lunes, 29 de mayo de 2017

HISTÓRICO PARAJE DE HUAYRONGHA CASERÍO DE CHALLHUAYACO SAN MARCOS HUARI ANCASH 11 DE JUNIO 1883

La sombra del "Brujo de los Andes" en Huayrongha, Challhuayaco, San Marcos, Huari, Ancash.- El 23 de mayo de 2017, mis pasos me llevaron finalmente hasta el histórico paraje de Huayrongha, un rincón suspendido en el tiempo cerca de Coyllur, perteneciente al caserío de Challhuayaco, en el sector sur del distrito de San Marcos, provincia de Huari, Áncash. Al contemplar ese imponente y encajonado paisaje andino, no pude evitar sentir que el viento aún guardaba el eco de las herraduras y los susurros de una de las epopeyas más grandes de nuestra patria: la Campaña de la Breña.

Fue allí, en ese mismo suelo, donde el lunes 11 de junio de 1883, en horas de la tarde, el Ejército del Centro hizo un alto en su marcha. Eran dos mil doscientos cuarenta hombres extasiados por el cansancio, procedentes del distrito de Aguamiro, en Huánuco. Al mando de aquella fuerza de gigantes andinos iba el general Andrés Avelino Cáceres. Aquella noche fría de junio, las fogatas de los breñeros iluminaron las laderas de Huayrongha, cobijando el sueño de un ejército que se negaba a rendirse ante el invasor.

Al día siguiente, el martes 12 de junio, cuando el reloj marcaba las siete de la mañana, la quietud del paraje se rompió. El general Cáceres ordenó levantar el campamento y marchó decididamente en vanguardia, tomando la delantera con rumbo al histórico distrito de Chavín de Huántar, adonde llegó una hora antes que el grueso de sus tropas para asegurar la plaza.

En la década de 1970, la historia viva aún caminaba por esas tierras. Tuve la fortuna de conversar con algunos familiares y comuneros de avanzada edad que, siendo niños o habiendo heredado el recuerdo intacto de sus padres, fueron testigos presenciales de aquel glorioso desplazamiento. Sus relatos eran puros, libres de los libros de historia escolares. Me contaban, con los ojos llenos de brillo y nostalgia, cómo habían visto al general Cáceres descender desde las alturas de Huayrongha, pasando por Coyllur y el caserío de Challhuayaco, montado con prestancia sobre un hermoso caballo negro de frente blanca.

A la retaguardia de aquel mar de bayonetas y ponchos, protegiendo el alma de la resistencia, se desplazaba su esposa, la señora Antonia Moreno de Cáceres, junto a sus tres pequeñas hijas. Viajaban acompañadas por un valiente grupo de mujeres, todas ellas fuertemente custodiadas por los indomables guerrilleros y montoneros de las punas, hombres que daban la vida por la seguridad de la familia del «Brujo de los Andes».

El destino quiso que el paso del ejército coincidiera con el mes de junio, la época sagrada en que los campesinos de estas zonas cosechan el trigo y la cebada. Como manda la tradición andina para mitigar el esfuerzo de la siega, las familias habían preparado abundante chicha de jora. Al ver aparecer al caudillo y a sus hombres por los senderos de Challhuayaco, los comuneros salieron a su encuentro, no con temor, sino con los brazos abiertos y cántaros llenos del sagrado licor de maíz. El jefe breñero, conmovido por la lealtad de su pueblo, detuvo su marcha por un instante, levantó el vaso y brindó con generosidad junto a sus escoltas y secretarios, sellando un pacto de sangre y tierra que la memoria de Huayrongha jamás ha de olvidar.

 



1 comentario:

  1. Hermosas vistas fotográficas de esos valles y quebradas, donde aún resuenan los ecos de las pisadas de los valientes soldados del ejército de Cáceres.

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