La Patrulla "Huascarán": La Noche Fría de Molino Viejo (12 de abril de 1993). - El lunes 12 de abril de 1993,
a las 22:30 horas, la patrulla «Huascarán» con sus 20 hombres de tropa SMO llegó
al Centro Poblado de Molino Viejo, perteneciente al distrito de Cochorco, provincia Sánchez Carrión, región La Libertad. El contingente estaba conformado por
experimentados soldados del Servicio Militar Obligatorio que vestían uniformes
casi harapientos. Arribamos tras completar una penosa marcha a pie de treinta y
cinco kilómetros durante quince extenuantes horas desde el caserío de El Pallar.
La ruta nos había llevado a cruzar las altas punas, superando los 4300 metros
sobre el nivel del mar, antes de descender a este poblado ubicado a 2707 metros
de altitud, al pie de un inmenso cerro y caracterizado por sus casas con
paredes de tapial y techos de teja.
En aquellos años del asedio de
combatientes del PCP Sendero Luminoso, Molino Viejo cargaba con malos
antecedentes debido a los constantes asaltos contra los transportistas y la
fuerte presencia de los narcotraficantes. Cuando ocupamos este caserío, la
oscuridad era absoluta y el silencio total. El personal de la patrulla se
encontraba exhausto; el hambre y el desgaste físico nos habían afectado
profundamente. Ante tales circunstancias, procedimos a tocar algunas puertas
con la esperanza de pedir apoyo: buscábamos algo de alimento, frazadas o
pellejos de carnero para protegernos durante la noche. Sin embargo, nadie nos
abrió. Tuvimos que amanecer sentados en las veredas, soportando a la intemperie
el intenso frío del ande liberteño. En situaciones de tan alto riesgo, el
descanso completo era imposible. Para contrarrestar cualquier tipo de amenaza y
responder con las armas en el acto, la patrulla se dividió estrictamente en
tres grupos rotativos destinados al servicio de seguridad perimétrica.
Con los años, este centro
poblado evolucionó hasta contar con su propia municipalidad, adecuada mediante
ordenanzas de la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión-Huamachuco,
convirtiéndose hoy en una zona activa con gestión de proyectos de inversión y
servicios de salud. En aquel entonces, la patrulla «Huascarán» llegó a Molino
Viejo en tres oportunidades distintas. En algunas ocasiones posteriores, la
población nos recibió bien y nos atendió adecuadamente, especialmente durante
los despliegues de seguridad para los procesos electorales presidenciales y
municipales. Todo esto ocurrió durante el primer gobierno de Alberto Fujimori,
entre los años 1992 y 1993.
La Patrulla “Huascarán” en las
tierras del distrito de Cochorco y el Abismo del Marañón (13 de abril de 1993).
- El
martes 13 de abril, a las 06:00 horas, bajo una mañana nublada y de frío
intenso, abandonamos el centro poblado mayor de Molino Viejo. Con el estómago
vacío, iniciamos el descenso a pie a través de una carretera sinuosa que
serpenteaba ante el impresionante y hermoso paisaje andino. Nuestro destino
final era la localidad de Chagual, ubicada a orillas del caudaloso río Marañón.
En las tierras del distrito de
Cochorco, los meses de marzo, abril y mayo regalan una abundante cosecha de
papas y choclos de excelente calidad. A mitad del camino, divisamos una chacra
donde un grupo de campesinos iniciaba la recolección de papa blanca. Nos
aproximamos con respeto y les solicitamos su apoyo para que nos facilitaran
medio saco del tubérculo. Gracias a Dios, aquellos hombres accedieron de
inmediato y nos brindaron una hospitalidad inmensa: nos proporcionaron leña
abundante, ollas y ají molido con huacatay. La tropa montó el fogón y comenzó a
sancochar el alimento en una paila grande. Aquella mañana, nuestro desayuno
consistió en esas deliciosas papas calientes. Con las energías renovadas y el
cuerpo reconfortado, expresamos nuestro más profundo agradecimiento al dueño de
la parcela y reiniciamos la marcha en bajada hacia el puente metálico que cruza
el Marañón. A las 13:00 horas arribamos al caluroso distrito de Chagual; un
lugar de escasa población donde descansamos apenas treinta minutos y donde,
lamentablemente, no pudimos conseguir más víveres para el rancho de la
patrulla, por lo que el hambre volvió a acosarnos.
Cuando nos disponíamos a
reanudar la caminata con dirección a la Base Contrasubversiva de la mina
Retamas, en el distrito de Parcoy, un camión de carga nos alcanzó en la ruta.
El chofer aceptó llevarnos y subimos de inmediato. Poco después, entramos en un
tramo de extremo peligro: la vía se encontraba parcialmente sepultada debido a
los constantes deslizamientos de tierra y piedras desde las cumbres. Al pie de
un cerro colosal, el camión avanzaba tambaleándose, totalmente inclinado hacia
el abismo del río Marañón. Sentados sobre la carga y con los fusiles en las
manos, experimentamos un silencio sepulcral, implorando a Dios en nuestros
corazones al ver la muerte tan de cerca. Una mala maniobra del conductor o una
falla mecánica habrían bastado para que todos termináramos sepultados por las
aguas turbulentas y amenazantes de uno de los ríos más grandes del Perú,
crecido en esa época de lluvias. La osadía y el valor del chofer para cruzar
casi trescientos metros de aquel terreno deshecho fueron admirables. Una vez
superado el peligro y el tremendo susto, el sargento de segunda EP Puntillo
Conco demostró iniciativa al ordenar tres vivas para el conductor, las cuales
respondimos todos a una sola voz.
Aquel valiente camionero nos
trasladó de forma gratuita hasta el desvío hacia el distrito de Chilia. Desde
ese cruce, la patrulla continuó a pie en una marcha forzada implacable,
empujada por la necesidad. Cuando el hambre ataca a un ser humano, el instinto
se agudiza; el hambre no perdona a nadie. Alargamos los pasos con la esperanza
de llegar a la Base Militar Retamas antes de la medianoche para encontrar algo
de alimento, pero la distancia resultó interminable. Finalmente, tras un
esfuerzo extenuante, arribamos a la mencionada mina de oro a las 04:00 horas
del 14 de abril. La Base Militar, empotrada en ese estrecho cañón de Retamas,
contaba con todas las comodidades proporcionadas por la empresa minera. Allí,
el jefe de la base nos recibió formalmente, brindándonos alojamiento adecuado y
comida en abundancia, lo que nos permitió descansar un día completo antes de
continuar con nuestra misión.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario