lunes, 10 de agosto de 2015

GENERAL DEL EJÉRCITO PERUANO DELINCUENTE COMANDÓ A LA 32a DIVISIÓN DE INFANTERÍA TRUJILLO (92-1993)

La Sombra del "Feo": El General Ismael Cornejo Alvarado y las Planillas del Saqueo Militar (1992 - 1993).- El viento frío de la sierra liberteña golpeaba las calaminas del cuartel del Batallón Contrasubversivo “Coronel Oscar de la Barrera” N° 323 en Huamachuco, pero el verdadero malestar no venía del clima, sino de la indignación que corría silenciosa por los pasillos de las bases militares. Corrían los años 1992 y 1993, una época convulsa donde el país se jugaba el destino en las urnas y en las punas, mientras en las altas esferas del poder militar en Lima, el General Nicolás de Bari Hermoza Ríos y Vladimiro Montesinos Torres tejían una red de impunidad que extendía sus tentáculos hasta los cuarteles del norte.

En Trujillo, la jefatura de la 32ª División de Infantería estaba en manos del General de Brigada Ismael Cornejo Alvarado, un hombre a quien la tropa y los oficiales conocían bien bajo el apelativo de «El Feo». Lejos de honrar los galones de su uniforme, Cornejo Alvarado pasaría a la historia de la guarnición como uno más de aquella sarta de generales delincuentes que hicieron del presupuesto del personal subalterno su botín personal, valiéndose de mil formas y modalidades para vaciar las cajas institucionales.

La codicia del comando general se sintió con especial crudeza en el Batallón Contrasubversivo "Coronel Óscar de la Barrera" N° 323, allá en la histórica provincia de Sánchez Carrión. Desde Lima, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) había enviado puntualmente los fondos destinados a los viáticos de campaña para todo el personal de Oficiales, Técnicos, Suboficiales y Tropa SMO. Sin embargo, en Huamachuco nadie vio un solo sol.

El domingo 22 de noviembre de 1992, bajo la constante amenaza de sabotaje terrorista, el personal de oficiales, técnicos, suboficiales y los jóvenes soldados del Servicio Militar Obligatorio se desplegaron por toda la provincia para garantizar la seguridad de las elecciones del Congreso Constituyente Democrático. Cumplieron con el deber bajo tensión extrema, pero al retornar al cuartel, no recibieron ni un céntimo de lo que por ley les correspondía.

Meses después, el domingo 11 de julio de 1993, la historia se repitió paso por paso. Las patrullas militares salieron a cubrir el Noveno Censo Nacional de Población y Cuarto de Vivienda, abriendo caminos y resguardando a los empadronadores en los rincones más alejados de la sierra. Nuevamente, la respuesta del comando fue el vacío absoluto: ni un céntimo. Lo mismo ocurrió tras el despliegue del Referéndum Constitucional del 31 de octubre de ese año, y lo propio sucedió con las elecciones municipales. El personal arriesgaba la vida en el terreno, mientras el dinero de sus viáticos se evaporaba en los despachos del General Ismael Cornejo Alvarado en el cuartel de Trujillo.

Cansado de la injusticia y decidido a buscar la verdad detrás de aquel descarado acto delictivo, el suboficial Pineda tomó un bus y viajó hasta la ciudad de Trujillo. Sabía que se metía en la boca del lobo, pero el honor militar exigía respuestas. Cruzó el patio de armas de la división y se apersonó directamente a la oficina del jefe de Estado Mayor, el coronel de Infantería Rebaza Armas.

Frente a frente, en la intimidad de un despacho donde los secretos de pasillo pesaban más que los reglamentos, el suboficial planteó el reclamo por los viáticos negados. El coronel Rebaza Armas lo miró fijamente y, bajando la voz, soltó una confesión verbal tan cruda como contundente:

—Con el dinero de los viáticos, el General les ha tirado cabezazo a todos los comandantes de los batallones —dijo el jefe de Estado Mayor, usando el argot criollo para sellar la verdad—. Principalmente a los comandos de los tres batallones de infantería: al BCS N° 321 de Huanchaco, al BCS N° 322 de Chocope y al BCS N° 323 de Huamachuco de dónde vienes tú. No busques más, que ahí quedó todo.

Aquellas palabras confirmaron lo que la tropa ya sospechaba en las frías noches de los patrullajes. En los años noventa, mientras los soldados de abajo ponían el pecho contra la subversión, los generales de arriba firmaban planillas fantasmas, demostrando que el peor enemigo no siempre vestía de civil ni se ocultaba en las alturas de la sierra.

El Censo del Noventa y Tres: Entre la Traición del Mando y el Acoso de la Sombra.- El sol del verano serrano brillaba con una falsa calidez sobre el patio de armas, pero en los despachos de la 32ª División de Infantería en Trujillo, lo que se respiraba era una frialdad corporativa y delincuencial. Gracias a aquella tensa e íntima confesión del coronel Rebaza Armas, la verdad contable de la infamia quedó al descubierto, con números que quemaban la dignidad militar.

Desde Lima, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) había desembolsado la suma de noventa y dos mil nuevos soles, un presupuesto sagrado destinado exclusivamente a los viáticos de los oficiales, técnicos, suboficiales y la tropa del Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco. Aquel dinero debía sostener a los hombres que pondrían el pecho para garantizar el Noveno Censo Nacional de Población y Cuarto de Vivienda. Sin embargo, el General de Brigada Ismael Cornejo Alvarado, haciendo gala de su naturaleza delictiva, ejecutó un zarpazo descomunal: se guardó ochenta y dos mil soles en sus bolsillos y solo remitió una migaja de diez mil soles al comando del Batallón. En Huamachuco, el teniente coronel de Infantería Ricardo San Román Ruíz, en lugar de defender el sudor de sus subordinados, replicó la misma bajeza; se quedó con el remanente.

El resultado de esa cadena de latrocinios cayó como un mazo sobre los hombros de los combatientes. El personal de todos los grados, desplegado en patrullajes prolongados por las provincias más agrestes de La Libertad durante más de una semana, no recibió ni un solo céntimo. Las patrullas salieron a cumplir la misión en el desamparo más absoluto: sin viáticos, sin un bolsón de primeros auxilios para atender las heridas del combate y, muchos días, con el estómago vacío. Si sobrevivieron y cumplieron con la Patria, fue gracias a la solidaridad de los campesinos que compartieron sus cosechas con los soldados.

Muestra de ese sacrificio ciego y desinteresado ocurrió el jueves 8 de julio de 1993. A las ocho de la mañana, bajo el rigor del clima andino, la patrulla «Huascarán» de la Base Contrasubversiva de Tayabamba recibió la orden de marcha. Al mando del Suboficial de Segunda EP Miguel Pineda Ramírez, veinte soldados del Servicio Militar Obligatorio ajustaron las correas de sus mochilas y calzaron sus fusiles. Su misión era netamente de combate: marchar a pie hacia el aislado distrito de Ongón, en la provincia de Pataz, para proteger a los empadronadores civiles del censo.

Llegar a Ongón era adentrarse en un infierno de geografía vertical. Fueron dos días de marcha forzada, rompiendo botas contra la piedra y durmiendo a la intemperie, devorando los 78 kilómetros con la pura mística del soldado peruano. El censo se ejecutó el domingo 11, pero la tranquilidad fue una ilusión efímera. Al emprender el regreso hacia Tayabamba, la patrulla «Huascarán» se topó de frente con el peligro: una columna guerrillera de ciento veinte combatientes del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso había cruzado la frontera departamental y se trasladaba a la zona andina de la provincia de Pataz.

Bajo el mando del sanguinario camarada «Gerardo», el contingente subversivo se había desplazado desde Tocache, en San Martín, con un objetivo claro: sembrar el terror en Pataz mediante emboscadas, agitación política y adoctrinamiento forzado de los comuneros. Lo que siguió fueron jornadas de alta tensión, persecución y repliegue táctico en el terreno. Con el enemigo triplicándolos en número y acechando desde las cumbres, la patrulla del SO2 Pineda Ramírez tuvo que maniobrar con astucia para evitar una masacre.

Cuando los veinte soldados de la «Huascarán» pisaron finalmente la base de Tayabamba el 16 de julio, el polvo del camino y el cansancio les cubrían el rostro. Habían sido nueve días de peligro mortal, persiguiendo las huellas de la subversión, sin probar rancho caliente en jornadas enteras y sin un mísero sol de viático en los bolsillos. Mientras ellos burlaban a la muerte y al hambre en las alturas de Pataz, en Trujillo y Huamachuco sus superiores firmaban las actas de un dinero robado, demostrando la dolorosa paradoja de aquella guerra: abajo, los cholos ponían la vida por la República; arriba, los generales la vendían al mejor postor.

Nueve Días sin Rancho ni Viáticos: Crónica del Censo del 1993 en Tayabamba. - El sol del verano serrano brillaba con una falsa calidez sobre el patio de la Base Contrasubversiva N° 323 de Tayabamba, pero en los despachos de la 32ª División de Infantería en Trujillo, lo que se respiraba era una frialdad corporativa y delincuencial. Gracias a aquella tensa e íntima confesión del coronel Huamachuquino Rebaza Armas, la verdad contable de la infamia quedó al descubierto, con números que quemaban la dignidad militar.

Desde Lima, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) había desembolsado la suma de noventa y dos mil nuevos soles, un presupuesto sagrado destinado exclusivamente a los viáticos de los oficiales, técnicos, suboficiales y la tropa del Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco. Aquel dinero debía sostener a los hombres que pondrían el pecho para garantizar el Noveno Censo Nacional de Población y Cuarto de Vivienda. Sin embargo, el General de Brigada Ismael Cornejo Alvarado, haciendo gala de su naturaleza delictiva, ejecutó un zarpazo descomunal: se guardó ochenta y dos mil soles en sus bolsillos y solo remitió una migaja de diez mil soles al comando del Batallón. En Huamachuco, el teniente coronel de Infantería Ricardo San Román Ruíz, en lugar de defender el sudor de sus subordinados, replicó la misma bajeza; se quedó con el remanente.

El resultado de esa cadena de latrocinios cayó como un sable sobre los hombros de los combatientes casi harapientos. El personal de todos los grados, desplegado en patrullajes prolongados por las provincias más agrestes de La Libertad durante más de una semana, no recibió ni un solo céntimo. Las patrullas salieron a cumplir la misión en el desamparo más absoluto: sin viáticos, sin un bolsón de primeros auxilios para atender las heridas del combate y, muchos días, con el estómago vacío. Si sobrevivieron y cumplieron con la Patria, fue gracias a la solidaridad de los campesinos que compartieron sus cosechas con los soldados.

Muestra de ese sacrificio ciego y desinteresado ocurrió el jueves 8 de julio de 1993. A las ocho de la mañana, bajo el rigor del clima andino, la patrulla «Huascarán» de la Base Contrasubversiva de Tayabamba recibió la orden de marcha. Al mando del Suboficial de Segunda EP Miguel Pineda Ramírez, veinte soldados del Servicio Militar Obligatorio ajustaron las correas de sus mochilas y calzaron sus fusiles. Su misión era netamente disuasiva: marchar a pie hacia el aislado distrito de Ongón, en la provincia de Pataz, para proteger a los empadronadores civiles del censo.

Para dar cumplimiento a la misión encomendada, inicié el desplazamiento con mi patrulla desde la Base Contrasubversiva del distrito de Tayabamba con rumbo al caserío de Collay. Desde allí, nos adentramos por las agrestes rutas del caserío de Huanapampa, cruzando el paso de Puerta El Monte, para luego descender hacia Utcubamba, avanzar por Pampa Seca y finalmente alcanzar el distrito de Ongón. Fueron dos días de marcha forzada; un trayecto infernal que solo los soldados verdaderamente entrenados son capaces de soportar, como bien lo sabe cualquiera que haya tenido la oportunidad de internarse a pie por esos rumbos. Es un deber hacer conocer al Comando del Ejército las condiciones reales de aquella travesía: para cumplir esta misión, la patrulla bajo mi mando no recibió un solo centavo de viáticos, no se nos entregó rancho frío de dotación y ni siquiera contábamos con un bolsón de primeros auxilios para atender cualquier emergencia en el terreno.

Permanecimos de patrulla durante nueve días interminables, soportando situaciones climáticas y geográficas extremas. Durante este desplazamiento, y solo por gracia divina, mis hombres y yo nos salvamos de caer en una posible emboscada tendida en los repliegues de la cordillera. Tras esquivar la trampa, iniciamos la persecución de la columna subversiva del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso, la cual estaba bajo el mando del peligroso camarada «Gerardo». Este mando terrorista se había desplazado con un contingente de ciento veinte hombres armados desde el departamento de San Martín, cruzando hacia la zona de la sierra de La Libertad con la finalidad de ejecutar emboscadas, hacer propaganda política y adoctrinar a la fuerza a los comuneros. Lo que siguió fueron jornadas de alta tensión y maniobras tácticas sobre el terreno, sorteando el peligro mortal con el estómago vacío y sin ningún tipo de respaldo logístico.

El 17 de julio de 1993, tras concluir los nueve días de riguroso patrullaje en las zonas más profundas del distrito de Ongón, inicié el retorno con la patrulla «Huascarán» hacia la Base Contrasubversiva N° 323 de Tayabamba. Al cruzar la guardia de prevención e ingresar a las instalaciones, me di con una gran sorpresa: dentro del cuartel se encontraban el Coronel de Infantería Rebaza Armas, Jefe de Estado Mayor de la 32ª División de Infantería, y el Mayor de Infantería Urquiso. Ambos oficiales eran huamachuquinos de nacimiento, hombres criados en las tierras liberteñas de la zona de la sierra.

La presencia de tan altos mandos en una base tan alejada y pobre no era una inspección rutinaria. Pronto se supo que ambos oficiales habían sido enviados a Tayabamba desde el Cuartel General de Trujillo en calidad de castigo. Su delito dentro de la institución había sido el honor: se habían atrevido a chocar de frente y cuestionar las «cutras» y robos descarados del General Ismael Cornejo Alvarado. Mientras en la cima de la división los generales delincuentes se enriquecían con el sudor de la tropa, los oficiales honestos eran relegados al frente de batalla, compartiendo el mismo suelo y el mismo polvo con los cholos que ponían el pecho por la Patria.

La Ruta de la Patrulla Huascarán: Entre las Sombras de Ongón y la Traición en Trujillo (1993).- La Base contrasubversiva N° 323 de Tayabamba no era un cuartel diseñado para la guerra, sino el propio local de la Municipalidad de Tayabamba, tomado por el Ejército desde 1989 para frenar las sangrientas incursiones del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso. Aquella precaria instalación albergaba en su primer piso el alojamiento de los oficiales y suboficiales, los almacenes, el Centro de Comunicaciones y la cocina. Dos pisos más arriba, sesenta hombres de la tropa del Servicio Militar Obligatorio (SMO) abarrotaban la tercera planta. Era una base militar pequeña, sitiada por la geografía y asfixiada por la escasez material. Estoy seguro de que el coronel Rebaza, al observar la extrema pobreza en la que vivíamos día tras día, fue empujado a una profunda reflexión. La pobreza material calaba hondo, generaba malestar y condicionaba la existencia, pero la vida austera era también el único consuelo del soldado para mantener la moral en lo más alto. La carencia no nos podía vencer. Pienso que el coronel veía ese fuego en nosotros; ellos, acostumbrados a las comodidades inherentes a sus altos grados, pasaban ahora sus jornadas junto a un puñado de combatientes habituados a la vida extrema.

Con el transcurrir de las semanas de julio, la convivencia forzada acortó las distancias jerárquicas. Entre hombres nacidos en la sierra existía una empatía silenciosa pero inquebrantable. Tanto se estrechó el vínculo diario que un día, tras compartir un almuerzo austero, el coronel Rebaza rompió el silencio de su destierro. Nos sentamos en una de las bancas de la plaza de armas de Tayabamba, bajo el sol andino, cuando me lanzó una pregunta directa:

—¿Cuánto te han pagado como viático por haber permanecido durante nueve días como jefe de la patrulla «Huascarán» en las zonas del distrito de Ongón?
—Mi coronel —respondí sin vacilar—, mi patrulla no ha recibido ni un solo céntimo por ese concepto.

El coronel Rebaza me miró con fijeza y, bajando la voz, soltó una verdad demoledora:

—Suboficial, para tu información, el General Ismael Cornejo Alvarado recibió la suma de noventa y dos mil nuevos soles destinados al Batallón Contrasubversivo N° 323. Ese dinero fue enviado desde Lima para el pago de viáticos, adquisición de combustible para los vehículos y compra de medicamentos, entre otros gastos operacionales. Yo mismo retiré esos fondos del Banco de la Nación. Para los tres batallones de combate de la gran unidad recibí doscientos setenta y seis mil nuevos soles. En total, el presupuesto para todo el personal de la 32ª División de Infantería ascendía a cuatrocientos doce mil nuevos soles. Pero como ese General es un ladrón de primera, yo no me quedé atrás y saqué mi propia tajada: sesenta mil nuevos soles. El Mayor Urquiso hizo lo propio y se quedó con treinta mil nuevos soles. Como el General, en su condición de delincuente mayor, no tenía la autoridad moral para sancionarme con una papeleta de arresto, optó por la venganza: dizque como castigo me ha enviado a esta base militar por tiempo indefinido.

En aquella banca de plaza me enteré de la verdad contable de la infamia. Al Batallón N° 323 de Huamachuco solo le habían asignado una migaja de diez mil soles y, ni corto ni perezoso, el comandante Ricardo San Román Ruiz se adueñó por completo de ese remanente.

El coronel Rebaza y el Mayor Urquiso permanecieron confinados en la Base de Tayabamba hasta el 12 de agosto de 1993, fecha en la que emprendieron el retorno por vía terrestre hacia el Puesto de Comando de la división en Trujillo. Cuando ocurren este tipo de robos institucionales, impera la ley de la omertá; nadie reclama. Los comandantes de los batallones se transforman en cómplices silenciosos a cambio de asegurar excelentes calificaciones en sus hojas de servicio a fin de año. Los oficiales subalternos cierran el pico para no truncar sus carreras y los técnicos y suboficiales callan por la misma prebenda de una buena nota anual. El engranaje de la impunidad funciona a la perfección.

Escribo estas vivencias con el pulso de la verdad, tal como sucedieron. La historia operativa de los batallones del Ejército del Perú está manchada por la conducta sucia de generales, coroneles y comandantes. Al alcanzar la cúspide de la jerarquía oficial y asumir el mando de regiones, brigadas y batallones, actúan como si les hubiese llegado la oportunidad de saquear la institución. Roban los viáticos de la ONPE, malversan las raciones de la tropa, desvían los uniformes de la Tropa y comercializan el combustible destinado tanto a los vehículos de combate como a las cocinas de las bases militares.

Nadie tiene el valor suficiente para levantarse y denunciar. ¿Quién se atrevería a reclamar en un sistema donde, durante las investigaciones, todos te dan la espalda? En la historia de los cuarteles peruanos, aquellos pocos atrevidos que alzaron la voz siempre hallaron la muerte de manera misteriosa. Una bala perdida en un ejercicio de tiro, un accidente provocado en una trocha oscura... en el argot militar, la muerte de los honestos siempre se archiva bajo el manto de un misterio insondable.

viernes, 7 de agosto de 2015

URPAY PATAZ UN SORDO MUDO HIZO CORRER A 120 COMBATIENTES DEL PCP SENDERO LUMINOSO JULIO 1993

La historia de sonso Andrés en Urpay, Pataz.- Durante las primeras semanas de julio de 1993, las escarpadas punas de la provincia de Pataz se convirtieron en el tablero de una cacería silenciosa. Una columna de ciento veinte combatientes del PCP Sendero Luminoso, procedentes de Tocache y bajo el mando implacable del camarada "Gerardo", se desplazaba como una hueste fantasmal por los caseríos de la región. El grupo lo componían mayoritariamente jóvenes campesinos cocaleros, muchos de ellos niños y adolescentes reclutados a la fuerza, cuyos cuerpos delataban el peso del hambre y las marchas interminables. Conscientes de que el viento les pisaba los talones, su única táctica era el engaño: sembrar propaganda en los caseríos y huir con ingenio ante el menor indicio de peligro, evitando a toda costa el choque frontal con el Ejército.

La mañana del domingo 11 de julio, el destino tejió un cruce invisible en el olvidado Caserío de Pampa Seca, un pueblo de agricultores y pescadores del río Misholio. Apenas unas horas antes, mi unidad, la patrulla "Huascarán", había abandonado el lugar con destino al distrito de Ongón. Los subversivos sabían de nuestros pasos, pero nosotros desconocíamos por completo la proximidad de las huestes del camarada "Gerardo". Fue una auténtica gracia divina que no nos cruzáramos en la ruta; de lo contrario, se habría desatado un enfrentamiento infernal con un saldo trágico de muertes. Los hombres de "Gerardo" pernoctaron en Pampa Seca, lanzando vivas por la fallecida camarada Norah, pintarrajearon paredes de las casas, piedras y al amanecer del lunes, a las ocho y treinta de la mañana, prosiguieron la marcha a toda prisa. No era para menos: a sus espaldas, reforzada por la patrulla "Judío" del subteniente López Palomino, mi patrulla iniciaba una persecución implacable dentro de la densa vegetación.

Las condiciones nos resultaban esquivas. La neblina densa cubría el valle, anulando el apoyo de los helicópteros. Los subversivos aprovechaban el día para ocultarse en la maleza del monte y caminaban en la penumbra de la noche por miedo a ser bombardeados. Así comenzó una frenética persecución a través de la geografía indomable de la región. El rastro nos llevó por las rutas de Utcubamba y la imponente Puerta del Monte; ellos escapaban por Pachacrahuay y Huaylillas, hasta llegar al caserío de Arcaypata. Sabiendo que sentían el aliento del Ejército a pocos kilómetros, los senderistas se ocultaron como sombras entre las viviendas de Chunco y Ucrumarca, cruzaron Taurija y, finalmente, buscaron refugio en el distrito de Urpay.

Para la última semana de julio, la fatiga extrema había vencido a la columna subversiva. Agotados, hambrientos y con los vigías con la guardia baja, los combatientes se adueñaron de la Plaza de Armas de Urpay. Allí, sentados en los recovecos del pueblo, chacchaban coca en un intento desesperado por engañar al estómago y recuperar fuerzas, mientras exigían cupos a los pobladores para subsistir.

Fue en ese escenario de aparente calma donde el destino jugó su carta más extraña a través del "sonso Andrés", un poblador local sordomudo que descendía de las partes altas de la montaña. En el cruce del camino, cerca del caserío de Saire, Andrés se había topado con dos centinelas subversivos fuertemente armados con fusiles y granadas. Asustado, apresuró el paso y entró a la Plaza de Armas con el rostro desencajado por la agitación. Al ver a los mandos principales, se les acercó y, con movimientos frenéticos y desesperados, comenzó a hacer señas hacia las alturas. En su mente, Andrés pensaba que aquellos vigías armados que dejó atrás eran soldados del Ejército y quería advertir a los recién llegados del peligro inminente.

La señal del sordomudo cayó como una bomba psicológica en medio de la plaza. Los mandos de Sendero Luminoso, carcomidos por la paranoia de saberse perseguidos día y noche por las patrullas "Huascarán" y "Judío", interpretaron las señas como el anuncio de un cerco militar masivo. El pánico se apoderó de ellos en un segundo.

—¡Vienen los soldados! ¡Nos tienen rodeados! —pareció gritar el mando militar, rompiendo el tenso silencio de la plaza.

La orden de retirada fue inmediata y caótica. Aquellos combatientes que un momento antes yacían exhaustos en el suelo se levantaron de golpe, imbuidos por el terror. Emprendieron la huida a toda velocidad con dirección al distrito de Santiago de Challas. Un poblador que presenció la escena lo narraría después con asombro:

«La gran mayoría eran casi niños, flacos y muertos de hambre. Ante la noticia del sordomudo, escaparon despavoridos, arrastrando sus armas, las cintas de las ametralladoras y los equipos de comunicaciones. Corrieron con tal desesperación que, del gran susto que tenían, recién se atrevieron a voltear la mirada cuando ya estaban en las faldas del cerro que va para el distrito de Challas».

De esta manera, sin disparar un solo cartucho y armada únicamente con el malentendido de un hombre sin voz, la confusión desalojó por completo a la columna subversiva de la Plaza de Armas de Urpay. Mientras los hombres del camarada "Gerardo" llegaban totalmente asustados y exhaustos a Santiago de Challas para intentar recuperar el aliento, el eco de aquel engaño involuntario quedaba grabado para siempre en la historia de la pacificación de Pataz y de la Pacificación Nacional del Perú.

TAYABAMBA PROVINCIA DE PATAZ : ATAQUE DEL PCP SENDERO LUMINOSO AL PUESTO POLICIAL 1990

Tayabamba 1993: Crisis Económica y la guerra contra PCP Sendero Luminoso.- En el distrito de Tayabamba, entre los años 1986 y 1990, el personal de la Policía Nacional del Perú se había convertido en el terror de la población rural, ensañándose especialmente contra los humildes campesinos de los caseríos.

Ante la total indiferencia de las autoridades políticas del estado, los efectivos de la PNP se dedicaron sistemáticamente al robo y a la extorsión de los humildes campesinos del ande. Cansados de tantas injusticias y atropellos, muchos pobladores locales, movidos por el resentimiento y el deseo de venganza, recurrieron a los combatientes del PCP-Sendero Luminoso. Los subversivos no tardaron en capitalizar este descontento social y atacaron la comisaría del distrito, presentándose falsamente como protectores del pueblo.

Años después de aquellos episodios violentos, en la primera semana de marzo de 1993, arribé a la zona procedente del Batallón Contrasubversivo N° 323 de Huamachuco, incorporándome como destacado a la Base Militar del distrito de Tayabamba. Al día siguiente de mi llegada, me apersoné al inmueble de la señora Isidora que brindaba servicios de pensión. La vivienda estaba ubicada en la calle de la iglesia, subiendo a mano derecha, muy cerca del pequeño mercado de abastos. En ese lugar compartían la mesa el personal policial y algunos profesores del pueblo. Decidí inscribirme como pensionista para asegurar mis raciones diarias de desayuno, almuerzo y cena, pactando un costo mensual de 120.00 nuevos soles. En aquellos tiempos de 1993, bajo el primer gobierno del ingeniero Alberto Fujimori, el país apenas comenzaba a recuperarse de la desastrosa crisis económica y la hiperinflación heredadas del régimen de Alan García Pérez. Mi sueldo total percibido del Estado peruano ascendía a tan solo 280.00 nuevos soles, por lo que casi la mitad de mis ingresos se destinaba exclusivamente a asegurar la alimentación básica para subsistir en la Zona de Emergencia.

El Asalto a la Comisaría de Tayabamba y los Perros de la pobre Anciana.Relacionado al ataque perpetrado por los combatientes del PCP-Sendero Luminoso contra la comisaría de Tayabamba, la señora de la pensión me narró una vivencia estremecedora: «Una mañana, a las 06:30 horas, bajé por las inmediaciones de la iglesia con el fin de comprar pan para mis comensales. En el camino me topé con tres hombres de muy baja estatura, emponchados y con sombreros, que ascendían a prisa, sudorosos y con el rostro desencajado por la tensión. Llevada por la curiosidad, los observé con detenimiento y descubrí que ocultaban fusiles bajo sus ponchos; como eran de talla pequeña, las culatas y cañones casi rozaban el suelo. Aterrorizada, regresé de inmediato a mi casa por la calle posterior de la iglesia. En el comedor encontré sentados a cinco efectivos de la policía y a siete profesores, a quienes les advertí de inmediato que Sendero Luminoso estaba entrando al pueblo. Los policías, a pesar de estar armados, se llenaron de pánico; subieron corriendo al segundo piso para esconderse bajo el tejado e incluso sobre el techo, mientras los profesores escapaban en distintas direcciones».

«En ese instante resonó el primer disparo. Un subversivo había avanzado por el centro de la pista, pasando frente a la municipalidad, y se aproximó con engaños al policía que custodiaba la comisaría para asesinarlo a quemarropa. El efectivo murió en el acto. De inmediato, la columna tomó posiciones estratégicas: dos subversivos se parapetaron en la Plaza de Armas usando como abrigo la estructura circular de la pileta; dos se apostaron en la puerta de la iglesia y uno tomó la esquina de la municipalidad. Lo más sorprendente ocurrió en la parte baja de la comisaría, una edificación alta cimentada sobre un muro de piedra. Al pie del muro había una pequeña chacra donde habitaba una anciana muy pobre y solitaria, acompañada únicamente por sus dos perros. En medio del tiroteo, un subversivo intentó trepar la pared de piedra cargando una potente carga de dinamita encendida con la misión de volar el cuartel policial. Sin embargo, las dentaduras de los perros de la anciana se prendieron con furia de los talones y el pantalón del atacante, jaloneándolo sin tregua. Ante la feroz resistencia de los animales, el terrorista quedó atrapado a mitad del muro sin poder ascender, hasta que el explosivo estalló en sus propias manos. El estallido mató instantáneamente al subversivo y a uno de los canes, dejando al segundo animal gravemente herido».

Aquel asalto fue ejecutado por doce combatientes de origen andino del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. En marzo de 1993, las lluvias arreciaron con inclemencia sobre Tayabamba. A mediados de ese mes, la humedad extrema debilitó los cimientos de la humilde vivienda de barro de aquella anciana, provocando su colapso total. Las paredes de tapial se derrumbaron sobre la anciana y sobre el único perro sobreviviente del atentado, matándolos de forma instantánea. Ante la trágica pérdida de esta mujer de extrema pobreza, los miembros de la Policía Nacional del Perú asumieron la totalidad de los gastos del sepelio y se hicieron cargo de su entierro, en un tardío, pero significativo gesto de gratitud hacia quien, sin buscarlo, les había salvado la vida a través de sus animales.

Para entonces, yo continuaba pagando la suma de 120.00 nuevos soles mensuales por mis alimentos en aquella pensión, un gasto que representaba casi la mitad de mi sueldo de suboficial. El país apenas intentaba desmarcarse de las secuelas del desastroso quinquenio económico y la corrupción del régimen de Alan García Pérez, resistiendo el violento impacto del 'shock' macroeconómico aplicado por el gobierno de Alberto Fujimori.

domingo, 2 de agosto de 2015

ALAN GARCÍA PÉREZ LAS PRUEBAS DEL ROBO EN LA COMPRA Y VENTA DE LOS AVIONES MIRAGE 2000P DE LA FAP

Con el sugestivo nombre de “Pájaros de Alto Vuelo”, en diciembre de 1993 se publicó el último libro de Carlos Malpica Silva Santisteban. El ex senador de Izquierda Unida falleció un mes antes y por diversas razones este trabajo no tuvo la difusión que hubiese deseado el infatigable estudioso de la realidad nacional y luchador social.

Hoy, al cumplirse cinco (5) meses del segundo gobierno del Dr. Alan García Pérez, y en momentos que el Perú se juega su destino para salir de la podredumbre,   es imprescindible que el pueblo peruano conozca la trama gansteril orquestada por el  mandatario actual en la compra de 24 aviones Mirage 2000P durante su primer gobierno. Según nuestro autor, en este fraude, el presidente actual y sus secuaces durante su primer gobierno se engulleron más de cien millones de dólares, de estos hechos de latrocinio ex profesamente durante veinte años se ha pretendido cubrir con el manto del olvido. Pasaron los años y mimetizado como las flores de la selva para pasar desapercibido, así regresó al poder Alan García Pérez, y hoy después de 20 años como siempre no ha dejado de ser el politicastro, demagogo y soberbio. Pero todo esto desde la eternidad, lo observa el maestro Carlos Malpica. Obviamente recién me doy cuenta que por qué el Presidente venezolano Hugo Chávez Frías, le dice a Alan García Pérez “Carlos Andrés Pérez del Perú, ladrón de cuatro esquinas, ladrón de siete suelas, etc.”

En uno de los pasajes del discurso que pronunció Alan García Pérez cuando asumió la presidencia de la república el 28 de julio de 1985, dijo: “anuncio a los pueblos del mundo nuestra decisión de reducir sustancialmente las compras de material bélico, comenzando por el recorte del número de aviones Mirage 2000P, cuya compra actualmente está en tramite”. Este anuncio arrancó el aplauso unánime de los asistentes a la ceremonia en el congreso de la República entre quienes se encontraban presidentes, ex presidentes y numerosas personalidades de América Latina y el mundo. Los invitados estaban lejos de imaginar que detrás del anuncio, donde también se expresó una falsa preocupación por las necesidades del pueblo, se escondía uno de los más escandalosos negociados de nuestra historia republicana.

Fueron muy pocas las personas que sabían que entre los invitados al acto de juramentación en el hemiciclo se encontraba un dilecto amigo del flamante presidente, Abdul Rahman El Assir, traficante de armas de origen libanés cuyos datos biográficos nos ayudaran a entender mejor los hechos. Abdul Rahman o simplemente Adderramán El Assir, era un joven economista que el año 1975 trabajaba como agregado cultural de la embajada de Líbano en Egipto. Al año siguiente, por una de esas casualidades del destino del Perú se conoce con el nombre de “braquetazo”, se casa con Samira Khashogui, hermana de Adnan Khashogui, considerado entonces el hombre más rico del mundo y mayor comerciante de armas del medio oriente.

Es así como Abderramán empieza a conocer los secretos de este lucrativo negocio e incursiona en el alto mundo de las finanzas internacionales. Su todopoderoso cuñado se encarga de presentarle a los jaques árabes, presidentes, ministros y aristócratas europeos con quienes tenía negocios o por concretar. Algunos años después y luego de haber vivido en Francia y Chipre, el Assir se instala en España al mando de la empresa Alcántara Iberian Exports, allí conoce al Rey Juan Carlos I así como a los máximos dirigentes del gobernante Partido Socialista Obrero Español como el primer ministro Felipe Gonzáles y el ministro de economía Carlos Solchaga. Es a través de ellos que conoció al presidente venezolano Carlos Andrés Pérez con cuyo gobierno efectuó jugosas transacciones en la venta de armamentos. Fiel a su estilo y mientras su cuñado Adnam Khashogui triangulaba con Israel una venta de armas norteamericanas a Irán a cambio de la liberación de rehenes, el Assir se divorciaba de Samira y volvía a casarse con la hija de un diplomático fuertemente vinculado al gobierno de España. Corría el año 1985, Alan García había ganado las elecciones presidenciales y antes de asumir el mando efectuó un viaje a Europa, dizque a recibir la bendición papal.

El domingo 9  de junio el mozallón llega a Madrid y almuerza en el Palacio de la Moncloa con Felipe Gonzáles. El lunes 10 tuvo una audiencia con el Papa Juan Pablo II a quien le promete que hará “un gobierno cristiano al servicio del pueblo”. Por la tarde, Alan se reúne con el Canciller Giulo Andreotti (probable primer contacto para la obtención del préstamo de su famoso Tren Eléctrico), y el martes 11 se entrevista con el jefe de gobierno Benito Craxi. Ambos personajes que le fueron pródigos en halagos y consejos, serian poco después defenestrados de sus cargos por haber recibido sobornos y por sus vínculos  con la sanguinaria mafia italiana. Sin embargo la actividad más importante efectuada ese día por García Pérez, fue la reunión que sostuvo en una trattoria romana con el ex presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez. Luego, del jueves 13 al domingo 16 Alan García salió de circulación y reaparece en Paris el lunes 17. ¿Dónde estuvo esos cuatro días? Ni más ni menos que en la paradisíaca isla de Capri donde posee una mansión el mismísimo Carlos Andrés Pérez. En el Capri con la mediación del ex mandatario venezolano se produjo el primer contacto con Abderramán El Assir y su nuevo jefe, Asaf Alí. “NO SEAS COMO HAYA DE LA TORRE”, cabe destacar que en este periplo europeo, García tuvo como acompañantes inseparables a Héctor Delgado Parker y al ex diputado Carlos Roca Torres. Por versión de ellos se llegó a conocer los sabios consejos que le diera Carlos Andrés Pérez a su futuro compadre espiritual: “No seas como Haya de la Torre a quién nunca le preocupó hacer dinero, pero cuando necesitó recursos económicos para sus campañas políticas tuvo que humillarse y solicitarlo a sus amigos ricos. Si quieres continuar en política y reelegirte debes hacer tu propio dinero”. Encabritado por la emoción, dice que Alan preguntó sobre el monto de dinero que debía acumular, recibiendo como respuesta: “cuando menos unos diez millones de dólares”. Alan García superó los consejos de su maestro y guía, porque su fortuna según amigos y enemigos, oscila entre 100 y 200 millones de dólares.

Pero sigamos con la historia real. El 21 de junio del mismo mes y año (1985) a Alan y su comitiva nuevamente los ven en Madrid. Ese mismo día parten a Marruecos en el jet particular de Abul Rahman El Assir. Concretamente a la ciudad de Rabat. El círculo se iba cerrando.

La cortina de humo, para esconder las oscuras negociaciones que García había iniciado con Abderramán apelaron a una maniobra distractiva. Presentaron al libanés como empresario interesado en invertir en los fosfatos de Bayóbar y en la actividad pesquera. A este juego se prestó el Comando de Campaña del APRA y ello se comprueba con las declaraciones que tiempo después brindaría a la Comisión Investigadora del Senado los ex ministros apristas de Pesquería José Palomino Roedle y de Energía y Minas Wilfredo Huaita, quines fueron enviados a Madrid por el Comando de Campaña para explicar a El Assir sobre los beneficios que obtendría invirtiendo en estos sectores. Envuelto en esta cortina de humo llegó Abdul Rahman a Lima, a la Asunción de mando el 28 de Julio y fue instalado en el mismo Palacio de Gobierno. Luego vendría el discurso de Alan García anunciando que se reducirá de 24 a 10, el número de aviones Mirage a ser comprados por el Perú a las empresas: MARCEL DASSAULT, SNECMA Y THOMPSON (Ver discurso presidencial en diario El Peruano del 29 de Julio de 1985). Justo en el día del aniversario patrio, se cierra en Lima el círculo del infame negociado JUPITER I Y JUPITER II.

La historia de la adquisición de los Mirage se remonta a 1981 cuando se estalla el conflicto de la Cordillera del Cóndor y el Consejo de Defensa Nacional a solicitud de la Fuerza Aérea del Perú acuerda adquirir un escuadrón de dieciséis aviones F-16 de fabricación norteamericana o similar. Enterados los gringos de esa necesidad de compra ofrecieron sus F-16 con motores reciclados de la segunda guerra mundial.”Nos querían dar un Mercedes Benz con motor de Volswagen, lo cual era inadmisible” supo decir con claridad y en su debido momento el entonces Comandante General de la FAP, Teniente General Hernán Boluarte. Para tener una idea de gato por liebre que nos quería endosar los norteamericanos, baste decir que los F-16 originales tienen motores de 25 mil libras de empuje y los que ofrecían a la FAP eran de mil libras  y del año 1953. Es así que el Perú optó por los franceses Mirage 2000 por ajustarse a nuestras necesidades. De esta manera nace el convenio Júpiter I.

En Abril de 1982 cuando se desata la guerra de las Malvinas entre Argentina e Inglaterra, el Perú mediante una gestión no oficial le vende al gobierno argentino diez (10) aviones de combate. Esta transacción contó con el visto bueno de la FAP a condición que sean repuestos aprovechando las negociaciones  que estaban en curso, lo cual dio lugar a la firma del convenio Júpiter II. Las operaciones se cerraron por 24 aviones monoplazas y dos biplazas que alcanzaron la suma de 650 millones de dólares. Ni más ni menos. Estos convenios no llegaron a materializarse con la prontitud del caso, porque se desato una guerra por la repartija de coimas entre las mas altas esferas del gobierno y funcionarios del Ministerio de Economía, lo cual retrasó su ejecución y cuando menos lo esperaban, ya tenían a Alan García como presidente electo.

            Como es, cuanto hay, son las palabras mágicas en el submundo de la coima y corrupción. Son las palabras que abren todas las puertas y vencen todos los obstáculos, Los impenetrables muros de las burocracias ministeriales, regionales y municipales son derribados con disparos de misiles que contienen miles o cientos de miles de soles o dólares según sea el caso. A esta podredumbre moral que corroe la patria no escapa ninguna institución pública entre ellas, las universidades. Licitaciones fraudulentas, sobrevaluaciones, nepotismo, nombramientos amañados, son pan del día. A estos se añade la estructura de redes mafiosos donde abundan pandillas de mediocres e incondicionales plañideros y abyectos. En este terreno, tenemos que reconocer, el APRA se lleva las palmas, 82 años  de presencia política en el país han procreado generaciones enteras de succionadores profesionales de las ubres del aparato estatal. Pero también hay coimeros de baja estofa, pirañitas, peseteros de a dos por medio, Los más destacados usan terno y corbata y los mejores, llegan a ser congresistas que juran “por Dios y por la plata”, ministros o presidentes de la República.

En las altas esferas políticas a la coima se le llama comisión y según el patriarca social cristiano Luís Bedoya Reyes, al delincuente se le conoce como pecador. Al parecer personajes que se mueven en las altas esferas políticas, como Belaúnde, Alan García, Abderraman,  Alberto Fujimori, Paniagua, Toledo, etcétera, en algún momento hasta llegan a considerarse inmunes a los alcances de la justicia terrenal y es común entre ellos creer que: Ofrecer dinero a un gobierno para influir en sus decisiones, es comisión, recibirlo por los servicios prestados también es comisión. Al menos, eso pensaba  Adderraman El Assir y Vladimiro Montesinos, etc.

Era catorce el número de aviones Mirage que nuestro país iba a dejar de comprar según el anuncio de García Pérez. Como ya existían dos convenios de por medio, al Perú para decirlo de manera sencilla, le asistía en gran parte el derecho a participar en la decisión final sobre el destino que iban a correr los 14 aviones que dejaba de comprar, la otra parte interesada era la empresa fabricante. De por medio estaba el gobierno francés entonces dirigido por el socialista Francois Miterrand. Que ha mitad de las negociaciones  fue derrotado electoralmente y tuvo que esperar el cambio de gobierno para retomarlas. Así llegamos a 1986.

Con el aval de los gobiernos peruano y francés y el visto bueno de la empresa fabricante a El Assir le fue fácil colocar ese lote de 14 aviones y a un precio alto en los países árabes que por entonces y hasta ahora, navegan en petrodólares. El multimillonario negocio se vio favorecido por el hecho que los países de Europa Occidental y los Estados Unidos tenían acuerdos de no vender material bélico a los países árabes, mucho menos a los que estaban en guerra. En esta operación Alan García, Abderraman y otros se embolsicaron más de 100 millones de dólares mientras que nuestra Fuerza Aérea quedó con aviones casi obsoletos tal como fue demostrado en el conflicto del Alto Cenepa 1995, ergo, el poder combativo aéreo de la FAP siempre fue inferior a la FAE, pero aún así vi a nuestro aviones Sukhoi cual un picaflor clavarse sobre las líneas de fuego enemigo, tal como quedó demostrado aquel 10 de febrero de 1995. Como es de conocimiento general en esas arriesgadas misiones  Ecuador nos derribó en total nueve (9) naves entre aviones y helicópteros cuando estos se encontraban apoyando a las operaciones en el lado norte de Tiwinza.

Durante el primer gobierno de Alan García Pérez las empresas públicas fueron saqueadas por una pandilla de asaltantes convertidos en funcionarios de las dependencias estatales, llevándolas al filo del abismo. A la vuelta de años, cuando se impone el neoliberalismo o privatizaciones de empresas, Alan García fue el primero en proclamar que se privaticen todas. Joseph Stiglitz, Novel de Economía 2002, vicepresidente del Banco Mundial denunció que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial sobornaban a los gobiernos de América Latina para que desestabilicen sus empresas públicas, después el capital financiero internacional, las compraba a precio regalado ¿Cuánto recibió Alan García como coima del FMI, y del BM para que desestabilice las empresas publicas del Perú.

“Pájaros de Alto Vuelo” es un testimonio con abundantes e irrefutables pruebas sobre este caso que muchos pretenden acallar. Carlos Malpica fue uno de los principales miembros de la Comisión Investigadora del BCCI que se ocupó de este tema. Lo curioso es que este libro ha desaparecido de las librerías desde ya hace varios años, convirtiéndose en un ejemplar de colección que muy pocos poseemos.

ANTES CONTRA LA REPÚBLICA DE INDIOS AHORA CONTRA LA REPÚBLICA DE CHOLOS 488 AÑOS DE ZZEE

La subversión en nuestra patria, y con ello la imposición de las Zonas de Emergencia no empieza con el Partido Comunista del Perú  Sendero Luminoso (PCP-SL) en Chuschi el 17 de mayo de 1980, ni con el MIR en la Mesa Pelada 1965, ni mucho menos con la creación del partido Socialista por  José Carlos Mariategui en 1928. No se genera pues, en función del factor clasista… Sino que lo hace en función al factor etnocultural incaico, desde el día siguiente del asesinato del Inka Atahuallpa por los invasores españoles “globo colonizadores” comandados por Pizarro y Almagro, en la emboscada de Cajamarca el 16 de Noviembre de 1532 (en que de “pasadita” inauguran en estas tierras la floreciente industria del “secuestro y asalto”).

Son los estandartes etnonacionalistas los que, desde hace 5 siglos, han enfrentado y subvertido el orden occidental, globalizador y extranjerizador impuesto por vía de las armas en los andes. Desde el cura Vicente Valverde, hasta el actual cardenal Cipiriani, desde Almagro hasta los actuales izquierdistas. Desde Pizarro hasta el actual Presidente de la Republica….Tiempo quincuacentenario, en donde la historia negra ha mantenido inalterable su fondo, pero eso si, modernizando sus formas: Frontera ideológica, Defensa Interior del Territorio (DIT), doctrina de seguridad interna, Pentagonización, Proyecto de Democracia, Guerra contra las Drogas (DEVIDA), etc. Y esto no lo pueden entender los traidores y corruptos asalariados del Estado como los “especialistas” Carlos Tapia y Raúl Gonzáles, quienes en absoluto no saben diferenciar desde el punto de vista etnocultural a Manco Cápac y Carlos Marx. No se puede ocultar que en estos momentos la gran mayoría de los gobiernos Sudamericanos, y en especial el nuestro, representados por el pizarrista Gonzáles y por el almagrista Tapia, crean artificialmente una vinculación entre Abimael Guzman y Víctor Polay Campos, a todos los luchadores sociales de hoy; para generar el “preámbulo” represor, bajo el “mote de terroristas”. 

 La historia de las zonas de emergencia en el Perú desde 1532 al 2020.

01. Zona de Emergencia desde 1532 - 1572; subversión etnonacionalista, inspiración     ideológica, Manco Cápac: Líder,  Túpac Manku Yupanqui.

02. Zona de Emergencia desde 1610 - 1650; subversión etnonacionalista, inspiración   ideológica, Manco Cápac: Líder, Taky Onkoy.

03. Zona de Emergencia desde 1742 - 1756; subversión etnonacionalista, inspiración  ideológica;  Manco Cápac: Líder, Juan Santos Atahuallpa.

04. Zona de Emergencia desde 1780 - 1785; subversión etnonacionalista, inspiración  ideológica; Manco Cápac: Líderes, Túpac Amaru II y Túpac katari.

05. Zona de Emergencia desde 1810 - 1,812; subversión etnonacionalista, inspiración  ideológica, Manco Cápac: Líder, Mateo Pumacahua.

06. Zona de Emergencia desde 1,881 - 1,886; subversión etnonacionalista, inspiración  ideológica, Manco Cápac: Lideres, General Andrés Avelino Cáceres y Pedro  Pablo Atusparia.

07. Zona de Emergencia desde 1,915 - 1,916; subversión etnonacionalista, inspiración  ideológica; Manco Cápac: Líder, Mayor del Ejército peruano Teodomiro Gutiérrez  Cueva “Rumi Maqui”.

08. Zona de Emergencia desde 1,964 - 1,965; subversión clasista, inspiración ideológica;  Carlos Marx: Lideres, De la Puente Uceda, Lobaton Mille y Fernández Gasco.

09. Zona de Emergencia desde 1,981 - 2,000; subversión clasista, inspiración ideológica;  Carlos Marx, Mao Sedon, Mariategui: Lideres, Abimael Guzmán Reynoso (PCP-SL),  Víctor Polay  Campos (MRTA) y Puka LLacta.

10. Zona de Emergencia en Alto Huallaga desde el año 2,000 - 2014; subversión  clasista,inspiración ideológica; Carlos Marx, Mao Sedon, Mariategui: Líder, José  FLORES LEÓN, conocido como el camarada Artemio (PCP - Sendero Luminoso).
      
11. Zona de emergencia en VRAEM desde el 14 de Julio de 1999 - 2026; subversión  clasista, inspiración ideológica; Carlos Marx, Mao Sedon, Mariategui: Líder, Víctor  Quispe Palomino, conocido como el camarada José ( PCP - Sendero Luminoso).
       

LA REBELIÓN DE PEDRO PABLO ATUSPARIA Y UCHKU PEDRO DEPARTAMENTO DE ANCASH 1885

Entre marzo y noviembre de 1885, cuando en el Valle del Mantaro el 5to Ejército de la Breña enfrentaba a los traidores chilenizados del presidente criollo Miguel Iglesias Pino de Arce, burlando al General Relaize en la famosa maniobra de la “Huaripampeada”, estalla en Ancash la rebelión campesina de Pedro Atusparia y Uchku Pedro, este último veterano y combatiente en la Batalla de Huamachuco.

La chispa que provocó la rebelión fue el abuso gubernamental, que en pro de la indemnización de guerra a Chile, implantó una política de explotación que recurría a exorbitantes tributos así como solo para los cobrizos la leva para los llamados “trabajos de la república”.

Pero el gobierno criollo no sopesó que los callejones de Huaylas, y conchudos acababan de ser teatro de operaciones del 4to Ejército de la Breña en la campaña del Norte (Huamachuco), y que éste, antecediendo en 30 años a los Ejércitos agraristas mexicanos de Villa y Zapata, habían efectuado una serie de tomas de haciendas en la medida que así lo exigía la base campesina de sus tropas, lo cual era vital para la concecusión de la resistencia anti chilena. Era pues, el campesino ancashino, un elemento de gran convicción nacionalista.

El gobierno del traidor Miguel Iglesias se vio obligado a enviar un batallón de infantería y un regimiento de caballería al mando del Coronel Iraola para sofocar la sublevación. La fuerza contrasubversiva desembarca en Casma y sube por Killo en dirección a Yungay la cual ocupa. Yungay es inmediatamente cercada por las fuerzas de Uchku Pedro. Tras cinco días de combate, el ejército campesino se retira dejando 300 bajas, entre las cuales se encontró Silverio Montestruque, ideólogo que redactó el boletín “El Sol de los Inkas”.

Montestruque había sido oficial de Cáceres en Marcavalle. En Yungay los fusilados pasaron el millar. El 3 de mayo el Coronel Iraola ocupa Huaraz, la cual es sitiada por los “avelinos ancashinos”.

“Las primeras oleadas de infantería campesina son rechazadas. Un escuadrón de caballería carga contra ellos abriendo brecha. Alentado por su éxito ataca Pumacayán, fortaleza inca de empinadas galerías. Ahora, después de 130 años de aquel acontecimiento popular, mi más sincero reconocimiento, respeto y gratitud. Honor y gloría para los lideres como Pedro Pablo Atusparia, el gran “Uchku” Pedro, Pedro Granados, José Orobió etc. Asimismo merecen un especial reconocimiento, por su valor y entrega total por una causa justa los miles de campesinos armados simplemente con rejones, dinamita y algunos fusiles, quienes entregaron sus vidas combatiendo contra un batallón de infantería de 600 hombres y un regimiento de caballería con 400 hombre bien armados y equipados por los chilenos, bajo la conducción de un Coronel prochileno, como Iraola. Atusparia perdió mas de tres mil hombres y miles también quedaron lisiados; por el bando gubernamental también perdieron la vida mas de 200 soldados. Todo este acotenciemiento sucedió siendo presidente del Perú el traidor y prochileno  general Miguel Iglesias Pino de Arce.

LA HISTORIA DEL CALLEJÓN DE HUAYLAS DEPARTAMENTO DE ANCASH

Huaylas fue cuna de una gran cultura regional que floreció en el siglo XII y que ocupó gran parte del Callejón de Huaylas, teniendo como su capital política y administrativa el actual distrito de Caraz. Esta civilización en los albores del siglo XIII fue conquistado y sometido bajo el dominio incaico.

Este significativo nombre de Atún Huaylas fue dado por el Inca Pachacutec, quien sometió a esta cultura bajo el dominio del imperio del Tahuantinsuyo en el siglo XIII.

Cuenta la tradición, que el Inca Pachacutec al coronar la Cordillera Negra y al ascender, miró asombrado al pueblo de Huaylas cubierto de verdor y pronunció emocionado “Atún Waylla” que significa gran verdor y lozanía. 

El Inca Huayna Cápac durante su estadía en Huaylas, con la finalidad de que el reino Huaylas se una al imperio, une su sangre imperial con la princesa huaylina Contarchuacho, procreando a Inés “Huaylas Ñusta”, quien fue hermana de Huáscar , Atahualpa y Manco Inca; y a la llegada de los españoles Atahuallpa entregó en matrimonio a su hermana Inés Yupanqui al jefe invasor Francisco Pizarro Gonzales, ellos procrearon a Francisca y a Gonzalo Álvaro Pizarro Yupanqui, los dos primeros mestizos nobles, desde esa fecha Huaylas adquiere importancia histórica.

En la Guerra por la independencia tuvo presencia histórica por su ubicación geográfica y estratégica, por lo que sirvió al libertador Simón Bolívar y su ejército para acampar en Huaylas en el año 1823.

Durante la Guerra con Chile, sirvió para que muchos huaylinos se enrolaran al cumplimiento de su deber, sobresaliendo notablemente por su inteligencia, bravura y coraje el joven huaylino Germán Ivanhoe Alva Jurado, quien murió en acción distinguida en la Batalla de Huamachuco el 10 de Julio de 1883.

Ahora es necesario aclarar sobre la elevación de Villa a Ciudad; Huaylas fue creado como Villa el año de 1592 por el Virrey García Hurtado de Mendoza, con el nombre de “pueblo de la Asunción de Atún Huaylas”.

Huaylas como muchos distritos y provincias del Perú fue creado políticamente en la época de la independencia; en el gobierno de Libertador don Simón Bolivar, el año de 1825 fue creado como distrito, y luego reconocido por ley del 2 de enero de 1857, año en que se demarcaron los distritos del país siendo presidente provisorio don Ramón Castilla, por esta ley quedó determinado los distritos municipales a falta de una ley especial.

Finalmente se dio la ley que eleva a ciudad a la Villa de Huaylas, el 28 de noviembre de 1899, estando en la presidencia el Dr. Eduardo López de Romaña, mediante un Decreto presidencial, en cuyo artículo único se lee, “Elévese a la categoría de ciudad la villa de Huaylas de la provincia del mismo nombre en el departamento de Ancash”.

Por todos ellos nosotros debemos sentirnos orgullosos de nuestro pasado para crear una cultura de valores, orden con justicia que nos encamine hacia una patria desarrollada.