De Tayabamba salieron los soldados,
Base Trescientos Veintitrés de Pataz,
jóvenes del servicio, obligados,
a devolverle a la nación su paz.
Fue en las jornadas de un julio de fuego,
guerra interna de amargo sinsabor,
donde la vida se volvía un juego
frente al embate del bando subversivo.
Desde Pampa Seca, allá en Ongón,
se inició la marcha sin vacilar,
siguiendo el rastro, con resolución,
que el enemigo pretendía dejar.
Ciento veinte huestes de la subversión,
bajo el mando del «camarada Gerardo»,
marchaban con rumbo de destrucción,
desde Tocache sembrando su dardo.
Somos de la patrulla «Huascarán»,
glorioso brazo del suelo peruano,
ciento cincuenta y seis kilómetros de marcha van
a pie, cruzando el abismo serrano y la selva.
Día y noche en la puna inclementes,
en la densa vegetación de la selva,
dormitando a la intemperie, valientes,
esperando que la aurora devuelva.
Bajo un frío infernal de la altura,
sin rancho, sin viáticos ni un botiquín,
el soldado SMO con premura
marcha firme cuidando el confín.
Los políticos dicen sin pena
que presupuesto jamás ha existido,
mientras la tropa su copa llena
con el sueldo de hambre y olvido.
Sus hijos no van a las patrullas,
los ricos no arriesgan su propia piel,
mientras las calles se visten de bullas
ellos gobiernan desde su tropel.
Pero el soldado no pide favores,
la patria es el único y fiel ideal,
mis pies encallecidos, señores,
nunca exigieron descanso fatal.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario