Entre Sonrisas y Fusiles: El Abrazo de Gochapita.- El 28 de octubre de 1993, el cielo de la provincia de Pataz era un manto azul infinito. Solo las cumbres andinas desafiaban la gravedad. A bordo del rugiente helicóptero ruso MI-8, veintiún hombres de la patrulla «Huascarán» guardaban silencio. Sus manos se aferraban con fuerza a los fusiles FAL. Habían despegado cuarenta y cinco minutos antes desde el Batallón Contrasubversivo N° 323 en Huamachuco. El terreno se aproximaba con prisa. La nave comenzó su descenso. Levantó una densa nube de polvo al posarse sobre el aeródromo de tierra afirmada del caserío de Gochapita. Era un paraje suspendido a más de 3,800 metros sobre el nivel del mar.
En los años noventa,
sobrevivir en Gochapita era un acto de fe. Sus pobladores mitigaban el olvido
del Estado. La zona carecía de servicios básicos de agua, desagüe y
electricidad. La gente labraba la pequeña agricultura. También pastoreaban el
ganado en las faldas de la cordillera.
La patrulla, bajo mi mando
como Suboficial EP Miguel Pineda Ramírez, desembarcó. Las hélices del MI-8 ruso
volvieron a rugir de inmediato. El deber reclamaba a la nave de regreso en
Huamachuco. Debía trasladar más hombres a otros rincones del departamento de La
Libertad. Nos quedamos solos con el viento de la altura.
A las 12:30 horas, iniciamos
el descenso a pie con rumbo al distrito de Tayabamba. En medio de aquella
inmensidad, pasamos junto a una humilde escuela de educación primaria. La
solemnidad de la guerra se rompió por un instante. Un grupo de niños y niñas salió
corriendo al camino. Sus rostros estaban curtidos por el frío andino. Se
iluminaron con una alegría pura. «¡Soldados del Perú!, ¡soldados del Perú!,
¡soldados del Perú!», exclamaban entusiasmados. Rompieron filas para acercarse
y abrazarnos. Nos regalaron una calidez que brotaba directo de sus pequeños
corazones.
El camino hacia el distrito de
Tayabamba era un testigo milenario de la geografía. Los siglos y las fallas
geológicas habían esculpido quebradas profundas y medianas. Eran senderos
angostos, pedregosos y sinuosos. Los hombres andinos los habían marcado con sus
huellas a través de los tiempos. Por ese sendero de piedra bajó la patrulla
«Huascarán». Estaba conformada por jóvenes soldados del Perú profundo.
Al asomar por la parte alta
del distrito, rompimos el viento. Bajamos entonando canciones de guerra,
canciones de muerte, canciones de sangre. Las letras resonaban con fuerza en
las paredes de adobe. Cruzamos frente al pequeño mercado de abastos y la iglesia.
Finalmente, formamos filas frente a la Municipalidad. Allí operaba la Base
Militar Contrasubversiva.
En la instalación nos esperaba
el jefe de la base. Era un capitán de infantería conocido bajo el seudónimo de
«Águila». Tras su fachada de autoridad se escondía una realidad sombría. El
oficial estaba coludido con los narcotraficantes de la zona. Mantenía un pacto
de silencio y corrupción en contubernio con casi todas las autoridades
políticas y policiales del distrito.
Gochapita, por su ubicación
estratégica, era una frontera invisible y paso obligado. Por sus senderos
transitaban de noche las columnas combatientes del Partido Comunista del Perú -
Sendero Luminoso. De día y de noche, caminaban los "mochileros"
cargados con droga. Ellos procedentes de Tocache salían por la ruta del
distrito de Ongón con destino al distrito de Urpay.
Al día siguiente, el 29 de
octubre, el reloj de la base militar marcaba las 05:00 horas. El frío de la
madrugada calaba los huesos. Los veintiún hombres salimos al pequeño patio de
armas con los fusiles listos en la mano. Esperábamos tan solo la orden para el
desplazamiento a pie. Nos aguardaba, por tercera vez, el pequeño distrito de
Urpay a 2,688 metros de altitud.
Las dos ocasiones anteriores
nos habían llevado allí los motivos del terrorismo y el narcotráfico. Esta vez,
sin embargo, la misión era distinta. Íbamos a dar seguridad en el local de
votación instalado en el colegio César Vallejo del distrito. Custodiaríamos las
urnas para el cambio de la Constitución mediante el proceso de Referéndum. La
orden venía directamente del presidente Alberto Kenya Fujimori.



Hola, buen dia, me gustaria saber en que pagina estan publicadas las fotos que ha usado en sus publicaciones respecto al patrulla hauscaran en la zona de Pataz ya que quiero poder usarlas en una publicacion, he tratado de buscar su correo para enviarle un mensaje pero no lo he hallado asi que recurro a los mensajes, espero su pronta respuesta.
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