sábado, 3 de agosto de 2019

LA PATRULLA "HUASCARÁN": EL ESCENARIO DE LAS URNAS EN URPAY PROVINCIA DE PATAZ 30 DE OCTUBRE 1993

El Escenario de las Urnas en Urpay

El sábado 30 de octubre de 1993, el polvo del camino quedó atrás cuando la patrulla «Huascarán» al mando del suboficial EP Miguel Pineda, pisó por tercera vez en su historia, el pequeño distrito de Urpay. Procedentes del Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco, los veintiún hombres de la patrulla sabían que esta incursión era diferente. No se trataba de un asalto táctico directo, sino de custodiar el Proceso de Referéndum Constitucional convocado para el día siguiente, domingo 31 de octubre, bajo el primer periodo de gobierno del ingeniero Alberto Fujimori. El centro de operaciones y votación ya estaba definido: las aulas del colegio César Vallejo Mendoza.

Urpay apareció ante los ojos de la patrulla como el retrato vivo de un típico distrito serrano suspendido a 2,688 metros de altitud. Era un paraje de poca población, configurado por pequeñas calles sin asfalto y viviendas construidas de tapial con techos de teja que resistían el clima de la cordillera. Sin embargo, las paredes del pueblo hablaban de la fractura social del país: en los muros de adobe se mezclaban, en una tensa vecindad, las pintas de propaganda de los partidos políticos tradicionales con las consignas senderistas del PCP-Sendero Luminoso del camarada “Gonzalo”.

La conexión entre los distritos de Urpay y Tayabamba dependía de una angosta trocha carrozable. Era una ruta difícil, por la que solo esporádicamente se aventuraban los vehículos de la municipalidad o del Centro de Salud. Por ello, la norma para los pobladores y la ley para las patrullas del ejército era la misma: desplazarse a pie, desafiando la geografía.

Esa misma escasez de transporte motorizado convertía a la trocha en una arteria clandestina de alta peligrosidad. Por ese camino angosto transitaban a pie los «traqueteros» o mochileros provenientes de Tocache y de otras zonas del departamento de San Martín. Cruzaban las montañas cargando droga en sus espaldas con destino a los acopiadores de cocaína que operaban ocultos en Urpay y Tayabamba. Aquella economía ilegal no era un secreto en la zona; los cargamentos se movían bajo el amparo de la impunidad, protegidos habitualmente por los políticos, policías de la zona y las principales autoridades, incluidos alcaldes y gobernadores. Desde allí, la mercancía esperaba el momento de ser embarcada en avionetas clandestinas rumbo a las firmas del narcotráfico en Colombia, cerrando un círculo de corrupción que el gobierno de turno no podía combatir a través de sus autoridades políticas locales.


La Lección Bajo el Cielo de Urpay

El domingo 31 de octubre de 1993 amaneció con un cielo encapotado y frío. A las 06:30 horas, la patrulla tomó posiciones en el colegio César Vallejo Mendoza para custodiar las mesas de sufragio del Referéndum Constitucional. Desde la puerta principal del plantel, la realidad del Perú profundo se hizo evidente ante mis ojos. Una multitud de campesinos ya se agolpaba en el ingreso. Eran hombres y mujeres golpeados por la miseria extrema que había dejado el primer gobierno de Alan García Pérez. Bajaban temprano desde sus caseríos recónditos. Los varones vestían trajes de bayeta y las mujeres lucían sus polleras tradicionales; en los pies de ambos, las ojotas reemplazaban a los zapatos.

Al ver a más de doscientas personas reunidas en una tensa espera, tomé una decisión audaz. Con el puñal de combate en la mano como símbolo de autoridad, pero con la palabra armada de convicción, decidí hablarles. Me propuse sacudirlos del letargo histórico mediante una reeducación in situ, un "lavado de cerebro" directo sobre la historia de la República desde el 28 de julio de 1821 hasta los días de Alberto Fujimori. Mis palabras resonaron firmes frente al local:

—«El 28 de julio de 1821, el Perú criollo celebró el separatismo de España. Pero para el Perú profundo, eso careció de sentido. Las guerras entre San Martín, Bolívar, Sucre, La Serna, Canterac y Rodil no fueron más que la continuidad de las viejas disputas entre los Pizarros, Almagros, La Gasca y Centeno. Sin embargo, se engaña a los estudiantes y al pueblo en general, sumido en una crisis de identidad, haciéndoles creer que las mágicas palabras de San Martín nos dieron la independencia. Lo cierto es que en ese entonces Lima estaba sitiada por guerrillas autóctonas a quienes tanto el español peninsular José de la Serna como el español americano José de San Martín detestaban ancestralmente. Para San Martín era urgente liberar a los criollos del yugo hispano, pero de ninguna manera a los autóctonos del yugo criollo y español».

Durante treinta minutos desnudé ante ellos la historia de los presidentes que gobernaron el país. Les expliqué cómo nuestras riquezas habían sido saqueadas por los grandes capitalistas extranjeros en complicidad con malos gobernantes. Hacia el final del discurso, les lancé una pregunta directa al corazón de sus contradicciones:

—«¿José de San Martín está más cercano al visitador José Antonio de Areche o a Túpac Amaru?»

Un silencio sepulcral inundó la calle. Los campesinos y campesinas me miraban estupefactos, petrificados por la crudeza de la verdad; nadie se atrevió a refutarme. El impacto de aquella lección de historia caló hondo en su conciencia. Minutos después, al abrirse las mesas, la multitud ingresó ordenadamente a las cámaras secretas y ejecutó un silencioso acto de protesta: votaron masivamente en blanco. En todo el distrito de Urpay, nadie apoyó el proyecto de Alberto Fujimori.

Sin embargo, la historia fuera de aquellas montañas ya estaba escrita. A nivel nacional triunfó el "Chino" Fujimori. La fujiconstitución de 1993 comenzó su reinado, convirtiéndose en una carta intocable para una clase política que cada cinco años se hace más rica. Se impuso el continuismo de una derecha codiciosa que no aporta nada al país, mientras los seudopartidos actuales dejaron de producir ideas, permitiendo que la robocracia continúe gobernando con total impunidad.