombrosa por las inmensas dificultades que
vencieron para construirla». Tras una sacrificada jornada de seis leguas a
través de las rutas de Tambillo, el ejército alcanzó la puna de Taparaco, en el
sector de Andachupa. Allí pasaron la noche soportando el frío extremo del
invierno andino. En aquel inhóspito paraje solo hallaron tres chozas de paja
abandonadas; ante la absoluta falta de leña, se vieron en la necesidad de
desmantelar las casuchas para utilizar su material como combustible. El fuego
apenas sirvió para tostar un poco de cancha, único alimento que los soldados
pudieron consumir esa noche. El general, por su parte, se conformó con una
infusión de hojas de coca, bebida a la que se había habituado para resistir el
rigor de las marchas en las altas cumbres.
A las 06:00 horas del lunes 11
de junio, se reanudó el avance desde la puna de Taparaco hacia Chavín de
Huántar. Según el testimonio de todos los cronistas, esta fue una de las
jornadas más desgarradoras de la campaña. El combatiente Pedro Manuel Rodríguez
la describió como un «camino infernal», mientras que De los Heros relató la
presencia de laderas resbaladizas, bajadas empinadas, quebradas hondas y
atolladeros a cada paso. Por su parte, el intelectual y combatiente
huamachuquino Abelardo Gamarra recordó que marcharon por el «peor camino
imaginable, cubierto de profundos pantanos, en algunos de los cuales fue
preciso colmar con piedras y fajina para que pudieran pasar los animales con
sus cargas de artillería, cajas de municiones y otros». El propio general
Cáceres refirió en sus memorias que, debido a estas condiciones, «se despeñaron
algunas mulas en los barrancos, o quedaron sumidas en el cieno, perdiéndose con
ellas la carga que llevaban; la artillería se trasladó con mucho cuidado y las
bestias cuidadosamente guiadas por sus acemileros».
El ejército patriota, conformado en su gran mayoría por aguerridos e infatigables soldados huancayinos y ayacuchanos, recorrió a pie una distancia de 40 kilómetros sobre la llanura de Ichic Kolla y Jatum Kolla, superando los 4000 metros de altitud con el único sustento de la infaltable coca y la cancha tostada. Venciendo toda clase de obstáculos, el contingente de 2260 hombres arribó a las 15:00 horas de una tarde soleada al paraje de Huayrongha, próximo al caserío de Chalhuayaco, en el flanco sur del distrito de San Marcos, Huari. En este hermoso y encajonado paraje, cubierto por frondosos árboles de quinual, el grueso del ejército pernoctó soportando temperaturas nocturnas de hasta diez grados bajo cero. Como era su costumbre para mantener la moral de la tropa, el general Cáceres pasó aquella gélida noche a la intemperie junto a sus soldados, acompañado de su esposa e hijas. Finalmente, antes del mediodía del martes 12 de junio de 1883, la vanguardia y el grueso de las fuerzas peruanas hicieron su ingreso al histórico distrito de Chavín de Huántar.
La recepción patriótica en
Chavín de Huántar y el valor de la memoria oral. - El
martes 12 de junio de 1883, a las 07:00 horas, el general Andrés Avelino
Cáceres abandonó el paraje de Huayrongha, en el sector del caserío de
Chalhuayaco, al sur del distrito de San Marcos. La memoria oral de la región ha
preservado con nitidez los pormenores de aquella mañana. Testigos presenciales
de la época —cuyos relatos fueron transmitidos a través de generaciones, como
el testimonio de Eliceo Ramírez Cadillo, quien entonces tenía ocho años—
recordaban haber visto al general descender desde el encajonado paraje de
Huayrongha montado en un hermoso caballo negro de frente blanca. Al llegar al
caserío de Chalhuayaco, los campesinos locales lo recibieron con abundante
chicha de jora, un gesto de hospitalidad con el que Cáceres brindó junto a su
escolta y ayudantes antes de continuar el avance por los caseríos de Chullus y
Quercos. En la retaguardia del grueso del ejército se desplazaba su esposa, la
señora Antonia Moreno Leyva, junto a sus tres hijas, quienes marchaban
acompañadas por quince campesinas y firmemente custodiadas por un destacamento
de guerrilleros.
Gracias a las diligentes
gestiones del subprefecto Bouby, los pobladores del distrito de Chavín de
Huántar y sus caseríos acudieron en masa para rendir tributo y ovacionar a los
combatientes. Para este acontecimiento histórico, los chavinos engalanaron las
calles con vistosos arcos y banderas, y prepararon un abundante rancho que
alivió el hambre de la tropa. Además, el vecindario proveyó de caballos y mulas
para el traslado de los oficiales, los soldados enfermos y las cargas pesadas,
pues hasta ese momento muchos oficiales se habían visto obligados a realizar a
pie la extenuante caminata. Al recibir este vital apoyo, Cáceres lamentó
profundamente no haber dispuesto de tales elementos de movilidad con
anterioridad. Durante el tránsito desde Aguamiro, especialmente al cruzar las
inhóspitas alturas de Ichic Kolla y Jatum Kolla, la falta de acémilas lo había
obligado a abandonar varias cajas de municiones y a dejar rezagados a algunos
enfermos. Lamentablemente, estos hombres cayeron poco después en manos de las
fuerzas de ocupación enemigas, como el subprefecto Pardo, quien fue cruelmente
asesinado en Aguamiro bajo presuntas órdenes del coronel peruano Luis Milón
Duarte, un oficial que había traicionado la causa nacional para alinearse con
los chilenos.
Durante los días 12 y 13 de junio de 1883, el histórico distrito de Chavín —afamado por su clima templado y el fervor patriótico de sus habitantes— sirvió de campamento general y brindó un reparador descanso al Ejército del Centro. Las tropas patriotas quedaron profundamente impresionadas por el imponente monumento arqueológico que floreció allí durante el Horizonte Temprano, erigido en el corazón de un hermoso valle a 3185 metros sobre el nivel del mar. La fisonomía de este paisaje sagrado estaba configurada por la confluencia de dos torrentes: el río Mosna, que nace en las alturas de la puna de Taruscancha y discurre de sur a norte regando Recudo y los caseríos de Quinín, Mosna, Machac y Quercos; y el río Huachecsa, cuyas aguas descienden desde las faldas del nevado Huantsán para recorrer el flanco oeste de Chavín a través de los pintorescos caseríos de Jato, Chichucancha, Chacpar y Lanchán. Fue en este entorno andino donde el Ejército de la Breña templó las fuerzas para reemprender su marcha hacia el norte.
Exploración en el laberinto
arqueológico y el juego de sombras estratégico. - El
miércoles 13 de junio, oficiales y secretarios del Estado Mayor solicitaron
autorización al general Cáceres para visitar el monumento arqueológico de
Chavín de Huántar. Concedido el permiso, los combatientes De los Heros y
Rodríguez realizaron una detallada crónica de su visita, describiendo la
estructura preincaica como un laberinto de piedra con callejones estrechos y
edificaciones de dos pisos, incluyendo un pilar central con representaciones de
dragones y figuras humanas.
Los oficiales notaron el
deterioro causado por la búsqueda de tesoros y documentaron la zona, contando
con la colaboración del comandante La Puente, el amanuense Cortés y los
ingenieros Paz y Remy. La crónica, que describe la construcción con un aspecto
más cercano a una prisión que a un palacio, detalla un puente de piedra sobre
el río extraído del mismo sitio y menciona la colocación de inscripciones por
parte del ejército.
Simultáneamente, el 13 de
junio en Aguamiro, el coronel chileno Marco Aurelio Arriagada recibió
información de sus colaboradores peruanos sobre la ubicación de las fuerzas de
Cáceres en Chavín de Huántar, mientras el general peruano desconocía por completo
la posición y ruta del enemigo. Arriagada optó por un camino alternativo,
evitando las rutas convencionales de Tambillos, Taparaco y las Kolla,
desplazándose hacia el distrito de Huallanca y llegando a la puna Torres de la
familia Llanos el 15 de junio.
En Chavín de Huántar, el
general Cáceres ignoraba que un tercio del ejército enemigo, bajo el mando del
coronel León García, se desplazaba hacia su posición. De haber tenido
conocimiento, las tropas peruanas —caracterizadas por su alto valor, moral y
sacrificio, compuestas mayoritariamente por campesinos andinos mal armados—
probablemente habrían emboscado y aniquilado al contingente chileno, que era
superado numéricamente.
El cruce de Yanashallas y el
descenso al Callejón de Huaylas. - El jueves 14 de junio de 1883,
a las 07:00 horas, el Ejército del Centro abandonó el distrito de Chavín de
Huántar, ignorando por completo los movimientos que las fuerzas invasoras
realizaban a su retaguardia. Como era su costumbre, el general Cáceres y su
escolta partieron en la retaguardia dos horas más tarde. La tropa marchaba con
la moral en lo más alto, reconfortada por el cálido y patriótico apoyo brindado
por los chavinenses. Desde Chavín, los patriotas prosiguieron su avance a
través de la ruta ancestral preincaica, cruzando los sectores de Nunupata,
Chuna, Lanchán, Chacpar y Chichucancha. Tras recorrer la puna de Shongo, la
vanguardia alcanzó a las 12:00 horas la imponente cordillera de Yanashallas, a
más de 4700 metros sobre el nivel del mar. Esta ascensión representó un
verdadero reto físico, teniendo como testigo al imponente nevado Huantsán, con
sus 6370 metros de altitud.
Tras un esfuerzo admirable
bajo una tarde radiante de sol, el grueso del ejército logró trasponer la
cordillera de los Andes a las 17:00 horas. Los soldados plantaron su campamento
en las faldas de la puna de Arhuaycancha, enfrentando los rigores de las heladas
nocturnas del invierno andino a 4500 metros de altitud. Al alcanzar la cumbre,
los incansables combatientes breñeros contemplaron un espectáculo
impresionante: desde aquella enorme altura se divisaba el majestuoso nevado
Huascarán y el hermoso Callejón de Huaylas, enmarcado por las cordilleras
Blanca y Negra.
Desde este punto estratégico,
el general Cáceres envió en comisión de servicio a los oficiales De los Heros,
Manuel Rodríguez y Eléspuru hacia el distrito de Olleros. Su misión era
perentoria: solicitar acémilas de carga a las autoridades de Recuay y Huaraz,
puesto que, de lo contrario, el ejército se vería obligado a abandonar más
cajas de municiones y equipaje pesado, comprometiendo seriamente el transporte
de la artillería. Sin embargo, don Jesús Elías solo pudo enviar una modesta
cantidad de mulas y caballos desde Olleros, lo que obligó nuevamente a los
oficiales peruanos a desmontar para ceder sus cabalgaduras al acarreo de los
pertrechos militares.
El ejército patriota,
habituado a vencer cualquier dificultad geográfica, ascendió la larga y
empinada cuesta del camino preincaico desde Chavín hasta la cumbre de
Yanashallas. El trayecto se presentó hostil, cubierto de atolladeros y
precipicios sumamente peligrosos. En múltiples tramos, debido a que ninguna
bestia de carga lograba resistir la extenuante subida de casi cinco leguas, los
soldados tuvieron que cargar la artillería y las cajas de municiones a pulso
sobre sus propios hombros y espaldas. En medio de este crítico escenario, las
oportunas arengas pronunciadas por el general Cáceres sirvieron como un
poderoso acicate que insufló valor a la tropa para superar los obstáculos de
las inmensas montañas.
Al día siguiente, viernes 15
de junio a las 06:00 horas, las fuerzas peruanas reanudaron la marcha desde el
paraje de Arhuaycancha. Tras pasar por el caserío de Huaripampa, el general
Cáceres y su ejército hicieron su ingreso a Canray Chico y al distrito de
Olleros a las 11:00 horas. En esta localidad permanecieron únicamente una hora
para consumir el rancho que el generoso y patriota pueblo andino los había
preparado. En horas de la tarde, el grueso del contingente descendió desde
Olleros hasta el puente Bedoya, continuando por un terreno llano con destino a
la capital del departamento. Durante este trayecto se incorporaron formalmente
al Estado Mayor el jefe político y militar del Norte, don Jesús Elías, y el
prefecto de Lima, don Elías Mujica. Finalmente, tras culminar la épica travesía
andina, las fuerzas peruanas hicieron su ingreso a la ciudad de Huaraz el mismo
viernes 15 de junio de 1883 en horas de la tarde.
FUSILAMIENTO DEL CORONEL LEONCIO PRADO GUTIÉRREZ HUAMACHUCO PERÚ 15 DE JULIO DE 1883
Fusilamiento de los soldados leales, Patricio Lanza y Felipe Trujillo, se realizó casi simultáneamente al del coronel Leoncio Prado. Estos dos héroes unidos en el martirologio, que juntos libaron del cáliz del dolor, se sacrificaron hasta encontrar la muerte; acompañaron a su jefe con abnegación que no tuvo límites.
Para la historia transcribiremos el testimonio de los señores Fabio Samuel Rubio y Enrique Moreno Pacheco, huamachuquinos, que en el año 1933 después de medio siglo narraron lo que vieron aquel 15 de julio de 1883.- "El día 10 de julio de 1883, nos encontrábamos en Huamachuco bajo la dolorosa impresión de la batalla realizada. Éramos niños de 12 años. Nuestras familias al saber el triunfo de los chilenos huyeron con nosotros a Culicanda, donde teníamos una finca. El sábado 14 regresamos a la ciudad al saber que los chilenos se retiraban. El día domingo 15, muy de mañana, desde un balcón de la casa del señor Pacheco, situada en la plaza de armas, presenciábamos la salida de las últimas tropas chilenas con rumbo al distrito de Cajabamba. En esos momentos sentimos una descarga de fusilería y con natural curiosidad nos dirigimos al lugar señalado, que era el cuartel general de la artillería chilena, casa del señor Marino Acosta, y la encontramos desierta. Al penetrar al patio de dicha casa, en una habitación del lado derecho, vimos un cadáver; era el coronel Leoncio Prado, se encontraba recostado sobre una camilla, tenía el rostro bañado en sangre haciéndose visible una perforación cerca del ojo izquierdo, y su pierna del mismo lado estaba cubierta de vendas; al lado había un plato y una cuchara y en el suelo una taza. Como alguien nos dijera que en el segundo patio había otros muertos, nos dirigimos al patio señalado, encontrado a dos soldados peruanos casi juntos sobre un charco de sangre, en los últimos estertores de la muerte, y cerca de ellos una manta sobre la que estaba esparcido un naipe, viendo el triste cuadro consternados nos retiramos, grabándose para siempre en nosotros la escena que aún nos parece verla".
Versión del señor Armando Gamarra Crhuchaga, nieto de Abelardo Gamarra (1983). ¿Que recuerda usted de la batalla de Huamachuco, según la tradición transmitida de sus antepasados? - El 8 de julio de 1883, las tropas peruanas sorpresivamente llegaron por las alturas del cerro Cuyulga, ese día, los chilenos estaban descasando. La tropa chilena una parte se estaba bañando en el río Grande y la otra parte permanecía a inmediaciones de la pileta que existe en la plaza de arma. Cuando los chilenos en su mayoría se encontraban descansando, un campesino peruano llegó a la plaza y se quejó en los chilenos manifestando que los soldados peruanos habían invadido su chacra de trigo, a quien en el acto una muchacha del pueblo que presenciaba dicha escena le propinó una bofetada, llamándolo traidor. En esos momento los chilenos muy asustados ordenaron el toque de corneta, se agruparon, cuando ya descendían de las alturas las tropas del Perú, ellos corrieron a esconderse en el cerro Sazón. Si no hubiera sido por dicho delator, aquella tarde muchos chilenos hubieran muerto. Como anécdota les contaré que había un joven llamado Manuel Cisneros, que un día previo a la batalla, era utilizado por los chilenos para llevar municiones en los mulos desde la ciudad hasta el cerro Sazón. Bueno, sucede que este muchacho muy astuto, cambió las municiones por herrajes en los respectivos cajones. De esto, los chilenos se dieron cuenta recién en plena batalla cuando dicho joven ya se había escapado con dirección a Pomabamba. ¿Qué sabe de su abuelo don Abelardo Gamarra "El Tunante"?. Cuando mi abuelo viajó a Chile, visitó un Museo Militar en Santiago y entre los objetos que había en dicho lugar vio una bandera peruana que había sido tomada por los chilenos como trofeo de guerra luego de la batalla de Huamachuco. Fue tal su emoción, que se le cayeron las lagrimas. Entonces, el director de dicho museo le obsequió la bandera, la misma que actualmente se encuentra aquí en Huamachuco, conservando aun manchas de sangre y huellas de perforación de balas. Justamente, he dispuesto que se exhiba dicho trofeo durante el desfile cívico militar que se realizará con motivo del centenario de la Batalla de Huamachuco.
Versión oral del señor Constante Rebaza (1983) (natural de Huamachuco, comerciante, 72 años).- Según la versión de mis abuelos, el ejército chileno acantonó en Huamachuco días antes del 10 de julio. Estaban bien dotados de armamentos y de buenos cañones. En cambio el ejército peruano luego de atravesar la Cordillera Blanca y luego de trasmontar también la Cordillera de Huaylillas, llegó a este lugar muy maltratado, mal alimentado, mal armado, pero así, valientemente dieron batalla en la Pampa de Purrumpampa. La topografía del cerro Sazón no era como es actualmente. Ahora hay bastante eucalipto. Anteriormente tenía en su frente y alturas restos de ruinas pre incas, las mismas que fueron utilizados como parapetos por las tropas chilenas. Al pie del cerro Sazón había un gran pantano. En la última parte de la batalla, el General Cáceres rodeado de tropas chilenas pudo escapar de éstos precisamente al saltar su caballo una zanja de regular anchura y los chilenos no lo pudieron alcanzar. Finalizado la batalla los chilenos comenzaron a saquear, a robar joyas, prendas de valor, soles de 9 décimos y todo cuanto podían obtener. Además de hacer violaciones, saqueos y de llevarse todos los animales.
Versión oral del señor Alfonso Saenz Ruiz (1983) (natural de Huamachuco, farmacéutico, 78 años).- Sobre el coronel Leoncio Prado Gutiérrez ¿qué es lo que se recuerda aquí en Huamachuco?. El día 15 de julio de 1883, los chilenos se retiran rápidamente de Huamachuco. El coronel Alejandro Gorostiaga envía a un capitán y 20 soldados para que fusilen a Leoncio Prado. Cuenta el señor Ledesma, que en esa época tenía 7 años de edad y vivía a media cuadra del lugar del fusilamiento, que el cuadro desgarrador que vio se le grabó para toda la vida. Era el cadáver del coronel L. Prado, echado en la cama, colgándole la cabeza y con un ojo salido, producto de un disparo. En la mesa había un plato de maicena donde él había dado los tres golpes ordenando para que lo fusilen. A el lo fusilaron y a los dos soldados "asistentes" los asesinaron. Recuerdo que de niños escarbamos las paredes y el piso en busca de plomo para jugar. Luego de su fusilamiento, de aquí han ido y lo han mudado de ropa, han hecho su mortaja y dispusieron que un señor de apellido Espinoza confeccione el cajón. Lo enterraron en el cementerio general de aquí. Luego fue llevado a Lima.
Versión oral del señor Bernardino Sanchez (1983) ( natural de Huamachuco, 80 años).- Mi padre en la guerra con Chile tenía 19 años de edad. El me narró que los chilenos llegaron aquí cuatro días antes de la batalla, estaban bien descansados. Mi papá que tenía algunos caballos, mulos, ovejas y vacas, lo escondió en un desfiladero lejano a la población. Fue así que el día 8, cuando se encontraba cuidando sus animales, vio que se acercaban las tropas peruanas en número de 40 al mando del general Pedro Silva Gil. Dichos soldados estaban mal vestidos, sin uniformes, sin zapatos, algunos con ojotas, dotados de rejones y algunos fusiles viejos. Mi padre cuenta que conversó con el general Silva y su tropa y les dio algunos datos sobre la situación del ejército chileno. Mientras les daba los datos los llevó hacía la casa de su padre, en donde le proporcionó al general Silva un poco de sopa y a los soldados que lo acompañaban le proporcionó cancha tostada, dándole dos puñados a cada uno. En esta quebrada, los chilenos tenían agrupados alrededor de 100 caballos, con la información que les proporcionó mi padre, sorpresivamente, el general Pedro Silva en rápida operación se apoderó de 50 caballos no sin antes un corto tiroteo. Los chilenos pensaron que el ataque por parte de los peruanos era de mayor intensidad y rápidamente escaparon para esconderse en sus parapetos del Cerro Sazón. El general Silva, por su parte, se reincorporó al grueso del ejército a las 18:00 horas, ubicándose luego con ellos al Sur Este del cerro Cuyulga en donde permanecieron recibiendo allí también algunos datos de mi abuelo acerca de cómo avanzar hacía el Cerro Sazón. Mi abuelo les dijo que en la parte Oeste del pueblo existía una calzada o sea un camino antiguo de herradura con gradas de piedra y por el lado Este un camino antiguo de los Incas, que servía para avanzar hasta el cerro Sazón. La batalla se hubiera ganado, nos faltó municiones y bayonetas. En plena batalla, los chilenos que ya se sentían derrotados se escaparon, y es que veían a nuestros soldados con gran arrojo avanzar hasta que faltó municiones y bayonetas, y viendo esto las tropas chilenas contraatacaron. Muchos chilenos que escaparon lo hicieron en dirección al río Marañón, y a las zonas de la provincia de Pataz, pasados los años en estos lugares radicaron formando familia.
Testimonio de Jorge I. Peña (1933).- “El domingo 8 de julio a la una de la tarde llegó una fracción peruana al cerro Cuyulga, seguidamente apareció el General Cáceres con su gorra y su gran abrigo blanco, instalándose en su tienda de campaña. Un cuarto de hora más tarde un oficial chileno partió a caballo a la casa de doña Feliciana Valdivia, donde estaba alojado el coronel Alejandro Gorostiaga y su Estado Mayor con dirección al “Molino Grande”, regresando a pocos minutos a todo galope. Se oyó entonces la corneta chilena que llamaba apresuradamente a sus tropas que a esa hora se bañaban en el Río Grande. La confusión del enemigo era evidente y comenzó a desfilar a sus posiciones del infranqueable cerro Sazón. Primero salió la caballería que estaba en la casa de Manuel E. Gamarra; 2º la artillería, de la casa de doña Francisca Bringas, 3º el batallón “Zapadores” de la casa de don Manuel Trinidad Cisneros; 4º el batallón “Talcas” y 5º el batallón “Concepción”, al mando del comandante Gonzáles, que ocupaba la casa de doña Trinidad Miranda. Cuando este último cuerpo estaba formado en el corredor que da a la Plaza de Armas, el Coronel Gorostiaga y su Estado Mayor bajaron a caballo a incorporarse a sus tropas. El jefe chileno se paró en la Pila a observar los movimientos de las tropas peruanas que iban perfilándose en las cumbres del cerro Cuyulga. Quienes vieron al oficial chileno, aseguran que su nerviosidad era tal “que no podía sostener los anteojos en las manos y las espuelas sonaban con las estriberas de su cabalgadura”.
Testimonio de la señora Galareta Malpartida (Huamachuco 1933).- “Con motivo de haber estado situada la casa de mi madre la señora Manuela Malpartida viuda de Galarreta a dos cuadras del lugar donde se le fusilo al coronel Prado, tuvimos ocasión de sentir la descarga que dio fin la vida de nuestro compatriota, moviéndonos la curiosidad, como niñas ver salir a los soldados chilenos, los que una vez alejados, previo acuerdo con mi hermana Francisca y nuestras amigas Filomena Palacios y Rosaura Olasabal, hoy de Gallarde, nos dirigimos a la casa de la ejecución. Al entrar en la primera habitación, se nos presentó a nuestra vista el coronel Prado, muerto en un catrecito, con uno de los ojos saltado, efecto del proyectil. La tacita de barro quemada y barnizada como se elaboran en la sierra, en el suelo, el plato y la cucharita, sobre el pecho.
Testimonio del Coronel Abel Bedoya de Seijas (1931).- El día jueves 12, tuvimos conocimiento que con motivo de un denuncio hecho por un cholo llamado Julián Carrión, dueño de un rancho situado en la laguna de Cushuro, que está a dos leguas del distrito de Huamachuco, traían de dicho lugar herido de una pierna al coronel Leoncio Prado, y a sus dos ordenanzas”. “Sus ordenanzas fueron los soldados Patricio Lanza y Felipe Trujillo, hechos prisioneros junto con su jefe,”. Más tarde cuando el general Cáceres fue Presidente de la Republica envió una comisión encargada de recoger los restos de los héroes del 10 de Julio. En ella iba el Coronel Borgoño, el señor Pedro Silva (hijo del General Muerto en Huamachuco) y el poeta Carlos Amézaga con otros oficiales. Se asegura que solo sacaron los restos del General Silva que fue identificado por la levita que usaba y por las cartas y tarjetas que su hijo reconoció. Y los de Leoncio Prado que fue reconocido por el pantalón grana con que se sepultó; quizá si los demás restos no correspondían a los oficiales muertos en batalla. Llegados a Lima fueron depositados en la Cripta de los Héroes en donde hoy descansan.
lunes, 13 de mayo de 2019
32a BRIGADA DE INFANTERÍA DE TRUJILLO ENTRENAMIENTO PARA INVASIÓN A ECUADOR 1997
Los diplomáticos de Perú y Ecuador intensificaban sus labores para la validación definitiva del Protocolo del Río de Janeiro del 29 de enero de 1942 y el fallo arbitral de Braz Días de Aguiar, ratificando al Perú la posesión total de todo el Valle del Cenepa, (territorio peruano delimitado no demarcado), incluyendo la cota 1061 conocido como la falsa Tiwinza; por ende, también la demarcación definitiva de los 78 kilómetros de la línea de frontera comprendido entre los hitos Cunhime Sur y 20 de Noviembre y Cusumaza Bumbuiza y Yaupi Santiago. Pero como dignidad nacional Ecuador pedía la entrega de la falsa Tiwinza como parte del territorio ecuatoriano, ellos aducían que ahí estaban el cementerio de sus muertos, que en este lugar habían resistido hasta la llegada de los integrantes de los países garantes de Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, y nunca se habían rendido, petición que en reiteradas oportunidades había sido rechazado por el gobierno peruano. Así transcurrieron dos años y medio de intensa negociación diplomática, sin resultados positivos de acuerdo a las expectativas e intereses de ambos países y el acuerdo de paz peligraba.
El 26 de octubre de 1998, los presidentes de Perú y Ecuador firmaron el "Acta de Brasilia", un acuerdo de paz definitivo entre ambas naciones tras años de conflicto, en esta fecha también el gobierno del Ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori declaró feriado a nivel nacional, abanderamiento de las ciudades y ceremonia por la firma de la paz en las plazas de armas de todo el Perú, donde participación colegios, diversas instituciones y sectores populares como el "vaso de leche", pero en los cuarteles hubo total descontento por la entrega de Tiwinza a Ecuador. Aquel día en el cuartel de Caraz el jefe de la Companía "A" Ingeniería N° 112 ordenó día libre para todo el personal militar; por ende, el personal de Oficiales, Técnicos, Suboficiales se encontraba en sus domicilios y el personal de Tropa Servicio Militar Obligatorio de paseo, y yo me encontraba de servicio en el cuartel como Oficial de Guardia en la puerta principal, recuerdo que me encontraba viendo por la televisión lo que acontecía en Brasilia, en todo momento permanecí muy indignado, las casas se encontraban con la bandera en lo más alto y mucha gente se había reunido en la plaza de armas de Caraz para celebrar la firma de la paz con sesión territorial, en esas circunstancias siendo las 11:00 horas, llegó presuroso a la guardia de prevención el subprefecto Héctor Crivilleros de la provincia de Huaylas, quien muy desesperado me decía lo siguiente: "¿dónde está el jefe de la Companía, porque el personal militar no está en la plaza para iniciar la ceremonia?", a quién le dije que el Jefe había viajado a la ciudad de Huaraz y todo el personal militar se encontraba con día libre, solamente el personal de servicio se encuentra en el cuartel, al escuchar mis argumentos más aún se exaspero la autoridad política fufimorista y me decía, "yo soy representante del gobierno y en estos momentos te ordeno para que organices una escolta y te presentes en la plaza de armas para iniciar el desfile", un poco más ya intentaba traspasar la puerta del cuartel a la fuerza, ante su atrevimiento tajantemente le dije para que se retirará y él no se movía, seguía insistiendo, ante tal situación le dije, usted y su presidente traidor váyanse a la mierda y no me jodas más, le obligué para que se retire, y se fue murmurando, dijo "esto no se va a quedar así, voy a informar a las instancias superiores" y le contesté diciendo, informa a quien quieras y retírese, se fue, pasaron 15 minutos y comenzó a tocar la banda de músicos para el desfile de civiles, aquel día solamente los civiles desfilaron en Caraz capital de la provincia de Huaylas.
domingo, 12 de mayo de 2019
CUEVA DONDE FUE CAPTURADO EL CORONEL LEONCIO PRADO GUTIÉRREZ, CASERÍO DE CUSHURO 13 JULIO 1883
El Rugido de Cañones en Santa Úrsula: El Sacrificio de Leoncio Prado en Llanos de Huamachuco.-
El
martes 10 de julio de 1883, durante la feroz batalla de Huamachuco, el coronel
Leoncio Prado Gutiérrez combatía montado sobre un caballo moro, vistiendo un
dormán negro y pantalón piamontés; sobre su rostro curtido destacaba la
blancura de su frente bajo un cabello en desorden. En el fragor del combate,
Prado parecía multiplicarse, haciéndose presente en los puntos de mayor
peligro. Se le veía disparar personalmente los cañones emplazados en la loma
del cerro Santa Úrsula y, con la espada en alto, abrirse paso entre la masa de
combatientes. Su voz, ronca por la intensidad de las órdenes y los gritos de
aliento a los suyos, estaba casi afónica, apenas audible. Pese a ello, avanzaba
impertérrito entre las balas enemigas, que parecían respetar tanta bravura
mientras él sorteaba la muerte en cada movimiento. De pronto, el suelo tembló
bajo un estallido seco que levantó ascuas de fuego centelleante: una granada
había detonado a muy corta distancia. Al disiparse la nube de polvo, sus
hombres descubrieron al coronel tendido en tierra, pugnando en vano por
levantarse. Sus fieles asistentes, que corrían jadeantes tras él, alzaron su
cuerpo exánime. Con heridas de gravedad y una fractura severa en la pierna
izquierda, el héroe solo atinó a exclamar: «¡Mi caballo, mi caballo!». Ante el
inminente desastre, los soldados lo subieron con infinito cuidado a la grupa
del noble animal, donde uno de sus ayudantes lo sostuvo para emprender una
lenta retirada del campo de batalla a través del camino inca «La Escalerilla»,
con rumbo al caserío de Cushuro.
Al caer una tarde lúgubre y
enlutada, el herido y sus dos acompañantes ascendían penosamente por el
histórico sendero. El soplo helado del viento de la puna mitigaba el agudo
dolor de la pierna fracturada del combatiente, de cuyos labios no brotó un solo
gemido, queja o señal de arrepentimiento. En plena ruta, el grupo divisó a unos
jinetes y soldados de a pie que se aproximaban: era el general Andrés Avelino
Cáceres, acompañado por los pocos jefes y ayudantes que habían sobrevivido al
desastre. Al interrogar a la comitiva sobre la identidad del herido, Cáceres
escuchó una respuesta serena: «Mi general: soy el coronel Leoncio Prado. He
cumplido con mi deber». En ese instante, la montaña pareció enmudecer; unidos
en el infortunio, los presentes solo hallaron comprensión en el lenguaje del
silencio. Tras el breve encuentro, la marcha continuó. El coronel herido siguió
ascendiendo muy lentamente por aquellos parajes empinados, a más de 4000 metros
sobre el nivel del mar. Según el testimonio del coronel Samuel Alcázar, testigo
presencial de aquel desgarrador momento, la pierna rota del héroe colgaba
indefensa, moviéndose al vaivén del animal como el badajo de una campana.
La Cueva de Huaylillas:
Traición, Reloj de Oro y los Últimos Días de Leoncio Prado.- Las
sombras de la noche terminaron por cerrar el difícil camino inca «La
Escalerilla». Al volverse imposible continuar la marcha con el herido, sus
abnegados soldados trasladaron el cuerpo del coronel hacia una cueva ubicada en
la parte alta del cerro Huaylillas, justo en la cabecera de la laguna Cushuro.
Allí quedó tendido el héroe sobre pellejos de carnero, cubierto apenas con una
manta. En aquel desolado paraje, soportando el viento helado de la puna, sus
fieles soldados Patricio Lanza y Felipe Trujillo permanecieron junto a él en
todo momento, demostrando una lealtad a toda prueba en las horas más difíciles.
Durante dos días, Prado permaneció en la cueva consciente de que su fin se
aproximaba y de que las fuerzas lo abandonaban, sometido a una absoluta
inmovilidad por la gravedad de sus heridas y la fractura. No tuvo más compañía
—como lo reconocerían más tarde los propios cronistas chilenos— que la de sus
leales asistentes, quienes jamás pensaron en abandonarlo. Juntos compartirían
el mismo destino: ser capturados en ese refugio y trasladados al cuartel
general enemigo en Huamachuco.
Durante este cautiverio en la
montaña ocurrieron hechos de profunda carga emotiva. El miércoles 11 de julio,
el sacerdote Víctor Corrales, capellán del Ejército de la Breña, llegó hasta la
cueva enviado por el general Cáceres. El religioso le impartió la bendición al
coronel y se marchó, dejando al héroe debatiéndose entre la vida y la muerte,
bajo el cuidado vigilante de Lanza y Trujillo. Al día siguiente, en las
inmediaciones de la laguna Cushuro, los soldados contactaron a Julián Carrión,
un humilde campesino que vivía en una choza cercana, para pedirle que viajara a
Huamachuco en busca de medicamentos. Carrión aceptó la misión. Al carecer de
dinero, el coronel herido anotó las medicinas que necesitaba en el reverso de
un sobre que llevaba su nombre y le entregó al campesino su reloj de oro, un
valioso obsequio que los patriotas cubanos le habían otorgado y que conservaba
como recuerdo de sus campañas libertarias en la isla.
La tragedia que enlutaría a la patria comenzó a sellarse el jueves 12 de julio, cuando Carrión arribó a Huamachuco. Al intentar cumplir el encargo, entregó el sobre y el reloj a un intermediario que, por desgracia, no actuó con discreción y reveló la identidad del ilustre paciente. La noticia corrió rápidamente por el pueblo hasta llegar a oídos del alto mando chileno apostado en la Plaza de Armas. De inmediato, las fuerzas de ocupación capturaron al campesino y lo obligaron a confesar la ubicación exacta del refugio. Aquella delación involuntaria marcó el inicio del fin para el héroe de tantas jornadas gloriosas, cuya vida culminaría poco después ante un pelotón de fusilamiento, tras haber ofrendado su sangre en defensa de la nación.
La Sentencia Oculta: Captura,
Honor y el Destino Final de Leoncio Prado.- El día viernes 13 de julio, en
horas de la mañana, guiados por el detenido Julián Carrión los chilenos
organizaron un plan de captura al mando del teniente de artillería Aníbal
Fuenzalida Lazo, quien al mando de 50 hombres se constituyó a la cueva donde se
encontraba el oficial peruano herido, a quien lo hallaron tendido sobre
pellejos de oveja, tapado con una manta y con la pierna izquierda completamente
destrozado. El primero en llegar a la cueva fue el soldado chileno José Manuel
Poblete, en ese momento también se apersonó el cabo primero chileno Silvestre
Mellado, quien inmediatamente mandó dar aviso con Poblete al oficial al mando;
cuando llegó Fuenzalida, en el acto el coronel Prado le pidió al oficial
chileno para que le diera un tiro en la cabeza, porque sufría dolores atroces
por las heridas y la fractura. Capturado el coronel Leoncio Prado y sus
dos ayudantes, en horas de la tarde del mismo día lo trasladan al distrito de
Huamachuco.
El teniente Fuenzalida pensó
que por la gravedad de sus heridas y la fractura en la pierna izquierda del
prisionero el coronel Alejandro Gorostiaga le perdonaría la vida. Para el
traslado del oficial prisionero se preparó una camilla rustica y se bajó al
distrito de Huamachuco. Aquí Fuenzalida se presentó ante el mayor Fontesilla,
quien hizo colocar al oficial prisionero en una de las habitaciones de la casa
del señor Marino Acosta propietario del inmueble ocupado por los chilenos
convertido como Cuartel General de la artillería. En este inmueble permanecía
un ciudadano asiático "chino" que fue el cocinero de la familia
Acosta, quien cumpliendo la orden de su patrón durante la ocupación quedó al
cuidado del inmueble y como asistente de Prado durante su cautiverio. Prado se
hizo muy amigo del teniente Fuenzalida siendo a su vez visitado por muchos
jefes y oficiales chilenos, captándose la simpatía y confianza de todos, en
esos momentos nadie hablaba de fusilamiento, pero a él no se le escapó que se
pensase en ello, ya que los cirujanos chilenos se excusaron de cortarle la
pierna, o de curarlo. Al respecto, finalizado la guerra, en Santiago el
teniente Aníbal Fuenzalida, un año después de los hechos dijo lo siguiente:
"Que, si hubiera sabido que lo iban a fusilar, no lo hubiera tomado
prisionero".
























