El
fusilamiento de María Parado de Bellido, ocurrió el 1 de mayo de 1822 en la
Pampa del Arco en Huamanga (hoy Ayacucho, Perú), por orden del general español
José de Carratalá, tras ser capturada por enviar información sobre los movimientos
realistas a su esposo e hijos de la fuerzas patriotas, negándose a delatar a
sus contactos a pesar de la tortura, convirtiéndose en un símbolo de
patriotismo y resistencia por su martirio y su frase desafiante: "No estoy
aquí para informar sino para sacrificarme por la causa de la libertad".

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