lunes, 31 de diciembre de 2018

MONUMENTO DEL SARGENTO EP INOCENTE NICOLÁS VÁSQUEZ GONZÁLES PLAZA DE ARMAS DE JAEN CAJAMARCA

Emboscada en la Cota 1232: El Sacrificio del Sargento Inocente Nicolás Vásquez Gonzales en el Alto Cenepa.- Las autoridades civiles, militares y la Asociación de los Defensores de la Patria del Alto Cenepa 1995 (sede Alto Mayo - Rioja) inauguraron y develaron el monumento en honor al héroe, sargento segundo EP Inocente Nicolás Vásquez González, en la Plaza de Armas "Héroes del Cenepa" de la provincia de Jaén, departamento de Cajamarca. La ceremonia fue presidida por el general de brigada José Cruz Flores Guerrero, comandante general de la 6.ª Brigada de Selva, quien estuvo acompañado por el magíster Walter Prieto Maitre, alcalde de Jaén.

El sargento Inocente Nicolás Vásquez Gonzales perteneció a la Compañía “C” del Batallón Contrasubversivo N° 28 del distrito de Rioja, departamento de San Martín. Falleció el lunes 13 de febrero de 1995 en la cota 1232 del Valle del Alto Cenepa, durante un enfrentamiento contra las tropas de la Brigada de Fuerzas Especiales N° 9 “Patria” de Ecuador. Sus restos mortales nunca fueron recuperados, sus osamentas permanecen hasta el día de hoy cerca de un riachuelo en las inmediaciones de la cota 1232 en el Valle del Cenepa.

El quiebre de las acciones comenzó el domingo 12 de febrero a las 16:45 horas, cuando se produjo el primer choque con las fuerzas ecuatorianas. Las tropas peruanas se desplazaban en completo silencio por una trocha angosta y sinuosa, bajo la sombra de árboles inmensos. La primera compañía, integrada por 120 hombres al mando del capitán "Rodrigo", ingresó a una zona de emboscada, lo que desencadenó un combate contra el personal de la Brigada de Fuerzas Especiales N° 9 "Patria" de Ecuador. El enfrentamiento finalizó aproximadamente a las 17:30 horas. Tras este primer impacto, los 360 combatientes del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja quedaron totalmente divididos: algunas compañías utilizaron una trocha alternativa para replegarse hacia el Helipuerto Tormenta (cota 1274), bautizado por los ecuatorianos como Base Norte; otros, en cambio, permanecieron dispersos y perdidos en el mismo lugar del combate, cobijados por la espesura de la selva.

Al día siguiente, el lunes 13 de febrero, la cota 1232 amaneció nublada y bajo un silencio absoluto. A las 08:00 horas, diecisiete combatientes se encontraban perdidos en las profundidades de aquel inhóspito valle. En situaciones de peligro extremo como esa, la tensión anula el hambre y la sed; los soldados sumaban ya 48 horas sin probar rancho ni recibir medicamentos. Preocupados por la situación, a las 09:00 horas enviaron a tres mensajeros para ubicar al personal disperso y a los miembros de la Reserva, quienes presumiblemente estaban en las faldas del cerro. Los emisarios recorrieron el mismo camino de la tarde anterior con el fin de hallar al grupo bajo el mando del teniente de infantería Edwin Ramírez García "Marcelo" y a la Reserva.

Poco después, los mensajeros retornaron asustados y con resultados negativos. De inmediato, se envió a un segundo grupo de emisarios, quienes sí lograron localizar a varios dispersos entre oficiales, suboficiales y personal de tropa. Hacia las 11:00 horas, los soldados dispersos de diferentes patrullas se congregaron al mando del capitán de artillería Luis Alberto Cruz Ruiz "Joel", consolidando una fuerza de 86 combatientes. Por razones de antigüedad, el mando recayó en el mencionado capitán. Por disposición suya, el contingente permaneció sentado durante algunos minutos al borde de un acantilado, cerca de un riachuelo. Posteriormente, se dispersaron para ocupar diferentes sectores en formación circular, momento en que la mayoría aprovechó para descansar. En el lugar imperaba un exceso de confianza promovido por el oficial al mando, quien repetía con seguridad: "Los monos se han escapado con el rabo entre las piernas".

A las 11:45 horas de aquel lunes 13 de febrero de 1995, la tensa calma en la cota 1232 del Valle del Alto Cenepa se quebró de forma violenta. En la parte alta del acantilado, cerca del riachuelo, el sargento segundo Inocente Nicolás Vásquez Gonzales y catorce soldados se encontraban apostados en un sector que carecía por completo de cubiertas o abrigos naturales para su protección. Debido al exceso de confianza del oficial al mando, el enemigo sorprendió a las fuerzas peruanas totalmente desprevenidas. Tropas ecuatorianas dispararon cuatro granadas de mortero de 60 mm desde la cima del cerro ubicado en el sector este; los cuatro proyectiles impactaron directamente en la parte alta del acantilado, provocando llamaradas de fuego y un ruido ensordecedor. Esta situación originó un desorden parcial entre el personal peruano, cuya tropa reaccionó disparando sus fusiles en distintas direcciones y sin ninguna disciplina de fuego.

Ante el constante impacto de las granadas enemigas, los soldados corrían de un lado a otro por puro instinto, buscando esquivar las esquirlas para evitar ser alcanzados. En esos momentos críticos, se evidenció una falta de dirección por parte de los jefes de patrulla para replegarse o salir de la emboscada; la gran mayoría del personal se encontraba cuerpo a tierra. En medio del caos, el narrador permaneció de pie, adherido al grueso tronco de un árbol que lo protegía de los disparos enemigos que provenían desde su retaguardia. Desde esa posición, observó a sus inmediaciones y constató que la totalidad de los oficiales, suboficiales y jefes de patrulla permanecían cuerpo a tierra, cubriéndose con los troncos caídos.

Varios minutos después de iniciado el fuego, las fuerzas peruanas reaccionaron cuando alguien, desde otro sector, comenzó a disparar granadas de RPG hacia las posiciones ecuatorianas. El impacto de estos proyectiles —capaces de generar hasta 3000 grados de calor— sacudió el cerro donde se atrincheraban las tropas de Ecuador, desde donde comenzaron a escucharse lamentos y voces de dolor. Con esta contraofensiva, el personal peruano empezó a revertir paulatinamente la desventaja y a controlar la situación, demostrando que entre la tropa existían soldados de gran valor y, sobre todo, de notable serenidad, especialmente crucial dado que los artilleros ecuatorianos nunca variaron el reglaje, el ángulo ni la dirección de sus morteros.

En su condición de militar más antiguo en el sector del acantilado, el narrador reconoce que cometió el error de no despejar el área ni enviar al personal de tropa al otro lado del riachuelo. Sin embargo, la duda se justificaba por el escenario circundante: cruzar implicaba un peligro constante debido a la fuerte presencia de fusileros y francotiradores enemigos que disparaban ráfagas sin cesar, convirtiendo a ese sector en el punto más comprometido por la acción del adversario.

Los disparos en ráfaga de cientos de fusiles y ametralladoras de las tropas de Ecuador no causaron daño inicial al personal peruano, ya que los inmensos árboles que los rodeaban sirvieron como un escudo muy eficaz contra el armamento menor. Sin embargo, los cuatro morteristas enemigos continuaron disparando incansablemente hacia el mismo sector del acantilado. Fue allí donde las esquirlas de una granada de mortero de 60 mm impactaron gravemente al sargento segundo Inocente Nicolás Vásquez Gonzales, destrozándole el hombro derecho y el antebrazo, lo que le provocó un profuso sangrado. Mortalmente herido, el sargento caminó con dirección al riachuelo utilizando su propio fusil como bastón; en voz alta, pedía perdón a su madre por todo lo hecho en su vida y, con sus últimas fuerzas, exclamó dos veces: “¡Por el Perú estoy aquí, madrecita! ¡Perdóname por todo, perdóname, madre! ¡Viva el Perú! ¡Viva el Perú...!”. Segundos después, al ingresar en unas malezas, sus piernas cedieron y se desplomó, perdiéndose de vista entre los arbustos debido a las circunstancias del combate.

Los ataques continuaron con total intensidad. Durante cuarenta minutos, el narrador permaneció parado al pie del árbol grueso, una ubicación que lo protegía pero que le impedía responder el fuego hacia las posiciones ecuatorianas. Al evaluar el entorno, decidió correr ladera abajo hacia un árbol caído en posición horizontal en la mitad del acantilado para usarlo como nuevo abrigo. En ese trayecto, el impacto de cuatro granadas de mortero de 60 mm y sus ondas expansivas lo hicieron volar y rodar por la pendiente. Al caer con el fusil bajo el pecho, la palanca de armar le fracturó el quinto metacarpiano de la mano izquierda, incrustándosele además una astilla de madera de cinco centímetros en el dorso. Aturdido, intentó regresar a su posición inicial cuando una nueva tanda de cuatro granadas estalló; las esquirlas le impactaron en el omóplato izquierdo. Tras sentir un fuerte golpe y un ardor abrasador a la altura de la tetilla izquierda, comprobó con su mano que la esquirla grande había dejado un orificio en su espalda. La sangre caliente ya sobrepasaba el talón de su pie izquierdo, llevándolo al límite de la muerte por la gravedad de la hemorragia. Con el enfriamiento del plomo incrustado en su omóplato, su brazo izquierdo se adormeció por completo, provocándole un dolor intenso en la axila.

En medio del desconcierto y la intensidad del fuego, el narrador llegó a gritar hacia el cerro: "¡Somos peruanos, no disparen!", creyendo por error que se trataba de un fratricidio o fuego cruzado con tropas propias. Sin embargo, reaccionó al recordar que los soldados ecuatorianos utilizaban fusiles de calibre 5.56 mm disparados desde trincheras subterráneas —cuyas ráfagas reventaban con un sonido similar al de palomitas de maíz—, a diferencia del potente y característico estruendo del fusil FAL peruano de calibre 7.62 mm. La situación empezó a revertirse cuando uno de los combatientes peruanos comenzó a disparar un lanzacohetes RPG, lo que obligó al enemigo a silenciar sus morteros, fusiles y ametralladoras.

Aprovechando esa tregua momentánea, el narrador y cuatro soldados cruzaron el riachuelo a toda velocidad para iniciar un contraataque, pero la fusilería enemiga se reactivó desde múltiples flancos. Para salvar la vida, saltaron a un pozo profundo donde el agua le llegaba a la altura de la garganta. Ante el riesgo inminente de ser capturado o identificado, el narrador se deshizo de su cámara fotográfica, rollos de repuesto, su carné de identidad y mil ochocientos soles en billetes protegidos con plástico. Tras resistir veinte minutos arrinconados contra las rocas del pozo, y bajo el silbido de las balas que impactaban a medio metro de sus cabezas, el fuego cesó. Al salir del agua, hallaron el cuerpo sin vida del sargento Inocente Nicolás Vásquez Gonzales, tendido boca abajo con el hombro destrozado y el fusil bajo el pecho. El narrador volteó el cadáver a una posición de decúbito dorsal, colocó el fusil sobre su pecho y procedió a evacuar a los sobrevivientes. En total, reunió a 27 heridos con diversos impactos de esquirlas en la espalda y el vientre, quienes iniciaron una penosa retirada rampando de pozo en pozo a lo largo del riachuelo en dirección al Helipuerto Tormenta (cota 1274), donde se ubicaba el Puesto de Comando del Batallón Contrasubversivo N.° 28, liderado por el teniente coronel de infantería Julio Celestino Chaparro Beraún.

Al día siguiente, el martes 14 de febrero a las 10:00 horas, el teniente coronel Chaparro Beraún organizó una fuerza de rescate de 200 hombres con la misión de descender a la cota 1232 y recuperar el cadáver del sargento. Sin embargo, se dieron con la sorpresa de que las tropas de la Brigada de Fuerzas Especiales N.° 9 "Patria" de Ecuador ya habían tomado posiciones firmes en el sector del combate, impidiendo el paso con fuego cerrado de fusilería y granadas. Ante la resistencia, la patrulla peruana se vio obligada a replegarse por la misma trocha hacia el Helipuerto Tormenta. Alentadas por su avance, las tropas ecuatorianas iniciaron una persecución silenciosa empleando trajes de camuflaje especial Ghillie, pero fueron descubiertas por los vigías peruanos instalados en la parte alta. Desde allí, las fuerzas del Perú respondieron con todo su poder de fuego y granadas, obligando a los atacantes a huir arrastrando a sus propios muertos y heridos.

Tras este fallido intento de rescate en el fragor de la guerra, los restos mortales del sargento segundo Vásquez Gonzales quedaron atrapados en la hostilidad del terreno. Fue catalogado oficialmente como desaparecido en acción de armas; una condición que mantiene hasta el día de hoy, percibida por quienes combatieron a su lado como un doloroso olvido por parte de la institución militar y del propio Estado peruano.

Con la entrega de este busto y monumento, se rinde un tardío, pero imperecedero homenaje a su memoria, valor y sacrificio supremo por la patria.

viernes, 28 de diciembre de 2018

SO2 EP MIGUEL PINEDA RAMÍREZ JEFE DE LA PATRULLA "HUASCARÁN" TAYABAMBA PATAZ JULIO 1993

Durante el primer gobierno del ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori, en la primera semana del mes de julio del año 1993 se inicia el IX Censo Nacional de población y IV de vivienda, en esas fechas también el servicio de inteligencia informó que una columna subversiva del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso de cantidad no precisada se desplazaría desde la provincia de Tocache, departamento de San Martín, con destino a la provincia de Pataz por las zonas del distrito de Ongon para salir a la zona Sierra para impedir y ajusticiar al personal civil a cargo del censo nacional.

En la Base Contrasubversiva del distrito de Tayabamba, provincia de Pataz, el capitán con seudónimo "águila" me nombra para desplazarme con destino al distrito de Ongon al mando de la patrulla "Huascarán" conformado por 20 hombres de tropa SMO con la misión de emboscar y enfrentar al grupo subversivo del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, que según los informes de inteligencia se desplazaban con destino al distrito de Tayabamba y distrito de Buldibuyo, para realizar acciones armadas, propaganda política y ajusticiar al personal civil a cargo del censo nacional. 

EL día jueves 08 de julio de 1993, siendo las 08:00 horas, durante el verano serrano, una mañana soleado y cielo despejado, para cumplir la misión de combate, la patrulla "Huascarán" bajo mi comando abandonó la Base Contrasubversivo N° 323 del distrito de Tayabamba; en acción ofensiva nos desplazamos a pie con destino a las diferentes zonas del distrito de Ongón. Pasamos por el camino ancestral del caserío de Collay y luego doblamos la curva para llegar al caserío de Huanapampa.

El 8 de julio de 1993, en el caserío de Huanapampa, siendo las 09:00 horas, una señora que recién había llegado desde la provincia de Tocache, departamento de San Martín; viendo a la patrulla que pasaba por las inmediaciones del mencionado caserío, salió apresurada desde un inmueble ubicado en la parte baja del camino, se colocó delante de los hombres en punta y nos informó sobre el desplazamiento de una columna de 120 combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, este grupo subversivo había previsto su recorrido por las zonas del distrito de Ongón, por la ruta del caserío de Pampa Seca, caserío de Utcubamba y Puerta del Monte, para incursionar en los caseríos de Tayabamba, provincia de Pataz, para llevar a cabo acciones armadas. La dama campesina en todo momento nos suplicó, nos rogó para desistir la marcha, manifestando lo siguiente: Dijo, “Jóvenes no vayan, ellos son más que ustedes, en armas y personal, por favor no arriesguen sus vidas”, a pesar de esta información decidimos continuar la marcha, porque nos habían dado la misión de enfrentarlos ya sea emboscándolo o en enfrentamiento frontal para que el personal civil a cargo del IX Censo Nacional de población y IV de vivienda realice sus labores sin peligro. A pesar de las advertencias de la señora para desistir la marcha por la cantidad de subversivos bien armados, nosotros continuamos con la marcha a pie pues ya habíamos recibido la orden de la superioridad para enfrentarlos y no podíamos retroceder; ergo, proseguimos la marcha por el cerro que está al frente de este caserío, en la puna hemos caminado todo el día, en estos lugares ya no hay habitantes, solamente se ven ichus y pastos naturales propios del ande peruano, desde las altas punas bajamos para llegar a la puerta del Monte donde existe un tambo que viene a ser un pequeño inmueble con techo de calamina donde se hospedan los viajeros, en este lugar la patrulla Huascarán pernoctó el 8 de julio en la noche, todos de hambre, soportando el frio y los peligros de la naturaleza, gracias a Dios amanecimos sin novedad. Después de pasar la Puerta del Monte a lo largo del camino encontramos pequeños caseríos de gente humilde en su totalidad dedicados a la pequeña  agricultura y ganadería, no tienen servicio de agua, desagüe, ni electricidad, por el medio del valle cubierto de manto verde recorre un hermoso rio que lo conocen como el rio Mishollo.

El día 09 de Julio 1993, siendo las 06:00 horas, reiniciamos la marcha desde la Puerta del Monte con destino al caserío de Utcubamba. Desde la puerta del Monte se ingresa a un callejón que viene a ser una ruta troncal, por el medio se desplaza el río Mishollo de gran caudal, es el principal camino de herradura para los viajeros a las zonas de la Región San Martín y zona Sierra de la Región La Libertad. En el camino adornado de un manto verde como es normal el paisaje es muy hermoso, en el camino no se ven casas salvo en lugares conocidos al borde del camino se ubican algunos caseríos de poca población; eso sí, a los mochileros con droga se les encuentra a cada pasó, estos "traqueteros" desde muchos años han transitado por estos caminos con su cocaína sobre la espalda con destino al distrito de Urpay. El personal de tropa hambriento ingresaba a las chacras y conseguía principalmente plátanos y papayas, comiendo frutas y tomando agua sobrevivimos durante las horas del día, así avanzamos por este sendero de entradas y salidas con acantilados profundos que en algunas partes presentan mucho peligro; después de caminar por más de cinco horas siendo las 11:15 horas llegamos al caserío de Utcubamba, donde descansamos por lapso de 30 minutos. Desde el caserío de Utcubamba se realizó una marcha forzada con destino al caserío de Pampa Seca, en este tramo del camino no hay chacras ni frutas en las inmediaciones, por lo que personal permaneció de hambre, lo único que nos quedaba era alargar el paso pues se hacía tarde para llegar al ansiado caserío. Como en cualquier zona tropical durante las horas del día hace intenso calor, originando fatiga en el personal, pasamos por un lugar muy hermoso donde encontramos una hermosa catarata, es muy impresionante este bello paisaje, pasando la zona de la catara se nos presentó un camino angosto de pequeñas curvas de subida y nos condujo hasta el caserío de Pampa Seca, a donde llegamos siendo las 19:30 horas, hambrientos, extenuados y escaldados; desde sus humildes viviendas salen las personas mayores y los niños a curiosear, procurando enterarse con cierto disimulo de nuestra presencia, en esas circunstancias se nos presentó el Presidente de la Comunidad, a quien le pedimos alimentación y alojamiento, él sin dudas ni murmuraciones mandó preparar caldo de gallina y plátanos sancochado para todo el personal de la patrulla, después de la cena recién volvimos al estado normal. Para pasar la noche ocupamos la casa comunal, bajo este techo algunos comenzaron a descansar, mientras el servicio de primer turno siendo las 21:00 horas ocupó sus puestos, en estas situaciones para el jefe de la patrulla es preocupante las horas de la noche, pues uno no se pude confiar en una tropa cansada y el riesgo es constante, pero gracias a Dios amanecimos sin novedad.

El día 9 de julio de 1993, siendo las 11:00 horas, grupos subversivos de 120 hombres al mando del amarada Gerardo hacía su ingreso al distrito de Ongón, provincia de Pataz y pernoctaron en este distrito apoyado por el pueblo y las autoridades políticas. Cuando los combatientes subversivos entraron al distrito de Ongon, lo primero que hicieron fue ir a la iglesia donde en uno de sus paredes laterales blanqueado con yeso hicieron cuatro círculos de diferentes tamaños que les sirvió de blanco para los ejercicios de tiro con fusil y ametralladoras. La puerta del templo estaba bien asegurado con un candado muy antiguo. Los combatientes subversivos mandaron llamar a las autoridades, ordenaron abrir la puerta e ingresaron. El mando subversivo armado con un fusil AKM también llevaba en la cintura un temible puñal, y con el removió los cajones en el pequeño altar, los guerrilleros vieron que la santa Virgen Del Carmen no ostentaba de joyas ni riquezas en su vestimenta; por ende, admirando la sencillez de la imagen, dijeron, "esta santa es de los nuestros, es tan pobre que ni siquiera tiene capa". Delante de la imagen los guerrilleros algunos minutos permanecieron arrodillados y también rezaron, instantes que el mando subversivo se sacó su capotin de campaña  y se la colocó a la imagen como capa sagrada. 

En la primera semana del mes de julio de 1993, en el caserío de Huanapampa, según sus costumbres del mundo cristiano, las autoridades y el pueblo de humildes campesinos agricultores y ganaderos se preparaban para celebrar la fiesta patronal. Los días trascurrían sin malas noticias, en aquellos días rompiendo la tranquilidad había comenzado a circular rumores que la patrulla bajo mi comando había sido aniquilada por los combatientes del PCP Sendero Luminoso en el caserío de Pampa Seca, distrito de Ongon. Por la falsa información que había hecho circular los subversivos “trabajo sicosocial”, la gran mayoría de habitantes de este pequeño caserío permanecieron muy triste, donde algunos también lloraron. Escuchando el rotor de los helicópteros sobre el cielo de la provincia de Pataz, muchos pensaban que la nave estaba trasladando los cadáveres de los soldados con destino a la ciudad de Huamachuco, en esos momentos también la señora que había impedido mi desplazamiento, sollozando decía: “Les recomendé, les recomendé, para que no vayan y no me hicieron caso”. Los elementos de inteligencia de los subversivos hicieron circular falsa información para generar miedo en la población.

El día sábado 10 de Julio permanecimos en el pequeño caserío de Pampa Seca, decidimos permanecer en el mismo lugar para recuperarnos del cansancio, era un día soleado y reinaba la tranquilidad, los pobladores a pesar de su pobreza nos apoyaron con abundante comida; en esas circunstancias siendo las 15:00 horas una columna de combatientes del Partido Comunista de Perú Sendero Luminoso, había llegado hasta la esquina del lado norte, a 80 metros de distancia, ahí ellos se enteran que la patrulla del Ejército se encontraba en Pampa Seca y como es normal ellos retroceden silenciosamente y se esconden en el monte enviando tres vigías a las faldas del cerro y desde este lugar nos habrían observado, la tropa que estaba bien alerta a estas situaciones me informó de hombres sospechosos con vestimenta negro en el cerro y como tenía un aparato óptico (binocular) constaté a las tres personas quienes durante 15 minutos permanecieron sin armas, luego, no le dimos la debida importancia. Siendo las 15:40 horas aparecen 15 individuos jóvenes de 20 a 28 años edad aproximadamente y me dijeron que eran profesores del caserío de San Francisco y me proponen para jugar un partido de fulbito en la pequeña "canchita" de este caserío y además como bienvenida querían invitar a la patrulla 2 cajas de cerveza y algunos licores más, constantemente me preguntaban si habían otras patrullas y de la cantidad de la tropa, en ese momento mi sexto sentido comenzó a funcionar bien, les engañé diciendo que atrás venía un capitán con 50 hombres y que estaban por llegar y además les dije que el día de mañana llegará un helicóptero con las Fuerzas Especiales para realizar un gran operativo, ante mi respuesta se quedaron muy asustados y me dijeron: “jefe nosotros pensamos que ustedes eran los únicos, si viene otros no se podrá jugar, mejor nos retiramos”, y se fueron, hasta ahí nadie de la patrulla se imaginaba que estos eran combatientes del PCP Sendero Luminoso, los terrucos casi me sorprende, pienso que la gente civil si sabía de la presencia de los senderistas, pero se callaron. Esa noche los campesinos del caserío de Pampa Seca en su totalidad desaparecieron, entonces les pregunté a los niños por sus padres, quienes me dijeron que se habían ido a la chacra ¿a la chacra de noche para qué? entonces presentí algo malo y tomé las medidas de seguridad del caso y por ende amanecimos en alerta total. Ubiqué a la tropa en grupos de tres en diferentes lugares, había tropa dentro de las casas, había tropa detrás de las pircas, había tropa en la puerta de la pequeña iglesia. Todos tenían su sector de tiro en caso de un ataque.

El día domingo 11 de julio, siendo las 10:00 horas en una curva al pie de un morro ubicado entre el caserío de Pampa Seca y el distrito de Ongon, 120 combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso al mando del camarada Gerardo me habían tendido una emboscada, yo pasé con mi patrulla por delante ellos a 50 metros de distancia, no sabíamos que ellos estaban ahí y mi patrulla se fue a paso largo hasta el distrito de Ongon. Siendo las 13:00 llegamos a este bello distrito, donde las autoridades brillaron por su ausencia, ninguna autoridad se nos presentó, toda la población permaneció en total silencio e indiferente ante nuestra presencia, pienso que les éramos totalmente incómodos; por ende, inmediatamente informé al Puesto de Comando del Batallón Contrasubversivo N° 323 acantonado en el distrito de Huamachuco, les informé a través de las ondas del equipo de radio de Alta Frecuencia Thomson TRC 372, detallando que toda la población se mostraba indiferente y las autoridades políticas no se encontraban en este distrito o adrede se habían escondido  ante nuestra presencia y que no había rancho ni alojamiento para el personal; como respuesta a mi informe radial me ordenaron para replegarme inmediatamente al caserío de Pampa Seca. Pero aquella tarde había alta radiación solar, motivo por el cual nos sentamos bajo la sombra de los árboles en la parte posterior del templo, lugar donde coordinamos posponiendo el retorno para las 18:00 horas, en esas horas de la tarde siendo las 16:00 horas se nos presentó una lluvia infernal que no paró hasta las 23 horas, impidiendo el desplazamiento por lo que decidimos quedarnos ahí toda la noche, de esta manera la naturaleza al azar evitó el enfrentamiento y derramamiento de sangre. Si me hubiera desplazado en las horas de la tarde con destino al caserío de Pampa Seca, con total seguridad me enfrentaba a las huestes del camarada "Gerardo" de 120 combatientes bien armados que en esas horas ya descansaban en este humilde caserío ocupando el mismo local comunal que mi patrulla en horas de la mañana había abandonado. ¿porque decidimos quedarnos bajo la sombra de los árboles, aduciendo mucho calor?, ¿porque la lluvia no paró hasta las 23:00 horas?, no habrá sido un milagro de la santa Virgen del Carmen patrona de este distrito que de esta manera evitó una matanza entre hermanos, han pasado 25 años, aún sigo pensando en este caso sin respuesta, ¿fue un milagro?. Aquella madrugada en el mismo sitio, sentado al pie del árbol por varias horas soñé mucha sangre en el camino de retorno al caserío de Pampa Seca y un hombre muy humilde iba limpiando el "camino ensangrentado" y la sangre se borraba, en esas circunstancias siendo las 04:00 horas me desperté muy asustado, en el acto me levanté, procediendo a verificar a los centinelas que se encontraban despiertos en sus puestos, gracias a Dios todo estaba sin novedad.   

El día 12 de julio, siendo las 06:00 horas, iniciamos el retorno con destino al caserío de Pampa Seca, ya estábamos casi 24 horas sin alimentos (sin rancho ni provisiones). Aquella maña cuando procedimos abandonar el distrito de Ongón ningún civil ni autoridades políticas se nos presentaron para la despedida. Por ende, los tres hombres en punta iniciaron la marcha dentro de un paisaje de manto verde con aires de paz y total tranquilidad; en el camino no se veía ni un viajero en ambas direcciones, entonces entre mí dije: ¿Que raro ahora no hay ni viajeros?. Después de cinco horas de marcha a paso lento, siendo las 11:00 horas retornamos al humilde caserío de Pampa Seca de escasa población de gente muy humilde y de extrema pobreza, ellos son pequeños agricultores de plátanos, yuca, maíz, fréjoles, ají y otros. A mi arribo inmediatamente se me presenta el presidente del caserío quien todo asustado me decía: “Jefe recién se han ido, jefe recién se han ido”, a quien le pregunté ¿dime, quienes se han ido recién? y contestó “los de Sendero Luminoso, los de Sendero Luminoso; jefe están bien armados, dicen que la columna lo conforman dos ex sargentos reenganchados y 30 licenciados del Ejército, recién han volteado la curva, esas pintas sobre las piedras lo pitaron hace media hora. Ante esta inesperada información, nuevamente puse en funcionamiento el equipo de radio de Alta Frecuencia Thomson TRC 372, esta vez informé directamente al G-3 (Operaciones) de la 32ª División de Infantería con sede en la ciudad de Trujillo. Le informé todo detalladamente vía las ondas de radio frecuencia y como respuesta me aconsejaron esperar el refuerzo de un oficial con 20 hombres de Tropa que en breve saldría en helicóptero. Aquella tarde, se nos presentó ligera llovizna en toda la zona, el cielo se nubló por completo; por ende, por las condiciones meteorológicas adversas la nave no pudo ingresar al caserío de Pampa Seca, el helicóptero Ruso MI 8 pasó sobre las nubes. En la curva que está al pie del local comunal del caserío un par de sargentos comenzó detener a todos los viajeros que en su mayoría se desplazan a pie con sus mochilas sobre la espalda con destino al distrito de Ongon, San Francisco y alrededores, ellos fueron sometidos a un riguroso interrogatorio, los mismos que nos informaron manifestando que los combatientes del PCP Sendero Luminoso se encontraban bien atrincherados en un puente próximo al caserío de Utcubamba; el día 13, los viajeros nos informaron que los subversivos se encontraban descansando en el caserío de Utcubamba.

El día 15 de julio, el cielo amaneció totalmente despejado, siendo las 10:15 horas apareció el helicóptero MI 8, mi admiración y respeto para el oficial piloto que guió a la nave a este valle profundo y muy angosto, se fue hasta las profundidades y posó sobre una chacra de plátanos donde la tropa saltó con sus armas y mochilas. La patrulla de refuerzo llegó al mando del subteniente de infantería Reynaldo López Palomino, ellos subieron y me reuní con este oficial sin experiencia de combate. Después de unas coordinaciones, siendo las 11:00 horas iniciamos la persecución a la columna guerrillera del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso de 120 combatientes. La patrulla "Huascarán" bajo mi comando, conformado por 20 hombres de Tropa, muy experimentados en patrullajes sobre todo en los andes, tomando todas las medidas de seguridad del caso, inició el desplazamiento como elementos de vanguardia con destino al caserío de Utcubamba. El grupo subversivo que también estaba al tanto de nuestros movimientos habría recibido información del refuerzo de las patrullas, pues ya no se podía ocultar nada, la constante presencia del helicóptero en la zona habría creado en ellos sospechas de un posible plan de cerco; por ende optan por abandonar el caserío de Utcubamba. El día 14 de julio, el grupo subversivo empleado sus propias tácticas de guerra, siendo las 20:00 horas, aprovechando la oscuridad de la noche para evitar ser bombardeados se desplazaron hacía la Puerta del Monte.

El 15 de julio, siendo las 17:00 las patrullas del Ejército de 42 hombres ocupan el caserío de Utcubamba, donde recibimos la información que los 120 combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso ya se encontraban atrincherados en la Puerta del Monte, en su mayoría son jóvenes bajo el mando del "C" "Gerardo.

El día 16 de julio, siendo las 07:00 horas, una mañana con cielo despejado, soportando los rigores del hambre por más de 48 horas, reiniciamos la marcha con destino al paraje conocido como la "Puerta del Monte". Avanzamos tomando todas las medidas de seguridad del caso en vanguardia, los flancos y retaguardia. Después del mediodía cuando la patrulla bajo mi comando se encontraba aproximadamente a un kilómetro de distancia de la Puerta del Monte, los hombres en punta ya no querían avanzar, avanzaban 100 metros y solicitaban ser relevados, algunos se quedaban echados y otros sentados, aduciendo estar muy cansados se negaron avanzar; ante tal actitud del personal de Tropa estando próximo al enemigo como es normal les increpé a todos. Los campesinos viajeros nos habían informado que los subversivos nos esperaban en la Puerta del Monte; por ende, adrede, el personal de Tropa quería ver mi reacción, querían que les demuestre mi valor; pues bien, demostrando valor me coloqué delante de ellos, es decir en mi condición de comandante de Patrulla me puse como hombre en punta. Inicie el desplazamiento confiado en Dios y en mi fusil FAL "mochito" que nunca me había fallado, con este fusil varias veces maté a los gavilanes en pleno vuelo a más de 400 metros de altura, dispar con este fusil era tiro seguro, le puse el nombre de "mochito" por qué la manivela de la palanca de armar estaba rota, solamente tenía un tetoncito que servía para jalar la palanca para cargar el cartucho en la recamara del fusil. Cuando inicié el desplazamiento se me adelantaron por lejos el perro "cuto" y las perras "cucurucha y blanca", estos animales que formaban como parte de la patrulla atacaba con bravura a todo extraño y nos alertaba de todo peligro. Confiado en estos animales caminé por un camino empinado de curvas cerradas, seguido por el personal de tropa a 300 metros de distancia. Al subir las últimas curvas me coloqué detrás de una piedra, donde permanecí como cinco minutos meditando, luego decidí avanzar a paso largo aproximadamente 500 metros hasta que logré salir de la selva, colocando mis pies en la Puerta del Monte siendo las 13:45 horas. Como para bajar la tensión acumulada solté ráfagas de disparos como señal de mi llegada, liberando de esta manera la tensión acumulada de largas horas. Este lugar es el límite entre la zona andina y la selva, en las inmediaciones existía dos chozas donde vivía un campesino a quien le sorprendí con dos piernas de toro, costillas y dos cabezas, cuando le pregunté al respecto, me dijo lo siguientes: "Jefe, ayer los compañeros llegaron antes del mediodía, la mayoría permaneció en las trinchera que está en las partes altas, ellos les espero para una emboscada, mientras en la pampa para alimentar a su personal fusilaron dos toros de gran tamaño de cinco años cada uno y han comido harta carne hasta saciarse, pasaron la noche aquí en las inmediaciones, pero ante la constante presencia del helicóptero permanecieron muy indecisos y hoy en la mañana siendo las 11:00 horas optaron por retirarse con destino al caserío de Pachacrahua, recién acaba de voltear aquel cerro del frente, dicen que sus combatientes son 120 hombres, además tienen personal leñador, cargador de medicamentos". Finalizado la conversación con el campesino me percato que en las inmediaciones del lugar todo mi personal se había ubicado como para entrar en acción de combate, se encontraban en cubiertas y abrigos, por la parte baja, así como por la parte alta del cerro. En estas situaciones uno tiene que dudar hasta de la sombra; por ende, se realizó reconocimientos sobre todo en algunos sectores en la parte alta del cerro, en ese momento también el campesino me juraba de su información inicial, dijo: "jefe no te preocupes, te doy mi palabra, los senderistas ya están a la vuelta de aquel cerro, posiblemente ya estarán bajando con destino al caserío de Pachacrahuay, eso sí están bien armados, pero con poca munición". En ese momento tomando todas las medidas de seguridad del caso le ordené a todo el personal de tropa a bajar y reunirse en las inmediaciones de la choza. Como consecuencia del hambre de más de 48 horas, en las inmediaciones de la choza el personal de Tropa comenzó a cocinar la carne sobrante de los "terrucos", carne de res medio crudo cominos en caldo y asado en las piedras, pero todos quedamos muy satisfechos, que luego en el camino nos dio mucha sed por haber consumido carne salada y con mucha grasa.

Siendo las 15:00 horas, el subteniente López Palomino Reynaldo  llegó con su patrulla, en el camino habían confiscado una mula, en este animal habían cargado las mochilas de su personal, el equipo de radio Thomson TRC 340, borceguíes de la Tropa y otras cosas más, también habían robado dos gallinas, este personal en vez de borceguíes se había puesto ojotas de jebe y otros usaban zapatillas, posiblemente robados a los campesinos viajeros, muchos cojeaban y presentaban en sus pies ampollas que por el largo trajinar se habían convertido en heridas sangrante, hasta el mismo oficial caminaba con mucha dificultad por las heridas y cansancio, en ese momento le dije: Mi subteniente me iré adelante porque ya les esperé como tres horas, además ya no hay peligro y me desplacé con destino al caserío de Huanapampa que en esos momentos celebraba su fiesta patronal. En este tipo de patrullajes existe muchos casos sobre todo con la tropa de la selva "charapas", este personal quiere comprobar el valor del  oficial o suboficial que les comanda, ellos quieren ver el accionar del mando, como es obvio si les demuestras este personal siempre te seguirá con lealtad.

Desde el paraje conocido como la Puerta del Monte, siendo las 15:10 horas iniciamos el repliegue con destino al caserío de Huanapampa, el personal de Tropa me decía lo siguiente: "Mi suboficial hay fiesta en el caserío de Huanapampa, ahí nos invitaran comida en abundancia y harta chicha de jora". Desde la Puerta del Monte hay un camino ascendente hacía la parte alta de la puna, en este paraje en las partes altas encontramos trincheras de los subversivos hechas de piedra, a una de esas trincheras disparé una granada de fusil Strin que al momento del impacto origino una gran explosión; en ese momento el subteniente de infantería López Palomino Reynaldo habría estado en la choza de los campesinos mandando preparar su suculento caldo de gallina y su personal de Tropa habría estado descansando plácidamente, pero fueron sorprendidos por la gran explosión, por ende rápidamente se habían colocado sus mochilas y cogieron sus fusiles, ellos pensando que habían emboscado a la patrulla bajo mi comando, reaccionaron bien, corrieron, otros por el camino, otros por la parte baja donde había una pampa pantanosa, y lo más triste según la versión de los soldados de la patrulla del oficial, habían dejado la olla del caldo de gallina hirviendo, dejaron la mula cargado con los borceguíes de la tropa, dejaron una batería del equipo de radio Thomson TRC-340, pero ya no nos alcanzaron, pues el personal de mi patrulla ya se encontraba en la parte alta. Caminar en este lugar es solo para los hombres de Infantería de a verdad, caminado 15 a 20 metros nos quedábamos "clavados" en el camino totalmente extenuados, en las piernas, en la parte posterior de las rodillas ya no había fuerza, que interminable fue el camino en esta subida en plena puna, así subiendo lentamente llegamos a la parte alta del cerro, un paraje totalmente desolado de frío intenso, donde descansamos durante 20 minutos. Desde este lugar todo el camino es en bajada hasta el caserío de Huanapampa que se encontraba de fiesta patronal, donde llegamos siendo las 19:30 horas, inmediatamente se nos presentan las autoridades y al vernos se quedaron totalmente absortos, algunos curiosos preguntaban si habían muertos, a mí se me presentó una chica estudiante de pedagogía de Tayabamba y me decía “suboficial todos comentaban diciendo que habías muerto, gracias a Dios te veo vivo” y me abrazó. En esos momentos las autoridades nos conducen hacía el local comunal, donde nos invitaron abundante comida y chicha de jora a todo el personal de la patrulla; además, para pasar la noche nos prestaron pellejos de carnero y frazadas fabricados por los mismos campesinos con lana de oveja. Aquella noche dormí en la puerta de la pequeña iglesias sobre los pellejos de carnero, la iglesia que vemos en la presente fotografía está igual como de hace 25 años, en nada ha cambiado. Siendo las 21:00 horas el servicio de primer turno ocupó sus puestos en puntos estratégicos, el servicio de reten descansó dentro de una pequeña sala de un inmueble al frente de la iglesia y el personal de la reserva descansó en un inmueble que se encontraba por la salida. Aquella noche para engañar al enemigo permanecíamos dispersados por turnos para evitar sorpresas de los grupos subversivos. Durante 10 días consecutivos permanecimos de patrulla, la mayoría de los días permanecimos de hambre, en aquellos tiempos los Generales delincuentes del Ejército a manos llenas robaron los viáticos del personal de patrullas del Ejército en complicidad con el Comandante del Batallón Contrasubversivo N° 323 acantonado en el distrito de Huamachuco. 

sábado, 22 de diciembre de 2018

GENERAL MIGUEL IGLESIAS PINO DISUELVE EL EJÉRCITO DEL NORTE TRAICIONANDO LA RESITENCIA JULIO 1882

La sola aproximación de las dos divisiones chilenas provocó en el General Miguel Iglesias la renuncia inmediata a la guerra de resistencia que dijo proseguir durante los últimos días del mes de julio de 1882. Finalizado la batalla de San Pablo ordenó la dispersión de sus tropas y así se disolvió el llamado Ejército del Norte, sin presentar combate contra el invasor. Ante un jefe tan indeciso, no cabe duda que se desmoronó la moral de los soldados, y apenas un centenar de ellos permaneció a su lado, como escolta del grupo colaboracionista con los chilenos que había decidido la rendición incondicional. Hubo, al parecer opinión de un sector de la oficialidad para efectuar una retirada en orden hacía Chachapoyas, pero el proyecto fue desechado por el General Miguel Iglesias, que ordenó inmediato licenciamiento de todas sus tropas y además ordenó enterraran los fusiles y las municiones en las chacras y iglesias de Chota y Cajamarca. El líder de los pacifistas provocó que el enemigo desatara impunemente su barbare sobre las indefensas poblaciones chotanas y cajamarquinas. 

El 3 de agosto, la división del coronel Carvallo Orrego emprendió marcha desde el distrito de San Pedro de Lloc, provincia de Pacasmayo con la misión de unirse con la división que conducía el coronel Silva Vergara desde la ciudad de Guadalupe, ambas divisiones había previsto unirse en San Pablo, Cajamarca. Los pueblos del tránsito, Yanan, San Luis y otros, fueron destruidos e incendiados, porque a juicio de los invasores habían proporcionado hombres, víveres, armas y toda clase de elementos al General  Miguel Iglesias Pino que hasta ese momento aun peleaba contra ellos. 

El día 5 de agosto de 1882 ambas divisiones del ejército invasor convergieron en San Pablo, acampando hasta el día siguiente. Al mismo tiempo el General Miguel Iglesias procedía a evacuar la ciudad de Cajamarca, dejando clara huella de que abandonaba por completo la posibilidad de intentar la resistencia. A fin de facilitar la fuga, escribiría un cronista chileno lo siguiente: "Habían enterrado los fusiles y cañones sobre todo gran cantidad de municiones en una hacienda situada a cuatro leguas de la ciudad, luego habían huido con dirección al interior". Y no sólo eso, porque también dejó en Cajamarca a doce chilenos que cayeron prisioneros en la batalla de San Pablo, entre ellos el teniente Salgado. Carvallo, nunca imaginó que Miguel Iglesias dispersaría su ejército sin disparar un solo tiro. 

El día 7 de agosto, al tiempo que los chilenos salían de San Pablo, el General Miguel Iglesias marchaba rumbo al fundo Combayo, situado a diez leguas de la ciudad de Cajamarca. Ante la traición de sus lideres en la tarde del 8 de agosto de 1882 la ciudad de Cajamarca fue capturada por los chilenos sin la menor oposición. Carvallo, envalentonado por el inesperado suceso, escribió en el parte a Patricio Lynch lo siguiente: "Siendo las 16:00 horas, entramos tranquilamente por las calles de la ciudad de Cajamarca".

PURRUMPAMPA HUAMACHUCO PROVINCIA JOSÉ F. SÁNCHEZ CARRIÓN LA LIBERTAD PERÚ

La llanura de Purrumpampa es el escenario histórico donde se libró la batalla de Huamachuco el 10 de julio de 1883. Hoy en día, la batalla que enfrentan las autoridades locales en este lugar es contra la invasión de tierras y la contaminación ambiental. El incremento de componentes nocivos —químicos, físicos y biológicos— es alarmante, y ha sido provocado en gran medida por la propia municipalidad distrital al convertir el área en un botadero de desmonte y basura.

A este problema se suma la contaminación diaria de la minería informal a tajo abierto en el cerro “El Toro”, la cual pone en peligro la biodiversidad y la vida de los habitantes de la ciudad. El auge de esta actividad extractiva ilícita ha generado una fuerte ola migratoria hacia el distrito de Huamachuco; estos nuevos residentes, en presunta alianza con políticos locales corruptos, han invadido gran parte de este sagrado e histórico espacio. Ante esta crisis, la inacción de las autoridades actuales y precedentes demuestra una preocupante ignorancia en materia de gestión ambiental.

A pesar de que la llanura de Purrumpampa fue reconocida en 1960 como Patrimonio Cultural de la Nación y declarada zona intangible en 2017, su protección legal no se traduce en la realidad. Por ello, resulta urgente que el equipo técnico del Ministerio de Cultura realice la delimitación oficial de Purrumpampa y de los cerros Sazón, Santa Bárbara y Cuyulga. De lo contrario, la proliferación de invasores terminará por desaparecer estos invaluables monumentos históricos en los próximos años.