martes, 28 de julio de 2020

TÉCNICO SUPERVISOR GENERAL DEL EJÉRCITO DEL PERÚ ES EL NUEVO FELIPILLO DEL SIGLO XXI SIN VOZ NI VOTO

El Silencio Sombrío de los Elegidos.-En los últimos tiempos, el Ejército del Perú ha creado un grado y puesto honorífico para los Técnicos Jefes Superiores, denominado “Técnico Supervisor General del Ejército”. Normalmente, este nombramiento se realiza en una ceremonia oficial de imposición, bajo el pretexto de que sirve como un estímulo para el estamento de supervisores, técnicos y suboficiales que propicia elevar la moral, reafirmar la disciplina y consolidar el profesionalismo.

Sin embargo, para el señor Supervisor General no hay voz ni voto. Su puesto es puro figuretismo vacío, propio de las dinámicas actuales de la institución; un reconocimiento que jamás tendrá peso real mientras sigan desfilando humillados, creyendo en la falsa disciplina que inculcan comandantes, coroneles y generales cuyos bolsillos se han llenado con miles de billetes malhabidos, producto de las "cutras" de toda la vida. La razón no caduca para aquellos que hemos permanecido largos años en las filas del Ejército; en el camino, muchos hemos visto y experimentado todo tipo de injusticias, corrupción y discriminación.

Señor Técnico Supervisor General: si por tu silencio sombrío eres considerado el más eficiente, el más disciplinado y el ejemplo a seguir para los jóvenes, pienso que en el fondo tiemblas al traicionar a tu propia conciencia, aquella que un día te inculcó moralidad al ritmo de los tambores en la Escuela Técnica del Ejército. Todavía estás a tiempo de despertar esa conciencia dormida para no ocupar ese vergonzoso puesto de “Felipillo del siglo XXI”.

A lo largo de mi permanencia en las filas trabajé con dos técnicos que ya estaban proyectados para ocupar ese puesto honorífico; compartí alojamiento con ellos y los conozco como si los hubiera parido, aunque por respeto omitiré sus nombres. Con los años, ambos llegaron a ser Técnicos Supervisores Generales del Ejército. El gran mérito de estos supuestos "ejemplares disciplinados" consiste en agachar la cabeza ante las grandes injusticias, los abusos y, sobre todo, ante la corrupción. En sus respectivas especialidades son uno más del montón; en su mayoría, han envejecido cumpliendo labores administrativas detrás de los escritorios, siendo los típicos "furrieles" de las unidades y grandes unidades. Señores, demostrado está que ellos aplican la típica filosofía del "NPT" (No Pelees con el Tema) para vivir felices. Se comportan como el sordo, el ciego y el mudo, y jamás levantan la voz cuando ante sus narices pasa el robo del combustible destinado a la cocción del rancho de la tropa o el carburante de los vehículos de combate y de apoyo. Tampoco reclaman cuando no se les pagan los viáticos por participar en los patrullajes o en las elecciones municipales y presidenciales —dinero enviado directamente por la ONPE—, ni cuando les retienen los bonos por labores en las Zonas de Emergencia (ZZEE) o los pagos por el convenio minero. Por ese silencio cómplice, a fin de año, estos "Felipillos" son recompensados con las más altas calificaciones.

En el Ejército del Perú se nos habla de profesionalismo y disciplina cuando son los altos mandos quienes, sobre todo a partir de la década de 1990, violan sistemáticamente los derechos laborales y las especialidades del personal de técnicos y suboficiales. Por ejemplo, un suboficial de tercera egresado de la Escuela Técnica como mecánico de vehículos a rueda, al llegar a un batallón de combate, es destinado inmediatamente como auxiliar del oficial de operaciones (S-3). De esta manera, el suboficial novato se convierte en un eterno y experto oficinista; pasan los años y ya no recuerda nada de su especialidad. Como no existen exámenes prácticos y rigurosos para el ansiado ascenso, su jefe inmediato lo califica con nota sobresaliente por su labor de oficina, dejándole el camino libre para llegar a ser “Técnico Supervisor General del Ejército”. Al final, él mismo se consuela diciendo: "Mejor es trabajar en la oficina que estar en los galpones, metido debajo de los vehículos con el mameluco sucio".

Existen casos peores con el personal de técnicos y suboficiales que procede de la tropa. En su mayoría, iniciaron sus labores como soldados furrieles, luego se reengancharon y, tras dos periodos (cuatro años), ascendieron al grado de suboficial de reserva. Algunos envejecen como choferes de coroneles y generales, y otros detrás de los escritorios, cumpliendo siempre funciones administrativas. No obstante, en el papel y según su OME (Ocupación Militar Especializada), figuran con especialidades técnicas: mecánicos de maquinaria pesada, mecánicos de tanques o mecánicos de vehículos a rueda. Pero basta ir a verlos para comprobar que de mecánica no saben nada. Si por azar se ordena un examen para el ascenso, todos reciben sus respectivas "paporretas"; se las memorizan día y noche, y rinden sus pruebas con un resultado formalmente satisfactorio.

El personal de oficiales se rige por una ley que define estrictamente sus funciones, de las cuales no pueden retroceder; hay una labor específica para el subteniente, otra para el teniente, otra para el capitán, y así sucesivamente. En cambio, para el estamento de técnicos y suboficiales no existe un marco de funciones específicas. Bajo la eterna denominación de "por necesidad de servicio", siempre nos han empleado de manera informal, sin una ley que nos ampare de los abusos o del despojo de nuestras especialidades. Les cuento mi propia experiencia: en el año 2007, el Comando del Ejército ordenó que me apartaran de mi especialidad de mecánico y operador de comunicaciones. Durante siete años no la ejercí. Como es natural ante este tipo de arbitrariedades, solicité una audiencia en la Inspectoría del Cuartel General del Fuerte "Rafael Hoyos Rubio", en el distrito del Rímac. Para mi pesar, el coronel inspector me espetó: “¿Qué ley te ampara para tu reclamo? ¿Por qué no postulaste a la Escuela Militar para ser oficial? Dígame, ¿dónde dice que no puedes trabajar como oficinista o como policía militar?”. El resultado de mi petición para volver a mi especialidad fue negativo; según los "justos inspectores", mi solicitud era improcedente. Al igual que muchos técnicos y suboficiales, este humilde servidor ocupó de manera informal la función de oficial de guardia durante 23 largos años consecutivos (desde 1984 hasta 2006), cuando dicha responsabilidad corresponde netamente a los subtenientes y tenientes.

En las unidades contrasubversivas de las zonas de Sierra y Selva, además de cumplir con las obligaciones de mi especialidad, desempeñé de manera informal otras funciones como comandante de patrulla u oficial de guardia. Cabe preguntarse: ¿por qué el Comando del Ejército no formaliza en los reglamentos internos el trabajo que realiza el personal de técnicos y suboficiales, sobre todo en las unidades de combate? Si uno recurre al Reglamento del Servicio Interior, la gran mayoría de los párrafos detalla únicamente las funciones de los oficiales y del personal de tropa; sobre los técnicos y suboficiales, apenas si existe información de sus especialidades en menos de media línea.

Durante el conflicto de 1995 en la campaña militar del Alto Cenepa contra el Ecuador, cumplí y combatí bajo la función de comandante de patrulla. Sin embargo, años después, cuando se dispuso el reconocimiento como Defensor de la Patria, me entregaron la Resolución del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas N° 328 CCFFAA/DAANN, firmada el 21 de septiembre de 2012, en cuya parte considerativa figuraba como función desempeñada: mecánico de comunicaciones y electrónica, y no como comandante de patrulla. Al reclamar por este desaire, me contestaron fríamente que me habían calificado de acuerdo a mi OME (Ocupación Militar Especializada).

La desigualdad es histórica. El 9 de diciembre de 1999, Día del Ejército, el Comando entregó a 1200 combatientes calificados como Defensores de la Patria por sus acciones en el Cenepa una medalla de oro valorizada en mil dólares americanos y un incentivo económico de tres mil nuevos soles. Todos los premiados pertenecían a la guarnición de Lima. En cambio, los 2870 combatientes que nos encontrábamos asignados a las provincias a lo largo del Perú no recibimos ningún premio ni incentivo económico. Esas son las "cutras" de los "honestos, disciplinados y justos" generales del Ejército.

Señor Técnico Supervisor General del Ejército: en las unidades de combate cumplimos diversas funciones que son propias de los oficiales, y en los enfrentamientos, tanto en el frente interno como en el externo, asumimos sus mismos roles. Somos soldados profesionales en el campo técnico y militar; no somos más ni menos que un oficial superior. ¿Cómo es posible, entonces, que los caducos reglamentos del Ejército nos sigan catalogando como "personal auxiliar"? Ese tipo de denominación proviene de los tiempos de la dominación española, cuando los colonizadores tenían a sus "indios auxiliares". Frente a tantas injusticias e informalidad arrastradas por décadas, los "ejemplares, disciplinados y arrastrados" técnicos supervisores de los últimos tiempos, domesticados hasta el tuétano, asumen el cargo sin voz ni voto y se convierten en los Felipillos del siglo XXI.

Mi traslado forzoso en el año 2007 al Comando Administrativo del Cuartel General del Ejército (Oficina de Personal) fue una violación a mis derechos laborales y un castigo directo por haber reclamado los viáticos del personal del Batallón de Ingeniería de Combate Motorizado N° 32 del distrito de Caraz, Huaylas. Dicho personal había participado en las elecciones presidenciales y municipales del año 2006, y tras varias semanas de espera, el comando se negaba a pagarnos. Presenté una queja ante la Inspectoría de la 32.ª Brigada de Infantería (BI) en Trujillo y ante el Ministerio de Defensa. Mi reclamo fue atendido y nos pagaron a todos, pero a cambio me gané una sanción amañada de ocho días de arresto simple, firmada por el general Ágreda Vargas, comandante general de la 32.ª BI, perteneciente a la Región Militar del Norte.

Debido al proceso de cambios del año fiscal 2006, fui destacado desde Caraz hacia el Cuartel General del Ejército en San Borja, Lima, presentándome el jueves 1 de febrero de 2007. En este inmenso complejo militar coexisten múltiples oficinas donde laboran coroneles, comandantes, oficiales subalternos, técnicos, suboficiales y empleados civiles. La Oficina de Personal quedaba en el primer piso. En un rincón de aquel espacio permanecí sentado en una pequeña silla durante cinco meses consecutivos sin hacer nada. A cada instante me preguntaba cómo había llegado a ese lugar donde la gente pasaba el día entero concentrada en las pantallas de los monitores con papeles en la mano. Los "dueños de la institución", vulnerando mi formación técnica, me estaban arrinconando contra mi voluntad en el grupo de los "papelucheros" de oficina. Tras cumplir el primer mes en esa inactividad forzada, me animé a solicitar un puesto de labor, pero me respondieron que, por orden superior, en la JATSOE aún no decidían mi nuevo destino. Comprendí entonces que mi situación era crítica. Una marea de ideas comenzó a revolverse en mi cabeza: ¿Me someterán a un consejo de investigación? ¿Me darán de baja? ¿Qué me sucederá? Lo único que quería era salir de ese largo castigo. Sentado en aquella silla, recordaba a cada instante los años de felicidad que pasé en las unidades de combate, especialmente mis vivencias en la infantería; extrañaba las carreras de diez kilómetros, las prácticas de tiro con fusil, los disparos de mortero y la instrucción del material de comunicaciones de campaña.

En la Oficina de Personal me tenían sumamente controlado durante todo el día; debía pedir permiso tanto para ir al baño como para salir al rancho del mediodía, y a mi retorno siempre tenía que dar cuenta. Durante ese lapso, en la Inspectoría de dicha dependencia me sometieron a interrogatorios bajo la acusación de ser terrorista y comunista. En el Perú, lamentablemente, ser anticorrupción y patriota se ha convertido en sinónimo de terrorismo; este tipo de señalamientos es muy común en el ámbito político peruano, especialmente durante las campañas de elecciones presidenciales. En ese trance permanecí hasta el 30 de junio, sintiendo en esos momentos que todos a mi alrededor eran mis enemigos.

A pesar de la presión, yo continuaba reclamando e insistía en todo momento para retornar al Batallón de Ingeniería de Combate Motorizado N° 32 en Caraz, o para ser enviado a un batallón de combate en el VRAEM. Ante mi insistencia, en la JATSOE me propusieron laborar en el Batallón de la Policía Militar N° 511; su intención era verme con un casco blanco, parado en la puerta de las oficinas. Me negué por completo a esa asignación, haciendo respetar mi especialidad como mecánico y operador de comunicaciones del Ejército.

Señor Técnico Supervisor General del Ejército: usted no se da cuenta de que, desde el año 2000, el Comando del Ejército nos ha convertido en mediocres en nuestras respectivas especialidades. Esto lo han logrado a través de falsas capacitaciones basadas en simples paporretas y mediante ascensos al grado inmediato superior otorgados sin exámenes reales. Si en estos momentos se sometiera al personal de técnicos y suboficiales a un riguroso examen en sus respectivas especialidades y de esfuerzo físico, estoy seguro de que el 50% resultaría desaprobado y tendría que ser dado de baja por inaptitud profesional y física.

 



19 comentarios:

  1. Al leer las vivencias si existen muchos casos similares y apoyo el reclamo de la formación de nuestros colegas de armas

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    1. Es la pura realidad, e injusticia que existe en nuestra institución

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  2. Felipillos lean y entiendan

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  3. Excelente relato felicitaciones al que escribió tan importante realidad que lastimosamente sigue pasando en nuestro ejercito

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  4. Te doy toda la razon no nos hacemos respetar nuestros derechos

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  5. Realidad... Esperemos esta situación cambie en los reglamentos...

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  6. La pura verdad algun dia se acabara todo este abuso.

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  7. Efectivamente, felicitar al colega por esta publicación y es hora de manifestarnos para que cambien los reglamentos en cuanto a nuestras responsabilidades como profesionales dentro de nuestro Ejército

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  8. Te doy tada la razón, gracias a Dios, mi familia y el esfuerzo de uno mismo siempre ejercí mi especialidad, en la actualidad ya estoy en la situación de retiro y sigo ejerciendo y trabajo para una empresa privada.

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  9. Bien Mi Tecnico lo que dice usted es cierto debemos denunciar a todos los OO corruptos que han ingresado al ejetcito a robar

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  10. Deberías trabajar en la entidad privada CAVIAR HOLGAZÁN!!!

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  11. Felicitaciones a a este colega que narra toda la verdad lo vivi y lo vivo el peru no cambiara pirque los indicados a cambiarlo estan podridos hojala haya un dia un militar humano que quiera cambiar esto dandose cuenta que cuando muera no se llevara las raciones de sus tropas de sus tcos yssoo ejemplo nuestro gran Gral Nicolas de Bari y otros mientras yo luchaba con los Ecuatorianos por sobrevivir no tenia que comer por dias no llegaba ropa ni para abrigatse ellos tenian los almacenes de logistica en Ciro Alegria oara negociarlo y de seguro por decir la verdad tambien sere sometido a juicio por terrorismo

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  12. Resentido social nada te gusta hacer

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  13. Tu que hablas de caviar seguramente debes ser un maricon,cobarde y encima ladron que piensas que llegar a ser jefe es para robar sin importarle los demas haber que eso hagan en lo privado

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  14. Escribo mis vivencias tal como sucedieron, la historia de los batallones del Ejército del Perú, está manchado por este tipo de acciones sucias que cometen los Generales, Coroneles y Comandantes del Ejército, ellos llegando a los grados de oficiales superiores, por mandato superior ocupan puestos en las Regiones, Brigadas y Batallones, llegando a esos puestos piensan que les llegó su oportunidad, roban los viáticos enviados por la ONPE, roban las raciones de los soldados, roban los uniformes, roban combustibles de los vehículos, roban combustible destinado para la cocción de alimentos y otros. Nadie tiene los huevos bien puestos para reclamar, pero quien también va reclamar sabiendo que durante las investigaciones todos le van dar la espalda, al final por reclamar te clavarán una sanción de arresto de rigor por su puesto amañada; no es novedad por reclamos de este tipo en los cuartes siempre de manera misteriosa algunos atrevidos han muerto, no faltará una bala perdida, no faltará un accidente, la muerte siempre será misteriosa, por ese miedo nadie se atreve a reclamar.

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  15. Tiene mucha razón, la pura realidad

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  16. Es la pura verdad Técnico Pineda si los Técnicos fueran unidos y se quejaran en grupos creo yo que seria difícil de que los castiguen en masa, pero como muchos no quieren ganarse problemas y quieren llegar hasta el último grado siendo unos cobardes y después estando de baja están hablando como si hubieran sido buenos soldados. Compañeros no permitamos que estos OO de mierda abusen con nosotros ni con la tropa. Levantémonos y que hayga un cambio en nuestro Ejército

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