El Inca Atabaliba (hombre de mucho valor, guerrero invencible) hijo de Huayna Cápac, no se sometió a los requerimientos y
chantajes monetarios ni espirituales del satanás Vicente Valverde ni del jefe
invasor español analfabeto Francisco Pizarro Gonzales y sus huestes que
llegaron a estas tierras como globocolonizadores del Tawantinsuyo. Sobre la muerte,
o más exactamente el asesinato de Atabaliba, mundialmente conocido como Ataw
hualpa existe consenso entre los cronistas europeos, e incluso algunos
mestizos, que fue mediante la pena de garrote, vale decir el estrangulamiento.
Esta pena consistía en provocar la muerte por asfixia atando al reo a una viga
y ahí pasarle una soga por el cuello de tal manera que quedaba (la soga)
expedita para ser contorneada con la ayuda de una palanca, girándola al estilo
tornillo detrás de la viga y así ir presionando gradualmente el cuello de la
víctima. Se refiere que de esta manera murió Atabaliba, el
cual inicialmente iba a ser quemado vivo (hoguera) según el procedimiento de la
pena de muerte a la que fue sentenciado por los invasores hispanos. Se dice que
por haber accedido a ser bautizado con el nombre cristiano de “Juan o Francisco”
los piadosos y “santísimos” jueces le dieron la gracia la pena del garrote.
No obstante, en el tratado de Fray Bartolomé de las
Casas (“Destrucción de las Indias”), se hace referencia al testimonio del
fraile franciscano Marcos de Niza, quien fue testigo presencial de tal acto:
“…Yo, Frayle Marcos de Niza, de la orden de San
Francisco, comisario sobre los frayles de la misma orden en las provincias del
Perú, digo dando testimonio verdadero de las cosas que con mis ojos he visto,
sin dar causa ni ocasión aquellos indios a los españoles. Luego que entraron a
sus tierras, después de haber dado el cacique mayor Atabaliba más de dos millones de oro a los españoles, y habiéndoles
dado toda la tierra en su poder, luego quemaron al dicho Atabaliba, que era señor de toda la tierra, y en pos de él quemaron
vivo a su capitán general Calcuchimac, el cual había venido de paz al
gobernador con otros principales…”
Este testimonio desbarata aquella tendenciosa
versión de los seguidores del satanás Vicente Valverde, Francisco Pizarro,
Areche etc, según la cual el Inca Atabaliba se había convertido en cristiano
antes de morir. Sépase que por entonces la muerte en la hoguera se aplicaba allá
en Europa contra los herejes e infieles al catolicismo. Y en verdad, no podía ser
de otro modo, pues un monarca de la talla del Inca, no podía en su calidad de
cabeza de la teocracia tawantinsuyana tan dócilmente convertirse adepto al culto
del Dios enemigo y extracontinental.
De esta manera se evidencia una falsificación histórica
de puro interés político etnocultural. Era imprescindible, por entonces, mediante
falacias engañar al grueso poblacional andino, haciendo conocer que el Inca se había
convertido en cristiano, que luego de la guerra civil huascarista –
atabalibista estaba aún absorta ante la invasión extrarracial, extracontintinental
y extraetnocultural… y es así que se inventa el asunto de la pena del garrote
por haberse convertido mediante el bautizo con el nombre de “Juan o Francisco…”, además, se
suponía que para eso los saqueadores y delincuentes blancos habían llegado al
Perú para “cristianizarlo” aunque sea a punta de espadazos y arcabuzazos.
Pero la gran mentira no fue perfecto, pues se logró rescatar
testimonios fidedignos como éste. Inclusive, respecto
a la muerte del general atabalibista, Calcuchimac, el mismo Garcilaso de la Vega
refiere que luego de rechazar la intimidación a “convertirse”, se arrojó
valientemente a la hoguera clamando al Dios “Pachacamak, Pachacamak, Pachacamak
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