«El Eco
del Cenepa: Memoria Viva de un Combatiente»
Un día como hoy, el 22 de
febrero de 1995, hace ya treinta años, las tropas del Ejército Peruano atacaron
a las fuerzas ecuatorianas en la falsa Tiwinza, posición conocida por nosotros
como la Cota 1061. En aquel encarnizado combate, librado entre los sectores de
Maizal y Tiwinza, el bando ecuatoriano sufrió una gran cantidad de bajas; por
esta razón, ellos recuerdan ese episodio como el «miércoles negro».
Cuando se inició el conflicto,
yo me encontraba en el Frente Huallaga combatiendo a las huestes terroristas
del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso. Sin embargo, un lunes 6 de
febrero de 1995, de un momento a otro, el Batallón Contrasubversivo N° 28 de
Rioja fue trasladado al valle del Alto Cenepa. En ambas guerras —tanto en la
interna como en la externa— coseché innumerables recuerdos mientras caminaba
por los duros senderos de la vida castrense.
Hoy, la imagen de esa
imponente selva de manto verde se presenta ante mis ojos envuelta en el
estruendo de aviones, morteros, lanzadores múltiples y el olor a pólvora de los
fusiles. Es el mismo eco de aquel 13 de febrero, cuando salí del valle del
Cenepa perseguido muy de cerca por la muerte.
Soy uno de los testigos
vivientes del último conflicto entre el Perú y Ecuador. Como consecuencia de
aquella gesta, llevo un recuerdo muy especial grabado en el cuerpo: una
fractura en la mano izquierda y cicatrices en el omóplato izquierdo que no se
borran a pesar de los años.
En esta fecha tan
significativa, siempre me refriego los ojos al pensar en los hombres que
partieron de este mundo vistiendo la roja y blanca en el pecho. Entonces, me
persigno con la misma mano con la que alguna vez empuñé el fusil en los
combates de la Cota 1232, en el valle del Cenepa. En ese conflicto se perdieron
vidas muy valiosas; los cuerpos de algunos oficiales, suboficiales y soldados
de la tropa quedaron sepultados bajo la densa vegetación, olvidados en tumbas
sin rosas, sin himnos y sin ceremonias oficiales. Hoy, al cumplirse un
aniversario más de aquel enfrentamiento, nuestro mejor homenaje es para
aquellos que nunca retornaron a sus hogares.
Pienso que, en un día tan
especial, todos los peruanos reconocen con orgullo el valor y la bravura de
nuestros combatientes, sobre todo de los jóvenes soldados del Servicio Militar
Obligatorio (SMO). Ellos cumplieron cabalmente con la misión encomendada:
«Ejecutar operaciones tácticas ofensivas en el Alto Cenepa, sin sobrepasar la
línea de frontera, para desalojar a las fuerzas ecuatorianas infiltradas en
territorio peruano delimitado y no demarcado, a fin de preservar la integridad
territorial». Se cumplió, de esta manera, con el objetivo militar y político.
Para los hombres del Cenepa,
la victoria llegó con sangre y sudor. Tuvimos muchos factores en contra, como
la escasez de provisiones y la falta de armamento moderno. A esto se sumaba el
hecho de enfrentar a un enemigo mejor equipado militarmente, que llegó a
emplear minas antipersonales en las trochas de la densa vegetación, violando
las leyes del Derecho Internacional Humanitario.
A pesar de las adversidades,
lo hicimos: logramos recuperar nuestro territorio invadido. La Cueva de los
Tayos, La «Ye», Base Sur, Base Norte, el Helipuerto Tormenta, Maizal y Tiwinza
son, y serán, peruanos para siempre.
Señoras y señores, ¡que viva el Perú!
Excelente reseña compañero.
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