miércoles, 29 de mayo de 2019

CAMPAÑA DE LA BREÑA: LLEGADA DEL EJÉRCITO PATRIOTA A CHAVÍN DE HUÁNTAR HUARI ANCASH 12 JUNIO 1,883

La gran marcha de las fuerza peruanas desde Tarma hacia el norte. - La tercera etapa de la Campaña de la Breña, comprendida entre el 6 de mayo y el 2 de agosto de 1883, estuvo marcada por un esfuerzo logístico sobrehumano. El 21 de mayo de ese año, cumpliendo con lo resuelto por la Junta de Tarma, el Ejército del Centro —compuesto por 2260 hombres bajo el mando del general Andrés Avelino Cáceres— abandonó la ciudad de Tarma, en Junín. Con ello iniciaron un largo y penoso desplazamiento a pie hacia el norte del Perú. La misión era perentoria: capturar al general Miguel Iglesias Pino, quien, tras disolver el Ejército del Norte que comandaba, había entablado negociaciones de paz con los jefes de ocupación chilenos, aceptando la entrega territorial de Tarapacá, Tacna y Arica.

Tras cruzar las difíciles geografías de Cerro de Pasco y Huánuco, las fuerzas peruanas arribaron la noche del jueves 7 de junio al distrito de Aguamiro —conocido en la actualidad como La Unión, capital de la provincia huanuqueña de Dos de Mayo—. El domingo 10 de junio, a las 07:00 horas, el contingente reanudó su marcha con destino al milenario distrito de Chavín de Huántar, en la provincia de Huari. Una hora después, una vez que el último soldado hubo iniciado el despliegue, partió el general Cáceres acompañado de sus ayudantes, secretarios y escolta personal.

Desde el primer momento, el trayecto se tornó sumamente difícil debido a un terreno pedregoso y plagado de atolladeros. Sin embargo, en ciertos tramos, el antiguo camino de los Incas (el Qhapaq Ñan) les ofreció un trazo admirable, llano y espacioso que despertó el asombro de los combatientes breñeros. Al respecto, el combatiente De los Heros anotó en sus crónicas: «Parece una calle ancha, horizontal y bien alineada, y en ella se notan claramente los vestigios de esa gran obra de la civilización imperial, tanto más asombrosa por las inmensas dificultades que vencieron para construirla». Tras una sacrificada jornada de seis leguas a través de las rutas de Tambillo, el ejército alcanzó la puna de Taparaco, en el sector de Andachupa. Allí pasaron la noche soportando el frío extremo del invierno andino. En aquel inhóspito paraje solo hallaron tres chozas de paja abandonadas; ante la absoluta falta de leña, se vieron en la necesidad de desmantelar las casuchas para utilizar su material como combustible. El fuego apenas sirvió para tostar un poco de cancha, único alimento que los soldados pudieron consumir esa noche. El general, por su parte, se conformó con una infusión de hojas de coca, bebida a la que se había habituado para resistir el rigor de las marchas en las altas cumbres.

A las 06:00 horas del lunes 11 de junio, se reanudó el avance desde la puna de Taparaco hacia Chavín de Huántar. Según el testimonio de todos los cronistas, esta fue una de las jornadas más desgarradoras de la campaña. El combatiente Pedro Manuel Rodríguez la describió como un «camino infernal», mientras que De los Heros relató la presencia de laderas resbaladizas, bajadas empinadas, quebradas hondas y atolladeros a cada paso. Por su parte, el intelectual y combatiente huamachuquino Abelardo Gamarra recordó que marcharon por el «peor camino imaginable, cubierto de profundos pantanos, en algunos de los cuales fue preciso colmar con piedras y fajina para que pudieran pasar los animales con sus cargas de artillería, cajas de municiones y otros». El propio general Cáceres refirió en sus memorias que, debido a estas condiciones, «se despeñaron algunas mulas en los barrancos, o quedaron sumidas en el cieno, perdiéndose con ellas la carga que llevaban; la artillería se trasladó con mucho cuidado y las bestias cuidadosamente guiadas por sus acemileros».

El ejército patriota, conformado en su gran mayoría por aguerridos e infatigables soldados huancayinos y ayacuchanos, recorrió a pie una distancia de 40 kilómetros sobre la llanura de Ichic Kolla y Jatum Kolla, superando los 4000 metros de altitud con el único sustento de la infaltable coca y la cancha tostada. Venciendo toda clase de obstáculos, el contingente de 2260 hombres arribó a las 15:00 horas de una tarde soleada al paraje de Huayrongha, próximo al caserío de Chalhuayaco, en el flanco sur del distrito de San Marcos, Huari. En este hermoso y encajonado paraje, cubierto por frondosos árboles de quinual, el grueso del ejército pernoctó soportando temperaturas nocturnas de hasta diez grados bajo cero. Como era su costumbre para mantener la moral de la tropa, el general Cáceres pasó aquella gélida noche a la intemperie junto a sus soldados, acompañado de su esposa e hijas. Finalmente, antes del mediodía del martes 12 de junio de 1883, la vanguardia y el grueso de las fuerzas peruanas hicieron su ingreso al histórico distrito de Chavín de Huántar.

La recepción patriótica en Chavín de Huántar y el valor de la memoria oral. - El martes 12 de junio de 1883, a las 07:00 horas, el general Andrés Avelino Cáceres abandonó el paraje de Huayrongha, en el sector del caserío de Chalhuayaco, al sur del distrito de San Marcos. La memoria oral de la región ha preservado con nitidez los pormenores de aquella mañana. Testigos presenciales de la época —cuyos relatos fueron transmitidos a través de generaciones, como el testimonio de Eliceo Ramírez Cadillo, quien entonces tenía ocho años— recordaban haber visto al general descender desde el encajonado paraje de Huayrongha montado en un hermoso caballo negro de frente blanca. Al llegar al caserío de Chalhuayaco, los campesinos locales lo recibieron con abundante chicha de jora, un gesto de hospitalidad con el que Cáceres brindó junto a su escolta y ayudantes antes de continuar el avance por los caseríos de Chullus y Quercos. En la retaguardia del grueso del ejército se desplazaba su esposa, la señora Antonia Moreno Leyva, junto a sus tres hijas, quienes marchaban acompañadas por quince campesinas y firmemente custodiadas por un destacamento de guerrilleros.

Gracias a las diligentes gestiones del subprefecto Bouby, los pobladores del distrito de Chavín de Huántar y sus caseríos acudieron en masa para rendir tributo y ovacionar a los combatientes. Para este acontecimiento histórico, los chavinos engalanaron las calles con vistosos arcos y banderas, y prepararon un abundante rancho que alivió el hambre de la tropa. Además, el vecindario proveyó de caballos y mulas para el traslado de los oficiales, los soldados enfermos y las cargas pesadas, pues hasta ese momento muchos oficiales se habían visto obligados a realizar a pie la extenuante caminata. Al recibir este vital apoyo, Cáceres lamentó profundamente no haber dispuesto de tales elementos de movilidad con anterioridad. Durante el tránsito desde Aguamiro, especialmente al cruzar las inhóspitas alturas de Ichic Kolla y Jatum Kolla, la falta de acémilas lo había obligado a abandonar varias cajas de municiones y a dejar rezagados a algunos enfermos. Lamentablemente, estos hombres cayeron poco después en manos de las fuerzas de ocupación enemigas, como el subprefecto Pardo, quien fue cruelmente asesinado en Aguamiro bajo presuntas órdenes del coronel peruano Luis Milón Duarte, un oficial que había traicionado la causa nacional para alinearse con los chilenos.

Durante los días 12 y 13 de junio de 1883, el histórico distrito de Chavín —afamado por su clima templado y el fervor patriótico de sus habitantes— sirvió de campamento general y brindó un reparador descanso al Ejército del Centro. Las tropas patriotas quedaron profundamente impresionadas por el imponente monumento arqueológico que floreció allí durante el Horizonte Temprano, erigido en el corazón de un hermoso valle a 3185 metros sobre el nivel del mar. La fisonomía de este paisaje sagrado estaba configurada por la confluencia de dos torrentes: el río Mosna, que nace en las alturas de la puna de Taruscancha y discurre de sur a norte regando Recudo y los caseríos de Quinín, Mosna, Machac y Quercos; y el río Huachecsa, cuyas aguas descienden desde las faldas del nevado Huantsán para recorrer el flanco oeste de Chavín a través de los pintorescos caseríos de Jato, Chichucancha, Chacpar y Lanchán. Fue en este entorno andino donde el Ejército de la Breña templó las fuerzas para reemprender su marcha hacia el norte.

Exploración en el laberinto arqueológico y el juego de sombras estratégico. - El miércoles 13 de junio, oficiales y secretarios del Estado Mayor solicitaron autorización al general Cáceres para visitar el monumento arqueológico de Chavín de Huántar. Concedido el permiso, los combatientes De los Heros y Rodríguez realizaron una detallada crónica de su visita, describiendo la estructura preincaica como un laberinto de piedra con callejones estrechos y edificaciones de dos pisos, incluyendo un pilar central con representaciones de dragones y figuras humanas.

Los oficiales notaron el deterioro causado por la búsqueda de tesoros y documentaron la zona, contando con la colaboración del comandante La Puente, el amanuense Cortés y los ingenieros Paz y Remy. La crónica, que describe la construcción con un aspecto más cercano a una prisión que a un palacio, detalla un puente de piedra sobre el río extraído del mismo sitio y menciona la colocación de inscripciones por parte del ejército.

Simultáneamente, el 13 de junio en Aguamiro, el coronel chileno Marco Aurelio Arriagada recibió información de sus colaboradores peruanos sobre la ubicación de las fuerzas de Cáceres en Chavín de Huántar, mientras el general peruano desconocía por completo la posición y ruta del enemigo. Arriagada optó por un camino alternativo, evitando las rutas convencionales de Tambillos, Taparaco y las Kolla, desplazándose hacia el distrito de Huallanca y llegando a la puna Torres de la familia Llanos el 15 de junio.

En Chavín de Huántar, el general Cáceres ignoraba que un tercio del ejército enemigo, bajo el mando del coronel León García, se desplazaba hacia su posición. De haber tenido conocimiento, las tropas peruanas —caracterizadas por su alto valor, moral y sacrificio, compuestas mayoritariamente por campesinos andinos mal armados— probablemente habrían emboscado y aniquilado al contingente chileno, que era superado numéricamente. 

El cruce de Yanashallas y el descenso al Callejón de Huaylas. - El jueves 14 de junio de 1883, a las 07:00 horas, el Ejército del Centro abandonó el distrito de Chavín de Huántar, ignorando por completo los movimientos que las fuerzas invasoras realizaban a su retaguardia. Como era su costumbre, el general Cáceres y su escolta partieron en la retaguardia dos horas más tarde. La tropa marchaba con la moral en lo más alto, reconfortada por el cálido y patriótico apoyo brindado por los chavinenses. Desde Chavín, los patriotas prosiguieron su avance a través de la ruta ancestral preincaica, cruzando los sectores de Nunupata, Chuna, Lanchán, Chacpar y Chichucancha. Tras recorrer la puna de Shongo, la vanguardia alcanzó a las 12:00 horas la imponente cordillera de Yanashallas, a más de 4700 metros sobre el nivel del mar. Esta ascensión representó un verdadero reto físico, teniendo como testigo al imponente nevado Huantsán, con sus 6370 metros de altitud.

Tras un esfuerzo admirable bajo una tarde radiante de sol, el grueso del ejército logró trasponer la cordillera de los Andes a las 17:00 horas. Los soldados plantaron su campamento en las faldas de la puna de Arhuaycancha, enfrentando los rigores de las heladas nocturnas del invierno andino a 4500 metros de altitud. Al alcanzar la cumbre, los incansables combatientes breñeros contemplaron un espectáculo impresionante: desde aquella enorme altura se divisaba el majestuoso nevado Huascarán y el hermoso Callejón de Huaylas, enmarcado por las cordilleras Blanca y Negra.

Desde este punto estratégico, el general Cáceres envió en comisión de servicio a los oficiales De los Heros, Manuel Rodríguez y Eléspuru hacia el distrito de Olleros. Su misión era perentoria: solicitar acémilas de carga a las autoridades de Recuay y Huaraz, puesto que, de lo contrario, el ejército se vería obligado a abandonar más cajas de municiones y equipaje pesado, comprometiendo seriamente el transporte de la artillería. Sin embargo, don Jesús Elías solo pudo enviar una modesta cantidad de mulas y caballos desde Olleros, lo que obligó nuevamente a los oficiales peruanos a desmontar para ceder sus cabalgaduras al acarreo de los pertrechos militares.

El ejército patriota, habituado a vencer cualquier dificultad geográfica, ascendió la larga y empinada cuesta del camino preincaico desde Chavín hasta la cumbre de Yanashallas. El trayecto se presentó hostil, cubierto de atolladeros y precipicios sumamente peligrosos. En múltiples tramos, debido a que ninguna bestia de carga lograba resistir la extenuante subida de casi cinco leguas, los soldados tuvieron que cargar la artillería y las cajas de municiones a pulso sobre sus propios hombros y espaldas. En medio de este crítico escenario, las oportunas arengas pronunciadas por el general Cáceres sirvieron como un poderoso acicate que insufló valor a la tropa para superar los obstáculos de las inmensas montañas.

Al día siguiente, viernes 15 de junio a las 06:00 horas, las fuerzas peruanas reanudaron la marcha desde el paraje de Arhuaycancha. Tras pasar por el caserío de Huaripampa, el general Cáceres y su ejército hicieron su ingreso a Canray Chico y al distrito de Olleros a las 11:00 horas. En esta localidad permanecieron únicamente una hora para consumir el rancho que el generoso y patriota pueblo andino los había preparado. En horas de la tarde, el grueso del contingente descendió desde Olleros hasta el puente Bedoya, continuando por un terreno llano con destino a la capital del departamento. Durante este trayecto se incorporaron formalmente al Estado Mayor el jefe político y militar del Norte, don Jesús Elías, y el prefecto de Lima, don Elías Mujica. Finalmente, tras culminar la épica travesía andina, las fuerzas peruanas hicieron su ingreso a la ciudad de Huaraz el mismo viernes 15 de junio de 1883 en horas de la tarde.

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