viernes, 14 de agosto de 2026

ENTREVISTA CON EL GENERAL DE BRIGADA MARCELO VALVERDE NEYRA EN EL CUARTEL GENERAL DE PUNO PERÚ

El 28 de febrero del año 2014, casi al mes de mi llegada a la Companía de Comunicaciones N° 4 de la 4ta Brigada de Montaña en Puno, me comunicaron que el señor General de Brigada Marcelo Valverde Neyra, comandante General de la 4.ª Brigada de Montaña, había ordenado que me presentara a su despacho. Acudí vistiendo el uniforme A1 de diario y me dirigí al segundo piso del Cuartel General. Ingresé cumpliendo estrictamente con las normas reglamentarias para una entrevista con un oficial general. El general me esperó solo; me invitó a sentarme y dio inicio a la conversación: “Técnico Pineda, lo he llamado porque existen ciertos informes relacionados con su persona y su conducta. Los reportes indican que usted es muy hostil y que en los batallones donde ha laborado siempre ha tenido problemas con sus superiores, principalmente con sus comandantes. Hay que vivir en paz; solo trabajando en armonía podemos vivir tranquilos y respetar nuestros reglamentos y leyes para alcanzar los objetivos trazados por el comando de esta Gran Unidad de Combate. Junto con el G-1 estamos evaluando enviarte al Batallón de Ingeniería de Combate Motorizado N° 4, acantonado en la ciudad de Juliaca. Mientras tanto, seguirá pasando lista en la Compañía de Comunicaciones N° 4. ¿Tiene alguna pregunta o alguna queja?”.

Le contesté con firmeza y respeto: “Mi General, es verdad que he tenido problemas con algunos comandantes. Sin embargo, soy un hombre de paz, sumamente respetuoso de las leyes y de nuestros reglamentos; sobre todo, amo a la institución y siempre trabajo para que el Ejército sea grande y respetado. Por desgracia, en algunos batallones el Comando del Ejército nombra a comandantes delincuentes. He trabajado con jefes que se negaban a pagar los viáticos enviados por la ONPE para los procesos electorales; también he trabajado con comandantes que le robaban los uniformes a la tropa o que sustraían el combustible de los vehículos de combate y de apoyo. Incluso, permitían el robo del combustible destinado a la cocción de alimentos, el cual se quedaba en el Servicio de Intendencia y nunca llegaba a las unidades, terminando ese dinero en los bolsillos de los generales. Mientras tanto, yo, como oficial de rancho, tenía que buscar leña por todos lados para cocinarle a la tropa servicio militar. En ocasiones, con el dinero destinado a la compra de víveres frescos y carne para la tropa, me vi obligado a comprar leña para preparar los alimentos. Cuando reclamé por estas injusticias algunos comandantes y capitanes, comenzaron a tildarme de terrorista y comunista. Mi General, soy Veterano de Guerra; participé en la Campaña Militar del Alto Cenepa en 1995 y formo parte de los miles de soldados que nada han recibido de la institución y del estado. El 9 de diciembre de 1995, durante la celebración del Día del Ejército bajo la presidencia de Alberto Fujimori, 1200 combatientes calificados como Defensores de la Patria recibieron una medalla de oro valorizada en mil dólares americanos y un incentivo de tres mil soles de parte del Estado. En cambio, el otro grupo de 2800 Defensores de la Patria fuimos engañados e ignorados; no recibimos siquiera un saludo del Comando del Ejército ni del gobierno peruano. Es cierto cada vez que presenté mis reclamos para recibir estos beneficios, lo único que obtuve fueron sanciones amañadas. También es cierto que por defender la verdad he tenido problemas con la superioridad; de manera abusiva, las inspectorías archivaron todas mis peticiones. Los malos elementos del ejército han difundido informes falsos sobre mí sin prueba alguna; me llaman terrorista y comunista porque, para ellos, ser patriota y anti corrupto significa ser un criminal”.

El General intervino nuevamente y concluyó de forma diplomática: “Son problemas que suceden en la vida; no estamos ajenos a estas situaciones y ataques. En mi comando hay que trabajar en paz y tranquilidad, respetando siempre nuestros reglamentos. Cualquier inconveniente me informa; estoy aquí para actuar con justicia”.

A lo largo del camino también encontré personas de buenos principios con quienes entablé una sincera amistad. Un domingo de febrero conocí por casualidad al capitán Domínguez, oficial del Batallón de Infantería Motorizado N° 55. Al comentarle que me encontraba a la espera de un memorándum de destaque, me advirtió: “No vaya a ser que te destaquen al Batallón de Infantería N° 55; ahí vas a tener problemas con el comandante Riojas. Ese tipo trata a su personal como si fueran sus domésticos. Si llegas a ese batallón, no te dejes pisar el poncho”. Prosiguió explicándome: “Debido a los malos tratos de ese comandante hacia mi persona, decidí solicitar mi destaque al Batallón de Servicios N° 4, donde ahora trabajo tranquilo”. Pasamos un par de horas conversando; yo le compartí mis experiencias en las operaciones del Alto Cenepa y él me relató sus vivencias en el VRAEM.

Llegó el mes de marzo y pensé que en los primeros días recibiría el memorándum de traslado al Batallón de Ingeniería de Combate Motorizado N° 4 en Juliaca. Mientras esperaba la documentación, continué formando en el flanco derecho de la Compañía de Comunicaciones. Pasaron los días y las semanas; llegó el 31 de marzo y el documento nunca llegó. Ante aquella parálisis, me convencí de que los comandantes de los batallones se negaban a recibirme en sus unidades. Un día de ese mes, mientras cruzaba el patio de armas del Fuerte Manco Cápac, me encontré con un comandante de comunicaciones de apellido Tupayachi, un oficial cuzqueño que laboraba en la Inspectoría de la brigada. Al ver mi marbete, se detuvo, se quedó mirándome sorprendido y me dijo en tono desafiante: “¿Tú eres el famoso Pineda? Por si acaso te voy avisando que te vamos a citar a la Inspectoría, porque han llegado unos documentos que ameritan una investigación y es muy posible que te sancionen con rigor”. En el acto, le respondí de frente: “Si hay pruebas, fusílenme. Por si acaso, yo no he robado ni he traicionado a mi Ejército. Si he matado gente, ha sido en combate y en casos de guerra. No gasten papel por gusto”. El oficial no esperaba una respuesta de ese calibre y se retiró avergonzado. Al haber cumplido dos meses consecutivos en ese limbo administrativo, opté por solicitar los 30 días de vacaciones correspondientes al año fiscal 2014. El 1 de abril viajé a la ciudad de Lima para reunirme con mis familiares.

 


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