El Escenario de las Urnas en
Urpay
El sábado 30 de octubre de
1993, el polvo del camino quedó atrás cuando la patrulla «Huascarán» al mando
del suboficial EP Miguel Pineda, pisó por tercera vez en su historia, el pequeño
distrito de Urpay. Procedentes del Batallón Contrasubversivo N° 323 de
Huamachuco, los veintiún hombres de la patrulla sabían que esta incursión era
diferente. No se trataba de un asalto táctico directo, sino de custodiar el
Proceso de Referéndum Constitucional convocado para el día siguiente, domingo
31 de octubre, bajo el primer periodo de gobierno del ingeniero Alberto
Fujimori. El centro de operaciones y votación ya estaba definido: las aulas del
colegio César Vallejo Mendoza.
Urpay apareció ante los ojos
de la patrulla como el retrato vivo de un típico distrito serrano suspendido a
2,688 metros de altitud. Era un paraje de poca población, configurado por
pequeñas calles sin asfalto y viviendas construidas de tapial con techos de
teja que resistían el clima de la cordillera. Sin embargo, las paredes del
pueblo hablaban de la fractura social del país: en los muros de adobe se
mezclaban, en una tensa vecindad, las pintas de propaganda de los partidos
políticos tradicionales con las consignas senderistas del PCP-Sendero Luminoso
del camarada “Gonzalo”.
La conexión entre los
distritos de Urpay y Tayabamba dependía de una angosta trocha carrozable. Era
una ruta difícil, por la que solo esporádicamente se aventuraban los vehículos
de la municipalidad o del Centro de Salud. Por ello, la norma para los pobladores
y la ley para las patrullas del ejército era la misma: desplazarse a pie,
desafiando la geografía.
Esa misma escasez de
transporte motorizado convertía a la trocha en una arteria clandestina de alta
peligrosidad. Por ese camino angosto transitaban a pie los «traqueteros» o
mochileros provenientes de Tocache y de otras zonas del departamento de San Martín.
Cruzaban las montañas cargando droga en sus espaldas con destino a los
acopiadores de cocaína que operaban ocultos en Urpay y Tayabamba. Aquella
economía ilegal no era un secreto en la zona; los cargamentos se movían bajo el
amparo de la impunidad, protegidos habitualmente por los políticos, policías de
la zona y las principales autoridades, incluidos alcaldes y gobernadores. Desde
allí, la mercancía esperaba el momento de ser embarcada en avionetas
clandestinas rumbo a las firmas del narcotráfico en Colombia, cerrando un
círculo de corrupción que el gobierno de turno no podía combatir a través de
sus autoridades políticas locales.
La Lección Bajo el Cielo de
Urpay
El domingo 31 de octubre de
1993 amaneció con un cielo encapotado y frío. A las 06:30 horas, la patrulla
tomó posiciones en el colegio César Vallejo Mendoza para custodiar las mesas de
sufragio del Referéndum Constitucional. Desde la puerta principal del plantel,
la realidad del Perú profundo se hizo evidente ante mis ojos. Una multitud de
campesinos ya se agolpaba en el ingreso. Eran hombres y mujeres golpeados por
la miseria extrema que había dejado el primer gobierno de Alan García Pérez.
Bajaban temprano desde sus caseríos recónditos. Los varones vestían trajes de
bayeta y las mujeres lucían sus polleras tradicionales; en los pies de ambos,
las ojotas reemplazaban a los zapatos.
Al ver a más de doscientas
personas reunidas en una tensa espera, tomé una decisión audaz. Con el puñal de
combate en la mano como símbolo de autoridad, pero con la palabra armada de
convicción, decidí hablarles. Me propuse sacudirlos del letargo histórico
mediante una reeducación in situ, un "lavado de cerebro" directo
sobre la historia de la República desde el 28 de julio de 1821 hasta los días
de Alberto Fujimori. Mis palabras resonaron firmes frente al local:
—«El 28 de julio de 1821, el
Perú criollo celebró el separatismo de España. Pero para el Perú profundo, eso
careció de sentido. Las guerras entre San Martín, Bolívar, Sucre, La Serna,
Canterac y Rodil no fueron más que la continuidad de las viejas disputas entre
los Pizarros, Almagros, La Gasca y Centeno. Sin embargo, se engaña a los
estudiantes y al pueblo en general, sumido en una crisis de identidad,
haciéndoles creer que las mágicas palabras de San Martín nos dieron la
independencia. Lo cierto es que en ese entonces Lima estaba sitiada por
guerrillas autóctonas a quienes tanto el español peninsular José de la Serna
como el español americano José de San Martín detestaban ancestralmente. Para
San Martín era urgente liberar a los criollos del yugo hispano, pero de ninguna
manera a los autóctonos del yugo criollo y español».
Durante treinta minutos
desnudé ante ellos la historia de los presidentes que gobernaron el país. Les
expliqué cómo nuestras riquezas habían sido saqueadas por los grandes
capitalistas extranjeros en complicidad con malos gobernantes. Hacia el final
del discurso, les lancé una pregunta directa al corazón de sus contradicciones:
—«¿José de San Martín está más
cercano al visitador José Antonio de Areche o a Túpac Amaru?»
Un silencio sepulcral inundó
la calle. Los campesinos y campesinas me miraban estupefactos, petrificados por
la crudeza de la verdad; nadie se atrevió a refutarme. El impacto de aquella
lección de historia caló hondo en su conciencia. Minutos después, al abrirse
las mesas, la multitud ingresó ordenadamente a las cámaras secretas y ejecutó
un silencioso acto de protesta: votaron masivamente en blanco. En todo el
distrito de Urpay, nadie apoyó el proyecto de Alberto Fujimori.
Sin embargo, la historia fuera de aquellas montañas ya estaba escrita. A nivel nacional triunfó el "Chino" Fujimori. La fujiconstitución de 1993 comenzó su reinado, convirtiéndose en una carta intocable para una clase política que cada cinco años se hace más rica. Se impuso el continuismo de una derecha codiciosa que no aporta nada al país, mientras los seudopartidos actuales dejaron de producir ideas, permitiendo que la robocracia continúe gobernando con total impunidad.

