sábado, 10 de octubre de 2015

LA HISTORIA DE LA BASE CONTRASUBVERSIVO N° 28 DEL DISTRITO DE YURACYACU RIOJA SAN MARTÍN PERÚ 1994

Memorias del Alto Mayo: La Noche que Llegué a Yuracyacu.- El distrito de Yuracyacu es uno de los nueve territorios que conforman la provincia de Rioja, en el departamento de San Martín. Ubicado en las inmediaciones del río Mayo, este distrito se asienta sobre un fértil valle agrícola dedicado, principalmente, al cultivo de arroz.

Durante el conflicto armado interno, entre los años 1987 y 1992, esta localidad se convirtió en el principal bastión del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Según testimonios de subversivos que se acogieron a la Ley de Arrepentimiento impulsada por el gobierno del presidente Alberto Fujimori, en la zona operaban más de quinientos combatientes. A pesar de estar bien armados, estos elementos carecían de una base ideológica sólida. Estaban comandados por el denominado camarada “Muchachón”, quien fue abatido en un enfrentamiento por el Ejército Peruano. Tras su muerte, y debido a las constantes deserciones y derrotas, las columnas depusieron las armas, tal como lo reconoció posteriormente su líder, Sistero García Torres, conocido como el "comandante Ricardo". El MRTA, víctima de sus propios errores tácticos y estratégicos, fracasó en su intento de consolidar su fortín en San Martín. Sin embargo, a partir de 1993, el territorio abandonado por los tupacamaristas fue invadido por los combatientes de Sendero Luminoso.

La noche del 7 de marzo de 1994 quedó grabada en mi memoria. Una lluvia torrencial golpeaba con furia los techos de calamina, haciendo tambalear las viejas estructuras del precario alojamiento destinado a los técnicos y suboficiales del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja. El estruendo del agua y los truenos alteraban mi estado emocional. Inquieto y sumido en profundos pensamientos, me acosté sin poder conciliar el sueño. A las 01:30 horas, mis peores previsiones se cumplieron: un soldado de la guardia ingresó abruptamente al alojamiento. Me ordenó equiparme a la mayor brevedad posible para integrarme a una patrulla de refuerzo. El destino era la base militar de Yuracyacu, la cual soportaba en ese instante un intenso hostigamiento por parte de elementos subversivos.

Mientras alistaba mi equipo y verificaba el fusil, las cacerinas, las municiones y las granadas, una ráfaga de preguntas e interrogantes inundó mi mente. Salí a paso ligero hacia la guardia de prevención, donde esperaba una camioneta doble cabina (4x4) con personal de tropa del Servicio Militar Obligatorio (SMO) y un teniente a bordo. Subí de inmediato. Al cruzar la tranquera de control, el temor a una emboscada se hizo presente. Patrullar en la selva es una experiencia completamente distinta a operar en la sierra. En medio de una oscuridad absoluta, el pequeño vehículo avanzaba por una trocha carrozable flanqueada por una densa vegetación. Era mi primera misión en ese tipo de terreno. Tras una hora y media de viaje, arribamos al distrito. El silencio era total. En la base contrasubversiva, una parte del personal permanecía alerta en las trincheras y otra se resguardaba dentro de las instalaciones, todos completamente equipados. El jefe de la base, un teniente con el seudónimo de "Voltaire", nos informó que el ataque se había limitado a una breve ráfaga de ametralladora disparada desde el monte, sin consecuencias que lamentar. Nadie volvió a dormir esa noche.

Al día siguiente, el 8 de marzo a las 08:00 horas, la situación dio un giro. Mediante un radiograma, el mayor Abraham, oficial de operaciones (S-3) del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, me ordenó permanecer destacado en la base militar de Yuracyacu hasta el 31 de mayo de 1994. El teniente y la patrulla de refuerzo emprendieron el retorno al puesto de comando en Rioja.

La guarnición quedó bajo el mando de un subteniente de infantería —cuyo nombre de combate también era "Voltaire"—, un suboficial y cuarenta soldados del SMO, todos ellos nativos de la región de la selva. El oficial y el suboficial solo permanecieron en el puesto hasta finales de marzo; el subteniente fue destacado al 5.º CIR y el suboficial tuvo que retornar a Lima para resolver problemas legales ante la Justicia Militar.

Desde el momento de mi llegada, noté graves faltas de disciplina entre el personal de tropa, lo que me causó una profunda impresión negativa. El control real de la base no lo ejercían los oficiales, sino un sargento segundo apodado "Tigre", respaldado por otro sargento segundo de nombre de combate "Alpashira". Tanto el subteniente como el suboficial, al carecer de experiencia en combate, eran incapaces de imponer su autoridad y mostraban un evidente temor hacia los sargentos. El personal de tropa solo se levantaba por las mañanas o salía a formar si el sargento "Tigre" daba su consentimiento. En términos del argot militar peruano, los soldados, mediante una resistencia pasiva, le hacían "llorar" la situación a los novatos mandos a cargo.

La Patrulla a Nuevo Cajamarca y la Advertencia en la Cocina.- Durante la segunda semana de marzo, la crisis de autoridad se hizo aún más evidente. El subteniente "Voltaire" salió de patrulla al mando de veinte hombres de tropa con dirección al Valle de la Conquista y las zonas altas de Nuevo Cajamarca. Aquella misión estuvo plagada de contratiempos debido a la insubordinación del personal bajo su comando, especialmente durante los desplazamientos y los periodos de descanso. A su retorno a la base, el oficial, visiblemente frustrado, me confesó lo sucedido: «Durante el patrullaje he tenido serios problemas con este personal de tropa. Resulta que solo descansaban cuando el sargento segundo Tigre lo ordenaba, y continuaban la marcha únicamente cuando él decidía hacer el alto». Aquello dejó demostrado que el oficial estaba prácticamente "pintado", despojado de su autoridad y convertido en un elemento más de la patrulla.

La tropa actuaba bajo la firme creencia de que un oficial y un suboficial sin experiencia real en combate no tenían la capacidad ni el derecho de comandarlos. Esta indisciplina diaria se convirtió en mi principal fuente de preocupación. Debido a mi formación y carácter, mi primera reacción fue apelar a la fuerza; pensé en utilizar el palo para doblegar y dominar a los dos líderes de la insubordinación. Sin embargo, tras meditarlo durante algunos días, decidí buscar otra perspectiva.

Una tarde me acerqué a la cocina de la base, donde una señora civil preparaba el rancho para todo el personal. Conversé con ella sobre el comportamiento de la tropa y su respuesta fue una advertencia que me heló la sangre: «Suboficial, no se ponga exigente ni abusivo con este personal, porque a punta de balazos lo van a hacer bailar, tal como lo hicieron antes con el teniente Jhonatan. Tenga, sobre todo, mucho cuidado con el sargento Tigre y con Alpashira. Le suplico, suboficial, no se meta con ellos, porque le irá muy mal». Ante la gravedad de aquella advertencia y el peso del antecedente, decidí que lo más prudente era dejar pasar las indisciplinas, limitándome a informar de cada ocurrencia al oficial al mando de la base.

Buscando una salida institucional, le propuse al subteniente poner a disposición del Puesto de Comando del Batallón a los cinco clases más antiguos, argumentando que ya habían cumplido demasiado tiempo en la base y necesitaban una rotación urgente. Sin embargo, el joven oficial, que cuidaba sus galones como si pesaran una tonelada de oro, rechazó la propuesta de inmediato: «No, imposible. El comandante va a decir que no tengo comando, y eso sería una mancha negativa en mi foja de servicios. Si me hacen el relevo por esto sería peor, porque al final del año me calificarían mal». De este modo, por temor a truncar su carrera y por salvaguardar su reputación ante los superiores, el oficial prefirió no dar solución a la indisciplina. Al final, en la base contrasubversiva de Yuracyacu, todo continuó exactamente igual.

El Encuentro con lo Desconocido: Patrulla a las Partes Altas. - El 17 de marzo, a las 08:00 horas de una mañana de sol intenso, llegó mi turno de salir de patrulla. Me asignaron el mando de veinte hombres de tropa del Servicio Militar Obligatorio para recorrer el mismo itinerario que días antes había transitado el subteniente "Voltaire": la ruta hacia el Valle de la Conquista y las partes altas de Nuevo Cajamarca. El desafío ahora era mío. El sargento segundo "Tigre" y el sargento segundo "Alpashira" —clases con mucha experiencia en combates contrasubversivos— formaban una vez más en la patrulla, esta vez bajo mi mando directo. Afortunadamente, y gracias a Dios, no se presentaron problemas durante el desplazamiento ni en los momentos de descanso.

Caminamos durante todo el día sorteando troncos, palos y una trocha seca sepultada bajo una densa y asfixiante vegetación. Al caer la tarde, tras una jornada extenuante, salimos del monte y llegamos a una comunidad nativa. Era un asentamiento cuyos habitantes vivían prácticamente sin contacto con la civilización. Hombres y mujeres se sustentaban exclusivamente de lo que la tierra y la selva les proveían: yuca, papaya, plátano y masato. En sus alrededores criaban sajinos —esos animales silvestres parecidos a los cerdos—, además de gallinas, patos y pavos.

Aquella población no hablaba quechua ni español; se comunicaban en su propio idioma nativo, el cual solo algunos de mis soldados de la selva lograban entender a medias. A través de ellos, nos explicaron que en su comunidad no existían los ladrones, razón por la cual todas sus rústicas viviendas permanecían siempre abiertas, sin puertas ni candados. Decidimos pasar la noche en ese lugar, donde el verdadero enemigo terminó siendo la implacable naturaleza: nubes de zancudos nos atacaron sin tregua durante el día y la noche, haciendo imposible el descanso.

La Prueba del Fango y el Relevo del Mando. - El 18 de marzo, segundo día de desplazamiento dentro del monte y bajo una lluvia torrencial, se convirtió en una jornada imposible de olvidar. Aquel personal de tropa de la selva, habituado a transitar por esos parajes hostiles, decidió poner a prueba mi capacidad y mi resistencia física. Me guiaron por trochas de pésimo acceso y senderos angostos dominados por densos pantanos. En varios tramos, el agua turbia y el barro me llegaban hasta el pecho. Soportando el aguacero, me mantuve firme pisando los talones de los hombres en punta. Su clara intención era dejarme rezagado en medio de la nada, pero no lo consiguieron; empapado y exhausto, los seguí sin tregua por donde avanzaban. Incluso me hicieron cruzar el imponente río Mayo a bordo de una canoa sumamente pequeña. Tras largas y extenuantes horas de marcha, al caer una tarde lluviosa, alcanzamos una vivienda de madera. El propietario nos brindó su valioso apoyo ofreciéndonos comida y cobijo para pasar la noche.

Al día siguiente, el 19 de marzo a las 17:00 horas, la patrulla bajo mi mando retornó sin novedad a la base contrasubversiva de Yuracyacu tras haber recorrido el Valle de la Conquista y las partes altas de Nuevo Cajamarca. Logré demostrarles que no se quebrarían mis fuerzas con facilidad.

El 2 de abril de 1994 trajo consigo un cambio en la base militar. Por la mañana se incorporó el subteniente de infantería Marco Morán Gonzales, conocido bajo el apelativo de combate "Franco". Con él había tenido el honor de trabajar en el año 1990 en el glorioso Batallón de Infantería Motorizado "Iquique" N° 31, perteneciente a la 8.ª División de Infantería con sede en el distrito de Lobitos, Talara. El subteniente "Franco" asumió de inmediato la jefatura de la base militar. No obstante, al ser un oficial subalterno que tampoco contaba con experiencia previa en combates ni patrullajes en selva, se vio de manos atadas. No pudo hacer nada para corregir la arraigada indisciplina del personal de tropa del Servicio Militar Obligatorio. Al igual que su antecesor, prefirió dejar pasar los días de su destaque para evitarse mayores complicaciones.

El Desafío Final y el Hallazgo en Rioja. - El 15 de abril llegó la fecha del licenciamiento para la promoción de los sargentos "Tigre" y "Alpashira". Con ellos, se marchaban de la base un total de quince individuos entre clases y soldados. Esa mañana se recibió un radiograma con la orden expresa para que el propio jefe de la base realizara una rigurosa revista de prendas al personal por licenciarse. Sin embargo, los soldados se habían adelantado: en horas de la madrugada prepararon sus maletines y los aseguraron firmemente con candados.

Cuando el subteniente "Franco" ingresó a la cuadra para cumplir con la disposición, el sargento "Tigre" se plantó firme ante el oficial y, desafiando abiertamente su autoridad, se negó rotundamente a que revisaran los equipajes. Incapaz de imponer su comando una vez más, el oficial guardó un completo silencio y se retiró del lugar. Momentos después, en el patio de formación, se me acercó y me ordenó: «Suboficial Diego, saca a este personal al patio para la revista». Evaluando la tensión del momento y para evitar quedar desautorizado frente al resto del personal de retén que observaba la escena, decidí no acatar la orden directa. Con el vehículo de traslado ya estacionado afuera y el motor encendido, ordené el embarque inmediato de los licenciados. Los trasladé directamente hacia el Puesto de Comando del Batallón Contrasubversivo N° 28, acantonado en el distrito de Rioja, para ponerlos a disposición del oficial de personal (S-1).

Al llegar a la puerta del cuartel de Rioja, nos esperaba el propio comandante Miguel, jefe del batallón. Con voz enérgica, el comandante mandó formar a los quince hombres y les ordenó abrir los maletines de inmediato, vaciando todo el contenido en el suelo. La sorpresa fue mayúscula y alarmante: del interior de los equipajes cayeron dos granadas de fusil Instalaza, cinco granadas de mano, una gran cantidad de municiones para fusil FAL y varios uniformes "parchis" completamente nuevos.

Ante la gravedad del contrabando de material de guerra, el comandante puso el grito en el cielo. Volteó hacia mí y me increpó con dureza: «¿Por qué el subteniente Franco no pasó la revista reglamentaria?». Ante su reclamo, opté por guardar un estricto silencio militar. Al día siguiente, me enteré de que al subteniente "Franco" le había sido impuesta una sanción de arresto simple de cuatro días por una evidente y grave falta de comando.

La Caída del MRTA y el Avance de Sendero Luminoso. - Desde una perspectiva histórica y estratégica, entre los años 1988 y 1992, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) operó como una organización político-militar de ideología marxista-leninista, con un marcado carácter nacionalista y latinoamericanista. Su objetivo era acumular fuerzas para tomar el poder del Estado mediante la lucha armada. Durante aquel periodo, el departamento de San Martín se convirtió en su fortín inexpugnable, y el distrito de Yuracyacu fue elegido como el Cuartel General de uno de sus frentes de combate más importantes. Informaciones de Inteligencia de la época estimaban que en este distrito se concentraban aproximadamente quinientos combatientes uniformados y fuertemente armados. Estaban bajo las órdenes del mando militar conocido como "Muchachón", quien finalmente cayó abatido en un enfrentamiento contra patrullas del Ejército Peruano. Aunque el MRTA logró convocar a un gran número de personas —principalmente obreros, campesinos y desocupados—, sus filas padecían una profunda carencia de base ideológica. Esto aceleró su fracaso operativo y su posterior derrota militar, empujando a muchos de sus militantes a deponer las armas y acogerse a la Ley de Arrepentimiento decretada por el gobierno de Alberto Fujimori.

A partir de 1992, el poderío del MRTA en la región comenzó a decaer drásticamente debido a la contundente acción de los batallones contrasubversivos del Ejército. Sin embargo, mientras las fuerzas del orden se concentraban en combatir a las huestes de Víctor Polay Campos, las columnas del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) avanzaron subrepticiamente. Para el año 1993, la organización terrorista dirigida por Abimael Guzmán Reynoso, el autodenominado presidente "Gonzalo", había ocupado casi por completo los territorios abandonados por el MRTA en el departamento de San Martín. Cuando el Comando del Ejército advirtió la maniobra, Sendero Luminoso ya se había establecido con extrema violencia en todas las provincias de la región.

Alianzas Inesperadas y el Control en Yuracyacu. -Este avance senderista provocó una reacción inesperada. Impulsados por el deseo de venganza frente a sus antiguos rivales y la pérdida de sus zonas de influencia, varios mandos y combatientes del MRTA comenzaron a colaborar activamente con el Ejército Peruano para combatir de forma conjunta a Sendero Luminoso. Uno de estos colaboradores fue el mando militar tupacamarista conocido bajo el seudónimo de "Grillo", a quien tuve la oportunidad de conocer personalmente en las instalaciones del cuartel de la ciudad de Tarapoto. Cuando las patrullas del Ejército se alistaban para salir a combatir a las columnas senderistas en el monte, el camarada "Grillo" se integraba a las filas de la patrulla militar, portando el uniforme reglamentario y armado exactamente como cualquier otro soldado de la República.

Esta pacificación forzada y el proceso de reinserción civil se vivían con rigurosidad en nuestra zona de operaciones. Para el año 1994, en el distrito de Yuracyacu, la Base Militar mantenía un registro oficial de ciento dos combatientes arrepentidos del MRTA. El control sobre este personal era estricto: todos los domingos, sin excepción, debían presentarse en las instalaciones de la base contrasubversiva para pasar la lista de presencia reglamentaria. Posteriormente, participaban de manera obligatoria en la ceremonia cívica de izamiento del Pabellón Nacional, un acto que simbolizaba el retorno del principio de autoridad del Estado en un territorio que alguna vez pretendió ser un bastión subversivo.

1 comentario:

  1. LA BASE DE YURACYACU fue denominado B.C.S N° 28 - TAJUR PEZO JUAQUIN en memoria de mi promoción SOY dela promoción SETIEMBRE 91al 93.... caído en combate cuando quisieron tomar la base los del MRTA

    ResponderBorrar