El Caballero de las Alturas:
El Comando del teniente coronel Mac Donal Pérez Silva (1986-1987).- Antes
de las juergas dominicales y los vientos de cambio que trajo el final de la
década, la guarnición del distrito de Lobitos conoció la estampa de un
verdadero soldado. Entre los años 1986 y 1987, el mando del glorioso Batallón
de Infantería Motorizado “Iquique” N° 31 recayó en los hombros del teniente
coronel de Infantería Mac Donal Pérez Silva. Natural de la señorial ciudad de
Huaraz, en el departamento de Ancash.
El comandante era la viva
imagen de la disciplina: treinta y nueve años de edad, tez blanca, un metro
setenta y ocho de estatura y un cuerpo atlético forjado en el rigor de la
montaña. Fue, sin temor a equivocarme, uno de los mejores jefes que tuve la
honra de subordinar durante mi permanencia en el Ejército del Perú. Culto,
educador por vocación y un instructor implacable, poseía una resistencia
sobrehumana para todo tipo de labores en campaña, ganándose el respeto unánime
tanto de sus superiores como de sus subalternos.
El comandante Pérez Silva no
era un jefe de escritorio; lideraba con el ejemplo. En la pista de combate
dejaba rezagados a oficiales mucho más jóvenes que él. Su puntería era
infalible en las competencias de tiro con pistola y, durante el entrenamiento
físico matutino, su silueta siempre se recortaba a la cabeza de la columna,
marcando el paso de sus hombres bajo el sol del distrito de Lobitos, Talara.
Bajo su firme conducción, la moral del batallón se elevó hasta el cielo,
logrando coronarse campeones dos años consecutivos en las Olimpiadas Inter
Unidades de la 8va División de Infantería en Región Militar del Norte.
Aquel comando de excelencia
exigía que cada sección funcionara como un reloj suizo, y la mía no fue la
excepción. Como Oficial de Comunicaciones del Batallón, asumí el reto con
profesionalismo. Bajo la mirada atenta del comandante, nos entregamos a una
labor titánica de mantenimiento preventivo y correctivo, logrando una hazaña
técnica sin precedentes en la guarnición: pusimos el material de comunicaciones
alámbrico e inalámbrico en un estado operativo del cien por ciento (100%).
Nuestros talleres revivieron
cincuenta teléfonos de campaña TA 312/PT y cuatro centrales telefónicas
SB-22/PT, asegurando el tendido de redes en el terreno. En el plano
inalámbrico, devolvimos la voz a la unidad con cinco equipos de radio de Alta
Frecuencia (HF) Thomson TRC 372 de 20 vatios —versátiles para instalación
vehicular y portátil— y un imponente equipo Thomson TRC 373 de 100 vatios de
potencia para uso vehicular y fijo. Asimismo, el arsenal electrónico de
fabricación israelí de la firma Tadiran quedó impecable en la banda de Muy Alta
Frecuencia (VHF): veinticinco radios de tropa AN/PRC-77, quince radios
vehiculares AN/PRC-64 y dos potentes estaciones vehiculares RT 524. Aquel logro
técnico no era un asunto menor; significaba que el Batallón Iquique Ni 31 se
encontraba en condiciones óptimas y con los puños listos tanto para la Guerra
Convencional como para la Guerra No Convencional.
El reconocimiento a tanto sudor quedó perennizado en una fotografía que guardo con orgullo. En ella, el teniente coronel Mac Donal Pérez Silva, con un gesto de sincero aprecio, me estrecha la mano y me hace entrega de un presente en agradecimiento por mis labores al frente de las comunicaciones del batallón. Un testimonio de una época dorada donde el honor, la capacidad técnica y el verdadero liderazgo marcharon hombro a hombro en las arenas de Lobitos.

HE LEIDO QUE USTED ESTUVO HASTA EL AÑO 93 EN EL BIM 323, ME GUSTARIA SABER SI TIENE ALGUNOS NOMBRES DE LOS SOLDADOS QUE SE REENGANCHARON PORQUE SOY DE LA PROMOCION 95 - 97, CUANDO ESTABA DE JEFE EL COMANDANTE GARAVITO BERROCAL.
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