El general del caballo negro “Elegante”: Memorias de la Breña en Chalhuayaco San Marcos Ancash.- El lunes 11 de junio de 1883, al caer la tarde, las tropas patriotas procedentes del distrito de Aguamiro, en Huánuco, arribaron al paraje de Huayronca, donde establecieron su vivac para pasar la noche. Este punto estratégico se ubicaba en las inmediaciones altas del caserío de Challhuayaco, en el flanco sur del distrito de San Marcos, provincia de Huari, Áncash.
A las 07:00 horas del día
siguiente, martes 12 de junio, el general Andrés Avelino Cáceres ordenó
levantar el campamento para abandonar el encajonado paraje de Huayronca. En la década de 1970, mis
familiares —entre ellos mi abuelo, don Eliseo Ramírez Cadillo, quien para el
año de la guerra tenía apenas ocho años de edad— recordaban con asombro haber
sido testigos presenciales de aquel acontecimiento. Mi abuelo me comentaba con
detalle que vieron descender al general Cáceres montado sobre un hermoso
caballo negro de frente blanca, era pues el famoso caballo "elegante". A su paso por el caserío de Challhuayaco, los
campesinos de la zona salieron a su encuentro para recibirlo con abundante
chicha de jora, bebida con la que el general brindó junto a sus jinetes de
escolta y secretarios antes de reanudar la marcha. Continuando con el despliegue, la
vanguardia atravesó los caseríos de Chullus y las inmediaciones de los baños
termales de Quercos, marchando con paso firme con destino al distrito de Chavín
de Huántar.
Esta colosal travesía formaba
parte del tercer período de la Campaña de la Breña, comprendido entre el 6 de
mayo y el 2 de agosto de 1883. El éxodo del Ejército del Centro se había
iniciado semanas antes, el 21 de mayo, partiendo desde la ciudad de Tarma,
Junín, con rumbo al norte del Perú. La misión principal era alcanzar Cajamarca
para capturar al traidor Miguel Iglesias Pino. Al emprender este sacrificado
desplazamiento a través de la cordillera, el ejército patriota contaba
únicamente con dos mil hombres de infantería, doscientos artilleros y sesenta
jinetes pertenecientes a la escolta personal de Cáceres.
Al arribar al distrito de
Chavín de Huántar las fuerzas patriotas, y gracias a las incansables gestiones de coordinación del
subprefecto Boudby, los pobladores del distrito y de los caseríos colindantes
se volcaron a las calles para tributar un emotivo recibimiento a los combatientes de la breña entre aplausos y vítores. Para esta gran ocasión histórica, los chavinos
adornaron las calles con vistosos arcos triunfales y banderas nacionales;
asimismo, prepararon abundante rancho para la tropa, cuyos soldados no habían
probado alimento alguno desde su partida de Aguamiro. En la retaguardia del
grueso del ejército, marchaban la esposa del general, la señora Antonia Moreno
de Cáceres, y sus tres menores hijas, quienes viajaban acompañadas por otras
valientes mujeres y fuertemente custodiadas por un destacamento de
guerrilleros.
Durante su estancia en Chavín
de Huántar, los patriotas recibieron mulas y caballos aportados por la
población, los cuales fueron destinados al traslado de los pertrechos y al
alivio de los oficiales, pues muchos de ellos habían realizado la dura caminata
a pie. Al ver el valioso apoyo, Cáceres lamentó profundamente no haber obtenido
estos elementos de movilidad con anterioridad. Durante el penoso trayecto desde
Aguamiro —especialmente al cruzar los difíciles sectores de Ichic Colla y Jatun
Colla—, la falta de acémilas lo había obligado a abandonar varias cajas de
municiones y a dejar atrás a algunos soldados enfermos, quienes posteriormente
se convertirían en víctimas de la barbarie chilena. Entre estas trágicas bajas
se contó el subprefecto de Canta, el patriota Pardo, quien fue cruelmente
asesinado en Aguamiro. Pardo se había opuesto con firmeza a varios de sus
propios paisanos, quienes bajo el mando del coronel tránsfuga peruano Manuel
Encarnación Vento habían tomado las armas en apoyo de las fuerzas chilenas.
Aquella valiente resistencia fue, muy probablemente, la causa de su ejecución,
ordenada por el principal aliado de las fuerzas de ocupación en la región: el
coronel del ejército peruano Luis Milón Duarte.
Finalmente, el Ejército del
Centro abandonó el distrito de Chavín de Huántar en la madrugada del jueves 14
de junio de 1883. Las columnas continuaron su avance siguiendo la ruta del
camino preinca que atravesaba los caseríos de Nunupata, Lanchán, Chacpar y
Chichucancha, ascendiendo por la puna Shongo hasta trasponer la cordillera por
el abra de Yanashallas a más de 4700 metros sobre el nivel del mar.