Campaña de la Breña: La marcha hacia Tres Cruces, Logística y crisis en la víspera de Huamachuco. - El jueves 5 de julio de 1883, en Angasmarca, una improvisada Junta de Guerra expuso el plan para atacar a las fuerzas chilenas que se dirigían desde Trujillo hacia Huamachuco con el fin de reforzar al coronel Gorostiaga.
El
general Andrés Avelino Cáceres calculó que las tropas enemigas —compuestas por
710 hombres de tres armas y cinco piezas de artillería al mando del comandante
Herminio González— pernoctarían inevitablemente en Porcón. Según sus
previsiones, al día 6 de julio, entre las 14:00 y las 15:00 horas, las fuerzas enemigas pasaría por la localidad de Tres Cruces, en Cachicadán. Este punto, situado
entre Porcón y Tres Ríos, le pareció al jefe peruano el escenario ideal para
ejecutar un ataque sorpresa. El plan fue aprobado con entusiasmo por todos los
jefes y oficiales, quienes lo calificaron de magnífico y de éxito seguro. Tras
la reunión, el Estado Mayor regresó a Tulpo, localidad a la que llegaron a las
19:00 horas, donde el general impartió las órdenes pertinentes. La marcha se
iniciaría al amanecer del día 6; el triunfo dependería fundamentalmente de la
celeridad y la exactitud con que se movilizaran las tropas.
Mientras el general Cáceres se
retiraba a descansar en una miserable choza de paja, sus soldados ocupaban un
potrero para pasar la noche a la intemperie. Durante la madrugada llegó un
correo del norte con la noticia de que los guerrilleros del coronel José
Mercedes Puga, a quienes se creía en Cajabamba, se encontraban en realidad en
Ichocán. De inmediato se remitieron instrucciones al jefe de la guerrilla, pero
el mensaje ya no llegaría a tiempo para que este pudiera avanzar oportunamente
sobre Huamachuco.
A las 05:00 horas del 6 de
julio, la tropa en Tulpo ya estaba en pie consumiendo el rancho. El general
Cáceres fue el primero en dejar el campamento, adelantándose con su escolta hacía
Tres Cruces para elegir las posiciones de combate. En Tulpo, tras cargarse dos
piaras de mulas enviadas desde Angasmarca por los hermanos Porturas para apoyar
el transporte, todo parecía listo para iniciar la marcha a las 06:00 horas.
Desgraciadamente, el coronel Isaac Recavarren, quien debía marchar a la
vanguardia, perdió un tiempo valioso al castigar a algunos soldados de su
destacamento que intentaron desertar. Debido a este incidente, el movimiento
comenzó recién a las 08:00 horas, con Recavarren avanzando por el flanco
derecho y el coronel Secada tomando el difícil camino de la izquierda.
El destacamento del norte tuvo pocos problemas geográficos durante el trayecto, aunque su jefe debió imponer una severa disciplina ante el visible desgano de la tropa y el constante temor a una deserción en masa. Por el contrario, el coronel Secada enfrentó múltiples contratiempos que retrasaron la marcha, provocando la desesperación del comandante en jefe, quien intentó infructuosamente ordenar el paso a la derecha a mitad del camino. Cerca de Pampamarca, el Ejército del Centro se vio obligado a avanzar en columna de a uno para cruzar un estrecho sendero. Más adelante, al llegar al primer vado de Angasmarca, el agotamiento de las mulas obligó a los soldados a descargar y trasladar a pulso toda la artillería para cruzar un pequeño río. La marcha continuó por un terreno pantanoso y a través de repetidas cuestas sumamente pendientes y accidentadas, un trayecto hostil que terminó por fatigar gravemente a la tropa y causó que los animales de carga se fueran quedando rezagados, completamente extenuados.
La trampa frustrada de Tres
Cruces y el desastre de la marcha nocturna. - El
destacamento del Norte llegó al paraje de Tres Cruces a las 15:30 horas, solo
para presenciar con impotencia cómo el enemigo ya desfilaba con dirección a la
llanura de Yamobamba. Anticipando que el coronel Secada tardaría demasiado en
llegar, el general Andrés Avelino Cáceres preguntó a Recavarren si estaba en
condiciones de lanzar un ataque inmediato. La respuesta del coronel fue
negativa, argumentando que no tenía confianza en sus soldados. Ante tan ingrata
contestación, Cáceres envió a uno de sus ayudantes hacia el coronel Secada con
la orden perentoria de forzar la marcha. Sin embargo, todo esfuerzo resultó
inútil. El general, profundamente contrariado, vio al enemigo avanzar desde
Tres Cruces hacía Tres Ríos sin poder hacer nada para evitarlo. Al respecto, el
jefe peruano recordaría más tarde con amargura: «Mis miradas dirigíanse
impacientes, escudriñando los puntos por donde debían aparecer las tropas de
Secada, pero estas no aparecían. Esperé con ansiedad hasta las cinco de la
tarde. Los chilenos llegaban a Tres Ríos. Mi propósito se frustraba».
Las tropas de Secada
alcanzaron finalmente la cumbre de Tres Cruces tres horas después de que el
enemigo hubiera pasado. Aunque tampoco en esta ocasión hubo recriminaciones
explícitas, se hizo evidente un tenso enfrentamiento silencioso entre
Recavarren y Secada, así como entre este último y los secretarios del general,
a pesar de que nadie señalara públicamente a un responsable del percance. Casi
al mismo tiempo, se presentaron unos lugareños con el informe falso de que el
comandante Herminio González había decidido acampar en Mollebamba. Aquellos
hombres eran adictos al hacendado Bartolomé Terry, quien llegó poco después y
proporcionó a Cáceres otra información bastante alejada de la realidad,
asegurándole que las fuerzas del coronel Gorostiaga no pasaban de los 500
hombres.
Cáceres dio crédito
especialmente al primer informe, calculando que González tendría que pernoctar
en algún punto distante a cinco leguas de Tres Ríos. Convencido de que aún era
posible sorprenderlo si se continuaba la persecución a marchas forzadas, el general
recibió el respaldo de Recavarren y de sus secretarios. No obstante, el coronel
Secada manifestó su total disconformidad, advirtiendo sobre el extremo
cansancio de sus tropas y señalando que avanzar en medio de la oscuridad
constituía una invitación abierta para que se produjeran deserciones en masa.
Pese a sus advertencias, se impuso el parecer de la mayoría y, a las 19:00
horas, la hueste patriota comenzó a bajar la escarpada cuesta para luego
adentrarse en una extensa pampa salpicada de ciénagas.
Cáceres, que marchaba en la
vanguardia junto a su escolta, permaneció ajeno a la dispersión que empezó a
declararse a mitad del camino en varios batallones, especialmente en los que
conformaban el destacamento del Norte. Ante la impotencia de los oficiales, se
desataron deserciones masivas cuya verdadera magnitud recién pudo comprobarse
al amanecer. Secada apuntaría más tarde sobre este episodio: «El resultado de
esa marcha nocturna e infructuosa, sugerida por el doctor Manuel Rodríguez y
Recavarren, fue que este perdiera más de 300 hombres, y yo 82. La tropa no
había tomado más que un solo rancho ese día, y estaba mucho más fatigada que en
la víspera». Sin embargo, las bajas reales no se limitaron a 382 soldados, sino
que ascendieron a 600, cifra que posteriormente reconocieron tanto Abelardo
Gamarra como el propio Cáceres.
Para colmo de males, al llegar
a la llanura de Tres Ríos a las 04:00 horas del 7 de julio, tras una
ininterrumpida y agobiante marcha de veinte horas, los patriotas no encontraron
rastro de los chilenos. El comandante González, quien había divisado a las
tropas peruanas en las alturas de Tres Cruces, había acelerado el paso de su
columna sin detenerse hasta Huamachuco, ciudad a la que ingresó esa misma noche
del 6 de julio.
De este modo, en Tres Cruces de Cachicadán, en la provincia de Santiago de Chuco, se consumó uno de los peores reveses estratégicos del general Cáceres. Lo que se planificó como una emboscada perfecta contra un destacamento chileno que se trasladaba desde Trujillo hacia Huamachuco, terminó costándole al ejército peruano la pérdida de 600 hombres por deserción masiva, sin haber logrado causar una sola baja al enemigo. Pocas horas después, el mismo 7 de julio de 1883, en la localidad de Tres Ríos —a 24 kilómetros de Huamachuco—, el Ejército del Centro y el Ejército del Norte, diezmados por las deserciones y exhaustos tras la frustrada persecución nocturna, se reunieron en una nueva e irreversible junta de guerra.

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