Cuto el Perro de Guerra Centinela
en Punta de la Patrulla "Huascarán"
En el diario de campaña de
nuestra patrulla "Huascarán", los héroes no siempre vistieron el
uniforme verde oliva. Hubo uno en particular que caminaba descalzo, sobre
cuatro patas, y cuyo valor nos salvó la vida en más de una ocasión durante los
años más duros de la pacificación nacional. Se llamaba Cuto. Era un perro
entrenado para la guerra, un integrante oficial de nuestra unidad con un largo
e impecable historial en los patrullajes contraterroristas por los abruptos
andes del departamento de La Libertad. Entre los sangrientos años de 1992, 1993
y 1994, Cuto acumuló incontables misiones a nuestro lado, marchando con la
misma fiereza tanto en las gélidas alturas de la sierra como en el laberinto
verde de la selva del Perú.
Durante nuestras incursiones
en zona de emergencia, cuando la tensión se podía cortar con un cuchillo, Cuto
siempre se desplazaba delante de nosotros. Él iba en punta, abriendo camino a
la sección. En las trochas ocultas y en los senderos de herradura, su instinto
era nuestra mejor arma: alertaba con precisión matemática sobre la presencia de
civiles o extraños en la ruta. Tenía una consigna grabada en su naturaleza
militar y no dejaba avanzar a nadie; si algún elemento pretendía burlar la
formación, pasar a nuestro lado o dar un paso sospechoso, Cuto saltaba como un
resorte y lo cortaba en seco, cogiéndolo firmemente del cuello para neutralizar
la amenaza.
Al caer la oscuridad, cuando
el cansancio nos vencía y nos tocaba pernoctar en territorio hostil, el
campamento quedaba bajo su custodia. En las noches andinas y en la espesura de
la jungla, Cuto asumía las funciones de centinela con una eficacia pasmosa. Por
naturaleza, el can poseía el olfato y la capacidad auditiva sumamente
desarrollados, lo que nos permitía alertar de la proximidad de cualquier
elemento extraño mucho antes de que el peligro tocara nuestra posición. Fue,
sin duda alguna, nuestro guía más fiel, nuestro explorador y el mejor
rastreador que tuvimos en combate.
Lamentablemente, la guerra tiene formas cobardes de cobrarse la vida de los valientes. En pleno apogeo de su existencia, a la temprana edad de Pip (cinco años), Cuto cayó en una emboscada silenciosa y rastrera. Unos malvados civiles, que conocían perfectamente el poder de nuestro explorador para frustrar sus planes, sembraron veneno en su camino. El noble animal, que tantas veces desafió las balas y las trampas en la sierra de La Libertad, murió envenenado en el cumplimiento del deber. Dejó un vacío inmenso en nuestra fila de marcha, pero su recuerdo quedó grabado eternamente en el alma de cada hombre de la patrulla "Huascarán", como el guardián eterno que caminó adelante para que nosotros pudiéramos regresar con vida.


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