viernes, 8 de mayo de 2026

LA PATRULLA "HUASCARÁN" EN EL CENTRO POBLADO MAYOR DEL MOLINO VIEJO DISTRITO COCHORCO ABRIL 1993

La Patrulla "Huascarán": La Noche Fría de Molino Viejo (12 de abril de 1993). - El lunes 12 de abril de 1993, a las 22:30 horas, la patrulla «Huascarán» con sus 20 hombres de tropa SMO llegó al Centro Poblado de Molino Viejo, perteneciente al distrito de Cochorco, provincia Sánchez Carrión, región La Libertad. El contingente estaba conformado por experimentados soldados del Servicio Militar Obligatorio que vestían uniformes casi harapientos. Arribamos tras completar una penosa marcha a pie de treinta y cinco kilómetros durante quince extenuantes horas desde el caserío de El Pallar. La ruta nos había llevado a cruzar las altas punas, superando los 4300 metros sobre el nivel del mar, antes de descender a este poblado ubicado a 2707 metros de altitud, al pie de un inmenso cerro y caracterizado por sus casas con paredes de tapial y techos de teja.

En aquellos años del asedio de combatientes del PCP Sendero Luminoso, Molino Viejo cargaba con malos antecedentes debido a los constantes asaltos contra los transportistas y la fuerte presencia de los narcotraficantes. Cuando ocupamos este caserío, la oscuridad era absoluta y el silencio total. El personal de la patrulla se encontraba exhausto; el hambre y el desgaste físico nos habían afectado profundamente. Ante tales circunstancias, procedimos a tocar algunas puertas con la esperanza de pedir apoyo: buscábamos algo de alimento, frazadas o pellejos de carnero para protegernos durante la noche. Sin embargo, nadie nos abrió. Tuvimos que amanecer sentados en las veredas, soportando a la intemperie el intenso frío del ande liberteño. En situaciones de tan alto riesgo, el descanso completo era imposible. Para contrarrestar cualquier tipo de amenaza y responder con las armas en el acto, la patrulla se dividió estrictamente en tres grupos rotativos destinados al servicio de seguridad perimétrica.

Con los años, este centro poblado evolucionó hasta contar con su propia municipalidad, adecuada mediante ordenanzas de la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión-Huamachuco, convirtiéndose hoy en una zona activa con gestión de proyectos de inversión y servicios de salud. En aquel entonces, la patrulla «Huascarán» llegó a Molino Viejo en tres oportunidades distintas. En algunas ocasiones posteriores, la población nos recibió bien y nos atendió adecuadamente, especialmente durante los despliegues de seguridad para los procesos electorales presidenciales y municipales. Todo esto ocurrió durante el primer gobierno de Alberto Fujimori, entre los años 1992 y 1993.

La Patrulla “Huascarán” en las tierras del distrito de Cochorco y el Abismo del Marañón (13 de abril de 1993). - El martes 13 de abril, a las 06:00 horas, bajo una mañana nublada y de frío intenso, abandonamos el centro poblado mayor de Molino Viejo. Con el estómago vacío, iniciamos el descenso a pie a través de una carretera sinuosa que serpenteaba ante el impresionante y hermoso paisaje andino. Nuestro destino final era la localidad de Chagual, ubicada a orillas del caudaloso río Marañón.

En las tierras del distrito de Cochorco, los meses de marzo, abril y mayo regalan una abundante cosecha de papas y choclos de excelente calidad. A mitad del camino, divisamos una chacra donde un grupo de campesinos iniciaba la recolección de papa blanca. Nos aproximamos con respeto y les solicitamos su apoyo para que nos facilitaran medio saco del tubérculo. Gracias a Dios, aquellos hombres accedieron de inmediato y nos brindaron una hospitalidad inmensa: nos proporcionaron leña abundante, ollas y ají molido con huacatay. La tropa montó el fogón y comenzó a sancochar el alimento en una paila grande. Aquella mañana, nuestro desayuno consistió en esas deliciosas papas calientes. Con las energías renovadas y el cuerpo reconfortado, expresamos nuestro más profundo agradecimiento al dueño de la parcela y reiniciamos la marcha en bajada hacia el puente metálico que cruza el Marañón. A las 13:00 horas arribamos al caluroso distrito de Chagual; un lugar de escasa población donde descansamos apenas treinta minutos y donde, lamentablemente, no pudimos conseguir más víveres para el rancho de la patrulla, por lo que el hambre volvió a acosarnos.

Cuando nos disponíamos a reanudar la caminata con dirección a la Base Contrasubversiva de la mina Retamas, en el distrito de Parcoy, un camión de carga nos alcanzó en la ruta. El chofer aceptó llevarnos y subimos de inmediato. Poco después, entramos en un tramo de extremo peligro: la vía se encontraba parcialmente sepultada debido a los constantes deslizamientos de tierra y piedras desde las cumbres. Al pie de un cerro colosal, el camión avanzaba tambaleándose, totalmente inclinado hacia el abismo del río Marañón. Sentados sobre la carga y con los fusiles en las manos, experimentamos un silencio sepulcral, implorando a Dios en nuestros corazones al ver la muerte tan de cerca. Una mala maniobra del conductor o una falla mecánica habrían bastado para que todos termináramos sepultados por las aguas turbulentas y amenazantes de uno de los ríos más grandes del Perú, crecido en esa época de lluvias. La osadía y el valor del chofer para cruzar casi trescientos metros de aquel terreno deshecho fueron admirables. Una vez superado el peligro y el tremendo susto, el sargento de segunda EP Puntillo Conco demostró iniciativa al ordenar tres vivas para el conductor, las cuales respondimos todos a una sola voz.

Aquel valiente camionero nos trasladó de forma gratuita hasta el desvío hacia el distrito de Chilia. Desde ese cruce, la patrulla continuó a pie en una marcha forzada implacable, empujada por la necesidad. Cuando el hambre ataca a un ser humano, el instinto se agudiza; el hambre no perdona a nadie. Alargamos los pasos con la esperanza de llegar a la Base Militar Retamas antes de la medianoche para encontrar algo de alimento, pero la distancia resultó interminable. Finalmente, tras un esfuerzo extenuante, arribamos a la mencionada mina de oro a las 04:00 horas del 14 de abril. La Base Militar, empotrada en ese estrecho cañón de Retamas, contaba con todas las comodidades proporcionadas por la empresa minera. Allí, el jefe de la base nos recibió formalmente, brindándonos alojamiento adecuado y comida en abundancia, lo que nos permitió descansar un día completo antes de continuar con nuestra misión.

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