viernes, 22 de julio de 2016

LA HISTORIA DE LA BASE CONTRASUBVERSIVA N° 28 DEL DISTRITO DE PELEJO PROVINCIA DE SAN MARTÍN 1994

Memorias de la Base Contrasubversiva de Pelejo San Martín (1994-1995).- El 5 de diciembre de 1994, el destino me condujo a las entrañas mismas de la selva peruana. Procedente del distrito de Huimbayoc, arribé a la localidad de Pelejo, capital del distrito de El Porvenir, en la provincia de San Martín. Mi misión era clara y de alta responsabilidad: asumir funciones como jefe de la Base Contrasubversiva del lugar. Mi nombramiento había llegado de manera oficial y directa, transmitido mediante un radiograma desde el Puesto de Comando del Batallón Contrasubversivo N° 28, cuya sede principal se erigía en la provincia de Rioja.

Administrativa y operativamente, aquella base en Pelejo dependía por completo de la Base Militar del distrito de Huimbayoc. Bajo mi mando, el frente defensivo era reducido pero valiente: apenas contaba con veinte jóvenes de tropa que cumplían su Servicio Militar Obligatorio. Nuestro arsenal reflejaba las limitaciones de la época; la dotación de cada hombre consistía en fusiles automáticos ligeros (FAL) de calibre 7.62 mm, armas robustas que en su mayoría habían sido repotenciadas y que cargaban a cuestas una historia que se remontaba a sus adquisiciones en los años setenta.

Pelejo descansaba silencioso en la margen izquierda del río Huallaga, a unas dos horas de viaje río abajo desde Huimbayoc. En aquel lejano 1994, el distrito se mostraba al mundo envuelto en una profunda pobreza y habitado por una escasa población. Sus moradores, personas de una humildad entrañable, subsistían gracias a la pequeña agricultura, la ganadería de subsistencia y la pesca diaria en las aguas del Huallaga. El progreso aún no conocía el camino hacia este rincón: no había redes de energía eléctrica, ni servicio de agua potable, ni desagüe. Las pantallas de televisión eran una fantasía inexistente y la pequeña posta médica local era poco más que un cascarón vacío, sin doctores y desprovisto de medicamentos básicos.

Sin embargo, en flagrante contraste con tanta carencia, la ilegalidad sí poseía infraestructura. A tan solo una hora de camino a pie del pueblo, oculto entre la densa vegetación, se encontraba un aeropuerto clandestino utilizado por las avionetas de los narcotraficantes. Una de nuestras misiones más críticas y peligrosas consistía en resguardar y vigilar aquel aeródromo, con el fin de frustrar los puentes aéreos y el transporte de droga operado por las llamadas «firmas» peruanas y colombianas.

Paralelamente, el pequeño puerto del distrito se convertía en nuestro principal escenario de control diario. Aquel muelle era un paso estratégico y obligado para toda embarcación que navegara desde Yurimaguas, así como para aquellas que partían de Huimbayoc y caseríos aledaños. Con el sol a cuestas o bajo la penumbra de la noche selvática, obligábamos a que tripulantes y pasajeros desembarcaran sin excepción. Encolumnados y celosamente custodiados por el personal de tropa, los civiles caminaban con su Documento Nacional de Identidad en la mano hacia las instalaciones de la base.

Allí manteníamos un registro minucioso donde se anotaba cada ingreso y salida. En ese mismo puerto, además, inspeccionábamos con rigurosidad las cargas de los botes. Nuestro objetivo colateral era frenar a los traficantes de madera que, burlando los controles, pretendían sacar de noche y de día valiosos cargamentos de caoba e ishpingo con rumbo a Yurimaguas. Aquella labor rindió grandes frutos: entre los meses de diciembre de 1994 y enero de 1995, en estricto cumplimiento de las leyes ambientales emanadas por el Estado peruano a través del naciente INRENA, logramos incautar tres toneladas de estas maderas preciosas.

En ese rincón olvidado por la modernidad, entre el rugido del río y el peso de nuestros fusiles, defendimos la ley y la soberanía del país en una de las épocas más complejas de nuestra historia republicana.

El Empobrecido distrito de Pelejo.- Hasta antes de mi llegada, el empobrecido distrito de El Porvenir Pelejo se había convertido en un idílico centro de descanso temporal para las firmas de narcotraficantes colombianos y peruanos. Era el refugio perfecto tras la entrada de sus embarcaciones procedentes de la ciudad de Yurimaguas. En aquellos tiempos, las inmediaciones del pequeño puerto albergaban restaurantes, hostales y casas de hospedaje donde los mafiosos almorzaban plácidamente. Allí pasaban horas de siesta en compañía de hermosas mujeres peruanas, brasileñas y colombianas, bajo una falsa atmósfera de impunidad.

Sin embargo, en el instante en que puse mis pies sobre las polvorientas calles de este distrito olvidado por el Estado, el panorama cambió drásticamente. De un momento a otro, todo se sumió en un total silencio; aquellas lacras desaparecieron de la superficie. Por consecuencia, los restaurantes y tiendas comerciales se quedaron sin su principal clientela. Los dueños de los negocios de comida y hospedaje comenzaron a mirarme con un odio profundo y masticado. A través de mis informantes en el pueblo, supe lo que murmuraban a mis espaldas: decían que por mi culpa los negocios locales habían fracasado. El miedo que los narcotraficantes y delincuentes comunes me tenían era tal que, antes de la Navidad de 1994, las mafias —principalmente las colombianas— diseñaron una nueva estrategia para «sacarme la vuelta».

Sabiendo que durante el día era imposible burlar el puerto bajo mi control, los narcotraficantes coordinaron una operación nocturna en complicidad con algunos civiles del pueblo. Alertados y guiados por estos traidores mediante transmisores portátiles de mano, los mafiosos iniciaron una táctica silenciosa a partir de la una de la madrugada. Se «colgaban» río abajo en sus deslizadores cargados de la popular «merca». Aproximadamente a cinco kilómetros antes de llegar al pequeño puerto —custodiado día y noche por dos de mis centinelas—, apagaban los motores. A punta de remo, ocultos por la densa oscuridad y pegados a la orilla del frente, pretendían pasar desapercibidos. La distancia de orilla a orilla, de unos ciento cincuenta metros, jugaba a su favor en la penumbra.

Advertido de esta audaz maniobra, decidí instalarme personalmente en las inmediaciones del puerto, soportando noche tras noche el inclemente ataque de los zancudos. Fue en una de esas vigilias donde sorprendí in fraganti a un civil del pueblo mientras se comunicaba por radio con los narcotraficantes, quienes ya habían zarpado en dos deslizadores desde la zona de Huimbayoc. A lo lejos, el rugido intermitente de los motores se sentía en la noche, para luego silenciarse de golpe. Los mafiosos apagaban las máquinas y, aprovechando la negrura y la lluvia amazónica, avanzaban a puro pulso sobre el agua.

Para contrarrestar esta vulnerabilidad, ordené la compra de una batería de vehículo de 24 voltios y un potente reflector que lograba iluminar el río de orilla a orilla. La oscuridad que los protegía quedó anulada, frustrando por completo sus pretensiones de alcanzar Yurimaguas. Como acción de guerra psicológica, dispuse además que, en las tardes, ante la mirada atenta y temerosa de los pobladores, se instalara en el puerto una ametralladora MAG. Esta poderosa arma, operada sin trípode, poseía un alcance de precisión de 1800 metros, el cual se extendía hasta un máximo de 3000 metros al usar su trípode. Para que el mensaje quedara claro, ejecuté tiros de prueba que cruzaban el Huallaga de margen a margen, y ordené disparos inopinados durante el silencio de la noche.

Desesperados por el bloqueo absoluto, los narcotraficantes recurrieron a la corrupción en las esferas más altas de la zona. Acudieron ante el capitán «Clover», jefe de la Base Contrasubversiva del distrito de Huimbayoc. Poco después, los emisarios de dos firmas de narcotraficantes se presentaron ante mí. Traían en sus manos supuestos «cariños» enviados supuestamente de parte del mencionado oficial. Sin embargo, aquel soborno no era gran cosa y mi integridad valía mucho más. Con firmeza y sin titubeos, rechacé la dádiva y les cerré el paso de manera definitiva. El Huallaga seguía bajo control del Estado.

El Centinela del Bajo Huallaga de Hambre.- Al llegar a la Base Contrasubversiva del distrito, mi primera tarea fue asumir las funciones del jefe saliente: un suboficial de tercera conocido bajo el seudónimo de «Marco». Lo que encontré al recibir el puesto fue una radiografía de la más absoluta precariedad. Las instalaciones militares no eran más que el precario local comunal del distrito, un espacio austero donde debían convivir veintiún hombres en condiciones infrahumanas. Allí no existían catres ni camarotes para el personal de tropa. Los soldados dormían directamente sobre el suelo, habiendo acondicionado sus camas sobre hojas de árboles, cartones y costales viejos, cubriéndose apenas con frazadas gastadas por el tiempo y algunas sábanas de tocuyo blanco. Para el jefe de la base, el único privilegio era una pequeña tarima hecha con palos rústicos sobre la que descansaba un colchón viejo.

La miseria se extendía hasta la cocina. Las ollas de las que disponía la tropa pertenecían en su totalidad a los pobladores más humildes que vivían en las inmediaciones de la base, quienes de buena fe las habían prestado. Sin embargo, aquellos utensilios estaban obsoletos: no tenían asas y lucían parchados, con huecos por todas partes. Los soldados, además, carecían en su mayoría de uniformes reglamentarios completos. La escasez lo inundaba todo, devorando también las provisiones del rancho diario. Cada mañana, el soldado ranchero preparaba una avena rala acompañada de plátano sancochado. El almuerzo consistía invariablemente en arroz graneado sazonado con manteca blanca, frejol, un modesto guiso de atún, plátanos sancochados y refresco de aguaje; una combinación que volvía a repetirse de forma idéntica a la hora de la cena. En aquellos tiempos de crisis, el Estado peruano invertía apenas la suma de dos soles con cincuenta céntimos (S/ 2.50) diarios por cada soldado, el equivalente aproximado a un dólar americano de la época. Con ese presupuesto ínfimo, la tropa sostenía el cuerpo mientras defendía la patria.

Aquella base no solo padecía hambre y frío; también sufría de un aislamiento tecnológico aterrador. Nuestro único cordón umbilical con el exterior era un antiguo equipo de radio de fabricación francesa, el Thomson de alta frecuencia HF/BLU TRC 340. Era un aparato al límite de su vida útil que solo funcionaba durante media hora antes de apagarse automáticamente, debido al recalentamiento crónico de uno de sus circuitos integrados. Para colmo de males, su batería ALI 116 debía recargarse mediante un generador manual ALG 106, cuya manivela evidenciaba un desgaste total en la base debido al uso constante y extenuante.

Este sistema de radiocomunicación transmitía y recibía la señal en «claro», lo que significaba que su señal de irradiación —en frecuencias de 1.5 MHz a 29.999 MHz— carecía de encriptación y podía ser interceptada con alarmante facilidad por el enemigo o las firmas del narcotráfico. Aun así, era el único medio que nos mantenía en contacto con el Puesto de Comando Avanzado acantonado en el distrito de Rioja. Obligados por los problemas técnicos del aparato, la comunicación se limitaba estrictamente a las horas de reporte militar: por las mañanas de 08:00 a 08:30 horas, al mediodía de 12:00 a 12:30 horas, y por las noches de 20:00 a 20:30 horas.

Fuera de esos breves treinta minutos de conexión obligatoria, la realidad nos golpeaba con dureza. Ante la total escasez de medios de información de fuente abierta, más allá de los límites geográficos de aquel empobrecido distrito, permanecíamos atrapados en la inmensidad de la selva: completamente sordos, mudos y ciegos.

El Peso de la Justicia en la Base militar.- En aquellos tiempos de fuego y aislamiento, durante el apogeo de las luchas contrasubversivas, la Base Militar tuvo que transformarse en mucho más que un fortín de guerra. El personal de oficiales y suboficiales nos vimos obligados a asumir los roles más diversos: hacíamos el trabajo de policías, jueces, psicólogos y conciliadores. A las precarias instalaciones de la Base Contrasubversiva acudían diariamente civiles del distrito y de los caseríos aledaños, personas de toda condición social que buscaban desesperadamente una pizca de orden. Llegaban a asentar denuncias de todo tipo: peleas vecinales, encarnizados líos familiares, robo de animales de corral y, en los casos más trágicos, violaciones de menores de edad.

El peso de la justicia recaía sobre nuestros hombros sin más herramientas que la astucia y la disciplina. En ciertas ocasiones, tras evaluar la gravedad de la falta, deteníamos al denunciado y lo confinábamos en el calabozo. Para los civiles de la zona, la sola idea de permanecer en aquel calabozo bajo tierra por varios días les provocaba un pánico paralizante. Era un recinto subterráneo, completamente oscuro, maloliente y plagado de roedores. El miedo que inspiraba este encierro era tan efectivo que, antes de cruzar el umbral hacia la oscuridad, muchos de los detenidos «cantaban» todos sus pecados sin oponer resistencia. Acto seguido, y siempre ante la presencia de testigos comunales, lográbamos pactar arreglos salomónicos que devolvían la paz temporal a las partes en conflicto.

Para no actuar a ciegas en un terreno que no era el nuestro, en la Base Militar custodiábamos como un tesoro algunos libros de derecho civil y penal, además de ciertos manuales de psicología. Apoyados estrictamente en estas bibliografías, fungíamos de magistrados y consejeros. Esta preparación improvisada nos era de vital utilidad, sobre todo para explicar a los pobladores la gravedad y las consecuencias legales de los delitos de violación sexual.

En las zonas más profundas de la selva de San Martín, el abuso y el embarazo prematuro eran realidades alarmantemente frecuentes entre niñas de apenas nueve a quince años de edad; a esa corta edad, muchas ya se encontraban gestando, un drama social que para la época casi no causaba novedad en el entorno. Durante mi permanencia en la base, observé con profunda preocupación que numerosas niñas menores de doce años ya cargaban con un embarazo, principalmente en los caseríos más aislados y en el vecino distrito de Papaplaya. A estas pequeñas embarazadas, la tropa nativa de la selva, habituada a esa dura cotidianidad, solía llamarlas a manera de burla «las buchizapitas», un crudo modismo local que hacía alusión directa a sus vientres abultados. En medio de aquella geografía hostil, la base militar era el último e imperfecto árbitro de una sociedad abandonada a su suerte.

El Cariño del Colombiano Pescado.- Una mañana de diciembre de 1994, pocos días antes de la Navidad, un acontecimiento rompió la tensa calma en el distrito de Pelejo. Hasta las instalaciones de la Base Contrasubversiva llegó un narcotraficante colombiano conocido bajo el seudónimo de «Pescado». Lo recibí en la pequeña sala de visitas, un espacio contiguo a mi modesto dormitorio. El extranjero, un hombre de baja estatura y apariencia humilde, fue directo al grano y sin preámbulos me dijo:

—Jefe, nosotros sabemos de los problemas de provisiones y las grandes necesidades que tienen ustedes. Por eso, he venido a entregarle mi colaboración para que pasen una buena Navidad. Aquí tiene una boleta de pago para que recojan sus provisiones en la tienda del señor Fasabi, y un sobre con mil dólares americanos.

Mientras aquello sucedía, la tropa de servicio permanecía en alerta, observando cada movimiento. En el acto, mandé llamar al sargento de seudónimo «Chancho», el más antiguo entre el personal de tropa, para hacerlo partícipe y testigo transparente de todo lo recibido. En ese instante, una profunda sensación de alivio y felicidad me embargó ante aquel auxilio inesperado.
—Jefe, no se preocupe, mi apoyo es incondicional —agregó el colombiano, asegurando que no solicitaba ningún tipo de favor a cambio.

Pensando que su misión estaba cumplida, el emisario se levantó de la pequeña banca de madera, me dio la mano y se retiró con destino al vecino distrito de Papaplaya. En cuanto el colombiano cruzó el puente del pueblo, reuní de inmediato a todo el personal de tropa. Ordené a diez hombres dirigirse con la boleta en la mano hacia el comercio del señor Fasabi. Cuando los soldados retornaron, traían consigo un cargamento impresionante. Aquel narcotraficante había abastecido a la base infinitamente mejor de lo que jamás lo había hecho el propio Comando del Ejército a través de su deficiente Servicio de Intendencia: llegaron tres sacos de azúcar, tres sacos de arroz, cinco cajas de leche, diez paquetes de fideos, dos sacos de harina, cuatro bolsas de quince kilos de avena, cajas enteras de condimentos, dos cajas de aceite y cinco cajas de atún.

A partir del 18 de diciembre de 1994, la realidad nutricional de mis hombres cambió de forma radical, pasando a disfrutar de un rancho tipo A1 en el desayuno, el almuerzo y la cena. Con el dinero en efectivo, comprábamos diariamente gallinas, pescado fresco, carne de sajino, chancho, verduras y abundantes plátanos verdes. Por primera vez en meses, nos sentimos verdaderamente como soldados dignos al servicio de la patria; la tropa del Servicio Militar Obligatorio desbordaba felicidad. El cambio fue tan notorio que, cuando soldados de tránsito de otras bases militares probaban la comida de nuestro rancho, quedaban atónitos. Uno de ellos, con amargura, me confesó:
—Mi suboficial, en esta base sí me gustaría servir. Aquí la tropa come bien y en cantidad, mientras que allá, en mi base, el capitán nos mata de hambre.

El bienestar transformó el espíritu de la guarnición: se fomentó una disciplina férrea y un profundo respeto hacia los civiles. Con el dinero restante, acudí ante un carpintero local y le ordené la entrega urgente, en un lapso de quince días, de veinte catres fabricados con madera de ishpingo. Además, compré veinte colchones nuevos, ollas, pailas, baldes y enseres de cocina para desterrar los utensilios viejos y perforados. Aquel año pasamos una Navidad inolvidable junto a todo mi personal, celebrando con pavos y panetones una cena digna. Asimismo, utilicé ese fondo para entregar cien soles a cada soldado que salía de permiso a lugares lejanos, garantizando que tuvieran cubiertos sus pasajes y alimentación.

Con el tiempo, comprendí la magnitud del engranaje que operaba en la zona. Antes de mi llegada, todos mis antecesores habían convivido cómodamente con las firmas colombianas y peruanas, permitiendo la salida de numerosos vuelos cargados de droga desde el rústico aeropuerto ubicado a una hora de camino a pie. Pero aquel negocio no beneficiaba únicamente al jefe de la base de turno; era un esfuerzo conjunto y perfectamente coordinado. Para permitir el aterrizaje de las aeronaves, entraban activamente en el negocio el alcalde distrital, el teniente gobernador y el presidente del comité de autodefensa o jefe de los ronderos. Todas las autoridades participaban del festín ilegal.

Para comprar el silencio y la complicidad de aquella población abandonada por el Estado, los narcotraficantes habían financiado la adquisición de un motor generador de luz de corriente alterna y una antena parabólica. Al asumir el mando, hallé el grupo electrógeno frente a la base, resguardado en un pequeño inmueble; de hecho, mi propio personal de tropa se encargaba de encenderlo y apagarlo cada noche en el horario de 19:00 a 22:00 horas, utilizando parte de los veinte cilindros de petróleo que las firmas habían comprado.

Según los testimonios de la familia Ríos Orbe, quienes tenían sus parcelas agrícolas en las inmediaciones de la pista de aterrizaje, cada vuelo le costaba a las firmas la suma de treinta mil dólares americanos, y en ocasiones llegaban a despachar hasta tres aeronaves consecutivas. Los intermediarios de los mafiosos murmuraban incluso que la propia DEA se encontraba coludida con el tráfico, pues afirmaban que en horas previamente coordinadas se apagaban los radares de control, abriendo la ventana de tiempo necesaria para que las avionetas ingresaran y salieran con rumbo directo a Colombia.

Mirando hacia atrás, no lo niego: en los lugares donde laboré en la selva, acepté las propinas de los narcotraficantes peruanos y colombianos. Pero tengo la conciencia tranquila de saber que cada dólar de ese dinero fue empleado estrictamente en el rancho, la dignidad y el bienestar de los soldados que la patria me había encomendado proteger en el olvido del Huallaga.

Todos Estaban Involucrados con las Firmas de Narcotraficantes.- En esta Base Contrasubversiva todos mis antecesores habían trabajado cómodamente con todos los narcotraficantes colombianos y peruanos, sacaron varios vuelos desde el aeropuerto que se encontraba a una hora de camino a pie, pero en este negocio no solo se beneficiaba el jefe de la Base Militar, este era un trabajo conjunto, para permitir el ingreso de las aeronaves también entraba al negocio el alcalde, el teniente gobernador, el presidente de comité de autodefensa (jefe de Ronderos), es decir todas las autoridades políticas participaban. 

Para comprar el silencio de los pobladores del distrito abandonados por el mismo Estado peruano, los narcotraficantes compraron un grupo electrógeno, motor generador de luz de corriente alterna y una antena parabólica. Cuando llegué al mencionado distrito, hallé el motor frente de la Base dentro de un pequeño inmueble, justamente el personal de Tropa se encargaba de encenderlo y apagarlo en horas de la noche (19:00 horas - 22:00 horas), además encontré 20 cilindros de petróleo comprado por los narcotraficantes. Me decían en aquellos tiempos cada vuelo costaba la suma de treinta ($ 30,000.00) mil dólares americanos, también me dijeron que en algunas oportunidades habían sacado hasta tres vuelos, información vertida por la familia Ríos Orbe que en aquellos tiempos tenía sus chacras en las inmediaciones del rustico aeropuerto. También comentan que la misma DEA se encontraba involucrado con el tráfico de droga, pues según la versión de algunos intermediarios (hombres de contacto de los narcos), en horas establecidas se apagaban todos los radares, lapso de tiempo en que las aeronaves ingresaban y salían con destino a Colombia. No lo niego, en los lugares donde laboré recibí la propina de los narcotraficantes peruanos y colombianos, dinero que lo empleé en rancho y bienestar de mi personal. Demostrado está que en el Perú el narcotráfico existe porque las autoridades del Estado están involucrados, de hecho la Policía Nacional y los fiscales son los principales responsables. 

El Retorno de las Firmas para pasar sus Vacaciones. - A mediados de diciembre de 1994, el Huallaga pareció entrar en una tregua ficticia. Los narcotraficantes colombianos abandonaron en masa sus posiciones en Juan Guerra, Chazuta y el Pongo de Aguirre. Regresaron a su país para disfrutar de unos placenteros días de Navidad y fiestas de fin de año con las ganancias de la mercancía. En el pueblo de Pelejo, los murmullos corrían como la pólvora: los pobladores comentaban que los últimos «nachos» se habían escapado burlando mi control en la oscuridad de la noche, auxiliados por civiles traidores, sacando toneladas de droga en sus deslizadores río abajo. Decían también que las firmas no volverían a asomar las narices sino hasta mediados de enero de 1995. Con esa información de inteligencia nativa en las manos, me armé de paciencia y me dispuse a esperarlos. Meses atrás, los mismos lugareños me habían advertido sobre el ostentoso estilo de vida de estos capos: ingresaban a sus zonas de operaciones escoltados por hermosas modelos brasileñas, colombianas y peruanas, con quienes convivían en los campamentos ocultos de la selva.

La espera concluyó el 16 de enero de 1995. Siendo exactamente las quince horas, la sirena invisible de la alerta se encendió cuando mis centinelas interceptaron dos deslizadores en el puerto. El primero de ellos, donde viajaba el capo colombiano conocido como «Jimi» junto a sus cuatro guardaespaldas —a quienes ya tenía identificados desde mis días en Huimbayoc— y ocho imponentes mujeres de acento extranjero, maniobró rápidamente al verse descubierto y se atracó en la orilla opuesta del río. Cuando bajé corriendo al muelle, los encontré parapetados al frente, midiendo la distancia de ciento veinte metros de agua que nos separaba.

Sin embargo, el segundo deslizador no tuvo la misma suerte y quedó retenido en nuestra orilla por el personal de tropa. Al aproximarme para la inspección, constaté que el timonel era un sujeto de contextura gruesa, otro viejo conocido de las rutas de Huimbayoc. Al verse acorralado por los fusiles FAL, el hombre mudó la altanería por la súplica:
—Jefe, estamos llegando recién desde Colombia y andamos casi sin plata —me dijo con voz temblorosa—. Yo sé que estamos en falta con usted. La otra semana recién nos va a llegar el dinero de la firma. Déjenos pasar, que quede como un pendiente y nos regularizamos sin falta a fin de mes.

En ese instante de máxima tensión, sentí el impulso eléctrico de liberar una ráfaga de fusil FAL sobre la embarcación y terminar con la farsa. El dedo me temblaba en el disparador, pero la fría razón militar me contuvo. Esos delincuentes siempre alardeaban de circular con el visto bueno y la protección de los altos mandos «de arriba», y en una base aislada de veinte hombres, declarar una guerra abierta contra las cabezas del poder institucional era una sentencia de muerte. Para preservar la vida de mi tropa, decidí «hacerme el cojudo» y tragarse la indignación. Aquel día los dejé pasar sin que desembolsaran un solo céntimo. Sin embargo, la confirmación de la podredumbre del sistema no tardó en llegar: al día siguiente, mis informantes me confirmaron que en la Base Contrasubversiva de Huimbayoc las firmas sí habían pagado puntualmente el cupo correspondiente al capitán.

Aquella vida en la primera línea del Huallaga no daba tregua al cuerpo ni a la mente. En mi condición de jefe de Base, mi rutina se convirtió en un calvario de vigilancia extrema: permanecía despierto y en alerta desde las seis de la mañana hasta la una de la madrugada. Eran diecinueve horas de servicio ininterrumpido y agotador, tras las cuales recién me retiraba a mi modesta tarima a conciliar un sueño ligero, con el uniforme puesto y el arma al alcance de la mano, pensando siempre en el peligro inminente de un ataque. Así pasaron los días, en un ciclo infinito de desgaste físico y mental, sin un solo día de descanso, sosteniendo el orden del distrito a pura fuerza de voluntad.

viernes, 1 de julio de 2016

EQUIPO DE RADIO DE ALTA FRECUENCIA HF/BLU PRC-2200 (S)

El equipo de radio HF/BLU PRC-2200 (S) es un receptor transmisor portátil en arnés, de alta frecuencia (HF), banda lateral única (BLU) y provee 285,000 canales de radio frecuencia (RF), espaciados a cada 100 Herz.

Las comunicaciones en Alta Frecuencia (HF) varían según el tiempo, la frecuencia y la ubicación de las estaciones de radio. La frecuencia a emplearse depende de la capa ionosfericas a utilizarse y la distancia entre las estaciones de radio. Las tormentas ionosfericas causan el deterioro de las comunicaciones.

Propagación de las ondas de radio frecuencia.- Una corriente de radio frecuencia que circula por un conductor de longitud finita puede producir campos electromagnéticos que se desvinculan del conductor desplazándose por el espacio libre y que al pasar a través de un conductor distante podrá poner en movimiento algunos electrones del mismo, constituyendo una corriente que varia de acuerdo con las modificaciones del campo. Esta propiedad es utilizada para posibilitar la comunicación por radio. Cuando las corrientes de RF circulan a través de una antena transmisora se irradian ondas de radio desde la antena en todas las direcciones, a una frecuencia igual a la frecuencia de la corriente de Radio Frecuencia. Las ondas que viajan a la velocidad de luz, poseen un campo electrónico y otro magnético perpendiculares entre si y ortogonales a la vez a la dirección de propagación, que está conformado por la presencia de un campo de inducción, cerca de la antena, que varia en razón inversa en el cuadrado de la distancia a la misma y que por lo tanto se desvanece rápidamente y un campo de radiación que varía en razón inversa con la distancia y se mantiene aun a gran distancia de la antena. Cuando una onda de radio abandona una antena vertical, el diagrama de campo de la onda se asemeja a una inmensa rosquita o rosquilla que se apoya en la tierra con la antena ubicada en el agujero central. parte de la onda terrestre y el resto de esta se mueve hacía arriba y hacia afuera para constituir la onda celeste. La onda terrestre se emplea para comunicaciones de poco alcance a frecuencias elevadas, con baja potencia; como para comunicaciones de largo alcance se utiliza frecuencias bajas, con potencias muy elevadas. Las ondas celestes se utilizan para comunicaciones diurnas de alta frecuencia y largo alcance. Durante las noches, las ondas celestes son medios para los contactos de largo alcance a frecuencias algo menores. La onda terrestre está formada por un superficial y otra espacial. la onda superficial se desplaza a lo largo de la superficie de la tierra. La onda espacial sigue dos caminos: Uno directo, desde el transmisor al receptor y el otro por reflexión en la tierra antes de alcanzar el receptor, estas dos componentes pueden arribar en fase o fuera de fase entre sí, sumándose ó anulándose entre sí, ninguno de estos componentes resulta afectada por las capas reflectoras de la atmósfera denominada IONOSFERA.   

La Ionosfera. - La ionosfera es una región de la atmósfera que empieza aproximadamente a 40 kilómetros sobre la tierra y se extiende hasta 560 KM. Se llama ionosfera porque contiene un número mucho mayor de iones negativos y positivos que las otras regiones de la atmósfera. Los iones se forman cuando un átomo neutro pierde uno o más electrones o bien los adquiere.

Capas Ionosfericas. - La capa más baja de la ionosfera se ubica entre 40 a 80 KM de altura aproximadamente, a esta capa se le llama capa “D”; solo se produce durante el día, su grado de ionización en bajo. Inmediatamente encima de la capa “D” está la capa “E” que se extiende desde 80 KM hasta los 145 KM de altura aproximadamente. En la capa “E” la densidad de ionización es máxima a unos 110 Km. sobre la tierra. La capa “E” es mucho más fuerte que la capa “D”  y no desaparece duran te la noche, aunque se debilita  bastante. La densidad máxima de la capa “D” ocurre aproximadamente a medio día. La última capa de la ionosfera es la capa “F” que se extiende de una altura de 145 de altura hasta el límite superior de la ionosfera o sea 560 KM. De noche solo hay aún capa “F”, pero durante el día esta se diferencia frecuentemente en dos partes, denominado F-1 y F-2. La capa “f-2” es la de mayor altura, tiene densidad iónica más alta que cualquiera de las capas ionosfericas la capa F-1 y F-2 se combinan nuevamente en la capa F poco después del crepúsculo.

Refracción.- Debido a sus propiedades especiales, la ionosfera produce dos efectos  sobre las ondas espaciales, absorbe en cantidades variables la energía que contenga  y desvía de su trayectoria o dobla las ondas que atraviesan oblicuamente las distintas capas de aire, fenómenos llamado refracción. La capacidad que tenga la ionosfera para desviar una onda hacia la tierra depende de la FRQ de la onda y del ángulo al que ésta incida en la ionosfera, así como de la densidad iónica de las diferentes capas ionosfericas. La capa “D” absorbe la mayor parte de la energía que tienen las ondas de baja frecuencia, de modo que ninguna de ellas puede llegar a las capas E y F donde se produce la refracción.

Frecuencia crítica. - Aunque todas las ondas son susceptibles de refracción atmosférica, el grado de refracción depende de la FRQ de la onda. Si su trayectoria sufre una desviación brusca la onda regresa rápidamente a la tierra; pero si la desviación es ligera la onda refractada atraviesa la ionosfera y sigue propagándose hacia el espacia exterior para perderse.

Distancia de Silencio y Zona de Salto. - Cuando una onda de radio es refractada por la ionosfera puede regresar a la tierra por muchos cientos de KM de distancia de la antena transmisora. La distancia exacta depende de muchos factores incluyendo la FRQ de onda, el ángulo con lo que penetra a la ionosfera y la hora del día.

Características Funcionales Principales
  • Establecimiento automático del enlace con selección del canal libre más silencioso que pueda soportar comunicaciones.
  • Silenciamiento activo avanzado, el canal acalla la salida de audio cuando no se recibe señal y silenciamiento silábico pasivo (para compatibilidad con aparatos de radio más antiguo).
  • Selección de llamadas, enmudece la salida de audio cuando se reciben señales que no fueron dirigidos a su audio.
  • Inscripción y salto de frecuencias integral, que usa procesamiento digital de la señal.
  • Módem integral de 50/75 baudios sincrónico/asincrónico con corrección directa de error (FEC) e interfaz a módem externo para velocidades de transferencia de datos de hasta 2400 baudios.
  • Control total por microprocesador.
  • Interfaz con sistemas externos de administración de frecuencias (MEZA).
  • Capacidad de control remoto total.
  • Simplicidad y conveniencia de operación, mediante una interfaz “amistosa” de operador que exhibe claramente los status de la radio y guía al operador en la ejecución de las diversas tareas.
  • Los parámetros operacionales están almacenados en una memoria protegida por batería.
  • Conversión a equipo de radio vehicular mediante el uso de una montura vehicular.
Característica Técnicas Principales
  • Gama de frecuencias: 1.5 a 29,9999 Mhz
  • Cantidad de canales RF/espaciados: 285,000/100 Hz
  • Cantidad de canales prefijables: 20
  • Clases de emisiones: BLS y BLI (Voz, telegrafía y datos)
  • Modo de emisión de señal: Claro, Seguro y Antiperturbación (salto de frecuencias)
  • Modo de selección de frecuencias: Fija y Auto Call (establecimiento automático del enlace en la frecuencia mejor      de la tabla 1 ó 2.
  • Tipo de silenciamiento: Activo (silenciamiento de codificación digital) y pasivo (silábico).
  • Direcciones de llamada selectiva: 27 direcciones individuales, 03 direcciones de grupo y llamada general (ALL)
  • Potencia de salida de RF: 20, 10, 05 Wats
  • Microtelefono: H-250/GR y H-189/GR
  • Tipos de antena: Látigo de 9 pies (2.7 mts), Diplo de 50 Ohm y “V” invertida ó unifilar.
  • Modo de sintonía: Automático.
  • Alimentación: Batería NI CD recargable TNC-2188 de 14.5 VDC

Servicio de Comunicaciones


Medios de la señal              : Voz, telegrafía (CW) y Data.
Transmisión de datos          : Se prevé dos selecciones
  1. Módem Interno.- Para operación con teleimpresoras sincrónicos o asincrónicos de 50 a 75 baudios.
  2. Módem Externo.-  Para todas las velocidades de datos, hasta una transferencia máxima de 2400 baudios, usando un módem externo apropiado.
  3. Trasmisión de Flash: Transmisión de emergencia de un código pre establecido de tres dígitos.

Modo de emisión de la señal        : Se provee tres selecciones.
  1. Claro (CLR).-  La radio transmite y recepciona en claro.
  2. Seguro (SEC).- La radio transmite y recepciona una señal codificada, esta opción puede ser utilizada para comunicaciones vocales y telegráficas.
  3. Antiperturbación (AJ).- La radio transmite y recepciona señales de frecuencia que son cambiadas rápidamente de acuerdo a una ráfaga de bitios seudoaleatorios basada en la clave  A - J del canal.
En la gama de frecuencias HF, las condiciones de propagación interfieren en la libre selección de frecuencias para el salto, aun cuando las frecuencias no sean utilizadas por las fuerzas amigas, pueden no soportar las comunicaciones a larga distancia o pueden ser perturbadas por estaciones de alta potencia.

El PRC-2200 (S) posee tres tipos de tabla de sato de frecuencias.
  • Una Tabla Central.
  • Una Tabla Manual.
  • Ocho Tablas Secuenciales
Llamadas Selectivas:

El PRC-2200 (S) transmite un código de identificación digital, simultáneamente con cada transmisión, cada radio que recibe la transmisión verifica si el código es el que le corresponde en recepción y permite que la señal de audio recibida pase a la salida únicamente cuando los códigos concuerdan. Por canal se tiene un número de transmisión y otro de recepción.

CUADRO DE POSIBILIDADES DE NUMERACIÓN DE LA ESTACIÓN DE RADIO Y LLAMADA SELECTIVA - ADDRESE (TECLA ADDR)

Total de abonados individuales: 27
  • Hay en total 30 direcciones: 27 individuales, 3 grupales y una general.

 Tipos de Silenciamiento: El PRC-2200 (S) provee dos tipos de silenciamiento
  •  Silenciamiento Activo.
  • Silenciamiento Silábico que es utilizado para compatibilidad con otros equipos de radio existentes. Ambos tipos de silenciamiento pueden ser apagado

  Función AUTO-CALL (Administración de Frecuencias).

La función AUTO-CALL se usa en los modos CLR y SEC para establecer automáticamente un enlace con el canal libre más silencioso que pueda soportar comunicaciones. Este asegura que la comunicación siempre tenga lugar en la frecuencia que bajo las condiciones dadas, ofrezca la mejor calidad de comunicación. La frecuencia operacional es elegida de entre las frecuencias almacenadas en una de las dos tabas. El equipo de radio barre continuamente las frecuencias en la tabla seleccionada y evalúa su calidad. El equipo de radio exhibe.

SCAN b – XY
Donde la letra “b” es el número de la tabla AUTO y “xy” es el código SELT.

Cuando se inicia una transmisión el equipo de radio iniciador (con dirección de recepción AB) selecciona automáticamente la mejor frecuencia libre. En esta frecuencia el equipo de radio iniciador transmite la dirección del aparato de radio llamado (con dirección de recepción xy). Durante este periodo se exhibe el mensaje CALL xy.
Cuando el equipo de radio llamado detecta esta transmisión, detiene el barrido y transmite automáticamente un acuse de recibo a la estación llamadora cuando finaliza su trasmisión. Cuando esto sucede, el operador del aparato de radio llamado ve el mensaje REPLY  AB.

A – B es SELT.R de la radio iniciador.

Basado en este acuse de recibo, el aparto de radio llamador exhibe el READY XY junto con la frecuencia seleccionada y el operador puede iniciar la transmisión.

El equipo de radio continúa usando la frecuencia seleccionada, mientras ésta sea lo suficientemente buena. Si la calidad se degrada, los operadores pueden comandar los equipos de radio para volver a seleccionar la mejor frecuencia y continuar la conversación en la nueva frecuencia.

El enlace es mantenido mientras haya tráfico entre estaciones, unos 40 segundos después que el tráfico cesa, los aparatos de radio recomienzan el barrido. Si el enlace no puede ser establecido en ninguna de las frecuencias contenidas en la tabla de frecuencias, el operador del equipo de radio llamador observa NO COM XY e la pantalla.

 Sintonía automática de antena.

El equipo de radio PRC – 2200 (s) siempre realiza la sintonía óptima de antena para lograr la máxima sensibilidad y potencia de transmisión. En AUTO CALL y AJ se ejecuta un proceso de sintonía especial denominado “aprendizaje” que ocurre con la primera acción del PTT.

Descripción Física

El equipo de radio PRC – 2200 (S) es un equipo de comunicaciones fabricado en chasis de aluminio, es muy resistente a los golpes caídas, inmersiones en el agua, humedad y altas temperaturas. En el panel delantero del RT-2001 se describe en las instrucciones operacionales. 

Componentes:

El equipo de radio PRC – 2200 (S) dispone de los siguientes componentes:

  1. Receptor Transmisor RT-2001 (S)
  2. Acoplador de antena CP-2003
  3. Microtelefono H-250/GR
  4.  Juego de antena látigo AT-1741h, que incluye:
  • Base de antena AB-591
  •   Antena plegable AT-271 A
  • Correa de retención
  • Adaptador de atea AB-10H
          5. Arnés de transporte ST-2043
     6.  Batería recargable NI CD TNC-2188
     7.     Juego de antena dipolo AT-1742, que incluye:
      ·           Alambre de antena W-198
      ·           Alimentador de dipolo F-198/T (7 metros)
      ·           Cordón dracón C-198
     8.     Alto parlante LS-108
     9.     Bolsa de accesorios CW-863/PRC.


Instalación de Antena

    La composición del equipo de radio PRC-2200(S) posibilita el uso de cualquiera de las antenas que se indica en el manual de operaciones. Sin embargo es necesario recalcar que la instalación de la antena debe hacerse con el equipo de radio apagado (OFF).

     Instrucciones Operacionales
·      Observe detalladamente los controles, conectores e indicadores de RT-2001 (S).

·      Familiarice con los teclados del panel frontal. 





TECLA

LECTURA EN PANTALLA QUE SE SELECCIONA



EXPLICACIÓN


PROGRAMA POR CANAL


PROGRAMA GENEAL
LITE 
(LUZ)
     LITE OFF
·    Apagado de pantalla.
-
-
-

Si
     LITE ON
·  Led se enciende en la pantalla.
     LITE LED
· Se enciende Led según trabajo.
2
SQ
  SQUELCH

     SQ OFF
·   Hay ruido de fondo.


Si

_

     SQ SYLAB
·   Se activa con la voz.
     SQ SEL.C
· Se activa cuando está direccionado al equipo
  

  



3
STAT   
     PWR 20 W
·   Valor de potencia de Tx.






Si






_
     REAR ANT
·   Dirección de salida de Tx.
     DIPOLE
·   Tipo de antena seleccionado
     ASY 50
·   Tipo de modem seleccionado.
     SQ OFF
· Tipo de silenciamiento seleccionado
     LSB
·   Banda lateral seleccionada.
     MODE VOICE
·   Modo de transmisión (CW, VOZ).
     DIGITOS
·   Hora y fecha.
     AUTO OFF
· Tabla de Auto Call seleccionada.
     SEC KEY 2
·   Llave de sección escogida.
     SEL.T.05
·   Dirección de Transmisión.
     SEL.R.03
·   Dirección de Recepción.

4
DATA
     FLASH
·   Transmisión por ráfaga.

_

SI
     EXT MODEM
·   Modem externo.
     INT MODEM
·   Uso de modem interno

5
POWER
     RCV ONLY
·   Únicamente e recepción.


SI
     PWR 5 W
·   Potencia de 5 W.
     PWR 10 W
·   Potencia de 10 W.
     POWER 20 W
·   Potencia de 20 W.
6
MODE
     VOICE
·   Voz - fonía

SI
     CW
·   CW- telegrafía
7
TIME
     EXHIBE LA HORA Y FECHA
·   La hora de 00 – 24 horas y la fecha DMA

SI

AUTO
     AUTO OFF
·   Auto apagado

SI

-
     AUTO ON 1
·   Auto Tabla 1 seleccionado.
     AUTO ON 2
·   Auto Tabla 2 seleccionado.
        9 KEY
     SEC – KEY
· N° de clave seguro seleccionado.
SI
-


0
TEST
     BIT
·   Verificación del RT.



SI
     BATT
·   Se verifica la batería.
     DISPAY
·   Se verifica la pantalla.
     BUG LIST
· Para mantenimiento de alto nivel.
     PASSWORD
·    

FRQ
     EXHIBE UNA
     FRECUENCIA
· Preparado para recibir una nueva frecuencia.
SI
-

ADDR
     SELT.T. ALL
·   Llamada a toda la red.

SI

-

     SEL.T. 04
· Llamada individual 04 de transmisión.
     SEL.R. 05
· Número del equipo como recepción.

NET

    NET 572
· Sección de la tabla de frecuencias de (0 a 9), 7 es el número de la clave (0 a 9), 2 es número de la red (0 a 9).

SI

-
  NOTA: Las indicaciones de la lectura en la pantalla que se encuentran subrayadas se modificarán de acuerdo a la programación.