miércoles, 27 de junio de 2018

HUAMACHUCO: LA LLEGADA DE LAS FUERZAS PERUANAS 8 DE JULIO DE 1883

El día domingo 8 de julio de 1883, siendo las 06:00 horas, el ejército peruano pasó rancho en la localidad de Tres Ríos, gracias a los víveres enviados desde la hacienda Angasmarca por los hermanos Porturas, quienes además proporcionaron coca y aguardiente que se distribuyó entre los soldados para que pudiesen soportar el frío gélido de las alturas. Una hora después el ejército emprendió la marcha por la ruta del caserío El Cushuro que conduce por el camino Inca "La Escalerilla", se eligió esta ruta para mantener al enemigo desapercibido del avance, luego de saberse que Alejandro Gorostiaga tenía vigías apostados únicamente en el camino principal por la llanura de la zona de Yamobamba. La Asención por el camino Inca "La Escalerilla" fue difícil y penosa, "sufriéndose un frío tan intenso como el de la cordillera de Pelagatos". Prueba de lo accidentado del terreno fueron las seis horas que emplearon para cubrir la distancia de 24 kilómetros que separa a la localidad de Tres Ríos con el distrito de Huamachuco. Ya pueden imaginarse lo que significó conducir por esos senderos el parque y la artillería, que por carencia de bagajes se retrasaron considerablemente. Con todo, la moral del personal de tropa no decayó un instante, pues "la marcha sobre el enemigo, ya tan próximo, produjo el más vivo entusiasmo y alegría". El ejercito patriota después de atravesar la cordillera de Huaylillas, la cordillera de Pelagatos, llegó al cerro Cuyulga, situado al Sur de la ciudad de Huamachuco: "El camino llano por la ruta de Llamobamba estaba bajo la vigilancia y control de las tropas chilenas; ergo, el General Cáceres para entrar a la ciudad de Huamachuco había tomado la ruta alta por el camino Inca "La Escalerilla", que atraviesa la cordillera del cerro Huaylillas que suele coronarse de nieve en la época del invierno, atravesando inmensa cordillera llegó al cerro Cuyulga, desde las alturas de este cerro hay un amplio campo de vista que domina a la ciudad de Huamachuco y la Llanura de Purrumpampa, además da un fácil paso para los cerros Tucupina, Santa Barbara y Amamorco".

Finalmente, a las 13:00 horas, alcanzaron el portachuelo de la cordillera, haciéndose alto a una legua adelante al pie de una colina que ocultaba la ciudad, en una especie de hoyada al pie del cerro Prieto. Desde allí el General Cáceres se adelantó a efectuar un reconocimiento, acompañado del Coronel Secada, Coronel Recavarren y Florentino Portugal, marchando a pie hasta situarse en la mitad del cerro Cuyulga, lugar que permite dominar todo un amplio escenario en el llano de Purrumpampa y la ciudad. Los chilenos no se habían movido de la ciudad y su caballada pastaba en los potreros aledaños. El enemigo fue sorprendido, sus vigías en el camino llano entre la zona de Llamobamba hacía la localidad de Tres Ríos no había comunicado ninguna novedad, prácticamente fueron sorprendidos.

El camino Inca conocido como "La Escalerilla", es uno de los principales caminos que se construyó en la época del Imperio Incaico, se prolonga por la inhóspita puna en la zona del cerro Huaylillas y la Laguna Cushuro. A pesar de que pasa por terrenos empeñados y deshabitados, esta ruta habría sido la ruta preferido del imperio Inca para el tránsito hacia el Norte hasta Quito república de Ecuador y Cusco capital del imperio Inca. Es admirable la capacidad incaica por haber construido un camino de esta magnitud en terreno tan difícil, en la subida y bajada este camino presenta numerosos escalinatas de piedra que por los pasos de los años se encuentra cubierto de ichu, pero perceptible y aun transitable en estos tiempos.  Es una ruta estratégica, este camino lo aprovechó el General Cáceres y su ejército para trasladarse desde el caserío de Tres Ríos con destino al distrito de Huamachuco, el 8 julio de 1883. Trasladándose oculto entre los cerros de altas punas, le sorprendió al ejército chileno que se encontraba dentro de la ciudad de Huamachuco en aparente estado de calma, sus centinelas apostados en el camino en terreno llano por la zona de Yamobamba fueron sorprendidos; por ende, los invasores y sus aliados adeptos al traidor Miguel Iglesias no contaron con la astucia del “Brujo de los Andes”.

En la mañana del día domingo 8 de julio, el coronel Alejandro Gorostiaga había efectuado un reconocimiento en los sectores del paraje de Yamobamba, próximo al distrito de Huamachuco. Sólo pudo enterarse por informaciones de adeptos al traidor Miguel Iglesias Pino, que una pequeña fuerza patriota, comandada por Jesús Elías, Jefe Supremo del Norte, se había movilizado por el camino de Santiago de Chuco. Ese dato le confirmó en la presunción de que el ejército peruano de todas maneras se aproximaría por la ruta de Yamobamba que es una ruta en terreno llano. El jefe chileno suponía que las fuerzas del General Cáceres aún se encontraba lejos, pues de lo contrario hubiese efectuado los aprestos necesarios para fortificarse en el inexpugnable monumento arqueológico pre inca de piedras labradas de Marcahuamachuco ubicado en el cerro Sazón, posición que de antemano había elegido para defenderse.

El General Cáceres, luego de observar detenidamente la Llanura de Purrumpampa desde las alturas del cerro Cuyulga, regresó al lugar donde descansaba el grueso de su personal, encontrado que se les había unido el pequeño contingente de patriotas procedente de Santiago de Chuco, al mando Jesús Elías. Poco después dispuso el desplazamiento de sus tropas: "ordenó el General que el Coronel Isaac Recavarren marchara por el fondo de la quebrada que conduce a la ciudad y que el Coronel Secada tomara rápidamente el sector la Cuchilla del contrafuerte llamado Santa Bárbara, marchando hasta colocarse en su término. Siendo las 14:00 horas, las fuerzas patriotas iniciaron sus movimientos, casi al simultaneo, la primera por la izquierda siguiendo las faldas del Santa Bárbara y la segunda por las crestas del cerro. Al mismo tiempo la caballería, encabezado por Elías, Mujica y Fuentes, recibió orden de descender por detrás del Cuyulga para salir al camino de Santiago de Chuco y avanzar por allí sobre la población. Parece que el propósito del comando patriota fue el de atacar por varios frentes para empeñar la batalla en toda la línea, pero el hecho de movilizarse las tropas de Secada por las alturas frustraba la sorpresa, factor que hubiese sido decisivo para un mejor desenlace. Pudo así el enemigo observar a los patriotas con el tiempo suficiente para replegarse y fortificarse adecuadamente en el fortín del monumento Marcahuamachuco ubicado en el cerro Sazón.

Según testigos con la repentina presencia de las tropas peruanas por el sector del cerro Cuyulga, sector Sur de la ciudad, la sorpresa del enemigo fue total: Al respecto el jefe sanitario chileno escribió lo siguiente: "En circunstancias que nuestra tropa estaba lavando su ropa en el río Grande, se dejó caer la hueste peruana sobre la población". Nosotros tuvimos que salir precipitadamente abandonando todo el equipaje para tomar una altura vecina. La sorpresa fue tan grande". El General Cáceres, que observaba desde su improvisado Puesto de Comando el acontecimiento, apuntó lo siguientes: "Tan pronto como los chilenos nos divisaron en las alturas del cero Cuyulga, agrupándose atropelladamente en la plaza de armas y las calles contiguas de la ciudad, luego corrieron a esconderse en el fortín del monumento arqueológico de Marcahuamachuco ubicado en el cerro Sazón, los pocos habitantes que quedaban en la ciudad de Huamachuco, algunos de ellos simpatizantes del traidor Miguel Iglesia, se vieron igualmente sorprendidos; al respecto anotaría un periodista Cajamarquino allí presente, lo siguiente: "Se presentó inesperadamente el ejército peruano, como a las una de la tarde del día domingo 8 de julio, tan repentina sorpresa causó la admiración no sólo del ejército chileno, que así era retado a un combate, sino de los pobladores de Huamachuco que tenían que presenciar la batalla que debía librarse en seguida".

En el año de 1978, durante mi permanencia como Tropa SMO en la Companía "A" Ingeniería N° 112, acantonado en el caserío de El Pallar, salí de paseo y viaje al distrito de Huamachuco, donde hice las indagaciones del caso de todo lo relacionado a la batalla de Huamachuco, pregunté a varios ancianos, es ahí que me contacté con un anciano de 99  años de edad de apellido Rebaza, quien me informó lo siguiente, dijo: "El día 8 de julio de 1883, las tropas chilenas se encontraban en el río Grande, cerca a la ciudad, muchos se bañaban y otros lavaban sus prendas, en esas circunstancias, siendo las 13:00 horas aproximadamente unos campesinos corrieron para avisar a los jefes chilenos que las tropas y la caballería de las tropas peruanas habían ingresado a sus chacras de trigo y cebada, en ese momento las tropas de Cáceres después de salir de sus escondites en la hoyada al pie del cerro Prieto se hicieron presente por las alturas del cerro Cuyulga y cerro Santa Barbara; fue un susto muy grande para las tropas invasoras, un soldado chileno "cornetero" de servicio corrió desde la llanura de Purrumpampa, quien llegando a la plaza de armas tocó llamada de "generala", alertando a las tropas chilenas de la presencia de soldados peruanos, y escaparon dejando parte de sus equipajes para esconderse en las construcciones de piedra del monumento arqueológico de Marcahuamachuco en el cerro Sazón". La narración que lo anoté en el mes julio del año 1978.
  
En esos momentos el Coronel Gorostiaga, actuando con rigor, logró contener a medias el desorden de sus tropas, ordenando ceder el paso a la artillería, para que tomase la delantera y se ubicara en las alturas del cerro Sazón protegiendo con su cañoneo la retirada de los demás cuerpos de su ejercito. Dispuso a continuación que la mitad de la caballería sacase el ganado y bestias que pastaban en la llanura, procurando conducirlos por el camino de Cajabamba, detrás de la línea que la infantería y artillería formarían en el inexpugnable cerro Sazón. La otra mitad recibió orden de acompañar a algunas companías del batallón Talca hasta el extremo sur de la ciudad, para contener batiéndose en retirada, el avance de los combatientes peruanos; mientras el resto de la infantería, formados en la plaza, procuraría marchar ordenadamente hacía el cerro Sazón. En todo momento el jefe chileno procuró tranquilizar a sus tropas haciéndoles notar de que los peruanos no se hallaban aun en posición de ataque. El Coronel Secada, que advirtió ese movimiento, ordenó al Coronel Ríos adelantarse con la artillería al morro de Santa Bárbara, a fin de desatar el cañoneo apenas lograse situarla convenientemente. Ello pudo verificarse a as 15:00 horas, dirigiéndose los fuegos hacía la calzada por la que se retiraba el enemigo. Contando con la protección de los cañones, Secada ordenó el descenso al pueblo de dos companías del Tarapacá, a ordenes del sargento mayor López, con orden de apoderarse de la caballada y pertrechos que el enemigo había abandonado en su precipitada fuga. El General Pedro Silva, que marchaba a su lado, le solicitó entonces el comando de esa vanguardia, lo que fue concedido. Media hora demoraría aún la artillería chilena para colocarse en posición de responder el bombardeo de la artillería peruana y en ese lapso fue notoria la desesperación entre los infantes del enemigo: "A las primeras detonaciones las tropas chilenas se colocaron cuerpo a tierra como para evitar así el estrago que pudiera causarles el proyectil. Uno y otro y más cañonazos se sucedieron, en tanto que los chilenos se movilizaban para tomar las alturas que tenían escogido, es decir el estratégico monumento arqueológico pre inca de piedras labradas de Marcahuamachuco, ubicado en el cerro Sazón", sector Norte de la ciudad.

El escaso alcance de los cañones peruanos así como el cuidado que tuvo Ríos en prohibir el bombardeo sobre la ciudad, por proteger a sus habitantes, salvaron al enemigo de bajas mayores. Las tropas chilenas esperaron la protección de los cañones Krupp para proseguir la fuga, varias companías chilenas buscaron refugio en las calles de la ciudad, entendiendo que allí no corrían peligro.

El coronel Recavarren alcanzaba el Alto de las Flores desde donde avanzó sobre la ciudad, siendo resistido por la fusilería chilena de los que en ella se habían parapetado. Por otro lado el General Pedro Silva, se enfrentaba en el llano de Purrupampa a los pocos chilenos que intentaron defender la caballada, tras breve enfrentamiento lograron apoderarse mas de 100 caballos, ubicandolos en la retaguardia. Cáceres, viendo esto, envió al escuadrón Tarma, jefaturado por Zapatel, Quimper y Velarde, para apoderar del botín, al tiempo que los cañones chilenos, instalados finalmente en el morro del cerro Sazón siendo las 16:00 horas comenzaron su accionar. El tronar de los cañones Krupp fue el aviso esperado por los chilenos que aún permanecían en la ciudad para terminar de evacuarla. El Tarapacá avanzó entonces a paso ligero por la derecha, apoderándose de apreciable botín, en tanto que Recavarren, al frente de los batallones Pucará y Pisagua cruzaban la ciudad entrando por la izquierda, prosiguiendo el combate con la retaguardia enemiga más allá del panteón, situado al noreste de la ciudad, obligándola a batirse en retirada y acercándose audazmente hasta cerca de las faldas del cerro Sazón, bordeando el gran pantano.

La artillería chilena, que dirigió sus primero tiros por elevación, para no causar bajas entre sus propias fuerzas, advirtiendo que ya toda su infantería se hallaba en el cerro Sazón, empezó el cañoneo sobre los batallones de Recavarren, quien debió optar entonces por la retirada. Igualmente se desató el bombardeo sobre la ciudad, donde las tropas del General Silva efectuaba el acopio de todo lo abandonado por los chilenos, debiéndose evacuarla de inmediato a fin de evitar desgracias a la población civil. Con los infantes y jinetes peruanos replegándose a sus primitivas posiciones prosiguió el combate con sus cañones por ambas partes, que duró, con intermitencias, hasta las 19:00 horas.
Al termino de la  jornada el balance indicaba gran perdida material para las fuerzas chilenas, no tanto en vidas humanas; su equipo sanitario, pertrechos y otros quedaron en poder de las fuerzas peruanas. Al respecto el jefe superior del Norte, apuntó lo siguiente: "Los soldados chilenos dejaron en nuestro poder, el rancho preparado, las pailas, todo su equipo sanitario, armas y municiones, así como 12 mulas y mas de 100 caballos. Al respecto el combatiente huamachuquino don Abelardo Gamarra señalaría que se tomaron del enemigo "su menaje de cocina, sus capotes, una parte del vestuario de lienzo, sus acémilas y el equipaje de oficiales. El Coronel Secada agregaría diciendo que además cayó en nuestro poder su detal y el General Cáceres completó diciendo, que "por los documentos encontrados se comprobó que el efectivo de las tropas chilenas ascendía a más de 2000 hombres de las tres armas". Aquella tarde las bajas peruanas fuero 4 muertos y 13 heridos, entre éstos el mayor Piñatelli, baleado en un brazo.

La ocupación de la ciudad fue efímera y no puede juzgarse como un hecho positivo que el enemigo fuera expulsado de ella. Posiblemente fue intención del comando patriota evitar la destrucción de la misma trasladando la batalla a terreno despoblado, a la usansa antigua y caballeresca; pero a la larga ello favoreció al enemigo, porque el cerro Sazón era una posición poco menos que inexpugnable, como lo reconocería el mismo Abelardo Gamarra, al respecto dijo: "No fue, pues, en un cerro cualquiera en el que se parapetaron los chilenos; fue una verdadera fortaleza, de la que aún existen paredones de piedra, anchos y de altura de un metro a dos de elevación, paredones colocados en toda dirección y tras los que, aun en el caso de haber sido asaltados, hubieran podido irse defendiendo a mampuesto y replegándose en anillo en anillo de piedras como en círculos o, mejor dicho cuadrados concéntricos, como metidos en baúles de piedras estuvieron nuestros enemigos, cubiertos sus pechos por muros de aquellos que sólo los incas supieron construir. Cada soldado chileno valía por cuatro sobre la cima del cerro Sazón y al haberse verificado algún asalto, habrían tenido nuestras tropas que imitar a los antiguos caballeros cuando asaltaban un castillo feudal".

Abelardo Gamarra Rondó, fue huamachuquino, y su actuación al servicio de la patria es más que suficiente para borrar las manchas de ignominia que luego recaería sobre algunos de sus paisanos, a consecuencia de que parte de ellos, sobre todo los potentados entre ellos los hacendados, e todo momento manifestaron total adhesión por el General traidor Miguel Iglesias Pino, negando colaboración al ejército del General Cáceres. Asaltar ahora el Sazón era operación casi impracticable, de allí que sólo quedara la alternativa de sacar al enemigo de sus posiciones empujándolo por el flaco y por retaguardia hacia las pampas de Purrumbamba, lo que se presentaba como empresa bastante difícil. El General Cáceres al respeto anotó: "Ante la formidable posición del cerro Sazón, pensé por un momento que lo más indicado sería asediarlo dada la configuración natural del cerro y luego abrumar al enemigo con ataques parciales, hasta agotarlo. Pero la operación requería mayor tiempo y mayores efectivos de los que contabatamos, y al prolongarse demasiado sólo nos ofrecía perspectivas desfavorables. Los mismos habitantes de aquel retazo del suelo patrio, ya trabajados pscologicamente de largo tiempo por agentes pro chilenos del traidor Miguel Iglesias, no estaban declaradamente por lado nuestro, lo cual constituía una gran inconveniencia, tanto más si se considera el carácter de la guerra que acaudillábamos. La bandera de la paz, alzado en la hacienda Montán, había trastornado su patriotismo y desgarrado los nervios de la lucha en defensa de la patria".

Mucha de las familias del distrito de Huamachuco habían partido  a lugares lejanos antes de la llegada de los invasores chilenos. De allí que los breñeros encontraron el pueblo prácticamente deshabitado, aunque cobijaba aún a algunas familias que de grado a fuerza, servían al enemigo. Este no tendría reparo en actuar perjudicandolas y poco le importó tener aliados entre la población. Con el bombardeo a discreción en la tarde del 8, ello pudo empezar a comprobarse y la muestra más patética se daría mas tarde cuando al término de la batalla se desató la barbarie chilena sin conocer los límites. Nada de esto presagiaban entonces los vecinos notables como los Vera, Rebaza y Valdivia, adictos al traidor Miguel Iglesias, que no excusaron medio alguno en proporcionar víveres e información a los chilenos estacionados en el cerro Sazón. Ello no sería suficiente para evitar que la soldadesca chilena perpetrara dos noches después una dantesca cadena de robos, violaciones y asesinatos a civiles.
De los huamachuquinos residentes en la ciudad, únicamente el alcalde Manuel Cisneros, el señor Manuel Ramos y algunos notables se esforzaron en conseguir vivires para la hueste patriota, preparando además un hospital de sangre y proporcionando chasquis, guías e informantes al General Cáceres, servicios que fueron cumplidos por siervos indios de probada fidelidad.

Aquella noche del día domingo 8 de julio, ocupando posiciones convenientes a fin de evitar sorpresas y daños de la artillería enemiga, la hueste patriota descansó tranquilo, luego de consumir un ligero rancho preparado con el ganado que se logró sacar de la ciudad. No conociendo a ciencia cierta la configuración del inexpugnable cerro Sazón, los combatientes breñeros entusiasmados por el triunfo de aquel día creyeron que el enemigo se retiraría de Huamachuco. 

El comando patriota, entre tanto, no tuvo momentos de reposo: " El General sus secretarios y ayudantes pasaron la noche en la falda del cerro Santa Bárbara, sufriendo un frió intenso del verano serrano y sin haber tomado alimento alguno desde el día anterior; nadie pensaba en esos momentos en comer, toda la atención estaba fija en el desenlace de la batalla, que no podía demorarse mucho y cuyas consecuencias debían ser decisivos para la surte de la república.

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