sábado, 22 de agosto de 2026

RECUERDOS DEL CUARTEL: BATALLÓN DE INGENIERÍA DE COMBATE MOTORIZADO "HUASCARÁN" N° 112 CARAZ 1977

El costo del Juramento con sangre. - La mañana del 5 de junio de 1977, el personal del Batallón de Ingeniería de Combate Motorizado Huascarán N° 112 se encontraba acantonado en el distrito de Caraz. Aquel día, el capitán de ingeniería Raúl Hermosa Ramírez, natural del Cusco, se desempeñaba como jefe de línea. Mientras ensayábamos para la ceremonia del Juramento de Fidelidad a la Bandera del 7 de junio, el oficial, enfurecido por una simple equivocación en un movimiento a pie firme, me propinó una feroz patada debajo de la rodilla izquierda.

El impacto me abrió la piel de inmediato. La herida lacerada quedó expuesta y comenzó a sangrar profundamente. Más tarde, durante las horas de descanso, cuando logré retirarme el borceguí, descubrí que la media estaba completamente empapada de sangre; aun así, guardé silencio y no me quejé. En esas deplorables condiciones tuve que continuar marchando toda la mañana bajo una radiación solar abrasadora.

Con el paso de los días, la zona afectada en mi pierna izquierda se tornó morada y se hinchó considerablemente. El dolor se volvió tan intenso que ya no podía caminar, pero los sargentos de sección eran implacables y me amenazaban constantemente para evitar que acudiera a la enfermería. Con desdén, me decían:

—Soldado, si por esa simple herida pretendes visita médica, en una guerra con Chile no soportarás los rigores de la vida extrema.

Una madrugada, le pedí permiso al soldado que cubría el segundo turno de imaginaria y salí cojeando de la cuadra con dirección a los servicios higiénicos. Desde allí, aprovechando las sombras, me desvié directamente hacia la enfermería del batallón e ingresé en total silencio. Al ver la gravedad de mi lesión, el suboficial enfermero de servicio exclamó sorprendido:

—¡Huevón! Estando con la pierna podrida sales a correr diariamente veinte kilómetros hasta el distrito de Pamparomas. ¡Carajo! ¿Por qué no habías pedido visita médica?

Desde ese momento, ya no regresé a la cuadra de la Compañía de Comando y Servicios. Quedé internado y, tras tres semanas de recibir decenas de dosis de penicilina, comencé a recuperarme lentamente. En aquella época, nadie se quejaba por esa clase de golpes o maltratos físicos y psicológicos, los cuales llegaban a ser peores para los soldados considerados indisciplinados.

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