

Como es de conocimiento general, Miguel Iglesias Pino, desde la noche del mismo 13 de enero de 1881, vale decir unas horas después de haber sido tomado prisionero en el distrito de Chorrillos, obtuvo su libertad luego de una entrevista que sostuvo con el General Manuel Baquedano Gonzáles. Nunca se supo de manera cierta lo que se trató en esa reunión, pero, por lo que sucedió después, muchas conjeturas se tejieron al respecto. Miguel Iglesias, en esos días, se hallaba anímicamente abatido, la muerte de su hijo en la batalla de San Juan le había afectado en demasía. Sea como fuere, de aquella entrevista surgió otro Iglesias, que haría borrar la imagen del héroe de San Juan, para convertirse en fiel colaborador y vasallo del Ejército chileno. El coronel José Manuel López Haya, como él prisionero, dejó el siguiente testimonio: "Yo, caí prisionero en Chorrillos juntamente con Miguel Iglesias y ocupamos el mismo alojamiento. Una tarde, a eso de las siete, se presentó un oficial chileno en nuestra habitación y dirigiéndose a Iglesias le invitó a salir con él. Temí que fuera para fusilarlo; me acerqué a mi compañero de infortunio y le dije: "Quiero correr la misma suerte que tú". Iglesias, poniéndome la mano sobre el hombro, me respondió: "No chacha (López Haya, era oriundo de Chachapoyas", no temas nada; voy a regresar". Y así fue, poco más de una hora después regresó y me dijo: "Estamos en libertad; el General Baquedano ha sido muy amable". Tras ello, Iglesias manifestó que para él había concluido la guerra, y se retiraba a su hacienda Udima en Cajamarca, donde se mantuvo absolutamente inactivo hasta el mes de noviembre de 1881. El General Iglesias, como ministro de Guerra del traidor Nicolás de Pierola, fue uno de los principales responsables de la derrota, porque facilitó con su ineptitud la victoria de Chile en las batallas de San Juan y chorrillos.
En el mes de noviembre del año 1881, en la ciudad de Cajamarca, el General Miguel Iglesias Pino, aceptó del contralmirante Lizardo Montero Flores (vicepresidente del desterrado presidente doctor Francisco García Calderón), el Comando del Ejército del Norte, desde la fecha que asumió esta función comenzó a traicionar el Perú. Su fidelidad a Lizardo Montero sólo duró el tiempo que éste permaneció en la ciudad de Cajamarca, pues después de su salida rumbo a la ciudad de Huaraz, en el mes de febrero de 1882; Miguel Iglesias Pino, inició el trabajo de traición al Perú, desatando abiertamente terca propaganda de rendición total con la ayuda de la clase política dominante, familiares, amigos hacendados y grupos de poder, quienes comenzaron a servir a las tropa del ejército chileno como eficaces agentes de rendición, inicialmente en el Norte del pías. Durante la Tercera Etapa de la Campaña de la Breña los traidores se unieron al bando chileno como parte del Ejercito Pacificador del Perú, unidos formaron el Ejército que denominaron "Ejército Pacificador del Perú". Queda demostrado que Lizardo Montero había cometido uno de sus más graves errores al dejar a Miguel Iglesias como Jefe Superior Político y Militar de los departamentos del Norte, puesto que bien pudo haber cubierto dicho puesto el coronel José Mercedes Puga. No tardaron las manifestaciones de protesta en varios pueblos de Cajamarca por nombramiento de Miguel iglesias, pues éste había sido liberado por el General Baquedano con ciertas condiciones. Por la traición de Miguel Iglesias, en la hacienda Apan, de propiedad de Justiniano Novoa, se reunieron varios personajes que acordaron desconocer a la traición de Iglesias. Puga fue nombrado Director Constitucional y Jefe Superior Político y Militar del Norte, en tanto que el coronel Manuel José Becerra, alzado en Chota, fue designado para comandar el ejército que secundaría el cambio. Estalló así la guerra civil en Cajamarca, mostrando sus protagonistas dos actitudes respecto a Chile: El coronel Puga y Becerra acaudillando a los que pugnaban por continuar la guerra de resistencia contra el derrotista Miguel Iglesias decidido ya por la paz a cualquier precio.
El 1° de abril del año 1882 el General Miguel Iglesias lanzó en la ciudad de Cajamarca una proclama manifestando sin tapujos su decisión de oponerse a la guerra de resistencia, precisamente cuando ésta se reanudaba incontenible en toda la región del Valle de Mantaro, en Junín.
Como queriendo acallar las conjeturas surgidas a raíz de su entrevista con el General Manuel Baquedano el 13 de enero de 1881, Iglesias inició su discurso manifestando que su prisión fue rota por el hecho del consentimiento y que ningún compromiso verbal ni escrito contrajo con el jefe del ejército chileno, pero añadió a reglón seguido: La conducta generosa que se usó conmigo y que no puedo desconocer, me colocaba en una situación bien excepcional. ¿Cuál era ésta?, cabe preguntarse. Y no es aventurado inferir de sus palabras que tuvo desde entonces en la mente la idea de mediar por la paz, paz que solicitaba el enemigo, paz con sesión territorial. En su proclama del 1° de abril de 1882, Miguel Iglesias, precisaba: la urgencia de ajustar la paz con Chile del mejor modo posible. Tal aseveración dio pie a Carlos Vicuña para emitir un severo juicio: Sin perder mas tiempo el 1° de abril de 1882 Iglesias lanzó su celebre proclama en que manifestaba la necesidad de celebrar la paz con Chile. Es evidente que ya en aquella época estaba en constante contacto con el alto mando chileno instalado en el palacio de gobierno de Lima, Perú. Así la zona del Norte del Perú dejaba de ser un peligro para los intereses chilenos, que después de la proclama de Iglesias buscaron un acercamiento con aquellos traidores que compartían sus puntos de vista y a toda costa dedicaron sus afanes a contrarrestar la resistencia en el Centro del Perú con la consigna de destruir al General Cáceres. ¿Que pensaba Miguel Iglesias?, él decía iniciar el pensamiento grandioso y contrario de aquellos que en otras regiones proseguían la lucha contra el ejército chileno, tal vez unos párrafos de la proclama contribuyan a una respuesta, pues dijo: "Mi espada no ha lucido ni lucirá jamás en los campos estériles, para ensangrentar el suelo patrio en servicio de pasiones personales...Desnudo estoy de ambiciones bastardas...la pompa de los caudillos no me seduce".

Como queriendo acallar las conjeturas surgidas a raíz de su entrevista con el General Manuel Baquedano el 13 de enero de 1881, Iglesias inició su discurso manifestando que su prisión fue rota por el hecho del consentimiento y que ningún compromiso verbal ni escrito contrajo con el jefe del ejército chileno, pero añadió a reglón seguido: La conducta generosa que se usó conmigo y que no puedo desconocer, me colocaba en una situación bien excepcional. ¿Cuál era ésta?, cabe preguntarse. Y no es aventurado inferir de sus palabras que tuvo desde entonces en la mente la idea de mediar por la paz, paz que solicitaba el enemigo, paz con sesión territorial. En su proclama del 1° de abril de 1882, Miguel Iglesias, precisaba: la urgencia de ajustar la paz con Chile del mejor modo posible. Tal aseveración dio pie a Carlos Vicuña para emitir un severo juicio: Sin perder mas tiempo el 1° de abril de 1882 Iglesias lanzó su celebre proclama en que manifestaba la necesidad de celebrar la paz con Chile. Es evidente que ya en aquella época estaba en constante contacto con el alto mando chileno instalado en el palacio de gobierno de Lima, Perú. Así la zona del Norte del Perú dejaba de ser un peligro para los intereses chilenos, que después de la proclama de Iglesias buscaron un acercamiento con aquellos traidores que compartían sus puntos de vista y a toda costa dedicaron sus afanes a contrarrestar la resistencia en el Centro del Perú con la consigna de destruir al General Cáceres. ¿Que pensaba Miguel Iglesias?, él decía iniciar el pensamiento grandioso y contrario de aquellos que en otras regiones proseguían la lucha contra el ejército chileno, tal vez unos párrafos de la proclama contribuyan a una respuesta, pues dijo: "Mi espada no ha lucido ni lucirá jamás en los campos estériles, para ensangrentar el suelo patrio en servicio de pasiones personales...Desnudo estoy de ambiciones bastardas...la pompa de los caudillos no me seduce".
El 31 de diciembre de 1883, Cáceres escribió desde Ayacucho, las siguientes frases: “Yo no veo en Iglesias sino a un teniente chileno, que obedece a los propósitos chilenos, que vive bajo la sombra de los chilenos, que cede territorio y dinero a los chilenos, y que, en suma, subsistirá con el aparato de poder que tiene en Lima, tiempo que permanezcan en el territorio nacional los ejércitos chilenos”.
En aquellos años difíciles para la patria, cuando la unidad política nacional se consolidaba con extraordinarios y sangrientos sacrificios de soldados, campesinos, guerrilleros y civiles patriotas sobre todo en el centro del Perú, cuando el Perú se presentaba ante el invasor a la altura de las circunstancias, con dignidad de sus gloriosas tradiciones, el General Miguel Iglesias levantó en Cajamarca la bandera de la rendición total y anarquía, proclamando a todos los departamentos del norte bajo su comando, independientes del gobierno nacional y calificando como un crimen y falso honor al sentimiento que conducían los defensores del país a luchar por la soberanía e integridad territorial de la república. Semejante e inconcebible procedimiento del Jefe del Ejército del Norte significaría para el enemigo un triunfo incomparable; y envolvería para nosotros el más funesto descalabro, tendentes a facilitar a Chile sus propósitos de dominación y de conquista, y a presentarnos a la contemplación del mundo como un pueblo de la mitad patriotas la mitad traidores.
Si a Ellos Lo ponen como Héroe a Mi tío quien murió en la Guerra con Ecuador en 1995 el 13 de febrero , donde el Gobierno no se digno en buscar su cadáver y hasta hoy lo tienen abandonado y nosotros su familia sin ningún nicho donde podamos ir y dejarles Flores INOCENTE NICOLAS VASQUEZ GONZALES MERECE LOA HONORES COMO AQUELLOS HEROES !
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