sábado, 22 de febrero de 2020

CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995 : RECORDANDO LA VICTORIA DE 30 AÑOS

«El Eco del Cenepa: Memoria Viva de un Combatiente»

Un día como hoy, el 22 de febrero de 1995, hace ya treinta años, las tropas del Ejército Peruano atacaron a las fuerzas ecuatorianas en la falsa Tiwinza, posición conocida por nosotros como la Cota 1061. En aquel encarnizado combate, librado entre los sectores de Maizal y Tiwinza, el bando ecuatoriano sufrió una gran cantidad de bajas; por esta razón, ellos recuerdan ese episodio como el «miércoles negro».

Cuando se inició el conflicto, yo me encontraba en el Frente Huallaga combatiendo a las huestes terroristas del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso. Sin embargo, un lunes 6 de febrero de 1995, de un momento a otro, el Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja fue trasladado al valle del Alto Cenepa. En ambas guerras —tanto en la interna como en la externa— coseché innumerables recuerdos mientras caminaba por los duros senderos de la vida castrense.

Hoy, la imagen de esa imponente selva de manto verde se presenta ante mis ojos envuelta en el estruendo de aviones, morteros, lanzadores múltiples y el olor a pólvora de los fusiles. Es el mismo eco de aquel 13 de febrero, cuando salí del valle del Cenepa perseguido muy de cerca por la muerte.

Soy uno de los testigos vivientes del último conflicto entre el Perú y Ecuador. Como consecuencia de aquella gesta, llevo un recuerdo muy especial grabado en el cuerpo: una fractura en la mano izquierda y cicatrices en el omóplato izquierdo que no se borran a pesar de los años.

En esta fecha tan significativa, siempre me refriego los ojos al pensar en los hombres que partieron de este mundo vistiendo la roja y blanca en el pecho. Entonces, me persigno con la misma mano con la que alguna vez empuñé el fusil en los combates de la Cota 1232, en el valle del Cenepa. En ese conflicto se perdieron vidas muy valiosas; los cuerpos de algunos oficiales, suboficiales y soldados de la tropa quedaron sepultados bajo la densa vegetación, olvidados en tumbas sin rosas, sin himnos y sin ceremonias oficiales. Hoy, al cumplirse un aniversario más de aquel enfrentamiento, nuestro mejor homenaje es para aquellos que nunca retornaron a sus hogares.

Pienso que, en un día tan especial, todos los peruanos reconocen con orgullo el valor y la bravura de nuestros combatientes, sobre todo de los jóvenes soldados del Servicio Militar Obligatorio (SMO). Ellos cumplieron cabalmente con la misión encomendada: «Ejecutar operaciones tácticas ofensivas en el Alto Cenepa, sin sobrepasar la línea de frontera, para desalojar a las fuerzas ecuatorianas infiltradas en territorio peruano delimitado y no demarcado, a fin de preservar la integridad territorial». Se cumplió, de esta manera, con el objetivo militar y político.

Para los hombres del Cenepa, la victoria llegó con sangre y sudor. Tuvimos muchos factores en contra, como la escasez de provisiones y la falta de armamento moderno. A esto se sumaba el hecho de enfrentar a un enemigo mejor equipado militarmente, que llegó a emplear minas antipersonales en las trochas de la densa vegetación, violando las leyes del Derecho Internacional Humanitario.

A pesar de las adversidades, lo hicimos: logramos recuperar nuestro territorio invadido. La Cueva de los Tayos, La «Ye», Base Sur, Base Norte, el Helipuerto Tormenta, Maizal y Tiwinza son, y serán, peruanos para siempre.

Señoras y señores, ¡que viva el Perú!

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