miércoles, 24 de julio de 2019

HELIPUERTO TORMENTA COTA 1274 ALTO CENEPA AMAZONAS EN MIS RECUERDOS DE SIEMPRE FEBRERO 1995

Bajo el Manto del Cenepa: Las Horas en la “Ye” y la Cota 1274.- El sábado 11 de febrero de 1995 amaneció despacio en el sector La “Ye” en distrito de Cenepa, provincia de Condorcanqui en Amazonas. Sentados al pie de árboles colosales, contemplábamos la neblina densa que parecía abrazarse con furia a la vegetación de los cerros. El ambiente estaba saturado de una humedad que se metía en los huesos. Llevábamos más de un día sin probar rancho y carecíamos de medicamentos. El uniforme, que ya no recordábamos cuándo había estado seco, se nos pegaba al cuerpo, y nuestras botas estaban sepultadas bajo una costra pesada de barro selvático. Lo único que jamás se soltaba era el fusil FAL, aferrado a la mano como una extensión del propio cuerpo.

Las noches previas habían sido una prueba de resistencia. Dormíamos sobre colchones improvisados con hojarascas caídas, cubiertos apenas por ponchos de jebe y plásticos desgastados, soportando el embate del oscuro cerrazón de la selva. En medio de aquella penumbra y desamparo, yo me encomendaba a una pequeña cruz que había fabricado días atrás; dos simples astillas de madera unidas por la tira de un plástico viejo. Mirarla era mi forma de aferrarme a Cristo.

Desde las primeras luces del día, el rugido de la guerra rompió la calma. Soportamos el incesante hostigamiento de los lanzadores múltiples BM-21 de 40 bocas y las incursiones de la aviación ecuatoriana. Sin embargo, el enemigo disparaba a ciegas. Aquellos proyectiles lanzados desde las cotas altas de Cóndor Mirador, Coangos y Banderas estallaban por centenares en las faldas de los cerros circundantes, pero sus efectos se disolvían inútiles entre la resistencia de la indomable vegetación.

A eso de las nueve y media de la mañana, los primeros rayos del sol rasgaron el manto verde, calentando el aire húmedo. Con la luz, la cruda realidad del combate comenzó a materializarse bajo la sombra de las copas. Desde la dirección del Helipuerto Tormenta, apareció un grupo de soldados descalzos. Con paso pesado y rostros exhaustos, transportaban en una camilla rústica el cuerpo inerte de un compañero caído, mientras otros grupos evacuaban a los heridos hacia la Unidad Quirúrgica Médica que operaba entre la maleza. Eran muchachos de diecisiete a veinte años, reclutas del Servicio Militar Obligatorio llegados de la costa, la sierra y la selva. Jóvenes humildes que, con su sangre, estaban sellando una frontera para que las generaciones del futuro no tuvieran que marchar jamás hacia una línea de guerra.


La preocupación flotaba en el ambiente como la misma humedad. Al conversar con los suboficiales del Batallón Contrasubversivo Nº 314 de Huánuco —quienes ya arrastraban más días de brega en este infierno—, la realidad se desnudaba sin rodeos: los ecuatorianos nos habían superado en el control del espacio aéreo. La pérdida de nueve de nuestras naves, entre ellas cinco helicópteros, pesaba en el alma del combate. Nuestra defensa contra el cielo dependía de los viejos misiles tierra-aire Strella de 1970; un armamento de procedencia rusa que ya padecía de obsolescencia técnica ante la modernidad de los misiles Igla que el Ecuador había adquirido en Israel.

Aquel día, el Batallón Contrasubversivo Nº 28, integrado en su totalidad por aguerridos soldados nativos de la selva peruana, alcanzó la Cota 1274, el estratégico Helipuerto Tormenta que los ecuatorianos llamaban Base Norte. Nos desplegamos a la izquierda del Batallón 314. La tarde cayó hermosa, cálida y de una placidez casi irreal. Las cumbres, coronadas por un manto verde, descansaban bajo los últimos rayos del sol, mientras una densa neblina blanca dormía inmóvil en las quebradas. Era un paisaje que inspiraba una paz profunda, una tregua para el espíritu.

Me recosté sobre la tierra seca y apunté mis binoculares hacia la cresta de la Cordillera del Cóndor, en la Cota 1666. Allí, el Puesto de Vigilancia Coangos de Ecuador dominaba con absoluta ventaja todo el valle del Cenepa. Vi su bandera ondear al viento y a sus soldados caminar con tranquilidad. En ese silencio, las preguntas comenzaron a taladrar mi mente: ¿Por qué no se bombardeaba esa posición enemiga? Desde esa altura, ellos poseían el dominio total del terreno y el emplazamiento perfecto para sus armas de largo alcance, sus obuses y aquellos temibles lanzadores múltiples.

El silencio de la tarde empezó a diluirse mientras el grueso del personal terminaba de acondicionar el Puesto de Comando Avanzado. Los muchachos buscaban abrigos y cubiertas entre la maleza para pasar la noche, agrupándose para hablar de lo de siempre: el rancho que escaseaba. De pronto, a las 17:20 horas, el grito desgarrador de la tropa quebró la calma:

—¡Avión! ¡Avión! ¡Avión!

A lo lejos, el rugido sordo de un motor subsónico A-37 ecuatoriano rasgó el cielo. No había tiempo para más que encomendarse a Dios. Corrimos en silencio hacia los refugios improvisados, sabiendo con desesperación que aquellas ramas y troncos solo protegían de las balas de fusil, pero eran inútiles ante un bombardeo. Ya conocíamos el horror y el pánico que causaba una bomba de trescientos kilos.

En medio de la urgencia, logré divisar a un Técnico de la Fuerza Aérea del Perú. Salió a toda velocidad de su trinchera cargando al hombro el pesado tubo del Strella. Con una agilidad asombrosa, trepó a lo alto de un árbol, buscando un claro entre las copas para dominar el horizonte. El avión enemigo redujo su velocidad sobre nuestras cabezas y soltó dos bombas que pasaron de largo, estallando sucesivamente al otro lado del cerro. Sintiéndose victorioso, el piloto emprendió la retirada.

Fue cuestión de segundos. El tirador peruano, firme en las alturas, liberó el misil. El cohete salió eyectado con un rastro de fuego directo hacia la nave. En mi mente el grito de victoria ya estaba contenido: “¡Ya se jodió, carajo! ¡Ya lo pescó!”. Pero el piloto ecuatoriano, en una maniobra límite, hizo zigzaguear su aeronave repetidas veces y logró esquivar el impacto. El misil perdió el rastro, se desvaneció en el aire y se fue de picada a estallar al fondo de la quebrada. Por el puro susto del encuentro, el avión se fue hacia el fondo del valle de forma desesperada y luego para levantar vuelo para desaparecer tras el perfil de Coangos. Aquella nave se salvó por milagro, pero el enemigo se llevó una lección clara: nuestra defensa antiaérea estaba despierta, lista para blindar el avance de nuestra gloriosa infantería entre la espesura.

Una hora más tarde, a las 18:20, un segundo avión cruzó la misma ruta. Esta vez volaba más alto, quizá a dos mil metros, y a una velocidad endiablada. Soltó sus bombas lejos, dejando solo el eco de las explosiones antes de perderse en Coangos. Abajo, los tiradores lo esperaron con el dedo en el disparador, pero la velocidad y la altura impidieron que entrara en la zona de captura del misil. No se efectuó el disparo, pero en la Cota 1274 la determinación seguía intacta bajo la noche que empezaba a devorarse la selva.

El Abandono del Estado a las Fuerzas Armadas Descubierto en la Selva

El Batallón Contrasubversivo Nº 28 de Rioja marchaba con la desventaja escrita en el cuerpo. Su tropa, conformada en su totalidad por muchachos nacidos y criados en la selva peruana, vestía uniformes desgastados que apenas resistían el rigor del monte. En las manos cargaban fusiles FAL de los modelos 1958 y 1969; armas repotenciadas a la fuerza que ya mostraban las cicatrices del mal estado. No hubo para ellos una sola dotación de cascos de acero. Las fornituras y las cananas, roídas y deshilachadas, arrastraban el deterioro de los patrullajes incesantes en las Zonas de Emergencia, donde esos mismos jóvenes ya habían combatido a las huestes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso.

Faltaron las provisiones. El apoyo oportuno con raciones de campaña jamás llegó a la Cota 1274, pero aquellos jovenes del Servicio Militar Obligatorio poseían una ventaja que ningún manual militar podía enseñar: estaban acostumbrados a la vida en el monte. Soportaron el hambre, el frío y el desamparo con la misma firmeza con la que se camina sobre la hojarasca. Demostraron ser combatientes formidables, capaces de superar cualquier obstáculo en la línea de fuego. En el frente nadie flaqueaba; los que fallaban siempre eran los que permanecían ocultos detrás del soldado. La clase política del país, en su condición de mando supremo de las Fuerzas Armadas, cargaba con la responsabilidad directa de aquel abandono.

En aquellos tiempos de zozobra, la deslealtad también vestía uniforme de gala en la capital. Mientras la tropa ponía el pecho en el Cenepa, los altos mandos del Ejército —generales que traicionaron el honor de sus subordinados— se dedicaban a robar las propinas y el racionamiento de los combatientes, hundidos en un lodo de corrupción y escándalos mediáticos. Abajo, en la primera línea de la patria, los subalternos sostenían la soberanía con armamento obsoleto, sin chalecos, sin cascos y con los estómagos vacíos desde el primer día en que pisaron la zona de guerra.

Cuando los cañones por fin se callaron y el conflicto llegó a su término, los muchachos del Batallón 28 salieron de la espesura con los rostros amarillentos por las fiebres y un excesivo bajo de peso que delataba las semanas de privaciones. Pero para la Tropa del SMO no hubo un solo día de descanso, ni permisos, ni abrazos familiares de bienvenida. Inmediatamente después de abandonar el barro del Valle del Cenepa, todos fueron reembarcados hacia sus respectivas Bases Contrasubversivas. Volvieron al silencio de los valles y a las alturas andinas, sin transición alguna, para continuar la otra guerra pendiente contra el terror del PCP Sendero Luminoso. Habían salvado la frontera, y ahora debían seguir salvando al país.

domingo, 14 de julio de 2019

TRIBUTO DE SANGRE: EL OLVIDO DEL ESTADO AL HUMILDE SOLDADO QUE OFRENDA SU PRECIADA VIDA EN EL PERÚ

"El Tributo de la Sangre de los soldados de estrato social pobre: Desigualdad Social y el Olvido del Estado al Soldado en el Perú".- En la guerra del frente interno, la clase política tradicional —aquella que históricamente ha defendido los intereses de las potencias extranjeras y de los grandes potentados— ha enviado tradicionalmente al matadero a los jóvenes de los estratos sociales más vulnerables. Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿dónde están los verdaderos beneficios para el personal de tropa, aquellos pacificadores del país que combatieron con denuedo contra los grupos subversivos del PCP Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, entre los años 1980 y 2000?

Por otro lado, en la guerra del frente externo queda en evidencia que, cuando los diplomáticos fracasan, los políticos recurren de inmediato a los soldados. Sin embargo, una vez finalizado el conflicto, los gobernantes de las naciones en pugna se reúnen, se abrazan, sonríen, comparten banquetes y se preguntan hipócritamente por qué pelearon si en el fondo son hermanos. Al concluir la contienda, los presidentes pasan a las páginas de la historia con el rótulo de pacifistas, mientras que los humildes soldados —por el hecho de no ser hijos de los grandes potentados— son condenados al olvido. Para ellos no existen beneficios, no hay derecho a una salud digna ni acceso a la vivienda; e incluso, si fallecen en plena acción de armas, el Estado les niega los derechos a sus deudos bajo el eterno y frío argumento de que no existe presupuesto.

En una guerra interna, los hijos de los sectores más poderosos del país también deberían «mojarse» en el frente de batalla; solo de esa manera se valoraría verdaderamente la vida y el sacrificio del soldado. Solo ante ese escenario, el Congreso de la República se movilizaría a una sola voz para emitir leyes justas y oportunas a favor de quienes defienden la patria, impulsados por el hecho de que sus propios hijos estarían en la línea de fuego.

Por todo ello, para postular a la presidencia de la república, al Parlamento, a las gobernaciones regionales o a las alcaldías, debería establecerse como un requisito indispensable haber servido en el cuerpo de tropa. Solo bajo esta premisa, los herederos del poder económico y político aportarían su propia cuota de sangre en la defensa de la democracia y del Estado de derecho, transformando la empatía teórica en un compromiso real con la nación.





martes, 9 de julio de 2019

LA HISTORIA DE LOS POLICÍAS Y NARCOTRAFICANTES EN EL DISTRITO DE TAYABAMBA PROVINCIA DE PATAZ 1993

El 02 de marzo de 1993, siendo las 17:00 horas, llegué como parte del relevo a la Base Contrasubversivo N° 323 del distrito de Tayabamba, provincia de Pataz. Durante mi permanencia en esta Base Contrasubversiva, en tres oportunidades me desplacé a pie por diferentes motivos con destino al distrito de Urpay, situado al oeste del distrito de Tayabamba, con una altitud promedio de 2688 metros sobre el nivel del mar; primero en misión netamente de patrullaje disuasivo al mando de la "Patrulla Huascarán" conformado por 20 efectivos de Tropa Servicio Militar Obligatorio; segundo, en circunstancia muy especial bajo el comando del capitán con seudónimo "águila"; y tercero, durante el Proceso de Referéndum Constitucional del mismo año, que se celebró el 31 de octubre. Durante el primer patrullaje a dicho distrito, hallé en la plaza de armas del centro poblado mayor de Saire un vehículo de lunas polarizadas 4 x 4, un vehículo de alto costo como para circular en esta zona, con estas evidencias comencé con los trabajos de Inteligencia, investigando la vida que llevaban las principales autoridades políticas y los miembros de la Policía Nacional del Perú. ¿quién financió la construcción del aeropuerto del distrito de Urpay y con qué finalidad?, ¿quién financió la construcción del aeropuerto en el caserío de Huachapita y con qué fines? Con la información que me brindó el civil "zorro" residente en el distrito de Urpay, me convencí, que desde los tiempos inmemoriales las principales autoridades políticas como los alcaldes de diferentes épocas, gobernadores y los miembros de la Policía Nacional del Perú siempre habrían estado coludidos con los narcotraficantes de la zona.

En la ciudad de Tayabamba, provincia de Pataz, durante la permanencia de los suboficiales PNP Pinto, Rivas, "Tarzán" y otros; los efectivos de la Policía Nacional del Perú permanecían sin ningún control de parte de sus superiores, el Teniente de la Policía Jefe de la dependencia no tenía ningún tipo de control para estos efectivos; por ende, los suboficiales en su totalidad indisciplinados hacían lo que les daba la gana; quienes, la mayoría de las veces permanecían en las cantinas en las inmediaciones del mercado, pasaban las horas del día libando cerveza a discreción, siempre con sus armas de dotación AKM a la bandolera (puesto en la espalda); a veces en total estado etílico en discusiones entre ellos hacían disparos en ráfaga hasta dejar vació una cacerina, en este tipo de borracheras el suboficial Rivas se quedó dormido en una cantina donde perdió su armamento de dotación AKM, este fusil fue sustraído por civiles involucrados en narcotráfico. Durante los meses que permanecí en este distrito los miembros de la Policía Nacional, nunca participaron en los patrullajes contrasubversivo, no realizaban detenciones de los mochileros con droga, nada en absoluto, en las noches cerraban las puertas de la comisaría y todos dormían confiados en el servicio que realizaba el personal de la base militar del Ejército.

El 19 de mayo de 1993, siendo las 15:45 horas, los policía subalternos por motivo de ajuste de cuentas le asesinan al teniente de la Policía Nacional. A esa hora me encontraba jugando julbito con el personal de Tropa en la cancha de tierra de la escuela primaria, en esas circunstancias se escuchó el tiro de fusil entre la Base del Ejército y la Comisaría, en ese momento todos dejamos de jugar, presumiendo un ataque corrimos a la Base a toda velocidad, como la Base Militar y la Comisaría eran colindantes se escuchaba la bulla que armaron todos los policías, es ahí que nos enteramos que el teniente de la Policía Nacional del Perú había sido asesinado por sus propios subalternos, como estos habían llegado a la comisaría en estado etílico el oficial les había llamado la atención, en esas circunstancias un suboficial que normalmente era conocido como el "fumón" había cargado su fusil AKM y le disparó en la cabeza, el oficial murió en el acto, luego el asesino se escapó con la ayuda y complicidad de sus compañeros con destino al distrito de Santiago de Challas, en este distrito él tenía como enamorada a una profesora, en este lugar permaneció escondido por mucho tiempo, relacionado a este asesinato algunos comentaban que había sido por ajuste de cuentas, pues el oficial no habría cumplido con la repartición de los cupos, dinero en dólares entregado por los narcotraficantes de la zona. El cuerpo del oficial de la Policía se veló en la misma comisaría hasta la llegada de una avioneta para trasladar sus restos mortales hasta la ciudad de Trujillo, durante 4 días el cadáver permaneció en la comisaría y comenzó a descomponerse originado un olor fuerte que ya no se podía soportar, pues se sentía hasta en las inmediaciones de la Plaza de Armas, al cuarto día apareció la avioneta y lo trasladó a su lugar de origen. Por tierra aún era muy difícil trasladar los restos mortales del oficial fallecido, pues desde el distrito de Tayabamba hasta la ciudad de Trujillo los vehículos se demoraban aproximadamente cinco días por el pésimo estado de la carretera sobre todo en los sectores de Buldibuyo, Chagual y el Molino Viejo. Después del asesinato del Teniente de la Policía en la comisaría de Tayabamba, el alto mando de la policía Nacional del Perú envió a un oficial que ostentaba el grado de mayor y un capitán, con ellos también llegó un suboficial que tenía el apelativo de "tarzan". Este oficial de grado de mayor cuyo nombre no recuerdo, también jugo en la liga de fútbol para el Club Defensor Tayabamba junto con el suboficial Pinto y "tarzan".

En el mes de mayo de 1993 en este distrito por vez primera un profesor se aventura abrir una discoteca en el segundo piso de un inmueble que se hallaba en la parte posterior de la iglesia, era una discoteca muy rustico, además por las inmediaciones del mercado también otro profesor en las noches comenzó a preparar pollo frito en sartén que lo hacía pasar como si fuera pollo a la brasa, así de un momento a otro el típico distrito serrano de noches de silencio de a pocas mostraba noches de juerga donde no faltaban en los bailes las chicas del Instituto Pedagógico y los efectivos de la Policía Nacional del Perú. En la discoteca los policías con total normalidad me mostraban sus billeteras lleno de miles de dólares, dinero que recibían de los acopiadores de droga como el famoso "paisa" quien tenía una tienda como fachada cerca al mercado y por la protección a las avionetas que sacaban droga desde el aeropuerto del distrito de Urpay, desde este aeropuerto dos avionetas sacaban vuelo cada 15 días.

En el distrito de Urpay uno de los principales hombres de contacto con los narcos era el famoso "zorro" quién en su casa tenía una estación de radio de Alta Frecuencia "HF" de señal abierta, de esta estación se hacía las coordinaciones del caso con las diferentes "firmas de narcotraficantes" de las zonas de San Martín, dicha comunicación lo intercepté en varias oportunidades, para tal fin utilicé el equipo de radio de "HF/BLU" Thomson TRC 372, instalado en el Centro de Comunicaciones de la Base Contrasubversivo del distrito de Tayabamba.

En Tayabamba los fines de semana los mochileros llegaban con droga, casi todos procedentes de Tocache, Uchiza, Ongon, San Francisco, etc y nadie los detenía pues todo ya estaba arreglado con el personal de la Policía Nacional del Perú, este grupo de personal con droga normalmente transitaba por la ruta del distrito de Ongon, Pampa Seca, Puerta del Monte, Huanapampa, Collay, Tayabamba y como punto final el distrito de Urpay. Un día intenté capturar al civil "zorro" pero él antes que ocurra este hecho voluntariamente se sometió a la confección sincera, manifestando lo siguiente: Dijo "jefe, todo está arreglado, los narcotraficantes le pagan a la municipalidad de Tayabamba mensualmente la suma de cinco mil ($ 5000) dólares, la Policía Nacional también recibe mensualmente cinco mil ($ 5000) dólares, el gobernador recibe la suma de tres mil ($ 3000) dólares", concluyó. Para comprobar la entrega de miles de dólares a los miembros de la Policía Nacional del Perú, tracé un plan, como ellos eran fiel concurrente  a la discoteca, principalmente los días viernes, sábado y domingo de toda las semanas del mes, por ende acompañado por el sargento "rata" comencé a frecuentar el local; así durante las noches de juerga, penetré en el círculo de amistades del mayor de la Policía Nacional del Perú, una noche me la presenté con una caja de cerveza, a quién le dije: Mi mayor este es mi cariño para unir lazos de amistad entre los miembros de las Fuerzas del Orden, este oficial gordito con pinta de bonachón, aceptó la iniciativa de parte de mi persona y me integró al círculo donde estaban varios suboficiales, a partir de este encuentro las veces que les encontraba a los policías me ponía libar cerveza con ellos, cuando me gané toda la confianza ya no había secretos que ocultar, ellos con toda la confianza del caso me "soltaban" toda la información relacionado a la entrega de miles de dólares de los narcotraficantes a las principales autoridades de Tayabamba, a la Policía Nacional y para la sorpresa mía hasta el Jefe de la Base Contrasubversivo del Ejército recibía mensualmente la suma de cinco mil ($5000) dólares americanos.

El ocho de agosto de 1993, siendo as 21:00 horas, en la incipiente discoteca del distrito me junté con los miembros de la Policía, a quienes les encontré con varias cajas de cerveza, como ya tenía confianza con ellos, inmediatamente me acerqué al grupo donde bebimos y bailamos, en esas circunstancias uno de los efectivos me mostró su billetera llenó de dólares y me dijo lo siguiente: " Y tú ¿cuánto has recibido?" prosiguiendo me dijo, por si acaso para la Base del Ejército también corresponde cinco mil verdes, dos mil para el jefe, mil para cada suboficial y mil para rancho del personal de Tropa, el dinero se recibe en la Policía y luego se le entrega al capitán "águila".

El día 9 de Agosto, durante la hora de lista de diana, el capitán "águila" en su condición de jefe de la Base, me buscó la sinrazón y delante del personal de Tropa me increpa manifestando lo siguiente: " Suboficial Pineda, usted se junta mucho con el personal de la Policía Nacional y presumo que está soltando información secreta y/o estrictamente secreta, por ende a partir de la fecha para usted está prohibido ingresar al (Centro de Comunicaciones)"; inmediatamente le ordenó al sargento José Sarmiento trasladar el equipo de radio de HF Thomson TRC-372  a su alojamiento, a partir de ese momento no tuve acceso a las comunicaciones por radio.

El día 16 agosto 1993, siendo las 04:30 horas, el capitán "águila" organiza a la primera patrulla con efectivo de 20 hombres y me comunica que se dirigía con destino al distrito de Urpay. Siendo las 05:00 horas el volquete de color anaranjado de la municipalidad del distrito de Tayabamba se había estacionado en la puerta principal de la Base Militar, en ese momento rápidamente cogí mi equipaje y mi fusil FAL, sin que sepa el oficial subí al volquete por la parte posterior, pues el capitán ya se había sentado en la cabina junto al chófer, en la tolva viajamos, la Tropa, un regidor de la municipalidad, un policía con vestimenta civil y dos civiles; cuando el vehículo en marcha llegó a la cumbre más alta para voltear de bajada con destino al distrito de Urpay, el regidor me dice, "Ahora si van a coronar bien, porque hay dos vuelos de gran tonelaje" a lo que le seguí la corriente, hasta ese momento yo no sabía el motivo del patrullaje, ahí recién me entero que este desplazamiento había sido para la protección de los narcos, al regidor le pregunté ¿lloverá para todos sí o no? y me contestó: "por supuesto, es para todos", siendo las 10:45 llegamos al distrito de Urpay. Es necesario aclarar que el señor alcalde Octavio Bogarin, desde el día 15 ya se encontraba en el distrito de Urpay, él no viajó con nosotros. El vehículo se estacionó en las inmediaciones de la Plaza de Armas de este pequeño distrito, ahí bajamos, el capitán "águila" al ver mi presencia juntó con el personal de tropa se molestó y no me dirigió ni una palabra, se cubre el rostro con una pasamontaña de color verde, así también lo hicieron sus dos "chacales" con ellos desapareció, luego la Tropa me informa que se habían dirigido directamente al aeropuerto; mientras yo, con el rostro descubierto me quedé con el grueso del personal de Tropa en la Plaza, es ahí que se presentan los cuatro representantes de la firma de narcotraficantes y se confunden, uno de ellos me saluda y me dice "capitán pasemos a desayunar, que tu personal que pida lo que quiera" para tal fin nos dirigimos al único restaurante que había en la calle principal, ingresamos al restaurante y nuevamente los narcos me dicen "capitán pida lo que quiera" entonces yo, ni sonso ni perezoso de golpe pedí diez (10) fuentes de lomo saltado con su arroz, litros de gaseosa y galletas para el personal de Tropa, mientras se preparaban mi pedido, los narcos pidieron cinco (5) cajas de cerveza  y comenzamos a libar cerveza helada, ellos en todo momento me daban trato de "capitán" es ahí que me dicen "capitán, somos muy caballeros con todos ustedes, con las autoridades también, pagamos el cupo puntualmente", tragos van y vienen, cuando los efectos del licor ya se sentía en la cabeza de cada uno de nosotros, uno de ellos dijo: "Capitán, antes que salga la comida hay que arreglar, por esta vez el arreglo será de ocho mil ($8000) mil dólares americanos" pero yo les dije que más tarde, pues desde el momento que ingresé al restaurante me di cuenta que el capitán "Águila" había dejado otros "chacales" para mi custodia, uno de ellos siempre permaneció tras mío, así mismo desde la puerta del inmueble no dejaban de mirar dos sargentos, en esas circunstancias uno de los narcos puso en la mesa el dinero, era un paquete visible en bolsa de plástico transparente y me dijo "capitán, cuéntelo de una vez para estar más tranquilo, son ocho mil verdes" en ese momento yo me sinceré y les dije yo no soy capitán, se equivocan, soy de la CÍA, entonces se pusieron a la defensiva y me decían "nos dijeron que venía un capitán, diga la verdad, ¿quién es usted?", de un momento a otro la química con ellos se desvaneció por completo, pasaron más de 15 minutos, en esas circunstancia el capitán "Aguila" con el rostro cubierto con pasamontaña se paró en la puerta del inmueble y en voz alta se dirigió a mi persona, en presencia de los narcotraficantes me dijo: "suboficial salga inmediatamente", en ese momento ellos dijeron, "con razón, el capitán había sido otro, comparando con el suboficial es chato, bueno con él arreglaremos en el acto".

Cuando ya estaban sirviendo el almuerzo salí del restaurante, afuera este oficial me amenaza con ponerme a disposición del Puesto de Comando del Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco, pero como yo me encontraba muy enamorado de una estudiante de pedagogía del distrito de Tayabamba soporté todo sus abusos; por ende, en el acto le supliqué para que me perdone por haber libando cerveza con los civiles estando de patrulla, pero como el oficial se puso fuerte en su decisión, le dije, capitán solo le pido que actué con justicia y nada más, se ponía más agresivo y me seguía amenazando y recriminando, ordenándome para permanecer sin salida en el segundo piso de la municipalidad, en ese momento obedecí todos sus órdenes sumisamente, puso como mi custodia a dos sargentos para no salir por ningún motivo sin autorización de él, ahí permanecí sin almuerzo y sin cena, en la tarde pasé las horas verificando todo el segundo piso del inmueble que en los primeros días del referido mes había sido incendiado por los combatientes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso (PCP-SL), habían quemado la antena parabólica, Televisores, partidas de nacimientos, los archivos y todo tipo de documentos, ejecutado por el camarada "Gerardo" a quien le perseguí a pie desde el distrito de Ongon hasta Arcaypata, sin éxito.

El día 17 agosto 1993, siendo las 03:00 horas, el capitán "Águila" ingresa al segundo piso de la municipalidad del distrito de Urpay y me dice lo siguiente: "Suboficial, yo me voy a quedar con cinco hombres para realizar unas coordinaciones de trabajo con el alcalde Octavio Bogarin, finalizado la reunión, a las 08:00 horas retornaré con destino al Tayabamba, en estos momentos tú te repliegas a la Base con quince (15) hombres de Tropa", a lo que le obedecí su orden sin dudas ni murmuraciones, le dije, comprendido mi capitán; en el acto, soportando el frio de la madrugada reuní al personal de Tropa, encolumnados iniciamos el repliegue, en el camino el personal de Tropa me decía lo siguiente: "mi suboficial el capitán quiere arreglar sólito con los narcotraficantes, es por eso que en estas horas de la madrugada nos envía a la Base de Tayabamba", en ese momento caminé cavilando en los dólares que no los recibí por cojudo; luego entre mi dije, que suerte tiene ese miserable espero que sea consciente conmigo y con el personal de Tropa, espero que la repartición sea equitativo. En el trayecto entre el distrito de  Urpay y el centro poblado mayor de Saire en mil cosas había pensado; luego pensándolo bien decidí quedarme en el Centro Poblado de la referencia, inicialmente todos permanecimos sentados en la pampa "plaza de armas", pero al ver la excesiva demora del oficial, todos nos desplazamos hacía la parte alta donde también permanecimos sentados, desde este lugar se observaba todos los movimientos del capitán, para tal fin empleamos el único aparato óptico (binocular) que portaba la patrulla a mi mando, se veía con total claridad toda la pista de aterrizaje, el oficial nos había dicho que retornaría en horas de la mañana pero las horas pasaban y él no aparecía, como es normal la espera en vez de preocuparnos nos encaminaba para ver las sorpresas en la pista. Siendo las 12:35 horas, observamos a la distancia al capitán de infantería "Águila" cuyo nombre verdadero es Jorge Sánchez Flores, dos sargentos de Tropa que fueron sus secuaces, al policía con vestimenta civil y cinco civiles, este personal permanecía a un costado del aeropuerto. Para la sorpresa de todos, siendo las 13:15 horas apareció la primera avioneta, la nave da la vuelta en todo el valle y aterriza, de las inmediaciones de la pista los civiles comenzaron a correr con sus cargas, finalizado el embarque que se demoró aproximadamente ocho (8) minutos la nave levantó vuelo; no tardó mucho y apareció la segunda avioneta y también realiza la misma maniobra, aterriza, corren los civiles con sus cargas, finalizado el embarque, la nave rápidamente levantó vuelo con dirección a la Selva, en ese momento también el mencionado oficial, la tropa, el policía  y los civiles se replegaron con dirección a la Plaza de Armas y nosotros bajamos desde el cerro hacía la pampa del caserío de Saire, ahí permanecimos echados bajo un sol radiante, en esas circunstancias siendo las 15:00 horas el capitán "Águila" apareció a pie con su personal y el encuentro conmigo fue fatal, comenzó a recriminarme delante del personal de Tropa, me decía: "Suboficial porque usted no se desplazado a la Base de Tayabamba, ha desobedecido mi orden, llegando a la Base inmediatamente le pondré a disposición del PC de Huamachuco" ante sus amenazas y agresión verbal casi le agarro a balazos. Finalizado la discusión en total silencio todos iniciamos el repliegue con destino a Tayabamba, este oficial delincuente y desleal, a los Suboficiales nos atacaba por el lado más débil, pues en aquellos tiempos el "burro" Rentería, se encontraba de amores con una profesora tayabambina y yo me encontraba enamorado de una alumna del Instituto Pedagógico; ergo, simplemente por estar bien enamorados soportamos todo tipo de injusticias del mencionado oficial. Llegando a la Base Militar, inmediatamente le conté al suboficial "burro" Rentería de todo lo que había sucedido en el distrito de Urpay y también al personal de Tropa, haciéndoles conocer que el capitán estaba metido en negocio con los narcotraficantes y el dinero ilícito destinado para el personal de la Base nunca había sido repartido.

El 18 de agosto de 1993, siendo las 08:00 horas, en la hora de la "Lista de Diana" reventó el "chupo" en la  Base Contrasubversiva del distrito de Tayabamba, provincia de Pataz, a esa hora "reventó el chupo" pues el suboficial "burro" Rentería y todo el personal de Tropa de la Base, se le fueron encima al capitán conocido con el seudónimo “Águila”, prácticamente el mencionado oficial había perdido autoridad y delante de todo el personal negaba toda la acusación, el personal de Tropa le decía en su cara "capitán, todos sabemos, que usted está involucrado con los narcotraficantes de Urpay, al respecto hemos conversado con el civil zorro, hemos conversado con el gringo, ellos nos han informado que usted recibe cinco mil dólares mensualmente y el dinero entra a través de la Policía Nacional y usted a pesar de recibir tanto dinero nos mantiene de hambre", ante esta acusación el mencionado capitán contestó diciendo lo siguiente: "Yo jamás en mi vida he estado involucrado en cochinadas, si tanto me acusan ¿dónde está el civil zorro?, ¿dónde está el gringo? para meterle bala por hablar cojudeces", en ese momento el oficial miró hacia el cielo y juró ante Dios diciendo que nunca había recibido dinero de los narcotraficantes del distrito de Urpay,  en ese instante también interviene con más fuerza el suboficial Rentería y le amenazaba con meterle bala junto con el sargento conocido como la "rata", fueron minutos de alta tensión y casi se produce una balacera dentro de la Base Militar, pues todo el personal se encontraba armado y equipado en la hora de Lista de Diana, pero se calmó; yo no intervine porque presumí que este negocio estaba arreglado con los niveles superiores del Comando de Huamachuco. Cuando las aguas se calmaron el mencionado oficial me dijo: "Suboficial Pineda, inmediatamente saca al patio de armas todos los artículos de Intendencia, Comunicaciones, Sanidad y Material de Guerra, procede a verificar los cargos y relévate con el suboficial Rentería, usted va ser el primero en irse a la guarnición de Huamachuco".

El día 19 de agosto de 1993, siendo las 10:00 horas, ingresé de sorpresa al alojamiento del capitán conocido con el seudónimo "Águila" y le encontré sentado en su escritorio y sobre el mueble tenía amontonado gran cantidad de paquetes de 100 dólares americanos, lo afirmo en nombre de Dios y todo poderoso, le encontré contando los billetes verdes; es decir, le sorprendí con las manos en la masa, como ingresé sin tocarla la puerta, el oficial se quedó totalmente nervioso, no supo que hacer, él me conversaba pero sus manos lentamente abría el cajón de su escritorio donde comenzó a introducir los billetes empaquetados, me parece que cada paquete contenía cinco mil dólares americanos, en ese momento le dije lo siguiente: Capitán "aguila", tranquilícese, yo no soy tan cobarde y miserable como usted, si yo fuera ambicioso en estos momentos le fusilaría y punto, porque hay evidencias y pruebas como este, usted como jefe de la Base, los Policías y también las autoridades de Tayabamba mensualmente reciben cinco ($5000) mil dólares de los narcotraficantes ¿sí o no?, y no lo voy a delatar porque no es mi estilo, yo no he ingresado con la finalidad de ver este miserable acto y que usted negó delante del personal de Tropa y juró en nombre Dios; he ingresado para verificar el material de Comunicaciones que usted mando traer a su alojamiento para coordinar el pago de cupos con los narcotraficantes secretamente. En ese momento el oficial miserable solo atinó a decirme, está bien suboficial Pineda, procede a sacar los equipos de radio HF/BU Thomson TRC-372, antenas y baterías y procede a verificar. Verificado los cargos, presenté el Estado de Relevo, a partir de ese momento se hizo cargo de todo el material el suboficial conocido como el "burro" Rentería, este oficial era el padrino de matrimonio del mencionado suboficial. Con fecha 31 de agosto de 1993 retorné por mis propios medios al Puesto de Comando del Batallón de Infantería Motorizado N° 323 acantonado en el distrito de Huamachuco. Pasaron algunas semanas también relevaron a todo el personal de Tropa, quienes también retornaron a Huamachuco. Yo me retiré de Huamachuco el 15 de febrero de 1994, pues salí cambiado de colocación con destino al Batallón Contrasubversivo N° 28 de la provincia de Rioja, departamento de San Martín. El capitán y suboficial Rentería continuaron como destacados en la Base Contrasubversivo N° 323 del distrito de Tayabamba, no descarto que el dinero del narcotráfico también haya llegado para los mandos superiores, sino porque la preferencia de mantenerlos en el mismo puesto a este oficial y suboficial por más de un año, en fin son historias que se arrastra desde muchos años donde están involucrados con el narcotráfico los Policías, las autoridades políticas así como los efectivos del Ejército, como ocurrió en Tayabamba, Pataz en el año 1993.